46 años del PT: compromiso con Brasil

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    Edinho Silva

46 años del PT: compromiso con Brasil

30 Enero 2026

Brasil vive un momento decisivo más de su historia reciente. En el plano internacional necesita lidiar con la estancamiento de la economía mundial y sus consecuencias, la inestabilidad geopolítica, el regreso, organizado en proyecto político, de la ideología fascista, del avance del autoritarismo, la profundización de las desigualdades y el desmonte del orden global construido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

En el plano doméstico se impone la decisión entre seguir preso a un modelo de desarrollo, político, excluyente y sumiso o construir un proyecto democrático, soberano y socialmente justo. Ese debate no se refiere apenas a los partidos políticos, ni sólo a los gobiernos, sino al conjunto de la sociedad brasilera. Brasil tendrá que elegir un camino.

La experiencia democrática demostró que no hay desarrollo sustentable sin inclusión social, ni estabilidad política sin reducción de las desigualdades. El futuro del país depende de la capacidad de articular crecimiento económico, justicia social, democracia y soberanía nacional en un mismo proyecto.

En ese contexto la reelección del presidente Lula en 2026 representa más que la continuidad de un gobierno: significa la reafirmación de un proyecto de país comprometido con la reconstrucción del Estado, implantación de un proyecto que dialogue con los desafíos del siglo 21, que construya nuestra soberanía con la reducción de las desigualdades y la defensa de la democracia. Un Brasil capaz de combinar agricultura fuerte, industria desarrollada, ciencia, tecnología y generación de riqueza con combate a la pobreza, ampliación de derechos y protección ambiental.

Uno de los mayores desafíos de este nuevo ciclo es la transición energética delante de la emergencia  climática. No hay más espacio para el negacionismo ambiental ni para la falsa oposición entre desarrollo y preservación. Brasil reúne condiciones únicas para liderar un nuevo modelo de desarrollo sustentable, capaz de generar empleos, innovación y riqueza sin destruir sus biomas.

Otro eje estratégico es el desarrollo tecnológico e industrial, especialmente delante del hecho de Brasil tener una de las mayores reservas de tierras raras del mundo. Esos recursos son fundamentales para las tecnologías del futuro. La soberanía sobre esas riquezas debe estar al servicio del desarrollo nacional, de la ciencia, de la innovación y del interés de la nación, de las futuras generaciones y no seguir la lógica de la simple exportación de materias primas. Brasil quiere y puede mucho más.

La educación tiene que permanecer como un pilar estructural. La universalización de la educación integral y el derecho a la guardería y el cuidado con la primera infancia significan el pilar de una estrategia de desarrollo con justicia. Ningún país superó desigualdades estructurales sin invertir de forma constante en la infancia, la seguridad alimentaria, en la protección social de los niños, sin cuidar de la juventud, sin proporcionar la igualdad de oportunidades, sin posibilitar la prosperidad. 

El debate sobre la reducción de la jornada de trabajo también precisa ser enfrentado con seriedad. El tiempo es un derecho social. Reducir la jornada mejora la calidad de vida y amplia el acceso al estudio, al placer y la convivencia familiar. Si esos argumentos no bastan, el crecimiento vertiginoso del aumento de la producción con cada vez menos mano de obra, la reducción de la jornada de trabajo se torna urgente, entre otras iniciativas, para evitar el colapso del actual modelo de producción.

La tarifa cero en el transporte público debe ser comprendida como política estructural en el actual modelo urbano. Democratizar la movilidad es democratizar el acceso al trabajo, a la educación, a la cultura y las oportunidades.
Ningún proyecto de futuro puede ignorar la seguridad pública. Es preciso deshacer dos mitos: el de la supuesta competencia de la derecha en el tema y el que la izquierda no estaría preparada para enfrentar el crimen. La experiencia reciente mostró que liberar armas y transferir la responsabilidad al ciudadano no reduce la violencia, al contrario, sólo aumenta. Seguridad pública exige inteligencia, tecnología, valorización de las fuerzas de seguridad, combate al crimen organizado, prevención, políticas sociales. La violencia afecta sobre todo a los más pobres, la juventud negra, las periferias. Combatirla es proteger vidas, establecer la democracia en los territorios, garantizar derechos.

Es fundamental reafirmar el derecho al deporte, a la cultura y al placer como dimensiones esenciales de la ciudadanía, instrumentos de inclusión, formación humana y pertenencia social.

Es impostergable una reforma político-electoral en el corto plazo. Sin ella no frenaremos la sangría de la democracia representativa ni su descrédito en la percepción popular. La democracia precisa ser defendida socialmente como un valor innegociable. El PT precisa buscar en su historia sus lazos con la democracia directa y defender sin treguas que el Presupuesto público sea accesible para la sociedad civil organizada. Las inversiones públicas no pueden ser definidas por los Parlamentos en todas las instancias, sin participación popular.

Completando en febrero 46 años de existencia, el Partido de los Trabajadores carga una trayectoria ligada a la lucha por la democracia, por los derechos sociales y por la soberanía nacional. Ese camino impone responsabilidades: dialogar con la sociedad más allá de sus bases, renovar liderazgos, agendas programáticas y repensar su estructura organizativa. Por eso convocamos al 8° congreso para abril de este año. Vamos a movilizar el PT para los desafíos de ahora y del futuro.

El legado del presidente Lula permanece como referencia democrática y de una nación justa. Pero el futuro del país dependerá de la capacidad de sus fuerzas políticas que sostiene ese proyecto de presentar respuestas concretas a los desafíos del desarrollo, de la seguridad, de la justicia social y de la democracia.

Brasil precisa de unidad en torno de un proyecto nacional. La disputa política de nuestro tiempo no puede ser resumida al odio, la intolerancia, “el griterío entre hinchas dentro de un estadio”, ella precisa ser balizada a la luz del día, con ideas, propuestas y dialogo. Tenemos que construir una agenda para Brasil, para las futuras generaciones, que puedan ir mucho más allá de las “guerras virtuales” y fake news, de la propagación de mentiras y narrativas vacías. 

(*) Presidente nacional del PT; ex-ministro da Comunicación Social (2015-16, gobierno Dilma) y exintendente de Araraquara (SP)

Traducción: Santiago Gómez