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Violencia Institucional //// 02.05.2018
La Pampa: Marín, Verna, Tierno y el pacto de impunidad

El gobernador Verna ratificó a fines de abril a su ministro de Seguridad, Juan Carlos Tierno. Denunciado públicamente por violencia de género y cuestionado por los abusos policiales bajo su gestión, Tierno aguarda un guiño de la Corte Suprema para eludir una sentencia judicial que en 2014 le prohibió ejercer cargos públicos por cuatro años.

Por Juan Carlos Martínez (*)

Desde que Rubén Marín se convirtió en el primer gobernador post dictadura de La Pampa, comenzó a tener vigencia un pacto no escrito de impunidad que debían compartir y cumplir a rajatabla los miembros del nuevo gobierno. Por aquellos días, Carlos Verna integraba el gabinete como ministro de Obras Públicas y Juan Carlos Tierno se desempeñaba como asesor letrado.

El pacto de impunidad fue legalizado en noviembre de 1984. No tenía fecha de vencimiento y comenzó a regir a partir de un hecho criminoso protagonizado por Tierno, autor de una salvaje golpiza que le dio a una joven que debió ser internada en un sanatorio de Santa Rosa.

Además de las marcas que quedaron en distintas partes de su cuerpo, la víctima presentaba quemaduras en sus pezones producidas por la brasa de un cigarrillo.

De aquel gravísimo hecho sólo quedó la carátula de un expediente en la Legislatura. El  resto de las pruebas desapareció en el marco de un operativo de ocultamiento ordenado por el propio Marín y que consistió en destruir los documentos registrados por la policía.

También se perdieron las constancias de la atención que recibió la víctima en el Sanatorio Santa Rosa donde permaneció doce días internada. Lo que no pudieron ocultar ni hacer desaparecer fue la memoria ni la dignidad  de personas que, por su tarea, conocieron en forma directa el grave suceso.

Una de ellas fue la ex diputada Delia Gette, por aquellos días jefa de la víctima en una repartición pública, ante quien el entonces ministro de Gobierno, José María Dalmaso, intentó sin éxito convencerla para que ocultara la ausencia de la víctima durante los doce días que permaneció internada. Sin embargo, poco a poco el nombre del golpeador se convirtió en un secreto a voces que fue ganando amplios sectores de la sociedad pampeana.

Una de las primeras pistas la había dado el diario La Arena pero sin identificar al golpeador con nombre y apellido sino aludiendo a un alto funcionario del gobierno de Marín.

Muchos años después, cuando Tierno comenzó a perseguir a los periodistas de Lumbre, el autor de esta crónica inició una investigación sobre el pasado que Tierno y sus protectores querían seguir ocultando.

Y así fue que llegamos a localizar a una de las enfermeras que atendió a la joven víctima y cuyo relato publicamos en Lumbre, en la edición número 49, del mes de octubre de 2005.

Aquel relato fue estremecedor y derivó en la aparición de otro testimonio no menos importante: el del policía que había concurrido al sanatorio a recoger la declaración de la víctima cuando todavía se encontraba internada. Los dos testimonios merecieron las tapas de Lumbre y coincidieron con la gestión de Tierno al frente de la municipalidad de Santa Rosa.

Fue por aquellos días cuando las manifestaciones populares de los vecinos reclamaban la renuncia del hombre de la mano dura y larga. Las multitudinarias marchas terminaban frente al edificio de la Avenida San Martín y allí nos encontramos en una de esas jornadas con una mujer que había trabajado, años atrás, como auxiliar doméstica en la casa de Tierno.

El testimonio que nos brindó aquella mujer confirmaba todo cuanto se sabía sobre la condición de golpeador del actual ministro de Seguridad. “Yo viví la violencia de Tierno”, había dicho la ex auxiliar al relatar las golpizas que Tierno le propinaba a su primera esposa delante de sus pequeños hijos con los que un día escapó de su casa con las dos criaturas.

La expulsión de Tierno del municipio estuvo precedida por el pedido de renuncia que le hizo Verna en 2006 cuando el irascible personaje ocupaba las mismas funciones que actualmente cumple.

La mano dura de Tierno había hecho carne en las comisarías donde, según reveló el entonces subsecretario de Derechos Humanos del propio Verna, “a los presos se les desnuda, se les cuelga y se les golpea”.

El mensaje era una suerte de telegrama de despido que el astuto Verna eligió para desprenderse del conflictivo ministro.

A finales de 2014, por las irregularidades cometidas en la municipalidad de Santa Rosa, Tierno fue condenado a dos años de prisión por abuso de autoridad e inhabilitado para ejercer cargos públicos por cuatro años.

Todas las instancias judiciales de La Pampa confirmaron la sentencia, pero Verna ha decidido mantenerlo en el cargo a la espera de lo que diga la Corte Suprema de Justicia de la Nación a la que Tierno ha dicho que llegará.

“Por ahí se llevan una sorpresa”,  dijo el reo como para dar a entender que en el contexto político que vive el país, sus amigos de Cambiemos quizás le den una mano como la que acaba de darle  Verna para prolongar el pacto de impunidad pergeñado hace tiempo y allá lejos.

 

(*) Periodista y escritor, director de Lumbrehabitual colaborador de esta AGENCIA y autor de El golpeador. Violencia de género, corrupción política e impunidad (2013), una investigación periodística sobre Juan Carlos Tierno. Artículo publicado originalmente en Radio Kermés, de Santa Rosa, La Pampa.