Plata o mierda: la narración del encierro
El 30 de abril se estrena en el Cine Gaumont el documental Plata o mierda -Do or die, en inglés-, coproducción argento-colombiana dirigida por Marcos Joubert y Toia Bonino. Tras su paso por el Festival Internacional de Cine Documental de Ámsterdam (IDFA), participó estas semanas, a sala llena, de la competencia del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI). AGENCIA PACO URONDO dialogó con ambos codirectores.
La película es una especie de diario del intercambio entre Marcos y Toia a lo largo de seis años, compactados casi en una hora y media. Por un lado, él registra su vida en la Unidad II de Sierra Chica a partir de un celular ingresado por su novia de aquel entonces. Por otro, su diálogo mediante mensajes, audios y videos de WhatsApp. El relato se conforma a través de ese intercambio clandestino sobre el vínculo y la obra construida. Ambos estrenaron Engomado en 2021, un cortometraje que se expande como punto de partida hasta consolidar una forma de narrar. “Siempre decimos que la primera intuición la tuvo Marcos (...), recién un tiempo después nos dimos cuenta que podía ser el germen de una película”, comentan sobre el origen del proyecto.
Entre tanto documental que recoge la vida tras las rejas como temática, como Pabellón 4, de Diego Gachassin, Rancho, de Pablo Speroni, o Unidad 25, de Alejo Hojiman, lo que proponen Bonino y Joubert resulta novedoso. Cabe mencionar sí como antecedente más o menos directo Malqueridas, de Tana Gilbert, enfocado en la maternidad como problemática a partir de filmaciones clandestinas de las propias reclusas. Acá nos adentramos en el universo masculino en primera persona, incluso durante la época de pandemia. “Aporta un punto de vista singular, quien hace el trabajo de cámara, además de estar privado de su libertad, es el codirector, y eso hace que el registro como su criterio entren en tensión con estereotipos implícitos en series y films acerca de lo que es la vida en una cárcel”, deslizan.
Ese intercambio permite construir una estructura inusual para un documental, en el que se avanza por acumulación y hay tiempo para pausas y repeticiones. El montaje no ordena ni explica, sino que organiza obedeciendo a esa lógica discontinua. Si bien la cámara, como extensión de quien filma, pasa a ser parte del encierro, la tarea significó para Joubert una forma de atravesar la condena. “Con la película por momentos logro salir, sigo estando preso y miro las mismas cosas, pero de otra manera”, afirmó el codirector. Con todo, es una conversación incómoda sobre dilemas morales y realidades sociales en general olvidadas.
En esa línea, Plata o mierda profundiza su planteo: poco a poco Joubert se transforma en cineasta, incluso sin buscarlo. Del registro casual y urgente a planos largos y estéticos. No sólo el relato expone dudas y contradicciones de la relación, sino también confidencias, pasando de cuestiones más complejas, como su vida afectiva o la salida de un recluso, a más mundanas, como la cotidianeidad comunitaria en prisión. Es, en verdad, una obra dirigida a cuatro manos. Un cuestionamiento de un lado y del otro de la ley y de la cámara. “Nos interesa presentar el documental en el Cine Gaumont -30 de abril-, hacerlo circular a través de instituciones que nos hicieron saber su interés -CELS, UNSAM y FDUBA, entre otras- y tenemos la intención de pasarlo en algunos penales”, explican a raíz del estreno.
Por un lado, como director ya había recibido un galardón por Apuntes para la piba de oro; por otro, Bonino transita su filmografía multipremiada desde Orione, pasando por La sangre en el ojo, hasta L´Addio. “Todas las películas -incluido su estreno más reciente- están relacionadas con los roles supuestos para la masculinidad desde lugares sociales muy distintos”, describe y profundiza: “Y, creo, son sin moraleja, en la medida en que se intenta poner a consideración de los espectadores situaciones complejas, incluso sin solución, pero sin tomar partido o sacar conclusiones fáciles al respecto”.
Consideramos que Plata o mierda es otro tipo de consagración. Su corazón pasa por las imágenes clandestinas y, desde lo formal, asume las condiciones de su propio registro. La edición y el sonido amplifican la potencia hasta llegar a una nueva dimensión narrativa: la inestabilidad se integra al sentido y lo que queda fuera de campo se intuye. Evita el énfasis, pero se vincula con un contexto más amplio, instalándose en un territorio con más preguntas que conclusiones servidas. ¿El próximo proyecto conjunto? La salida de Marcos de la cárcel, aunque todavía en el plano de las ideas. El cine, nada más ni nada menos.