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Patria Grande //// 05.05.2022
Brasil: volver después de un golpe de Estado

Tras un golpe de Estado y la proscripción de su principal dirigente, Brasil tendrá elecciones democráticas. Por segunda vez, el ballotage no sería entre el PT y el PSDB. Lula promueve la construcción de una bancada propia en el Congreso, que le permita realizar las reformas necesarias y recuperar los derechos perdidos. 

Por Santiago Gómez / Foto: Ricardo Stucker
Desde Salvador, Bahía

Después de ocho años, Brasil tendrá una elección presidencial democrática. En el 2016 el país vivió un golpe de Estado parlamentario, contra Dilma Rousseff, lo mismo que vivieron Paraguay y Honduras. Dos años después, metieron preso al principal candidato presidencial, en una causa en la que el Supremo Tribunal Federal reconoció que se violó el debido proceso, el juez fue parcial. Asumió como presidente un militar echado del ejército por sus locuras, de públicos vínculos con los paramilitares cariocas, que votó el juicio político a Dilma homenajeando al militar que la torturó. Será la segunda elección presidencial desde la vuelta de la democracia en que el PT (Partido de los Trabajadores) y el PSDB (el Partido de la Social Democracia Brasilera) no van a la segunda vuelta. El último candidato a presidente del PSDB será candidato a vicepresidente de Lula, siendo que apoyó el impeachment a Dilma Rousseff. Brasil 2022 tiene mucho de Argentina 1972.

El principal objetivo de Lula para las próximas elecciones fue construir un frente democrático y anti fascista. Prueba de ello es el candidato que eligió para vicepresidente, Gerarldo Alckmin, tres veces gobernador de San Pablo, que fue un histórico dirigente del PSDB, hasta este año, que dejó el partido. El PSDB son los socialdemócratas neoliberales. Su mayor representante: Fernando Henrique Cardoso, expresidente, que apoyó el golpe a Dilma y la prisión de Lula. Aún después que Lula fue liberado y anuladas sus condenas, Fernando Henrique afirma que ello no significa que sea inocente porque se violó el debido proceso. No le importa que no exista prueba alguna contra el expresidente. Así y todo, Lula se juntó con Fernando Henrique para sacarse una foto y explicitar la necesidad de fortalecer la democracia. El PSDB, conocidos como los tucanos, porque el logo tiene un tucán, fueron los que más se perjudicaron con la Lava Jato y la campaña anticorrupción. En el 2014 el PSDB, con Aécio Neves, fue al ballotage con Dilma. En 2018 Geraldo Alckimin, candidato tucano a la presidencia, quedó cuarto. Ganó la desgracia que nos gobierna.

Frente Amplio Democrático y Antifascista

Aunque aún no es oficial que Lula será el próximo candidato a presidente del PT, la candidatura sería lanzada el próximo sábado, el expresidente hace años que  viene manifestando que volvería a competir en una elección dentro de un frente amplio, democrático y antifascista. Los únicos que se beneficiaron con el gobierno de Bolsonaro fueron quienes exportan commodities y los partidos políticos del llamado “centrão”, una estructura burocrática que todo gobierno necesita para conseguir mayoría en el Congreso. Cuando quien tenía mayor apoyo social era el PT, el centrão hizo parte de la base aliada del PT. Cuando llegó el genocida que gobierna Brasil, ese grupo de partidos pasó a ser parte del apoyo indispensable para que Bolsonaro apruebe sus proyectos de ley, hasta que Bolsonaro perdió apoyo social y ahora no consigue la aprobación de sus proyectos como antes.

“Si no me siento a conversar con los que apoyaron el impeachment dejo de hablar con 300 diputados”, dijo Lula en respuesta a las críticas que recibe por buscar alianzas con los mismos partidos que colaboraron para sacar a Dilma del gobierno. Como mencionamos, el próximo candidato a vicepresidente en la fórmula del Partido de los Trabajadores apoyó el impeachment. Brasil tiene un problema estructural que es sus sistema político. Aquí no se votan partidos, se votan candidatos. Eso hace que cualquier persona con fama y dinero pueda transformarse en diputado, por eso es que Lula está haciendo incapié en que voten las candidaturas a legisladores nacionales que aprueben y apoyen su proyecto político. “De nada sirve votarme a mí si después no tengo el apoyo suficiente en la cámara para aprobar los proyectos necesarios”, manifestó el expresidente. De las 513 bancas de diputados, en su mejor momento el PT consiguió 81. Hoy la bancada del PT son 57 diputados.

Federación de izquierda

El PT promovió la construcción de una federación de partidos de izquierda, Federación Brasil de la Esperanza, de la que participan hasta el momento el Partido Comunista de Brasil (PcdoB)  y el Partido Verde (PV). El PCdoB formó parte de la última fórmula presidencial del PT, con Manoela D’Avila como candidata a vicepresidenta, y el PV es un partido ecologista fundado en 1986 en Río de Janeiro, por profesionales blancos y de clase media, varios periodistas, entre los que estaba Alfredo Sirkis, quien  se exilió en Argentina en 1973, lo que le rindió su primer libro “La guerra de  Argentina”, que cuenta de la lucha armada en los setenta y se lo dedicó a Rodolfo Walsh. Tanto el PV como el PCdoB tiene 46 intendentes cada uno, el PT 182, sobre 5.565 que tiene Brasil. Ese número no contempla los municipios en los que esos partidos hacen parte del ejecutivo con la viceintendencia.

La Federación Brasil de la Esperanza es una parte del frente amplio de izquierda que el PT viene construyendo. El Partido Socialista Brasilero (PSB), el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y Red Sustentabilidad (Rede), también apoyan la candidatura de Lula y los dos últimos partidos surgieron como divisiones del PT. El mayor representante del PSOL hoy es Guilherme Boulos, líder del Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST), y la referente de la Rede es Marina Silva, que fue ministra de ambiente de Lula. Ambos se candidatearon a la presidencia en 2018. El PSB tuvo como candidato a la presidencia en 2014 a Eduardo Campos, quien fuera ministro de Lula, y que murió en un accidente de avión en plena campaña. En Brasil se caen muchas aeronaves, también murió en 2017 Teori Zavaski, ministro del Supremo Tribunal Federal, que cuestionó los procedimientos de Sérgio Moro durante la Lava Jato y pidió que la investigación corriera en el supremo tribunal.

Pero con el PSB sucedió algo muy interesante, pasó a recibir dirigentes de otros partidos. El primer pase fue el de Marcelo Freixo, uno de los fundadores del PSOL en Río de Janeiro, que en las elecciones pasadas promovió una alianza con el PT, pero fue voto vencido dentro de su partido. Freixo salió del PSOL, fue al PSB y hoy lidera las encuestas a gobernador de Río de Janeiro, cuna del bolsonarismo. El gobernador de Maranhão, el exjuez Flávio Dino, salió del PCdoB, también fue para el PSB, anunció que dejará el cargo para ser candidato a senador. El último que entró al PSB fue Gerardo Alckmin, que fue tres veces gobernador de San Pablo. Si el primero en entrar hubiera sido Alckmin, difícil que Freixo hubiera entrado en ese partido. Pero en términos lógicos fue Alckmin que entró al partido en el que Freixo estaba. Pura especulación mía: la única persona con inteligencia suficiente para haber armado ese ajedrez en Brasil es Zé Dirceu. En sus redes  sociales Dirceu publicó que pasó su cumpleaños con el abogado Augusto Arruda Botelho. Dos días después, el abogado informó su entrada al PSB. La líder del Movimiento Sin Techo del Centro (MSTC), Carmen Silva, también salió del PT y fue para el PSB. El ingreso de dirigentes de izquierda al PSB asegura gobernabilidad al PT, en su próximo mandato.

El objetivo es fortalecer la cámara de diputados

El gran desafío para el próximo gobierno de Lula es tener fuerza propia en la Cámara de Diputados y el Senado para aprobar las reformas que son necesarias. Brasil necesita recuperar el Banco Central, durante el gobierno de Bolsonaro se votó la independencia de la autoridad monetaria. Brasil precisa reestablecer los derechos laborales que se perdieron durante este gobierno. La clase trabajadora brasilera perdió derechos que había ganado en 1943, durante el gobierno de Getúlio Vargas. También deberá realizar cambios en la reforma previsional que se votó durante el gobierno Bolsonaro. Además, durante el gobierno golpista de Michel Temer, el congreso aprobó la enmienda constitucional que le puso un techo al gasto en salud y educación, lo que tuvo un impacto directo en los recursos disponibles cuando llegó la pandemia.

Entre las reformas que Lula también promueve para su próximo gobierno está la reforma política. Durante el Encuentro con Mujeres que realizó en San Pablo en el mes de marzo, Lula comentó que estuvo en México y se sorprendió de la paridad de género en las listas. El objetivo para el próximo gobierno es una reforma política que permita votar listas partidarias, como en Argentina, y dejar de votar candidatos, como es hoy en día. Para eso, Lula necesita llegar al gobierno con un congreso formado por legisladores que apoyen su proyecto de gobierno, por eso está haciendo campaña para que la población investigue y conozca a quiénes votará para la Cámara de Diputados y el Senado.

Guilherme Boulos, el joven dirigente de izquierda, que siempre defendió a Lula, no será candidato a gobernador de San Pablo, sino que será candidato a diputado federal, para garantizar apoyo al gobierno. Es claro que el PSOL siempre correrá al PT por izquierda, pero como dice Lula: él sólo no puede. El próximo gobierno del PT asumirá con una clase trabajadora que no está organizada, prueba de ello la reforma laboral aprobada. Los dos colectivos que mostraron mayor capacidad de movilización del 2016, que fue el golpe, a la fecha son el movimiento estudiantil secundario y el movimiento de mujeres. Durante el encuentro con referentes del movimiento de mujeres, Lula les dijo que necesitará de ellas para gobernar y que no esperen que los hombres le den lugar. “Es necesario que ustedes le den una patada a la puerta”, sugirió el expresidente.

Lula gana

Diversas encuestas muestran que el expresidente es el preferido para ocupar el cargo presidencial en las próximas elecciones. La última encuesta publicada por DataFolha a fin de marzo, muestra que desde septiembre Lula está al frente y con mucha ventaja. Durante las últimas semanas se pusieron a circular encuestas realizadas telefónicamente, donde la distancia entre Bolsonaro y Lula se habría acortado, pero Argentina tiene experiencia suficiente sobre la precisión que tienen ese tipo de pesquisas. En todas las encuestas presenciales Lula está casi 20 puntos adelante.

Debe considerarse también que el expresidente es el preferido entre la población joven. El 51% de los jóvenes entre 16 y 24 años eligen a Lula como candidato. Ayer venció el plazo para que los menores de 18 años obtenga su título de elector, condición para participar en los próximos comicios, y 2.042.817 de jóvenes entre 16 y 18 años se inscribieron para votar. La juventud de 18 años nació en 2004, cuando Lula recién estaba por su segundo año de gobierno y con 12 sufrió su primer golpe de Estado. Creció escuchando hablar mal del PT, pero vivió y vive la pérdida de poder adquisitivo, la dificultad que el pueblo brasilero pasa para comprar una garrafa de gas, que el futuro laboral que el país le ofrece es ser entregador de aplicaciones para distribuir comida en bicicleta o moto. Esa juventud que decidió inscribirse para ir a votar, en su mayoría, votará por sacar a Bolsonaro del poder.

La encuesta de Data Folha, encuestadora que forma parte del grupo propietario de Folha de São Paulo, también indica que el 55% de la población no votaría de forma alguna a Bolsonaro, contra un 37% que afirma que no votaría a Lula. La misma pesquisa afirma que Lula ganaría en segunda vuelta por 55% contra 34% de Bolsonaro. Es preciso estar atento al leer encuestas provenientes de Brasil, que muchas de las mismas son contratadas por el sector financiero, son telefónicas, y por eso  pueden afirmar que el salario de los brasileros mejoró porque cayó el precio del dólar. Sobran en las redes las dolorosas imágenes de la población brasilera peleándose por conseguir un hueso en un tacho de basura afuera de un frigorífico o a los empujones por conseguir aprovechar las ofertas de cebolla en un supermercado.