La Fundación Eva Perón y su ayuda al exterior: Solidaridad y Propaganda
Los orígenes de la ayuda social en nuestro país se remontan a La Sociedad de Beneficencia, creada por el ministro Bernardino Rivadavia el 2 de enero de 1823. Héctor Maccione en “La Fundación Eva Perón” (1997) consignó: “Comenzó a funcionar el 12 de abril de 1823 en el Convento de los Mercedarios, en la actual calle Reconquista, y sus autoridades pertenecían a las más destacadas familias de la "sociedad" porteña... Para su mantenimiento recibían donaciones privadas y, con el tiempo, subvenciones estatales... las "Damas de Beneficencia" organizaban colectas, en las cuales los niños de los asilos, rapados y uniformados, eran enviados a pedir limosna por las calles de la ciudad. En los asilos, las niñas abandonadas cosían ajuares para otras con más suerte que ellas”.
La llegada del peronismo al poder cambió el concepto de beneficencia por el de Justicia Social. Por tanto, siguiendo a Maccione: “En 1946… el Senador Diego Luis Molinari presentó ante el Senado de la Nación el proyecto de intervención a esta Sociedad, el cual decía: "...no servía a los fines que se habían propuesto sus fundadores”. Por un decreto del 6 de diciembre de 1946 se dio por intervenida la Sociedad de Beneficencia, siendo nombrado para el cargo de interventor el Dr. Armando Méndez San Martín”.
Evita no perdió el tiempo. Desde 1946 impulsó la “Cruzada de Ayuda Social Doña María Eva Duarte de Perón”. El 19 de Junio de 1948 constituyó formalmente la “Fundación de Ayuda Social Doña María Eva Duarte de Perón”, luego de 1950 “Fundación Eva Perón”.
Amén de ser una de las tres patas de la ayuda social de aquel entonces (ministerio de Trabajo y Previsión, CGT y Fundación), su presencia en el exterior fue la cara visible del peronismo ante el mundo. La Tercera Posición se materializó en la ayuda social brindada a varias naciones, a través de las enfermeras de la Fundación y de los agregados obreros.
Néstor Ferioli, en “La Fundación Eva Perón / 2” (1990) señaló: “La tarea desarrollada por las enfermeras de la Fundación no se limitó al trabajo en los Policlínicos, sino que también participaron en muchas oportunidades junto a la Fuerza Aérea en campañas contra el paludismo o mal de Chagas. También recorrieron buena parte de Latinoamérica llevando su solidaridad y atención especializada a los pueblos hermanos junto a médicos y asistentes sociales.”
Claudio Panella, en “Los agregados obreros: una experiencia inédita de la diplomacia argentina” (1994), marcó las características de los nuevos funcionarios diplomáticos: “Modificando la naturaleza de las agregadurías laborales en las embajadas de los Estados Unidos y países europeos, Perón, a poco de asumir su primera presidencia, se propuso incorporar a dirigentes sindicales adictos a las representaciones diplomáticas argentinas. Casi 500 gremialistas egresaron de los cursos de capacitación dictados entre 1946 y 1955. La presencia de sindicalistas en un mundo reservado a diplomáticos de carrera provocó escozor en una cancillería que miraba con recelo estas incorporaciones. Las funciones formales y las informales estaban separadas por una elástica y difusa línea. La misión de esos agregados, ¿era aprender de la experiencia laboral de otros países o predicar las virtudes del justicialismo argentino? Esa ambigüedad provocó no pocos conflictos y malestares”.
Ambos actores políticos, enfermeras y agregados obreros, orbitaban alrededor del proyecto político de Perón y, principalmente, de Evita. La ayuda social se materializó en la asistencia de las enfermeras en las zonas de desastres y llega de la mano de los agregados obreros, quien difundían el ideario peronista. Ante las preguntas de Panella, afirmo que se amalgamó el sumar las experiencias sindicales internacionales y los contactos con otros gremios, que servirían para impulsar la Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas (ATLAS), opuestos a la comunista CTAL, y a la CIOLS y la regional ORIT, orientadas por Norteamérica.
Loris Zanatta, en “La Internacional Justicialista” (2013), habló de la idea de Perón de armar un “plan panlatino” para proyectarse como “líder de la latinidad”, enfrentándose con su Tercera Posición al panamericanismo yanqui, develando el supuesto expansionismo peronista sobre la región. Y en su obra “Eva Perón: una biografía política” (2011), el historiador italiano planteó que Eva con su “sentimiento antinorteamericano” fue el “instrumento” de Perón para difundir su “nacionalismo triunfalista”, siendo “la denodada defensora del camino latino hacia el liderazgo continental del peronismo”, haciendo “flamear las bien conocidas banderas del nacionalismo católico”.
Aunque con sentido negativo, Zanatta acierta en ver el proyecto regional del peronismo, en el marco de la Guerra Fría, de frenar el dominio estadounidense y la – mínima – influencia comunista, y lograr una verdadera unión suramericana, no de superioridad argentina, sino realizar un proyecto de Patria Grande sanmartiniano.
Ferioli consignó que la Fundación envió ayuda a los siguientes países: “Bolivia, Uruguay, Colombia, Chile, Ecuador, Honduras, Paraguay Austria, España, Francia, Israel, Grecia, Hungría, Japón, Irlanda, Portugal, Alemania, Turquía, Checoslovaquia, Estados Unidos, Inglaterra, Holanda, El Salvador, Filipinas, Perú, República Dominicana, Cuba, Siria y Noruega.
De todos estos países – agregó Ferioli – muchos fueron los que recibieron ayuda en reiteradas oportunidades; tales los casos de los países latinoamericanos, España, Italia, Japón y Francia”.
Le incorporo dos países más a la lista de Ferioli: Venezuela y El Líbano. En el primer caso – auto citándome en mi texto sobre Evita y Venezuela - se dio “el 9 de septiembre de 1950, donde Evita mandó ayuda humanitaria a Colombia, Ecuador y Venezuela por distintas catástrofes producidas. Llevó alimentos, medicina y prestando primeros auxilios con el personal médico y cuerpo de enfermeras de la Fundación”. En el segundo caso, se le concedió a Eva Perón la distinción libanesa “El Gran Cordón de la Orden Nacional del Cedro” por su labor humanitaria en favor de dicho pueblo.
La lista de los países beneficiados por la Fundación abarca a casi todos los continentes, hasta incluir a países de la órbita soviética – recordar que estábamos en la Guerra Fría y el peronismo se proclamaba anticomunista – como Hungría y Checoslovaquia, en ese momento República Checa y Eslovaquia estaba unidas, a pesar de lo sostenido por la diputada libertaria que preside la Comisión de Relaciones Exteriores en la Cámara de Diputados de la Nación.
Tomo primero al gran país del Norte como receptor de las donaciones de Evita, quienes no fueron muy generosos con las poblaciones afroamericanas. En septiembre de 1949, ante el pedido de la señora Fay Vawters, a la embajada argentina en Washington, de víveres y ropa de abrigo, el agregado obrero Agustín Merlo no lo dudó y se contactó directamente con Evita. La respuesta fue el envío a la Children’s Aid Society de Washington, de seis cajones con ropa para 600 niños, arribando el lunes 17 de enero de 1950, y entregados por la embajada argentina vía el agregado obrero, actuando en nombre de Eva Perón. Para la prensa yanqui el problema radicó, como lo planteó el “Miami Daily News”: “La Fundación Eva Perón envía un regalo: Argentina vestirá a los pobres de Washington… Los oficiales del Departamento del Estado reaccionaron con desconcierto. Obviamente ellos se preocupan de que el regalo argentino pueda insinuar que los Estados Unidos no es capaz de ocuparse de sus propios necesitados. Hay preocupación con respecto a lo que puede pensar Rusia del asunto, ya que la propaganda de Moscú pone énfasis en las condiciones miserables de vida de los americanos en comparación con las condiciones de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas”. Una nota de Dolane Larson “Ayuda del Exterior ¡Qué No Sepan Los Rusos!” (circa 1998) y un artículo de Rogelio “Pajarito” García Lupo: “Eva, filantropía de choque” (2002), publicado en Clarín, dieron cuenta de este hecho histórico.
Segundo, Francia – como en el Mundial pasado – ya había tenido un anticipo de la solidaridad argentina de manos de Eva, durante su visita a dicho país del 21 de julio al 3 de agosto de 1947. En París visito centros de asistencia social, en compañía de la señora del Canciller galo Georges Bidault; donó 100.000 francos a la Federación Nacional de Deportados de la Resistencia, donde conoció la obra de ayuda a las víctimas de Dacha y Auschwitz; y donó 500.000 francos a las víctimas del poblado de Brest. Dato no menor fue el encuentro de Eva, en Notre Dame, con el nuncio apostólico monseñor Ángelo Roncalli (futuro Papa Juan XXIII), quien le previno a Evita: “Sabe, señora, dónde terminan quienes inician una tarea como la suya... en la cruz, señora, en la cruz”.
Tras el reconocimiento argentino al Estado de Israel en 1949, ratificándose por el Congreso y efectivizándose el 31 de mayo de 1951, la Fundación Eva Perón le llevó ayuda humanitaria desde ese año. Semanas antes visitó nuestro país Golda Meyer, en ese momento ministra de Trabajo, la que se reunió el 14 de abril de 1951 con Evita. Acompañada por Jacobo Tsur, ministro plenipotenciario de la Embajada de Israel en Buenos Aires, Meyer elogió la obra gubernamental y ponderó la ayuda social enviada.
Con respecto al Japón, la ayuda humanitaria brindada por el Estado Argentino y la Fundación Eva Perón se tradujo en dos barcos con rumbo a las costas niponas, desde el barco Aguapey, a través de la Asociación Católica Japonesa local, a las ciudades de Tokio y Okinawa. El propio Emperador Hirohito condecoró al presidente Juan Perón y le regaló una armadura de samurái del siglo XVI, mientras que a Evita le obsequió un kimono tradicional. Sumado a la ayuda social, se promovió la inmigración japonesa a nuestras tierras. El 26 de agosto de 1949, en un homenaje de la comunidad japonesa local a Evita, la primera dama expresó: “La pequeña ayuda que la Fundación por mí presidida prestó a la colectividad japonesa, no ha sido, precisamente, una ayuda material a un pueblo honrado y sufrido, sino el apoyo espiritual del pueblo argentino hacia sus hermanos japoneses, traducido en un mensaje de paz, esperanza y amor”.
Uruguay, donde el oficialista partido Colorado recelaba de Perón, también recibió ayuda social, “cuando el 18 de mayo de 1949 – conmemoración de la batalla de Las Piedras – Evita ordenó el embarco de once cajones de ropas, libros y juguetes para ser repartidos entre los niños uruguayos, en señal de adhesión – destacó Ferioli - al festejo de la efeméride de la nación hermana”.
Perú fue asolado por un terremoto en Cusco el 21 de mayo de 1950, asistiendo inmediatamente la Fundación Eva Perón con víveres, socorristas y personal médico, en especial las enfermeras de Evita. El 9 de julio de ese año Eva Perón fue condecorada con la Orden del Sol, la misma que estableció el Libertador San Martín como Protector de la hermana nación. Ese día, el embajador peruano general Antonio Luna Ferreccio le impuso a Evita, en la Casa Rosada, la Gran Cruz de dicha Orden, declarando: “Por esta acción humanitaria y por la ayuda individual que habéis dado, a muchos de mis compatriotas de condición humilde, habéis merecido el profundo reconocimiento y la distinción de todos los peruanos que ya os llaman con justo título: Dama de América”.
Sumo el recuerdo del joven médico Dr. Ernesto Guevara de la Serna. En carta a su amiga Tita Infante, el futuro “Che”, durante su estadía en Lima en mayo de 1952 – dos meses antes de la muerte de Evita - reseñó: “Es curioso el hecho de que los aviones de la (Fundación de) Ayuda Social (Eva Perón) que volaron en esa época han hecho más por los vínculos argentinos – peruano… que la obra de todos los gobiernos anteriores. El hecho es que el nombre “argentinos” nos abre todas las puertas sin grupo.”
Ante el terremoto del 5 de agosto de 1949 en Ecuador, la Fundación asistió pronta, reconociendo a Evita primero los trabajadores ecuatorianos, el 11 de septiembre de ese año, como “Ciudadana de América”, y luego el gobierno ecuatoriano, condecorándola el 19 de octubre de 1950 con dos distinciones, la gran Cruz de la Orden del Mérito de la Cruz Roja Ecuatoriana y la Cruz de la Fundación Internacional Eloy Alfaro. El embajador ecuatoriano Alberto Puig Arosemena, en la Casa Rosada, le refirió: “Nuestro agradecimiento… porque la Argentina fue la primera en acudir en nuestra ayuda”. Sumándole, el 22 de enero de 1951, la Condecoración al Mérito en Grado de Gran Cruz.
Un tema no menor fue la el accidente de un avión argentino que llevó ayuda al hermano país, en septiembre de 1949, resultando heridas las enfermeras Amanda Allen y Luisa Komel, por ello la Ciudad Infantil llevó el nombre de la primera y el Hogar de Tránsito n° 2, actual Museo Evita, llevo el nombre de la segunda, amén de un monumento erigido fuera del aeroparque metropolitano Jorge Newbery en CABA.
Finalizo con una anécdota personal, en el 2004, ante la visita del presidente venezolano, comandante Hugo Chávez Frías y parte de su gabinete, el ministro de Relaciones Exteriores, Roy Chaderton Matos, visitó el Museo Evita, y me tocó la tarea de hacerle la visita guiada. Ante la imagen de Evita, en una de las salas, dando el puntapie inicial a un campeonato infantil de su Fundación, me comentó que él tuvo su primera pelota “superball” y revistas infantiles, como “Billiken” y demás, gracias al envío de la Fundación Eva Perón que realizó a Venezuela en 1950.
Pablo A. Vázquez es Lic. en Ciencia Política; Docente en la UCES, Secretario General del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas.