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Entretenimiento //// 16.01.2021
Skin: la historia del supremacista blanco que decidió cambiar su vida

La película narra parte de la vida de Bryon Widner, supremacista blanco residente en Ohio, Estados Unidos. Con un ritmo lento y priorizando ciertos aspectos, muestra cómo, a partir de una mujer, decidió alejarse de la única manera de vivir que conocía hasta ese entonces.

Por Diego Moneta

Larga es la lista de los títulos que, dentro de la industria del entretenimiento, ganaron notoriedad por su relación con el contexto estadounidense en el último tiempo. Un rápido repaso: la figura de Trump; su relación con la élite política y con viejas amistades, como Jeffrey Epstein; la polarización dentro de la sociedad; su vetusto sistema electoral; y claro está, la brutalidad policial y el racismo arraigado en las instituciones.  

La irrupción en el Capitolio por parte de manifestantes “trumpistas”, digna de un episodio de Years and Years, volvió a poner en escena, al igual que desde la asunción de Donald Trump, a grupos de supremacistas blancos de extrema derecha o ultraconservadores que siempre estuvieron latentes, pero que nunca habían sido tan validados desde la Casa Blanca como durante estos últimos cuatro años.  

En este caso, haremos referencia a la película Skin, estrenada en el Festival Internacional de Cine de Toronto el 8 de septiembre de 2018, pero que terminó de llegar a las distintas plataformas en los primeros meses de 2020. La dirección y el guión estuvieron a cargo de Guy Nattiv, cuya abuela es sobreviviente del holocausto. En 2019 recibió el Oscar por un cortometraje homónimo que abordaba el racismo desde los ojos de un niño criado por padres pertenecientes a un grupo neonazi.  

Skin, de casi dos horas de duración, está basada en la historia de Bryon Widner, criado por una pareja de supremacistas blancos. Widner se convirtió en “skinhead” a los 14 años e integró grupos racistas en Ohio, Estados Unidos, relacionados a la cultura nórdica. Tenía tatuajes por todos lados, en especial su rostro, frente y cabeza rapada. Su brutalidad era tal que lo apodaban “pitbull” y marcaba la cara de sus víctimas con una cuchilla de afeitar. Su papel es llevado a la pantalla por Jamie Bell. 

Su vida comenzará a cambiar tras conocer a Julie Larsen (Danielle Macdonald), madre de tres hijas, que frecuentaba los mismos grupos que él, pero comenzó a cuestionar sus ideas. Luego de ponerse en pareja y convivir con ella, y tras la llegada de un hijo en 2006, Widner decidió abandonar sus círculos sociales habituales, violentos y llenos de odio.

Su retirada no será fácil por distintas razones. Primero, su padre, Fred Krager (Bill Camp), es una de las principales figuras del entorno y aspira a alcanzar una banca en la Cámara de los Representantes. Tiene un canal de Youtube llamado “Raza y Razón”. Segundo, sus antiguos compañeros se volverán en su contra y lo amenazan. Tercero, la carga del estigma de, todavía, tener la apariencia de un supremacista blanco. 

Finalmente, obtiene ayuda de Daryle Lamont Jenkins (Mike Colter), activista afroamericano que busca que la mayor cantidad de personas se alejen de esos círculos sociales. Bryon accede a brindar información al FBI y se somete a numerosas operaciones para eliminar sus tatuajes, que se van intercalando durante el film. En la actualidad, estudia psicología criminal y da charlas sobre tolerancia e inclusión. Dice que le recuperaron su vida. 

Un simple vistazo inicial remitirá al espectador a Historia Americana X, uno de los grandes títulos en la temática relacionada a la redención de neonazis. Desde una perspectiva más próxima a la biopic, Skin no ahonda en una trama tan dramática. Nos lleva del odio a la esperanza en un recorrido incómodo, marcado por la violencia cruda y visceral, incluso cuando se ha llegado a la instancia de la relación de Bryon con Julie. 

Si bien por momentos es excesivamente discursiva y simplificada, no por eso deja de ser necesaria. Muestra ritos de iniciación, complicidad policial e influencia sobre menores. Nattiv acierta en cuestiones identitarias, pero no termina de ahondar en valores y relaciones que establecen este tipo de grupos. A pesar de ser lenta durante la primera mitad y que le falte profundizar conflictos internos, la interpretación de Bell es pura potencia para empujar la narración.  

Con una estructura bastante estandarizada y un guion que parece agotarse hacia el final, Skin no deja de ser necesaria, al igual que el resto de las películas de la temática. Una historia de vida con una carga social importante, para dar el primer paso hacia universos sociales cuya existencia no debemos ignorar.