¿Y si Dios fuera mujer? “Antigua”, el oxímoron circular de María Belén Aguirre

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    María Belén Aguirre
POESÍA ARGENTINA

¿Y si Dios fuera mujer? “Antigua”, el oxímoron circular de María Belén Aguirre

28 Enero 2024

“Soy Antigua/ Y mi pecado/ consiste en haber nacido/ antes que Cristo./ No veré a Dios./ No tendré paz./ Soy como todos”, comienza este libro de María Belén Aguirre editado en el 2020 por Ediciones de la Eterna. Antigua es esa voz que fue desconocida por mucho tiempo hasta que realiza el acto de nombrarse, de reconocerse en ese nombre en el que muchas se reconocen, como si esta sola acción fuera un acto fundacional de algo que, en realidad, sucedió hace mucho.

“¿y si Dios fuera una mujer? alguno dijo/ ¿y si Dios fuera las Seis Enfermeras Locas de Pickapoon?/ dijo alguno/ ¿y si Dios moviera sus pechos dulcemente? dijo”, inquiría Juan Gelman en el poema “Preguntas”, uno de mis primeros encuentros con poner en duda lo establecido sobre este cuestionamiento que va más allá de lo teológico. El otro sería un libro antropológico de Pepe Rodríguez llamado Dios nació mujer, donde el periodista español dedicado a las temáticas sectarias y religiosas realiza una historización que marca cuál es la importancia de la mujer y de la invención del concepto de Dios para la humanidad y cómo corren suertes distintas; mientras el último regirá, la primera será arrojada a la sumisión.

Como verán, son conceptos que parten de varones traídos de un tiempo donde no nos preguntábamos hasta que fuimos exigidos a hacerlo. Con esto quiero decir que debe haber otras referencias que no tuve, y que tranquilamente pueden ser parte de Antigua, lo que me lleva a arriesgar que es una deidad que convoca a la voz poética mujer toda. Es por eso que se pregunta “¿Pero qué es/ sino brújula/ la cruz que delante mío/ me sostiene?”, y enseguida “¿Pero qué es/ sino Tiempo/ esta lenta velocidad/ reteniéndome?”.

Aclaro que lo que acabo de compartir son dos poemas continuos que, tranquilamente, pueden ser leídos como uno. Es más, Antigua, desde mi punto de vista, es un solo poema que Aguirre logra trabajar, amalgama la materia de forma tal que consigue separarlos en unos cuantos y que tengan vida propia, además del aporte al poema unívoco, colectivo. Unas líneas parecieran indicar que esa fue la forma de trabajo:

 

Hay engranajes entre verso y verso

que solo yo comprendo

La escritura me ha vuelto

la herrera del barrio.

Yo sueldo lo disperso.

 

Antigua es oxímoron constante, pero no uno donde dos fuerzas opuestas, parejas, chocan y es en ese cruce de espadas que de sus chispas nacen los versos. Se parece más a una fuerza arrasadora explotando sobre otra que espera quieta, como la marea reventando sobre una escollera, donde la palabra queda a la vista como rasguños donde fue horadada la piedra: 

 

Dios ha creado por miedo a la Nada

un universo tangible

Necesitaba encarnar

en proporciones minúsculas.

Necesitaba que supiéramos

que lo mejor de nosotros

era Él.

(El resto será reventar

en la credulidad

de un Dios

que de tan nuestro

juzgábamos pagano).

Antigua es una deidad que convoca a la voz poética mujer toda.

La escritora tucumana no sólo arma poemas individuales de uno mayor, sino que los títulos pasan a ser versos, aunque estén marcados en negritas. En ellos, Antigua deidad se reafirma en oposición a Dios Padre y se vuelve terrenal como Dios Hijo, de allí la incomprensión y la búsqueda:

 

Dios es a veces

un vacío inmenso

Es, es

en el lenguaje de las madres

un hijo que nos ha nacido muerto.

Es, es

en el lenguaje de los hijos

una madre que en el instante mismo

del parto que a este mundo nos traía

hacia otro mundo se iba.

Es, es

en el lenguaje de los mudos y los ciegos

este silencio negro.

 

Es, también, saberse real en esa contradicción que late en todo el poemario, donde se descubre “la vocera de allí/ en este aquí que me repele”, que le ofrenda a la pedagogía del padre su desobediencia, que se asemeja a Él en la inexistencia, una vida en espejo donde no hay un yo sin él ni un él sin yo. Que es como escribir en el borde de la nada, donde la nada es un lugar que la nombra, y ella (Antigua, Belén, o Belén como parte de Antigua) se reconoce y va hacia su propia contradicción. Después de todo:

 

En una simultánea

contradicción del pensamiento

afirmar

es haberse refutado

varias veces.

 

María Belén Aguirre (Tucumán, 1977), narradora, guionista, poeta y gestora cultural, tiene en su haber una treintena de títulos de poesía y narrativa, entre los que podemos nombrar a Biopic, El Pater, Balumba, Archipiélago y la ganadora del premio Fondo Nacional de las Artes en 2020, Siamesas. En 2009 fundó la Biblioteca Parlante Haroldo Conti y recientemente ha reconstruido los guiones cinematográficos de Enrique Santos Discépolo.

Si bien Antigua no es el primer trabajo literario que pone en juego esta contraposición entre aquello que se ve y lo que no, entre lo que es y lo que podría haber sido, la forma en que Aguirre deconstruye el esquema mítico, literario de una época bastante autorreferencial, es un soplo de frescura en tiempos donde el apuro suele ganarle al trabajo pulido, donde los algoritmos llevan y en ese llevar se pierde la búsqueda. Y fue ese trabajo pulido el que me sentó a escribir sobre un libro que no es una novedad, tiene por lo menos tres años. Es decir, despertó en mí esa necesidad y esos son sobre los que más me gusta escribir.

Porque Antigua busca al nombrarse, y al hacerlo se descubre una en todas y a todas parte de Ella, se transforma en un oxímoron circular donde “El final vendrá/ a reunirse con el principio” y “la vida/ contra toda previsión/ quizás sea/ la vehemencia con que ahora/ al cogote de una flor silvestre/ me aferro”. Después de todo, qué es la vida sino eso, una respiración que no detendrá la duración de la eternidad.