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Violencia Institucional //// 04.06.2018
La Pampa: la tercera de Tierno ¿será la vencida?

Un conflicto con el jefe policial pampeano derivó en la salida de Juan Carlos Tierno del Ministerio de Seguridad provincial. A lo largo de su trayectoria, su nombre quedó involucrado en graves casos de violencia institucional y de género.

Por Juan Carlos Martínez (*)

El primero de junio fue despedido por tercera vez de la función pública. En dos oportunidades fue Carlos Verna quien asumió el rol de verdugo, después de haber sido uno de sus protectores. En la restante el que lo defenestró fue Oscar Mario Jorge, otro gobernador perteneciente al justicialismo pampeano, quien intervino el municipio de Santa Rosa apenas ochenta y siete días después que Juan Carlos Tierno –de él estamos hablando- cometió toda suerte de tropelías.

La nebulosa historia del personaje comenzó en noviembre de 1984 durante el primer gobierno post dictadura encabezado por Rubén Marín. Por entonces, el joven abogado Tierno fue incorporado al flamante gobierno democrático como asesor letrado. Su nombre no tardó en ganar popularidad como protagonista de un hecho criminoso, tal como figuró en el expediente legislativo número 4931 del 15 de julio de 1985,  iniciado por la oposición pero que quedó a mitad de camino.

Comienzo de su larga impunidad. Tierno había golpeado y torturado a una joven que debió permanecer internada en un sanatorio de Santa Rosa durante doce días. La víctima presentaba, además de hematomas en distintas partes de su cuerpo, quemaduras de cigarrillo en sus pezones.

Para proteger al agresor, el gobierno de Marín en el que Verna era ministro de Obras Públicas, puso en marcha un rápido operativo para ocultar el grave suceso. El nombre del agresor no figuraba en el expediente legislativo en el que sólo se aludía a un alto funcionario de gobierno, pero poco tiempo después el diario La Arena lo hizo público y desde entonces “el loco Tierno” se ganó el mote de golpeador de mujeres.

En octubre de 2005,  veinte años después, el periódico Lumbre presentó a Tierno como El Golpeador al dedicarle la tapa y una amplia y precisa investigación. Cuando aquella la edición (número 49) ganó la calle, apareció en escena una de las enfermeras que había atendido a la joven víctima y nos ofreció su estremecedor testimonio. Por razones de seguridad, mantuvimos en reserva su identidad. “Yo atendí a aquella chica, estaba muy golpeada, no podía hablar, le habían quemado los pezones con un cigarrillo” reveló entonces la enfermera.

Lo mismo ocurrió luego con el testimonio del policía que le tomó declaración a la víctima en el mismo sanatorio donde estaba internada. “La chica estaba desfigurada”, dijo el ex agente al relatar el estado en que se encontraba la muchacha cuando él concurrió al sanatorio Santa Rosa para recoger su testimonio. El mismo día el policía fue citado al despacho de Tierno para escuchar un duro reproche de Tierno, quien ordenó su traslado en el término de 24 horas a Algarrobo del Águila, un lejano e inhóspito paraje del oeste pampeano.

Otro testimonio fue el que ofreció una mujer que trabajó como auxiliar doméstica en la casa del golpeador. “Yo viví la violencia de Tierno”, sostuvo la muy valiente María Silveyra, quien reveló las golpizas que el dueño de casa le aplicaba a su primera esposa delante de sus dos pequeños hijos.

Aquella mujer debió escapar con sus dos criaturas para radicarse en La Plata, donde falleció hace poco tiempo. Se llamaba Emilce Gutiérrez, era fonoaudióloga y con ella pudo hablar en una oportunidad la periodista Mariana Carbajal, de Página 12, ante quien confirmó el calvario que había vivido con Tierno.

Otro testimonio que recogió fue el de aquella joven salvajemente golpeada por Tierno, aunque en ese caso mantuvo en reserva su identidad. En uno de los artículos escritos por Mariana en Página 12 se incluyó la entrevista que mantuvo con la ex diputada justicialista Delia Gette.

“En diálogo con Página 12 y siempre bajo la condición de mantener en reserva la identidad de la víctima, contó: el ministro de Gobierno (Dalmasso) me llamó al Registro de la Propiedad Inmueble y me pidió si podía firmar un nuevo parte diario para que no figuraran las ausencias de ella. Yo le dije al instante que no me podía pedir eso. Después que corté me di cuenta que él era mi superior, pero mis principios no los iba a modificar”.

La ex diputada no se prestó a la maniobra de ocultamiento que había prendido ya en otras áreas dependientes del mismo ministro, agregó Carbajal. En otro de los artículos escritos en Página 12 –"El contexto"-  sobre el derrotero del golpeador, Mariana sostuvo que “Los testimonios son contundentes. El último, el de una ex empleada doméstica que asegura ella, que con sus propios ojos vio cómo le pagaba a su primera esposa. Una ex amante todavía se estremece cuando escucha su nombre y le recuerdan la noche de terror que la dejó con sus pezones quemados por cigarrillos y hematomas varios días internada en una clínica. La ex esposa huyó aterrorizada, de madrugada, del hogar que compartían ambos con dos pequeños hijos. Entre los políticos y políticas no son pocos los que dicen en La Pampa que a su actual esposa, una diputada provincial, la han visto con anteojos negros bien grandes en días de lluvia o bufanda al cuello en días de sol para ocultar marcas dolorosas”.

Uno de los párrafos incluidos en el meticuloso trabajo de Mariana Carbajal sintetizó la cadena de complicidades que le han servido a Tierno para mantener su larga impunidad. “Sus víctimas, la ex esposa, la ex novia, afirman que las denuncias que hicieron en su contra  en su momento, misteriosamente desaparecieron y no tienen duda de que en la maniobra tuvo que ver la influencia de su poder político”. También desaparecieron las pruebas del Sanatorio Santa Rosa, aparentemente luego de un incendio.

¿Será la vencida?

En 2003, cuando Verna fue elegido gobernador de La Pampa, incorporó a Tierno como ministro de Gobierno, Justicia y Seguridad. Por entonces, el convocado llevaba sobre sus espaldas un denso prontuario: el de golpeador de mujeres y el de haberse enriquecido en la función pública como director del Banco de La Pampa en representación del Estado provincial.

También había sido denunciado por haberse quedado con una fracción de campo de un pequeño productor agropecuario endeudado con esa entidad bancaria. Tierno aprovechó la información que manejaba como responsable de la cartera de clientes morosos. En 2006, el mismo Verna debió echarlo por el notable incremento de apremios ilegales que cometía la policía bajo el mando de Tierno.

No obstante, el PJ provincial lo presentó en 2007 como su mejor candidato para las elecciones municipales de la capital pampeana. Tierno obtuvo la mayoría pero a los 87 días el gobernador dispuso intervenir el municipio por graves irregularidades cometidas por el conflictivo intendente.

La eyección de Tierno estuvo precedida de masivas manifestaciones populares que se oponían al proyecto autoritario  del hombre de la mano dura y larga. Por los desaguisados cometidos en su breve mandato fue denunciado judicialmente y en diciembre de 2014 fue condenado a dos años de prisión y a cuatro años de inhabilitación para ejercer cargos públicos. No obstante, Verna volvió a incorporarlo a su gabinete en el mismo cargo, es decir, como ministro de Seguridad. El argumento de Verna para justificar la designación de un ministro condenado fue que debía aguardarse la segunda instancia judicial. La confirmación del fallo en todas las instancias judiciales de La Pampa terminaron por agotar todos y cada uno de los argumentos oficiales y el primero de junio Juan Carlos Tierno fue despedido de la función pública por tercera vez.

En los dos años y medio que estuvo al frente del Ministerio de Seguridad, Tierno fue pieza clave en la relación de La Pampa con el poder central. El pícaro Verna lo usó en su doble juego de ser oficialista y opositor al mismo tiempo. Ahora Tierno, como ha sido su inveterada costumbre, se presenta como víctima de una supuesta conjura política de la que serían sus promotores los mismos personajes que desde hace treinta y cinco años han protegido y ocultado todas y cada una de sus fechorías. Desde Marín a Verna,  pasando por el PJ y buena parte de la oposición y sectores de la sociedad pampeana partidaria de la mano dura que tiene en Tierno a uno de sus más entusiastas cultores.

Condenado al ostracismo político, su primera reacción ha consistido en lanzar una de sus clásicas bravuconadas: no festejen que todavía hay que esperar lo que diga la Corte Suprema, ha sido una de sus repuestas. Confía, seguramente, que a través de su buena relación con el gobierno de Cambiemos, especialmente con Patricia Bullrich, quizás pueda encontrar en los máximos supremos lo que no encontró en las dos causas –una penal y otra civil- que hace unos años perdió con el mensuario Lumbre en su incesante persecución a periodistas que no le son funcionales.

En un país normal, personajes como Tierno hace tiempo que estarían inhabilitados de por vida a ejercer funciones públicas, además de conocer la cárcel desde adentro, como merece cualquier delincuente. Sin embargo, no es el único cadáver político que en la Argentina sigue haciendo daño.

(*) Juan Carlos Martínez es periodista, escritor y director del periódico Lumbre. Habitual colaborador de esta AGENCIA, mantiene también una columna en Radio Kermés, de Santa Rosa. Es autor del libro El golpeador. Violencia de género, corrupción política e impunidad (2013), una investigación periodística sobre Juan Carlos Tierno.