Fenómeno Tik Tok: consumo efímero y adicción en la sociedad del cansancio
La disputa entre Netflix y Paramount por adquirir Warner Bros, que finalizó en febrero con la victoria de la segunda, volvió a poner en discusión una paradoja latente, que va ganando terreno: la contradicción de un mercado en manos de unos pocos que cada vez se reduce más y la excesiva cantidad de contenidos ofertados. Lo que comenzó con la absorción de Fox por parte de Disney a fines del 2019 demuestra cómo en la última década se fue consolidando un modelo en el cual los jugadores principales se pueden contar con los dedos de una sola mano. En la actualidad, son cinco las empresas que dominan las plataformas de streaming: Netflix lidera el ranking con más de 300 millones de suscriptores, seguido de cerca por Amazon Prime -200 millones- y Disney+ -130 millones-, y un poco más alejadas Paramount+ -junto con su reciente adquisición HBO- y Apple TV.
A pesar de ser pocas las compañías que reúnen tal caudal de consumidores a nivel mundial, la oferta de películas y series es realmente abismal, habiendo para todos los gustos y disponibles a cada momento como nunca antes. Sin embargo, es habitual oír a los televidentes afirmar que no encuentran nada interesante o nuevo para ver, o que pierden más tiempo buscando en el infinito e interminable catálogo que mirando algo en sí, debido a que no saben qué elegir. ¿Por qué sucede esto? Pueden existir respuestas variadas que a modo conjunto intenten dar cuenta de una explicación lógica o razonable.
A nivel estructural, y en líneas generales, el algoritmo le muestra a cada usuario contenidos relacionados a lo que ya vio y a lo que le dio el pulgar para arriba, omitiendo lo que no encaja con esos patrones de consumo. No es novedad. Las bases de datos están configuradas para que haya una personalización especial para cada usuario según sus intereses. Si uno nunca busca ni mira una película de terror, es probable que no le sugieran La hora de la desaparición o El conjuro excepto en la sección dividida por género. Además, el sistema beneficia las tendencias que están teniendo éxito e invisibiliza lo que no produce un buen rendimiento, por lo que pareciera que prácticamente siempre aparece lo mismo en pantalla, dando esa sensación de “haberlo visto todo”.
En cuanto a las personas en sí, y aquí se presenta lo más interesante, diversos estudios demuestran que estamos viviendo en una época en la que se promueve y practica la cultura de lo efímero a niveles exacerbados. Este fenómeno se caracteriza por priorizar consumos fugaces y desechables, primando la sensación de insatisfacción constante. Hay tantas opciones para elegir que, una vez terminado un contenido, se salta a otro inmediatamente sin procesar lo que se vio, en ocasiones olvidando días después el título y hasta la propia trama. Aunque suene increíble, sucede más de lo que pensamos, y es que vivimos a un ritmo frenético que nos impide la desconexión real que la inmensidad de la red ofrece.
Claro está que no acontece sólo en las plataformas de streaming ni fue allí donde esto se originó, sino que las redes sociales fueron las que lo permitieron y amplificaron, especialmente Tik Tok. Ya lo decía Byung Chul Han en “La sociedad del cansancio”. Al haber tanto estímulo presentándose en simultáneo, los usuarios se encuentran saturados. Hay una sobrecarga de información constante que no otorga respiro, por lo que abundan las historias sencillas y sin demasiada profundidad, priorizando la cantidad por sobre la calidad.
Fue el mismísimo Matt Damon quien, en el podcast The Joe Rogan Experience reveló que Netflix exige producciones con tramas o diálogos repetitivos, sabiendo que los espectadores utilizan sus celulares mientras se encuentran mirando una película. En lo cotidiano, existen grandes dificultades para concentrarse en un episodio de cuarenta minutos sin pausar para tomar el teléfono y usarlo al unísono -lo que se denomina “segunda pantalla”-. Ante la evidente ausencia de atención, cada vez más habitual, la plataforma responde con requerimientos que se adaptan a las nuevas formas de consumo, en las que hay que mencionar tres o cuatro veces una idea para que se impregne en el cerebro.
Como consecuencia directa, nos encontramos de cara a una nueva tendencia que, se presume, tendrá éxito asegurado al menos durante un tiempo. Los hábitos contemporáneos han allanado el camino para las denominadas series en formato vertical. Se trata de producciones con capítulos de entre uno y cinco minutos que se consumen como los reels de Instagram, los videos de Tik Tok o los shorts de Youtube. En Argentina, en su mayoría son producidas por los propios canales de streaming, como Olga y Luzu TV. Pensados y creados para ver exclusivamente desde el celular, estos contenidos conducen a un consumo más individual, ofreciendo entretenimiento fácil y de rápido acceso y visualización.
Otro aspecto a considerar cuando se estudian los patrones de comportamiento de los usuarios es el fenómeno del binge watching, o consumo maratónico en español. Esta actividad, a menudo preferida por la mayoría, consiste en, tal como lo dice el nombre, mirar episodios de corrido. Ya sea porque la plataforma publica una temporada completa un único día, o porque uno elige esperar a que estén todos los capítulos disponibles, no queda duda de que es la forma favorita de ver una serie.
Sin embargo, según ciertas investigaciones, puede conducir a connotaciones negativas a largo plazo. El hecho de que se genere una adicción compulsiva a las pantallas -tal como sucede con los videojuegos, mayormente en las infancias o en los adolescentes- si no se limita y/o controla podría derivar en problemas de sueño, concentración, sedentarismo, depresión, entre otros. Debido a esto, con el objetivo de distanciarse de dicha práctica, poco a poco las plataformas están retornando a la modalidad de estrenos semanales en algunas de sus series más esperadas -como Outlander, The last of us o The Mandalorian- o dividiendo una temporada en dos para sostener la suscripción y conversación durante un mayor tiempo -tal es el caso de Stranger Things, Bridgerton o Cobra Kai-.
En estrecha relación, en marzo un jurado de Los Ángeles declaró a Meta y a Google culpables por haber creado intencionadamente plataformas que generan adicción y pueden conducir a trastornos de salud mental, sobre todo entre la juventud y la niñez. La causa fue originada a partir de una demanda de una mujer de veinte años que afirma haber padecido ansiedad, depresión y dismorfia corporal -diagnósticos hechos por especialistas-, además de pensamientos suicidas, todos originados por el uso constante de Instagram y Youtube.
Dada la complejidad que supone regular el uso de las redes sociales y los contenidos que circulan, la penalización de dos imperios tecnológicos sienta un precedente para cientos de casos similares que se están llevando a cabo. Cada vez son más las implicancias negativas que pesan sobre nuestra salud mental debido al abuso de lo que se publica online. En muchas ocasiones no existen límites éticos ni racionales, tal como sucede con los videos virales de Tik Tok en los que se reta a agredir, amenazar y/o violentar de distintas formas.
En definitiva, siempre cada fenómeno masivo posee una contracara, y en ocasiones las consecuencias negativas sólo se vislumbran transcurrido un cierto tiempo. Lo más importante es ser conscientes de lo que se consume y pensar el costo de oportunidad que significa vivir mirando contenido. Debemos lograr aplicar los cuidados necesarios para reducir el impacto en nuestra salud y en la de nuestros pares, sabiendo que mucho de lo que circula es una ilusión, y más ahora con la explosión de la inteligencia artificial.