“Los cambios culturales en Salvador se dieron a partir de las producciones audiovisuales hollywoodianas y estadounidenses”
Salvador de Bahía es una ciudad profundamente sensorial: los colores, la música y los olores son protagonistas y ofrecen una sensación de vida luminosa. Intentar describirla resulta agotador, mejor leer los libros de Jorge Amado. Es una ciudad que convirtió el dolor en amor.
Las Diosas son mujeres que venden acarajé con su vestimenta típica. Esas mujeres resumen mucho de lo que es Bahía. En la ciudad alta (por la que se accede mediante un elevador principal llamado Elevador Lacerda) se encuentra el barrio llamado Pelourinho y por sus calles empedradas se puede ver a Olodum, por ejemplo, con sus repiques mientras la gente canta, en un desfile improvisado, “Bandeira branca, amor, não posso mais pela saudade...". Pero existe un contraste fuerte y es el motivo de esta entrevista realizada a Wilson Oliveira Badaró en relación a los cambios culturales en lo musical con respecto a las nuevas generaciones.
Pienso ahora en Casa di Vina, en Itapua, construida frente al mar, la última casa de Vinicius de Moraes, donde vivió con su compañera Gessy Gesse. La historia de amor entre ellos es muy conocida. Lo importante es que Casa di Vina, hoy convertida en un restaurante de primera línea junto al hotel Mar Brasil, conserva para los amantes de Vinicius, a modo de museo, una hermosa cantidad de fotografías testimoniales y objetos personales del poeta, entre ellas su guitarra, su máquina de escribir, y un montón de otros objetos que vuelven a demostrar una vez más que siempre queda algo donde una vez hubo un hombre.
“Los cambios culturales en Salvador se dieron por diversos factores sociales, económicos y políticos que tomaron cuerpo a partir de la década de los 80, sobre todo, a partir de la recepción radio-televisiva brasileña de una cultura audiovisual que privilegió, mayoritariamente, las producciones hollywoodianas y estadounidenses” dice el catedrático y profesor de Historia Wilson Oliveira Badaró, oriundo de Salvador de Bahía, durante la entrevista para la Agencia Paco Urondo.
AGENCIA PACO URONDO: ¿Por qué hubo un cambio cultural tan fuerte en Salvador de Bahía? Lo primero que se nota, por supuesto, es en la música. No noté que la juventud escuchara ya Bossa Nova, o Tropicalia. ¿Qué piensa usted al respecto?
Wilson Oliveira Badaró: Uno de los primeros grandes éxitos notables que ejercen gran influencia en el cambio de comportamiento, hábitos y consumo cultural de Bahía fue visto en la música y la danza, especialmente durante el ascenso de Michael Jackson. En ese momento el álbum Thriller comparte espacio con el “Rey de Fricote”, Luiz Caldas que puso en primer plano el hit “Pelo duro Nega.” A pesar de las diferentes propuestas de ritmo, el swing, las batidas, las letras y los géneros musicales entre esos fenómenos coetáneos (guardadas las debidas proporciones de sus impactos y sus respectivas escalas), para el bahiano, ambos traían novedades interesantes en el sentido de la danza y del ritmo. Innovaban en sus formas y presentaciones.
En este momento, la Bossa Nova y el movimiento Tropicália, debido a los íconos que los representaban como Tom Jobim, Vinicius de Moraes, João Gilberto, Chico Buarque, Dorival Caymmi, Elizeth Cardoso, Elis Regina, Baden Powell, Toquinho (todos de la bossa nova); y en cierta medida, Carmen Miranda (Tropicália) estaban siendo leídos e interpretados por la población de las capas menos favorecidas como artistas que componían una élite musical unísona, homogénea, y que eran encuadrados en un bloque más amplio de la musicalidad nacional: la MPB (Música Popular Brasileña). A pesar del nombre, las capas más pobres de la sociedad percibían que de popular nada tenían las composiciones de esos autores de Música Popular Brasileña que eran consumidos, en mayor número, por personas de la clase media y media alta, universitarios y personas que deseaban presentarse como más cultas o con “mejor gusto musical”. En ese sentido, tales géneros fueron más relacionados con la necesidad de una politización más profunda por parte de su público consumidor, incluso porque esos dos movimientos se comprometieron en el combate y resistencia a los movimientos políticos de la era de la dictadura militar instalada en Brasil a partir del año 1964.
“Las capas más pobres de la sociedad percibían que de popular nada tenían las composiciones de esos autores de Música Popular Brasileña que eran consumidos, en mayor número, por personas de la clase media y media alta y universitarios”.
APU: ¿Hubo un quiebre entre esos movimientos musicales y algunos sectores sociales menos favorecidos?
W.O.B.: Esta relación de la producción artística de estos dos movimientos con un activismo político por parte de buena parte de sus integrantes forzó a las capas más humildes y, consecuentemente, menos escolarizadas a buscar el apoyo de referencias musicales menos exigentes desde el punto de vista del movimiento como un todo.
En ese espacio dejado por la Bossa Nova y por Tropicália, una revolución musical traída por Luiz Caldas pasa a ofrecer un género menos estigmatizado por los embates políticos: el “Fricote” (mezcla de ritmos africanos con inspiración del candomblé, ritmos caribeños). Este género se toma como elemento de base para el surgimiento de algo más amplio que se llamó Música Axé (término africano: axé = energía, fuerza); Music (término inglés con influencia ¿estadounidense?). Otros artistas no perdieron tiempo en apostar en el mismo género de Caldas y se embarcan en la ola como Sara Jane, Ricardo Chaves, Olodum, Banda Beso, Olor de Amor y Chiclete con Banana.
APU: ¿Cómo fue el reacomodamiento social de la Bossa Nova y Tropicália, entonces?
W.O.B.: Mientras que la inmensa mayoría de la población consumía estas nuevas propuestas (nacional, regional e internacional), los viejos clásicos de la Bossa Nova y Tropicália eran todavía una constante en los diversos sectores de la sociedad, pero no hegemónicos. “Seguir nuevas tendencias” -jerga del campo de la moda-, “estar de moda” -término que pasó a ser muy utilizado en las novelas de la Rede Globo de televisión- implicaban escuchar (y bailar) a Michael Jackson, Madonna; después, hubo grupos musicales nacionales como Domino, que imitaba a Menudo de Puerto Rico, y la influencia de bandas como New Kidsonthe, Block y Back Street Boys ha llegado a ser dominante en las ideas de la juventud; estar de moda, seguir tendencias, era imprescindible. En este punto, era común ver a los colegas de la Enseñanza Gimnasia y Científica (actual Enseñanza Media) escuchar música de los movimientos Tropicália y Bossa Nova como forma de diferenciarse, pero a largo plazo, sobre todo a partir del 2000.
“El significado de todo esto es uno solo: consumismo, modismo y, probablemente, cortoplacismo debido a un proyecto político “progresista” de mantenimiento de la pésima calidad de la enseñanza pública brasileña”.
APU: A partir de ahí, ¿hubo más cambios de este estilo?
W.O.B: El hip-hop, el funk, el pagode bahiano, la Axe Music, es decir la nueva música del país, y muchos géneros musicales se han visto muy influenciados por la musicalidad de Estados Unidos y la gran inundación de clips, empezando por el de la película Thriller de Michael Jackson; así cambiaron los conceptos de performance y presentación de las propuestas musicales en Brasil, sobre todo en Bahía. Un buen ejemplo de ello es el grupo Gera Samba que luego se convertirá en É el Tchan que apostaba en sus clips a los pasos ensayados y coreografiados de sus dos bailarinas y un bailarín para conquistar Brasil; y así lo hizo.
El consumismo modesto de producciones formateadas “a la American Way” pasó a ganar espacio, algunas realizadas en estudios, vendidas meramente por su calidad de audio. Los tiempos ahora exigían la imagen también. Se oyó (y aún se oye mucho) la frase “la imagen es todo” en todos los programas, novelas, comerciales de televisión y radio, y empezamos a dejar que la imagen fuera más influyente que el sonido. Así, producciones musicales antiguas y “poco atractivas” desde el punto de vista visual -al menos para los más jóvenes- fueron desterradas, olvidadas frente al gusto cotidiano y habitual de esos jóvenes.
APU: ¿Qué sucede actualmente?
W.O.B: Hoy, proponer a un joven, sobre todo, de las clases menos favorecidas y media que escuche los clásicos de la Bossa Nova, de la Tropicália o incluso de la MPB es lo mismo que pedirles que oigan los cuentos de Canterbury del siglo XIV. En un momento dado, hace tres años, dando clases de inglés en una escuela del Recôncavobaiano, recuerdo haber llevado una canción de Bruno Mars, “I want you back”, lanzada en 2010, pero muy exitosa en Brasil en 2011, para tocar y motivar a mis alumnos para la pronunciación. Era una canción con apenas cinco años de lanzamiento y recuerdo bien la respuesta de varios en relación con la música: “Profesor, me gusta esa canción, ¿pero no tendría una más nueva?”. El significado de todo esto es uno solo: consumismo, modismo y, probablemente, cortoplacismo debido a un proyecto político “progresista” de mantenimiento de la pésima calidad de la enseñanza pública brasileña.
APU: ¿Qué consecuencias trae eso en el ámbito educativo?
W.O.B.: Las de las fuerzas motrices de un fenómeno que niega la historicidad y la validez de las producciones musicales anteriores y que alaba sólo al nuevo o al internacional. No se tiene nada, no se hace nada, no se compra nada, no se piensa nada, no se dice nada actualmente, entre la mayor parte de los jóvenes brasileños, si no es para estar a la moda. Si es cosa de “véio” (término popular para designar peyorativamente cosas viejas o a una persona de edad avanzada), para los jóvenes, no cuenta.