fbpx Alejandra Bosch: “Las relaciones humanas y afectivas son las que sostienen a la editorial” | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Fractura //// 27.06.2020
Alejandra Bosch: “Las relaciones humanas y afectivas son las que sostienen a la editorial”

Fractura, suplemento literario de APU, conversó con Alejandra “Pipi” Bosch sobre Ediciones Arroyo. Este proyecto tiene la particularidad de usar para sus libros material plástico desechable y realiza un entramado que termina involucrando a toda la comunidad.  

Por Norman Petrich

 

Alejandra “Pipi” Bosch es artesana y escritora. Cuenta con una nutrida producción poética en la que se destacan Niño Pez (Del Aire, 2015); Malcriada de Acuario (Objeto Editorial, 2017); Un avión, su piloto y un pájaro (Caleta Olivia, 2017); y el flamante Sabio el pájaro (Editorial Deacá, 2020). Además de este último, en el 2020 publicó el libro de poesía Dominios: gatos y albañiles (Viajera editorial) y la nouvelle Dos cuentos maravillosos (Baldíos en la lengua).

Agencia Paco Urondo conversó con ella sobre el particular proyecto editorial que lleva adelante y que termina haciendo participar a todo Arroyo Leyes, localidad cercana a la ciudad de Santa Fe, en el entramado de un festival.

 

Agencia Paco Urondo: Lo que me llamó la atención de Ediciones Arroyo, además de su catálogo, es la elaboración artesanal de los libros, en los que reutilizás materiales plásticos de descarte. ¿Nos podrías contar el por qué de esa elección, cómo sería el proceso y qué otras intervenciones le realizan?

Alejandra Bosch: La elección de los materiales plásticos de descarte, los sachets, las cajas de leche y las bolsas comunes tipo camiseta, de supermercado, cualquier tipo de bolsa plástica que nosotros reutilizamos se dio porque, en realidad, hace mucho tiempo que vengo realizando un recorrido con el tema del reciclado de la basura. Cuando vivía en San Pablo tomé contacto, por primera vez, con lo que era la industria (por llamarlo de algún modo) o las economías alternativas que se arman alrededor de lo que las fábricas y las comunidades producen como basura o descarte. En esa época (año 92, capaz) participé, no de modo formal, más como amiga, de una cooperativa de hombres desocupados de un barrio norte de la ciudad de San Pablo que compraba basura plástica de las fábricas, las limpiaban, descontaminaban y molían, las envasaban separándolas por calidad del plástico y luego las volvían a vender. Fue la primera vez que vi los mil usos que tiene el plástico luego de transformarse ya en basura. Cuando volví a la Argentina, después de muchos años y estando en suelo santafesino, presento un proyecto en la Secretaría de Cultura de Santa Fe, ciudad, para dar talleres de reciclado de la basura domiciliaria y organizar grupos de trabajo, pensando en enseñar a tejer utilizando el plástico. Yo soy tejedora, artesana, diseñadora textil. En ese marco de trabajo es que empecé a experimentar con formas de reciclar las bolsas. Y teniendo en casa una cantidad importante de plástico, decidí probar hacer una tapa para un libro. Cuando vi que era factible, empecé a probar y experimentar cómo quedaba mejor, cosidas, bordadas, intervenidas. Dentro de lo que yo hago, empecé a hacer cuadros, una serie de bordados para una exposición y demás, hasta que en un momento decidí que iba a fundar una editorial y que iba a trabajar con este material plástico para hacer los libros de poesía. Yo ya vivía en Arroyo Leyes, me acababa de mudar, más o menos así nació Ediciones Arroyo, con este formato del sachet de leche, las medidas que me permite para aprovecharlo, empecé a termofusionar, a coser, a intervenirlos con hilos, con colores, con lanas, con cintas, a mejorar cada vez más las tapas. Mi compañero trabajaba con ploteo de vinilo haciendo vidrieras para publicidades y empezamos a reutilizar los desechos del vinilo, también, para recortar las letras y estampar los nombres de los poetas en las tapas. Así fue hasta que llegamos a una etapa donde tenemos las tapas más o menos resueltas, que son un poco de costura manual, eso lo mantengo porque me gusta como queda el trabajo manual, que se vea que es una puntada hecha a mano, las letras de vinilo que no se hacen con ploters sino que se cortan con tijeritas, una por una, el plástico de sachet de leche y adentro cartones. Una cosa más, importante. El ilustrador de Ediciones Arroyo es mi hijo, Julián Bosch, que trabaja conmigo desde siempre y también trabaja en la organización del festival y en todas las actividades que desarrollamos. En los últimos libros que estamos haciendo, Bossi, Masin, Ancalao, Lanese, Tissoco y Juan Vitulli, poeta rosarino que vive en Indiana, Estados Unidos, están ilustrados por él.

APU: ¿El catálogo es sólo de poesía? ¿Fue algo que se dio o lo pensaron así, desde un principio?

A.B.: La poesía es claramente el género que elegí porque es el que yo transito, me siento cómoda, es al que me dedico como escritora. En un principio el catálogo arrancó con poetas de Santa Fe. José Villa y Walter Lezcano fueron los dos primeros que publicamos. Después, nuestros poetas santafesinos que eran, en aquel momento, los que despuntaban, los que publicaban o estaban más en exposición por las lecturas dentro de la ciudad. Porque nosotros salimos con Ediciones Arroyo en el año que hacemos la mudanza de Santa Fe capital a Arroyo Leyes, 14 km al norte. En esa transición nosotros tomamos a los poetas que escuchábamos en los eventos, en los festivales que se hacían dentro de Santa Fe. En aquella oportunidad fueron editados Venturini, Giordanino, Agustina Lezcano, Larisa Cumin, Fernando Callero y Juan Pablo Bagnarol, entre otros. Al año siguiente empezamos a ver la posibilidad de irnos para Rosario, empezar a abrir el juego para que sea un catálogo más federal y ahí ya publicamos a Rodolfo Edwards y Juan Desiderio, que son de CABA, para completar el grupo perteneciente a esa generación, los poetas del 90, porteños. También publicamos gente nueva, como Yuste, empezamos a pensar en poetas de otras provincias y publicamos a Aníbal Costilla que es de Santiago del Estero, uno de los más reconocidos y es joven. Después ya nos fuimos a Paraná, a Córdoba, abrimos el espectro y se fue poblando el catálogo de rosarinos, de entrerrianos, cordobeses, siempre pensando en los poetas que tienen representación efectiva y vital en el momento que nosotros estamos existiendo como editorial. Wachi Molina, Andi Nachón, Loreley Al Jaber, Juan Fernando García, Tim Roda, Hugo Luna en Concepción del Uruguay, aquellos poetas que están en movimiento y están circulando y generando.

Hoy tenemos más de 70 poetas publicados y se va expandiendo solo, por su propia dinámica de grupo y va para el lado que tiene que ir, no es que yo esté investigando y buscando, dejo que el catálogo se conforme de acuerdo a lo que las relaciones internas va presentando y yo voy siguiendo ese ritmo.

 

APU: ¿Qué significó anoticiarse de que investigadores norteamericanos se interesaran en el proyecto editorial, al punto de que hoy, algunos de sus libros, forman parte de la biblioteca de una de sus universidades?

A.B.: También es una cuestión de orden interno y de vida que la editorial va teniendo a través de las redes sociales, del conocimiento que tienen de mi persona, con el apoyo que ha tenido el festival. Algo que va creciendo cada vez más y está absolutamente vinculado a la editorial. Somos los mismos, en el mismo pueblo, un trabajo que va de la mano, entonces se va potenciando un trabajo con el otro; y así surgió, por Vanesa Miseres, investigadora y docente rosarina que vive en Estados Unidos hace 15 años. En un momento fui a la presentación de su libro sobre viajes y nos conocimos y ahí empezó el contacto afectivo, que creo es lo que sostiene a la editorial y todos los proyectos nuestros, las relaciones humanas y afectivas sin las cuales no hubiéramos sobrevivido a 4 años de macrismo ni estaríamos en esta instancia en plena pandemia horrorosa que estamos pasando, haber podido hacer un festival tan emocionante como fue el de junio pasado. Así fue Ediciones Arroyo para Estados Unidos, a través de un contacto con una universidad que investiga sobre editoriales independientes, sobre poesía argentina y les interesa este tipo de proyectos donde el objeto libro es tan innovador en el diseño y en los materiales.

APU: Otra cosa que me llama la atención es que la editorial no es un bicho raro para la comunidad de Arroyo Leyes, todo lo contrario, comparten proyectos que están atravesados por la poesía. ¿Querés hablarnos de ellos?

A.B.: Para el pueblo es novedoso que dentro de su centro se encuentre una editorial. Acá hay almacenes, una librería, un supermercado, una carnicería, un puesto de salud, un puesto de correos, la comuna, la iglesia y olvidate. No hay espacios culturales, no hay teatros, no hay cines. Hay una vecinal y un club. Que haya una editorial, para la gente, es raro. La puerta de nuestra casa es la puerta de la reserva poética. Hay un cartel que dice reserva poética Juan L. Ortiz y un cartel que dice Ediciones Arroyo y hay un montón de cartelitos pegados por todos lados que dicen los nombres de los poetas que vienen al festival. O sea, tiene una presencia física, distinta. Nosotros, desde el primer momento, como no conocíamos el pueblo y hay limitaciones en lo que es hotelería y demás espacios, tuvimos que empezar a inventar lugares donde desarrollar el festival y donde alojar los poetas. Entonces lo que hicimos fue preguntarles a los vecinos y a nuestros amigos que hicimos acá si podían hacerse cargo de un poeta en su casa. Ahí empezó ese ritual y eso hizo que el festival se enclara en el territorio, También, para los libros, necesitamos material todo el tiempo. No genera tanto desecho una sola familia, si o si necesitamos armar es red de vecinos y amigos que hoy está en todo el país y que mandan por correo las cajas, los sachets lavados, todo, para que nosotros tengamos materiales. Ahora no se puede viajar pero cuando lo hacía me esperaban con sachets, porque hay mucha gente que guarda para nosotros, poetas que hemos publicado y saben que necesitamos eso y lo siguen guardando y los propios vecinos, nosotros empezamos a convocarlos para que nos guarden. Prácticamente a diario salgo al portón de mi casa y encuentro una bolsa con materiales que está colgado en la tranquera y nunca sé quién las deja, siempre es un vecino distinto que va juntando, que viene y trae. Desde ese lugar, digamos que hay un creciente compromiso de la comunidad para con nuestra editorial, siguen los vecinos anotándose para recibir a los poetas, la comuna se involucró desde hace tres años, la televisión argentina, que tiene un camping, también, el sindicato de los maestros. Pudimos ir armando toda una estructura para el festival que nos hizo anclar definitivamente en el pueblo y cuando ocurre, las escuelas intervienen, lo hace la única cantina que prepara comida, la gente que aloja y se fue haciendo un entramado, mismo entramado que se fue haciendo con los poetas que publicamos y ahora son nuestros amigos.

 

APU: ¿Cómo se sostiene una editorial, con estas características?

A.B.: Todo ese tejido nos permite sobrevivir sin ganar dinero, no somos una editorial que da un lucro. Primero que hasta el año pasado trabajábamos gratis. Recién este año empezamos a pedir una colaboración para los poetas que publicamos, que es mínima, pero que por lo menos nos ayuda en este momento que estamos pasando. Yo, particularmente, que no tuve más ingresos porque soy panadera artesanal, te imaginás que es una complicación salir a vender y hacer los trabajos que hacíamos. Esta red ha hecho que muchos poetas compren ejemplares y los próximos poetas que vamos a publicar van a aportar para que se pueda seguir haciéndolo, mandar a imprimir, comprar el papel. De ese modo, Ediciones Arroyo sigue latiendo viva y con perspectivas de seguir proyectando.