El agente secreto: otra carta brasileña para los Premios Oscar
A fines de febrero llega al país El agente secreto, escrita y dirigida por Kleber Mendonça Filho. Coproducida y respaldada entre Brasil, Países Bajos, Francia y Alemania, tuvo su estreno mundial en mayo en el Festival de Cannes. Se convirtió en la obra más premiada y, desde entonces, ha recibido nominaciones y galardones inéditos para la historia de su país. En los Premios Oscar competirá por Mejor película, Mejor película extranjera, Mejor actor principal, y Mejor casting, una cantidad sólo alcanzada por Ciudad de Dios en 2003.
La trama, inspirada en hechos reales, se sitúa en 1977, durante la última dictadura brasileña y bajo la gestión de facto de Ernesto Geisel. “Un período de mucho engaño”, según la idea que abre el film, para luego seguir con un montaje de imágenes de la vida cotidiana y de fotogramas de ficciones clásicas. El director ancla la historia en un tiempo y lugar: durante el carnaval en Recife, su ciudad natal y su centro cinematográfico. Desde el inicio, el relato se complejiza mezclando géneros, abriendo líneas temporales y subdividiéndose en partes.
Marcelo Alves (Wagner Moura), profesor e investigador universitario, regresa a la región desde San Pablo con la intención de reencontrarse con su hijo Fernando (Enzo Nunes). El protagonista huye de las amenazas constantes de Henrique Ghirotti (Luciano Chirolli), un empresario vinculado al régimen con quien tuvo un conflicto tiempo atrás. Encuentra refugio en una casa administrada por Doña Sebastiana (Tânia María), quien acoge a personas en situación similar a la suya, y toma contacto con una especie de red de contraespionaje, a cargo de Elza (Maria Fernanda Cândido), que lo intentará ayudar a salir del país.
La vida de Marcelo nos emparenta con el cine de espionaje, en un escenario corrupto descripto desde el principio y que irá acumulando tensión hasta explotar, y así representa su angustia y temor pero también su voluntad de resistir. De esa forma, empieza a trabajar en el Instituto de Identificación, donde espera hallar información sobre su difunta madre, bajo la responsabilidad del oficial Euclides (Robério Diógenes). En paralelo, dos sicarios, Augusto Borba (Roney Villela) y su hijastro Bobbi (Gabriel Leone), le siguen el rastro y subcontratan a otro asesino a nivel local, Vilmar (Kaiony Venâncio), al mejor estilo de los hermanos Coen.
Cabe realizar, antes de seguir con el análisis, algunas salvedades. Primero y principal, no es un agente secreto sino alguien que, por necesidad, se ve obligado a un estilo de vida. Es probable que otro título hubiera colaborado con otras interpretaciones. Luego, si la trama suena extensa es porque, a lo largo de más de dos horas y media, la narración avanza en sus distintas formas de manera constante. Hay presente, flashbacks y flashforwards -donde unas estudiantes investigan los hechos-. Hay también escenas ambientadas en el edificio histórico del Cine Sâo Luiz, donde Seu Alexandre (Carlos Francisco), suegro de Marcelo y quien cuida al pequeño, proyecta diversas obras, por lo que abundan referencias cinéfilas.
En ese último aspecto, vale la pena destacar la presencia casi permanente de tiburones, ya sea reales, metafóricos o la obra concreta de Steven Spielberg. El agente secreto se ocupa de transformar, por momentos, la violencia política del momento a través del humor. El contexto de carnaval genera el contraste perfecto entre la celebración y la amenaza, la intriga remite al thriller estadounidense y el punto de vista se asemeja al western. Repasa varios géneros dentro de una misma obra sin perder coherencia interna, y ese es su mayor logro. A su vez, puede verse como complemento de Aún estoy aquí, consagrada en 2024.
Antes que las escenas grandilocuentes, a Mendonça Filho le interesan las dinámicas sociales y psicológicas, en particular las formas de resistencia, en tiempos dictatoriales con la connivencia de distintos sectores políticos y empresarios. Por ello combina el suspenso con elementos identitarios de Brasil, para poder explorar la memoria colectiva traumática. En sus numerosas capas y su estructura coral puede perder algo de potencia, sobre todo por falsas expectativas generadas, pero conforma un relato oscuramente humano.
El guion se escribió a lo largo de tres años y se superpuso con el documental Retratos fantasmas, pero la investigación lo llevó a incrementar la cantidad de materiales históricos como inspiración. Si bien ya había estado en Cannes con Aquarius y Bacurau, este film llega en medio de un renovado interés internacional por el cine brasileño que, como una de sus particularidades, focaliza en la dictadura como uno de sus tópicos, como lo fue Marighella, dirigida por el propio Moura. Además, el actor -recordado, entre otras, por su papel en Tropa de élite y Narcos- sigue añadiendo matices a sus roles, lo suficiente como para sostener la conexión de diversos géneros entre sí y al factor humano en primer plano.
Por último, su estreno en Brasil fue durante el arresto de Jair Bolsonaro por intentar un golpe de estado tras perder las elecciones en 2022, lo que le agregó mayor relevancia para terminar siendo aclamada como una de las películas del año. A dos semanas de su llegada a las salas de nuestro país, puede verse en la plataforma MUBI, y a un mes de los Premios Oscar su director se consolida como uno de los más importantes en la historia reciente.