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Entretenimiento //// 19.06.2020
Bake off y lo esencial de divertirse

A dos programas de finalizar, Bake off es la producción más vista durante la cuarentena. Jorge Lanata aseguró que su programa pierde contra el reality show de pastelería debido al apoyo de los “trolls k”. Pero ¿por qué es tan popular y desde cuándo la telerrealidad es un fenómeno en nuestro país?

Por Carolina Micale

 

Amados y odiados casi por igual, los reality shows representan uno de los géneros más elegidos en la televisión del siglo XXI. Bake off Argentina, el gran pastelero es el programa más visto durante la cuarentena. Se trata de la versión local del formato originario de Gran Bretaña, The great british bake off, y es la segunda temporada de esta producción. Fue filmada el año pasado, antes de que comenzara la pandemia, y se transmite todos los domingos a la noche por Telefe. Conducida por Paula Chaves, junto a un jurado conformado por Pamela Villar, Christophe Krywonis y Damián Betular, y con 14 participantes –de los cuales sólo quedan cuatro–, la competencia busca “consagrar al mejor pastelero amateur del país”.

Los capítulos finales de esta nueva temporada coinciden con la vuelta de Periodismo para todos, el programa de Jorge Lanata. Sin embargo, en las últimas semanas Bake off siguió liderando la franja horaria con el rating más alto. Ante ese resultado, Lanata afirmó: “los trolls k apoyan a un programa que hace tortas para que no me vean a mí”. Es decir, el kirchnerismo sería el “culpable” de su poca aceptación. Parece que el conductor intenta explicarse a sí mismo cómo pasó de perder “contra un bebé” –luego de burlarse en reiteradas ocasiones del hijo de Marley, quien aparece en Por el mundo– a perder contra un show de pastelería.

Pero lo cierto es que Bake off forma parte de un larga lista de reality shows, con formatos comprados al exterior, que se adaptaron y lograron instalarse por años en la tv argentina.

 

 

A principios de los 2000 entraba en escena Gran Hermano, el show de telerrealidad que cambió el lenguaje televisivo y se convirtió en objeto de estudio para distintas disciplinas. Junto a este programa, en donde se espiaba la intimidad de las personas encerradas dentro de una casa, diversos espectáculos de la –supuesta– realidad se establecieron en nuestra tv, para devenir en formatos que buscaban, en algunos casos, la supervivencia y, en otros, el talento: Expedición Robinson, Popstars, Cuestión de peso, La voz argentina, Masterchef y Bailando por un sueño son tan sólo algunos ejemplos. Varios de estos programas, como el último mencionado, fueron criticados por ser machistas, discriminatorios o incitar a la violencia. Otros, como Bake off, intentan enfocarse en el compañerismo que, aun dentro de la competencia, prevalece entre los participantes. De cualquier manera, la mayoría de ellos fueron –y son– sumamente exitosos.

La investigadora y ensayista argentina Paula Sibilia se refiere al uso de las redes sociales en su libro La intimidad como espectáculo (publicado en 2008, pero con total vigencia en la actualidad), y lo relaciona con el auge de los reality shows: “Todo vende más si es real, aunque se trate de versiones dramatizadas de una realidad cualquiera”. Y es que no importa de qué trate el show o qué tan verídico sea, el lenguaje codificado de los medios exagera y altera esas realidades. En el caso de Bake off, se construyen arquetipos del jurado y los participantes: el perfeccionista, la buena, la confrontativa, el llorón. Todos tienen un papel, aunque no se lo explicite; y se refuerzan de acuerdo a la repercusión que tengan en el público. 

Acá vemos a Agus, la salvadora:

 

Entender un poco acerca de la historia de los reality shows en la Argentina nos da la pauta de por qué un programa como Bake off resulta tan atractivo. Sin embargo, por sobre el fenómeno que pueda significar la instalación de la telerrealidad en nuestra sociedad, el éxito de Bake off es, además, el resultado de llegar en el momento justo, para alivianar los domingos de cuarentena, dentro de una crisis mundial.

Es un programa dinámico, divertido y –por qué no– pedagógico, para quienes se interesen por la pastelería. Cumple perfectamente su función: entretiene. Y si de entretenimiento se trata, en este contexto donde por momentos todo parece trágico, programas que traigan algo de alegría se transforman en los más esenciales.