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Patria Grande //// 07.04.2020
¿Quién está gobernando Brasil?

Según el excanciller de Lula, Brasil es el único país sobre el que se hace esa pregunta. Los militares gobiernan desde el primer día, el presidente, el vice y ocho ministros son del ejército. La política económica la define Guedes, exfuncionario de Pinochet. Bolsonaro siempre creyó que el caos es la vía para cambiar Brasil. El poder judicial y legislativo le colocan límites al presidente.

Por Santiago Gómez
Desde San Pablo

Quién gobierna Brasil es una pregunta que se instaló en este país, así como fueron alimentadas las dudas a partir de declaraciones del periodista Horacio Verbitsky, quien informó que un alto militar brasilero se habría comunicado con un militar argentino para informar que el ministro de la casa civil estaría al mando operacional del país. El coronavirus no modificó la política económica brasilera, cuanto profundizó la pérdida de derechos de los trabajadores. El Supremo Tribunal Federal fue a contramano de la medida de Bolsonaro que autorizó reducciones salariales sin intermediación sindical. La prensa local informó que el ministro de salud, Luiz Henrique Mandetta, mantuvo una reunión con el presidente de la cámara de diputados, ante la posibilidad de ser despedido, pero el legislativo le dio su apoyo. Medios locales informaron el lunes 6 que Mandetta sería echado, pero se mantiene en el cargo. No sólo el ala militar lo apoya ni es la única que le pone límites al presidente.

Tanto la prensa brasilera como la internacional hablan de un posible golpe blando a Bolsonaro por parte del ala militar del gobierno, siendo que de veintidós ministros ocho son militares, así como el presidente y su vice, el general Hamilton Mourão. Son públicas y manifiestas las diferencias entre Mourão y Bolsonaro, las cuales expresa el hijo presidencial y concejal por Rio de Janeiro, Carlos Bolsonaro, en las redes sociales. Carlos es el responsable de la comunicación del padre y quien está al frente del llamado “gabinete del odio”, por las campañas de noticias falsas. Caracteriza a la comunicación bolsonarista una lógica paranoica, donde cualquiera que no obedezca militarmente al presidente estaría operando contra él.

Esto pudo observarse en un tweet de Carlos en el que cuestionó que Mourão tuviese una reunión con el gobernador de Maranhão, Flávio Dino, del Partido Comunista de Brasil y posible candidato a presidente en un frente de izquierda. “¿Qué lleva al vicepresidente de la república a reunirse con el mayor opositor SOCIALISTA del gobierno, que se muestra diariamente con actitudes totalmente en contramano a las del presidente?”, expresó el hijo del presidente.

Otro hijo de Bolsonaro, Eduardo, diputado por Rio de Janeiro, creó un conflicto diplomático con China por difundir comentarios xenófobos en las redes sociales contra el país asiático, lo que valió que nuevamente la diplomacia china le responda, publicando una nota el sábado pasado en O Globo, donde el cónsul general de la República Popular China en Rio de Janeiro, le preguntó si de verdad es así de ingenuo e ignorante y si recibió un lavado cerebral en los Estados Unidos. “Usted puede no pensar en China, pero no puede dejar de pensar en Brasil. (...) En este momento crucial de la cooperación bilateral en el combate a la pandemia del Covid-19, sería más prudente no crear más confusiones. Aún más importante, sea un verdadero brasilero, en vez de ser usado como arma por los otros”.

¿Gobiernan los militares?

Gobiernan los militares Brasil desde el 1 de enero de 2019 en que Jair Messias Bolsonaro tomó pose de gobierno. Su vice es militar y su ministro de economía, Paulo Guedes, un representante puro del neoliberalismo económico, fue funcionario de la dictadura de Pinochet en Chile. Según el exministro de la casa civil durante el gobierno de Lula, Jose Zé Dirceu, se trata de un gobierno cívico militar en el que los tres comandantes de las fuerzas armadas hacen política, como pudo observarse el pasado 31 de marzo, cuando se cumplió un nuevo aniversario del último golpe de 1964, en que se expresaron a favor del mismo y el presidente consideró que era un día en el que se celebraba la libertad.

En entrevista con el periodista Fernando Morais, director del portal Nocaute, Dirceu destacó que tanto el poder legislativo cuanto el poder judicial le han puesto límites a Bolsonaro. Un juez federal de Rio de Janeiro prohibió que se tomaran medidas contrarias al aislamiento social, como la autorización presidencial de que se mantuvieran abiertas iglesias y loterías, así como también la difusión pública de un spot presidencial que alentaba a la población a continuar como si nada, bajo el slogan “Brasil no puede parar”. Fue el congreso el que sancionó una ley para que se entregue un beneficio de emergencia a los trabajadores informales de 600 reales, y de 1.200 adicional para las madres con hijos a cargo.

En el día de ayer, el ministro del Supremo Tribunal Federal, Ricardo Lewandowski, contrarió la voluntad presidencial expresa en la Medida Provisoria que autorizó la suspensión de contratos de trabajo y el acuerdo de rebajas salariales entre el patrón y el empleado, sin intermediación sindical. El ministro del Supremo determinó que la reducción salarial o la suspensión sin la participación de los sindicatos atenta contra los derechos constitucionales de los trabajadores. Ante la falta de humanidad del presidente y su ministro de economía, la justicia es uno de los pocos límites posibles a la gestión de gobierno.

Comando operacional

El día 24 de marzo fue creado por decreto el Centro de Coordinación de Operaciones en el ámbito del Comité de Crisis para la Supervisión y Monitoreamiento del Covid-19. El comité fue creado el día 16 de marzo, forman parte los veintidós ministerios, el Abogado General de la Unión, los presidentes del Banco Central, la Caja Federal, el Banco de Brasil, el Banco de Desarrollo Económico y Social, y el director de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria. El coordinador, en este caso el ministro de la casa civil, el general Walter Souza Braga Neto, lo que sería un jefe de gabinete en Argentina, tiene derecho a invitar a las reuniones del comité a miembros del poder legislativo, judicial, ministerio público y otras autoridades públicas o especialistas.

Consultado el excancilller y exministro de defensa del gobierno Lula y Dilma respectivamente, sobre el posible desplazo de Bolsonaro de la toma de decisiones, Celso Amorim expresó que los militares no querrían que saquen a Bolsonaro porque consideran que tiene la legitimidad de los votos y sigue teniendo apoyo popular. De hecho, una encuesta realizada por Data Folha muestra que el 59% de los brasileños están en contra de la renuncia del presidente, frente a un 37% que la apoya. Amorim señaló que todo indica que quien manda en la política económica continua siendo Paulo Guedes, con el apoyo de Bolsonaro. Para el excanciller es preocupante que el gobierno y otros sectores que lo apoyan buscan alejar a la izquierda del juego político, como demuestra la acción del Subprocurador Electoral en favor de la proscripción del PT".

“Bolsonaro es más un comunicador que alguien que comanda la administración del gobierno. Lo llamativo es que Brasil es el único país en el mundo en el que se vive una crisis de salud y una gran crisis política, en el cual se cuestiona cómo se gobierna y también quién está gobernando de hecho. No hay algo semejante en ninguna parte. En la economía, pese a las presiones por cambios, lo que observamos es la insensibilidad de Guedes, no solo humana, cuanto sobre los riesgos políticos y mismo de convulsión social, que conllevan medidas como autorizar la suspensión de contratos de trabajo y la baja de salarios”.

Consultado respecto a cuál sería el cambio que se produciría a partir de la pandemia y qué podemos imaginar que no continuará más, Amorim expresó: “la globalización sin freno no va más, aumentará la conciencia de la necesidad de aumentar la autosuficiencia en sectores estratégicos como la salud, del desarrollo de la producción de insumos y productos indispensables. Podemos decir que la pandemia significa el fin del "fin de la historia", de que habló Fukuyama. El fin del liberalismo económico. Si eso va ocurrir por medio de la solidaridad, con gobiernos progresistas, o si va resultar en regímenes más autoritarios no lo sabemos. El propio sistema financiero, que ha dominado el mundo podrá esfumarse".

No pudo sacar al ministro de salud

Durante el fin de semana pasado se habló mucho sobre el posible despido del ministro de salud, quien el viernes dio una conferencia de prensa en la que expresó “que quien tiene mandato habla y quien no tiene trabaja”, lo que generó la ira del presidente. Al otro día Bolsonaro expresó que no entendía qué le sucedía a algunos funcionarios que se hacían las estrellas y que no le temblaría el pulso en usar la lapicera. Hubo quien se preguntó si la Bic se le quedó sin tinta, ante el no despido del ministro luego de que los medios informaran que en el día de ayer se tomaría la medida.

El viernes 3, antes de la desafiante conferencia de prensa del ministro de salud, la revista Veja informó que la noche anterior el ministro cenó en la residencia oficial del senado, junto al presidente de la cámara de senadores, Davi Alcolumbre, y Rodrigo Maia, presidente de la cámara de diputados. Maia ganó un protagonismo relevante durante el gobierno bolsonarista, porque es indispensable para la aprobación de cualquier medida y se volvió un obstáculo para la obediencia militar que el presidente espera. En dicha cena las autoridades legislativas le expresaron al ministro su apoyo. Mandetta en sus conferencias de prensa cuestiona la liviandad con el que el presidente trata la pandemia, llamándola de gripecita.

Tras el posible despido de Mandetta, y que Infobae informó que había sido echado, la jornada del lunes en Brasil estuvo marcada por el anuncio de la posible medida. Luego de la reunión de ministros convocada para las seis de la tarde, el ministro de salud brindó una conferencia de prensa, que comenzó diciendo “laboro, laboro, laboro” y en la que destacó que lo suyo es un trabajo técnico y que él simplemente es un portador del mismo.

“Es muy difícil en un momento en el que está todo el mundo con los nervios a flor de piel y las reacciones son muy extremas trabajar en este sistema en donde no sabemos cómo será el próximo día, la próxima semana. No sabemos si la enfermedad se comportará como lo hace en otros países”, señaló el ministro. Mientras el presidente y varios miembros del gabinete, entre ellos el canciller, tienen como gurú intelectual a Olavo de Carvalho, un charlatán que afirma que la tierra es plana, Mendetta se ocupó en destacar que lo que el ministerio busca es “la voz de la ciencia, buscamos a especialistas, al consejo de medicina, para adoptar el uso de drogas, determinar estrategias”. El comentario del uso de drogas se debe a que Bolsonaro, al igual que Trump, insiste diariamente en la aplicación de cloroquina como tratamiento contra el coronavirus.

“Sigan la recomendación de los gobernadores”

El ministro de salud señaló que Brasil no tiene condiciones de enfrentar una escalada de casos en las grandes ciudades. Señaló que no tiene previsión de cuándo tendrán equipamientos suficientes, por lo que sugirió que la población debe seguir la recomendación de los gobernadores, quienes  ordenaron la cuarentena. Sin embargo, Mandetta intentó subirse de nuevo a la cuerda a balancear y dijo que “Es momento de distanciamiento social. Lo que pasaron las últimas dos semanas no es cuarentena. Estamos en fase de hacer distanciamiento social, esto no es cuarentena, es mucho más duro. Las personas pueden hacer una caminada, puede salir un poco al aire libre, no necesitan quedarse encerradas, pero no se pueden aglomerar”.

El ministro no descartó la posibilidad de que sea despedido, pero dejó claro que en caso de que sea retirado del cargo, saldría junto con todo el equipo de funcionarios que llegó con él.