María Belén Aguirre: “Pienso al poema como un pequeño artefacto de poder”
Hemos publicado varias notas cuya centralidad fue ocupada por la poesía rusa, principalmente aquella que se dio a conocer en el siglo XX. Esta entrevista recorre ese camino, aunque en sentido contrario: el 8 de julio se presentó en el Centro Iberoamericano de Cultura de Moscú, Matorral (Rideró, 2026), una antología que reúne poemas escritos entre 2009 y 2026 por María Belén Aguirre.
Para nuestra fortuna, su traductor al ruso, Pavel Aleshin (radicado en Moscú) le realizó una entrevista que FRACTURA, el suplemento literario de la AGENCIA PACO URONDO, tiene la suerte de poder publicar por primera vez.
Para ubicarnos un poco, Pavel Aleshin es poeta, traductor, doctorado en historia del arte, especialista enel Renacimiento. Nacido en 1990 en Moscú, es autor de algunas colecciones de poemas y traducciones, y también de la monografía Династия д’Эсте. Политикавеликолепия. Ренессанс в Ферраре (Слово, 2020) [Dinastía del Este. La politica de magnificencia. Renacimiento en Ferrara (Slovo, 2020)]. Traduce del italiano (Giudo Guinizzelli, Lapo Gianni, Ludovico Ariosto, Torquato Tasso, Mario Luzi, poetas contemporáneos), español (Federico García Lorca, Ricardo Guiraldes, Jorge Luis Borges, Alfonsina Storni, etc.), inglés (Mary Robinson, Percy Bysshe Shelley, etc.)y chino (Li Po, Du Fu).
María Belén Aguirre nació en Argentina en 1977. Estudió cine en la Escuela Universitaria de Cine, video y televisión (UNT). Es escritora, editora y video-ensayista. Autora de más de una treintena de libros, entre nouvelles y poemarios. En 2013, Praga en dos fue traducido al portugués por la escritora Dia Nobre, y al francés por Patricia West. Reconstruyó los guiones cinematográficos de Enrique Santos Discépolo. Junto al poeta Andrés Kischner coordina la Poemateca del Cine ABC. Recibió el Primer Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes 2020 por su obra Siamesas, publicada en Argentina y España. “Huésped de Honor” en el XXI Congreso Nacional de Literaturas Argentinas (UNJu, 2022). Su libro Pater dixit fue publicado con el apoyo del Ministerio de Cultura de la Argentina, en 2022. Desde 2023, su nouvelle Diario negro integra el catálogo de la Universidad de Notre Dame (Indiana, Estados Unidos). Fue finalista del Premio Hispanoamericano de Poesía Gabriela Mistral 2025 y mención honorífica del Concurso Néstor Perlongher (2024). Siamesas ha sido incorporada a la bibliografía de la cátedra de Literatura latinoamericana de la Universidad Mayor de San Andrés de Bolivia y al Programa de estudio de Prácticas del Lenguaje y Literatura en la provincia de Bs. As. Fue traducida al portugués, francés, alemán, italiano, ruso y catalán.
Ambas trayectorias confluyen en la aparición de este libro bilingüe traducido al ruso por el poeta Pavel Aleshin y presentado en el Centro Cultural Iberoamericano de Moscú. Matorral forma parte de la Biblioteca de Lenguas Extranjeras de dicha institución, a lo que es necesario agregar que cuenta con el grabado de la artista plástica rusa Elena Aleshina en el arte de cubierta, y fotos a color tomadas por la hermana de María Belén, Sandra Aguirre. Esta entrevista, como no podía ser de otra forma, se adentra en las distintas visiones poéticas que cada autor y lector puede tener sobre un mismo texto.
Pavel Aleshin: ¿Qué surge primero al crear una nueva obra: el sonido (ritmo, melodía, zumbido) o el significado, el concepto? ¿O varía cada vez?
María Belén Aguirre: Mi obra es predominantemente conceptual. Pienso al poema como un pequeño artefacto de poder; una suerte de nanotecnología que en el momento más inesperado podría explotarnos. Hay en él una supremacía de la idea, pero no en detrimento de los sentimientos; estos se adosan velozmente a él hasta conformar una unidad indivisible e intencionalmente indiscernible. Acaso porque la idea es ya una forma espiritual de la emoción o la decantación de una vida por detrás.
El poema nace en mí proto-escriturariamente; es decir, antes de sentarme literalmente a escribirlo. Otras veces emerge de lo fortuito. Y de la escucha más que de la contemplación. Y del silencio que es la quintaesencia del sonido. Diríase entonces que el oído es mi órgano vital. De la mano del oído proceden el movimiento, el ritmo, la melodía. Detrás de todo poema hay un poeta danzando. Esa danza reconoce en la escansión su corporeidad matérica, su partitura.
Un prejuicio se activa en torno al arte conceptual; se lo supone enteramente racional. Sin advertir que la idea –cuando no es una mera doxa- es por sí misma visceral. Posee, a veces, la ferocidad de una bestia depredadora y, otras tantas, la indefensión de un animalito depredado aferrado con uñas y dientes a su minúscula existencia. El poema sabe cuándo ser lo uno o lo otro; es instintivo también. Así, el poema instaura para su selva su propia ley.
Me sucede también a menudo que es el poema quien me devela, mientras lo escribo, su propia verdad. Yo respondo a sus demandas, pero sin perder -en la medida de lo posible- el control.
P.A.: Sueles trabajar con formas poéticas bastante extensas: ciclos, libros. ¿Pero surgen poemas líricos individuales? ¿O siempre se unen posteriormente a otros poemas?
M.B.A.: En general no suelo trabajar con formas poéticas bastante extensas, aunque admito que hay poemas que requieren una mayor expansión; dicha prolongación -en el tiempo y en el espacio- cumple una función específica: generar o dar cuenta de una atmósfera. No hablo necesariamente de poemas narrativos. Hay poemas y poemas. Esta especie de tautología indica que, a veces, el poema siente la impotencia de la incomprensión, y por eso se explaya. No siempre esa prolongación responde al regodeo en pos de una voluptuosidad presuntuosa y por demás decorativa. No escribo poemas de ese estilo. Pienso que la voluptuosidad es un afecto que pertenece al lector, suceda o no. Hay una distancia que procuro en este sentido. Quizás sea el resultado de muchas reflexiones al respecto. Creo que hay poetas que consideran que cuanto más tortura, flagelación y conmiseración ejerzan sobre el lenguaje, más efectiva será su obra. Yo no creo obra efectiva ni efectivista. (Con esto es probable que me adelante a la pregunta sobre mi relación con el lector).
Mi obra se divide en etapas. El criterio de esa sistematización obedece a una constatación: en algunos hay un mayor apego a mi “Yo empírico” (poemas autobiográficos, aunque la mímesis esté siempre condenada al fracaso). Estos pertenecen a la primera etapa. Los segundos tienen un carácter autoficcional; he llegado a crear lo que di en llamar las Diecisiete criaturas de la desgracia. Cada criatura es un heterónimo y un libro autónomo; poseen nombres extrañísimos y contradictorios. A esas criaturas pertenece mi monstruosa Siamesas. En este período la ficción y la realidad se tensan.
Existe un tercer período decididamente ficcional, en el que mi “Yo lírico” se desplaza hacia personajes que en nada tienen (o tal vez sí) que ver conmigo: un poeta desaparecido durante la última dictadura militar argentina, un yaco africano cautivo y un mancebo privado de su libertad en la cárcel de Saló.
Y finalmente, esta etapa que transito. Una etapa marcada por la brevedad, las reflexiones metafísicas y las preocupaciones acerca de la poesía. Aquí la metatextualidad encuentra su refugio al aire libre; pues nunca la poesía es más alevosa que cuando un poeta se detiene a pensarla. En este punto de mi vida de poeta apareciste vos.
Pero siendo completamente directa te diré: mis poemas suelen ser individuales, y luego a través del montaje construyo universos que los contengan con coherencia temática y cohesión estilística. El montaje es tanto más complejo y trabajoso que el acto mismo de escribir. Aunque pensándolo mejor, podría decir que el montaje es el texto subterráneo que une lo diverso.
No sería desatinado pensar la Poesía como una gran mise en abyme del montaje; primero del poema, luego de los versos en el poema y, finalmente, de las palabras en el verso.
P.A.: ¿Qué importancia tiene para ti el diálogo con otros poetas, contemporáneos y autores del pasado? ¿Es importante simplemente para ampliar tus horizontes y reflexiones, o puede servir como impulso para escribir una obra específica?
M.B.A.: Seré breve, seré atroz. Mi poesía no dialoga con la de los poetas contemporáneos. Sí con la de los poetas longevos y la de aquellos que ya no están. Con ellos el diálogo es fluido y cotidiano. Con ellos estoy completamente viva y completamente muerta. Mi gratitud es infinita y de ellos soy deudora de un legado invaluable.
Cultivo con fruición el anacronismo. La contemporaneidad solo me demuestra un penoso estado de trivialización de la poesía. Y si alguna vez leo a poetas actuales es solo para ratificar mi soledad, mi completa y dichosa soledad poética.
P.A.: ¿Qué importancia tiene el lector para ti? Cuando escribes, ¿piensas en el lector?
M.B.A.: Cuando escribo solo pienso en el poema; yo misma quedo relegada a un segundo plano. En el lector no pienso. Si pensara en el lector, en escribir para un lector determinado, mi arte se rebajaría a demagogia.
P.A.: ¿Qué relación existe entre ti como persona y ti como el "yo" lírico de sus poemas? ¿Hay algún límite? ¿Es claro o fluido?
M.B.A.: Cuanto más crezco, cuanto más envejezco, cuanto más cerca estoy de la muerte, más me alejo de mí. Allá lejos quedó mi “Yo empírico”. Aquí, a mi lado me acompaña el “Yo lírico”; diríase sin exagerar que soy su sombra.
Supongo que existe una cierta tendencia a creer que ambos convergen. Esa idea detona el morbo de los lectores, genera equívocos a veces trágicos, a veces irrisorios. Es la perversión de la recepción. O el resultado -voluntario o no- de la perversión de nuestra pluma.
P.A.: ¿Qué significa interdisciplinario en poesía?
M.B.A.: La interdisciplinariedad es la fuente de un diálogo enriquecedor. Particularmente, no puedo concebir mi poesía lejos de otras artes y saberes. Y francamente cuanto más crezco, cuanto más envejezco, cuanto más cerca estoy de la muerte, siento la comunión sagrada de todo con todo.