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Fractura //// 25.07.2021
Lamborghini: entre el sonido y la intención

Leónidas encontró en la parodia un hálito de reconstrucción, una salida del coma lingüístico. El arte bufo como redención, ganar el partido de contragolpe.

Por Rodolfo Edwards

Entre líneas en fuga, lenguas embrolladas, bloques verbales desmoronándose, monólogos ardiendo en un país en falsa escuadra, oscilante “entre la gloria y Devoto”, Leónidas Lamborghini plantó una bandera raída de un pueblo socavado por los dislates de la historia.

Lamborghini craneó una poética acorde con las infinitas marchas y contramarchas de un país desavenido, partido en piezas de un rompecabezas imposible de armar, y si por acaso se llega a insinuar una figura, enseguida sopla la sudestada y se lleva todo, hasta las ganas.

Hay una piedra dentro de cada palabra: nuestro poeta se empecinó en estibarlas sin pausa ni descanso, consciente del fracaso de la empresa, bajo un temporal que nunca dio tregua, resistente a perpetuidad, pasajero de un tren fantasma que no para en ninguna estación.

¿Qué es la poesía? La poesía no eres tú, ni él ni nosotros ni ellos. La poesía es arena movediza, un muerto que parla, el balbuceo de una bestia que duerme una siesta después de devorarse el ser argentino.

No hay que confiar en las palabras, son taimadas y engañadoras.

Lamborghini era un operador de caleidoscopios, un diseñador de mesas de disección. La realidad, espejo astillado, nos devuelve imágenes deformes, pedazos de una Patria dinamitada por la injusticia, los desastres sociales, el horror y la desidia.

Las funciones del lenguaje fueron dañadas por la mano perversa del poder y entonces hay que suturar, restaurar, reescribir. En ese tránsito, hay elementos irrecuperables. Cosas definitivamente perdidas. Náufragos del averno, somos hablados por otros, arrancando frutos negros de un árbol seco.

Aplicando la ley del forfai, reduciendo al absurdo, jibarizando el sistema, Lamborghini sabotea las palabras, destruye el nervio del falso jolgorio comunicacional para resetear la comunidad. Soplar el castillo de naipes. Barajar y dar de nuevo. Barrer el papel picado, quemar las mascaritas del falso carnaval.

La poesía descolocada

 El solicitante descolocado fue publicado por primera vez a mediados de los años 50 del siglo XX, pero aún conserva intacta su fragancia de comodín verbal, aplicable a cualquier tramo de la diacronía, por su incisivo tratamiento de los fragmentos, de los escombros que funcionan como unidades reproductivas y comunicantes de un discurso herido: grafías saltarinas de un electrocardiograma, taquicardias, arritmias, descalabros, desmayos, soponcios, trova chingada, versos rengos, enigmática opacidad, fantasmagorías telúricas, radiografías de la Patria, entre el sonido y la intención.

 

y había allí

manando sangre de muñones:

somos los destrozados

los mutilados

la vida por

la vida por

cruzando la Gran Plaza

 

En una colectivo textual saturado, Lamborghini encontró en la parodia un hálito de reconstrucción, una salida del coma lingüístico, de allí su mantra: “asimilar la Distorsión del Sistema y devolvérsela multiplicada”. El arte bufo como redención, ganar el partido de contragolpe.

En la distorsión, en el acople, en calesitas infernales, en escenario giratorios, en la tramoya descifrada, Lamborghini escucha la misma canción ad infinitum: el hombre y el pez por la boca mueren. Cegadas por la costumbre, las palabras se empacan, tartamudean, pierden sílabas como dientes, suplican, mendigan, empujadas por los labios.

Lamborghini reescribe al peronismo: Perón en Caracas, Evita en la hoguera. Pliegues y contornos. Perón en el exilio, en calzones y medias blancas, prostático, humano. Fluir de la conciencia de Evita en la cavidad torácica de la Nación, hueso de su pensamiento, furia interna, verdad última, íntima, el otro yo de la Razón.

Con el peronismo jaqueado por la Revolución Fusiladora, Lamborghini asume una poética y una política de la Resistencia. La Resistencia cohesiona toda su obra, en más de un sentido, en todos los sentidos (“todo aceptación es sospechosa”) La poesía mete las patas en la fuente, se embarra, se mezcla con el aire podrido que emerge de los inmundos sumideros de la injusticia.

Obstinación hecha virtud, desafiando la malaria, lozano en lo insano, cortó por la sano, cirujano gaucho. Vayan, que Lamborghini está siempre de turno, luz que titila en la calle de los sueños rotos. Soliciten, descoloquen. No se necesita experiencia previa. Vayan.

Rodolfo Edwards (Buenos Aires, 1962) es poeta, crítico literario y periodista cultural. Se graduó en Letras por la Universidad de Buenos Aires y es especialista en Literatura Argentina y Latinoamericana. Ha publicado numerosos libros de poesía entre 1999 y el presente; entre ellos: That’s amore (2000), Mosca blanca sobre oveja negra (2007), Mingus o muerte (2009) y Panfletos de papel picado (2015). Sus poemas han sido incluidos en antologías de poesía argentina y latinoamericana publicadas en México, Chile, Venezuela, España, Francia, Alemania y El Líbano. Eloísa Cartonera editó en 2016 La épica del movimiento continuo, su obra poética reunida. Dirigió las publicaciones La Mineta y La novia de Tyson y participó en el proyecto 18 whiskys. En 2014 publicó el ensayo Con el bombo y la palabra. El peronismo en las letras argentinas. Una historia de odios y lealtades (Seix Barral). Participó de las compilaciones de ensayos Tres décadas de poesía argentina. 1976-2006 (2006), Peronismo y representación. Escritura, imágenes y políticas del pueblo (2015), Iniciado del alba. Seis ensayos y un epílogo sobre Luis Alberto Spinetta (2016), Leopoldo Marechal y el canon del siglo XXI (2017) y Walsh en presente (2017). Colabora regularmente en Cultura del diario Perfil y es editor de la revista La Perla del Oeste, publicación de la Universidad Nacional de Hurlingham donde también dicta la materia Una historia del Rock Nacional.