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Entretenimiento //// 03.10.2020
Queer Eye: ¿el reality show con consciencia social?

Los reality shows son un fenómeno que no se agota en éxito ni en cantidad. Pero hay uno que se destaca entre el resto: Queer Eye. La reversión de un clásico que se actualizó, se hizo eco de su propia época, derribó estereotipos y decidió que la telerrealidad también puede tener consciencia social.
 

Por Manuela Bares Peralta

Hace varios años atrás la televisión abierta argentina importó un nuevo formato: los reality shows. De Gran Hermano a Popstars, de Extreme Makeover a Masterchef. La telerrealidad llegó en medio del estallido y la crisis social y se instaló para siempre en las casas de todo el país.

El formato importado fue capaz de construir un código lo suficientemente heterogéneo como para recorrer el mundo y conquistar el corazón de los televidentes, pero también demostró ser lo bastante permeable como para adquirir la narrativa y el tono que la coyuntura exigía: el quilombo televisado, los golpes bajos y el entretenimiento extremo, son parte de la receta para una forma de hacer televisión, pero con personas reales.

Las producciones tuvieron que “argentinizarse”, edificar una versión que combine la grandilocuencia de las transmisiones del exterior pero que tuvieran un lenguaje propio. Esta es la primera prueba de fuego para sobrevivir el prime time. El fenómeno que experimentó la televisión argentina se replicó en las plataformas: resetear al género para que no desentone con el territorio ni con la época.

En este contexto de sobreoferta, donde las plataformas multiplicaron el estreno de contenido frente a la pandemia, el éxito de Queer Eye debe leerse como una reinterpretación del género. La televisión es un escape de la realidad, sobre todo cuando la realidad supera a la ficción. Pareciera que no hay lugar para las peleas a las que nos tenía acostumbrados Gran Hermano, o para las devoluciones mortificantes de Simon Cowell en American Idol; esta nueva realidad pide un reboot de las historias emotivas y los relatos empáticos.

Los fab-five —Bobby Berk, Antoni Porowski, Jonathan Van Ness, Tan France y Karamo Brown— irrumpen en Netflix en una reversión del clásico reality que, en nuestro país, se pudo disfrutar a través del canal de cable People and Arts. La televisión que le soluciona la vida a la gente se transformó en un formato en sí mismo y la nueva versión de Queer Eye toma el espíritu de su antecesora y lo amplifica, incorporando temáticas como la discriminación y la aceptación. Cada capítulo es una historia de vida que va a necesitar de las distintas perspectivas de los cinco expertos para cambiar radicalmente: del exterior al interior en apenas 50 minutos.

Ganadora del Emmy por tercer año consecutivo, Queer Eye podría traducirse como un reality con consciencia social (o al menos lo más cercano que un formato nacido y criado para rendir televisivamente puede estar de eso). Cada emisión cumple a rajatabla con el sueño americano, pero remasterizado: historias de vida de superación narradas al calor de los movimientos feministas, antirracistas y LGBTIQ+.

La telerrealidad encontró su propia actualización y dejó en claro que el género no se agota. Si las series televisivas pudieron duplicar la apuesta, los reality shows también. Los cambios de época pueden ser evocados y encontrar una voz de difusión acorde al contexto sin dejar de ser entretenido y adictivo a la vez. Los consumos sociales están cambiando y los reality shows son el mejor reflejo de eso.