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Fractura //// 29.05.2022
Sobre "Las cenizas de Gramsci" y Pasolini

Este libro es fundamental para acercarse a la literatura de Pier Paolo Pasolini; allí condensa su obsesión por la lingüística y la política, al servicio de la poesía. 

Por Ignacio Vázquez

E la vita riappare piú viva
(y la vida reaparece más viva)”
- Las cenizas de Gramsci, Pier Paolo Pasolini

La matriz friulana

Pasolini, nacido en Bolonia, tenía ascendencia friulana por parte materna. Durante la guerra, vive en Casarsa della Delizia, en el Friul; allí funda, el 18 de febrero de 1945 la Academiuta di lenga furlana, dedicada al estudio de la lengua y de la poesía regional.

Luego de tres libros publicados en la lengua del paese natal, Pasolini adoptará la lengua italiana, pero se las arreglará para incluir la jerga de las periferias.

La postura del fascismo ante las lenguas minoritarias

A su llegada al poder, Mussolini fue eliminando la presencia de todo tipo de lengua que no fuera el italiano, a fin de afianzar el binomio –de raíz imperial- patria/ idioma. Para tal fin, y llevar al pueblo a hablar el idioma del estado, el dictador prohibió el uso de dialectos y lenguas minoritarias en ámbitos públicos.

Las directrices de la política lingüística instrumentada por Mussolini abarcaba: la intervención en la escuela, promoviendo el uso excluyente del italiano; el control absoluto de la prensa gráfica; sancionar cualquier manifestación o uso de otras lenguas en detrimento del italiano.

¿Por qué Antonio Gramsci?

Hagamos un ejercicio de memoria. Gramsci, nacido en Cerdeña, había estudiado Lingüística -Glottologia, más precisamente- en Turín, bajo la dirección del eminente Matteo Bartoli. La glotología subraya la tensión constante entre centros y periferias lingüísticas, entre lengua nacional y lenguas minoritarias, entre la norma institucional y el uso vivo de los hablantes; de dicha teoría proviene hoy, en línea directa y con varios cambios, la glotopolítica. A la par de su formación intelectual, Gramsci se familiarizó con el movimiento obrero. En principio fue socialista, para luego conformar el Partido Comunista Italiano, junto al dirigente Palmiro Togliatti, futuro editor de sus Obras Completas.

Resulta fácil advertir, entonces, que estamos ante tópicos para nada extraños al pensamiento de Pasolini.

Encarcelado por Mussolini en 1926, Gramsci sale de la cárcel en pésimo estado de salud en 1937, para morir en el mismo año.

Gramsci sostenía que el verdadero motor de la historia no son los hechos económicos sino aquellos intelectuales que despliegan una voluntad social colectiva, generadora, a su vez, de cambios económicos.

En 1947 fueron publicadas las Lettere dal carcere y en 1951, Passato e presente, generando un renovado interés en la figura de Gramsci. Las Cartas, sobre todo, fueron recibidas con aplauso unánime, tanto por el testimonio vital que desprendían como así también por la amplitud de temas y la agudeza de sus juicios. Dentro de los temas que tocarían la fibra íntima de Pasolini, cabe destacar la lucha de clases, la literatura nacional-popular y el papel del intelectual. (Recordemos, sobre este último punto, la definición gramsciana sobre el intelectual orgánico, expresión que haría fortuna en la sociología argentina).

El libro

Sería temerario dar, en pocas líneas, una idea cabal del libro Las Cenizas de Gramsci, publicado por la prestigiosa editorial Garzanti en 1957. Dividido en once poemas de extensión desigual más dos páginas de notas, abarca el universo común de los italianos, así como la intimidad e infancia del poeta.

El desencanto político suele ser posterior al encantamiento. En el caso de Pasolini -como en otros escritores de origen proletario, como Saramago o Didier Eribon- cabría pensar que, en realidad, es la matriz rural la que ya prepara ese terreno propicio al correlato, tantas veces asimétrico, entre teoría y práctica. Es esa mirada sin preconceptos ni dogmas cristalizados la que permite descubrir, en un instante, el cortocircuito de la contradicción.

Pasolini se irritaba ante la contradicción, pero la aceptaba como hecho consumado en la historia. Aceptar la contradicción como elección moral, en cambio, le resultaba inaceptable: tolerar la contradicción implica, en términos lógicos, caer en la contradicción misma. ¿Dónde pudo advertir esa contradicción en Gramsci? No en su teoría, desde luego. Pero sí en el sistema político que lo persiguió y que lo envió a la cárcel; en la Italia de los años 20 y de los 50; incluso, seguramente, en la mera existencia del hermano fascista de Gramsci.

El poema toma como punto de partida la visita que hiciera Pasolini a la tumba de Gramsci, hacia 1954, en el Cementerio Inglés de Roma. A lo largo de seis cantos, el poeta monologa y dialoga con el teórico neomarxista.

En el tercer Canto el poeta se focaliza en ese diálogo entre los espíritus: 

Allí estás tú, con dura elegancia no católica / desterrado en una lista entre extranjeros/ muertos. (…) Entre esperanza y desconfianza vieja me acerco a ti… (…) Y heme aquí, pobre, vestido con las ropas/ que los pobres ven en escaparates de burdo esplendor (…) Vivo en el no desear /de la apagada postguerra, amando/el mundo que odio –perdido en su decepcionante miseria– /gracias a un oscuro escándalo de conciencia…
 


 

Coda

Luego de tres libros publicados en friulano, Pasolini elige la figura del teórico marxista más lúcido de Italia. A veinte años de la muerte de Gramsci, a sólo diez de la publicación de los Cuadernos de la cárcel, a un año de la invasión soviética a Hungría, Pasolini titula su libro con las casi mismas palabras de la lápida de Gramsci. De todas las cenizas del cementerio protestante de Roma, Pasolini elige aquellas que resistieron la opresión fascista. “Serán cenizas, mas tendrán sentido”, diría Quevedo. Pasolini nos recuerda que son cenizas venerables porque son las reliquias de una vida revolucionaria, coherente, verdadera.

Frente al rostro mutante de la modernidad que va cambiando violentamente la vida italiana, Pasolini advierte en ese rostro los rasgos del viejo fascismo junto a rasgos nuevos: uniformidad, el consumismo como resorte de la homologación cultural, la comodidad como el sofá de la indiferencia.

Gramsci, desde la mera incomodidad del pensamiento, sigue vivo. Y así como Dante eligió la sombra tutelar de Virgilio, Pasolini elige la sombra vivificante de Gramsci y, con su gesto, la sigue proponiendo a todos nosotros.