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Opinión //// 10.08.2021
Sobre la polémica entre Florencia Peña, Fernando Iglesias y la violencia política

"En lo que sí fue efectivo el escándalo machista de Fernando Iglesias, es en sacar por un rato del debate público al desastre que fue el gobierno cambiemita en los 4 años que estuvieron al mando del país". Por Noemí Arzamendia.

Por Noemí Arzamendia

En medio de la peor campaña desde su nacimiento, el frente Juntos -pero sin Macri en las listas, y evidentemente también sin Durán Barba-, encaró en la figura de Fernando Iglesias un ataque al gobierno nacional, usando como carnada a la actriz y conductora, Florencia Peña, junto a otras modelos, recurriendo a algo bastante común en la política: la cosificación de la mujer y su consiguiente insulto al tratar a los ingresos a la Quinta de Olivos como “fiesta sexual”.

Lo que no es común es que desde la llegada del feminismo y la contundencia con la que viene arrasando con todas las estructuras del Patriarcado, es que las chicas no nos callamos más y tampoco permitimos que se nos trate como trabajadoras sexuales (sin ánimos de ofender a quienes lo practican libremente) cuando no lo somos.

Si bien la estrategia sirvió para poner en los principales tabloides y en las redes sociales a Fernando Iglesias, el aluvión de repudios que recibió fue catastrófico: tanto de distintos colectivos feministas como de organismos de Derechos Humanos, entre los que se encuentra Abuelas de Plaza de Mayo, hasta mujeres de su propio partido (tibio pero presente). Este escrache general no hizo más que jugarle totalmente en contra, al mismo tiempo que demuestra que todo el arco político en Argentina está atravesado por la lucha feminista, al punto de que la semana pasada se presentó un pedido de destitución de la Cámara de Diputados, y ahora también deberá enfrentar una demanda penal por parte de Flor Peña, patrocinada por el abogado Fernando Burlando.

Vale la pena entonces que a raíz de estos acontecimientos, se traiga sobre el tapete un asunto sobre el que Argentina, a pesar de un gran avance en derechos hacia las mujeres y disidencias, aún no trata legislativamente: la violencia política por cuestiones de género.

Florencia Peña presentó la demanda de “violencia de género mediática, institucional y simbólica” contra los diputados Fernando Iglesias y Waldo Wolff, tras el ataque que recibiera en las redes sociales por sus visitas a la Quinta de Olivos durante los meses de aislamiento más estrictos de la pandemia, y que para el diputado esto se tratara de un “escándalo sexual”.

Como trascendió en todos los medios, Florencia Peña aclaró que la visita fue para hablar de la situación de los actores y actrices, y que de los hombres que visitaron Olivos durante el mismo período, “nadie dijo nada”.

El art 4 de la ley 26485 de Violencia de Género, define a este tipo de acciones como: “toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes.” Mientras que en el art. 5°, inciso 5 se define a la violencia simbólica como: “La que a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos transmita y reproduzca dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad.” Así que a decir de la ley, Fernando Iglesias y Waldo Wolff están en problemas.

Para la ONG Comunicar Igualdad, el ataque a una figura pública no es casual. “Más allá de que se ataca a la persona por su forma de pensar o su apariencia, lo que se busca es amedrentar a un colectivo de mujeres que viene luchando hace años por sus derechos”. Y además, por qué no decirlo, por la distribución de poder en la sociedad. Peña es una influencer con más de 2.5 millones de seguidores, que ha demostrado su claro apoyo a las reivindicaciones del colectivo feminista. Por eso no es casual que elijan una red social para hostigarla y emitir en su figura, mensajes de odio hacia las mujeres.

“Una vez más Fernando Iglesias es noticia por sus dichos misóginos. No podemos ni debemos normalizarlo. El diputado Iglesias es un representante del pueblo y sus posicionamientos son los de un funcionario público, con la responsabilidad que ello exige", twitteó la ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta.

Pero además de lo penal, lo que nos falta es una ley que impida la violencia política por causas de género en el ámbito estatal. Porque estos ataques no son casuales. Están relacionados a la distribución de poder tanto en Argentina, como en el resto de América Latina. En toda la región, sólo Bolivia, Paraguay y Uruguay tienen una legislación que prohíbe expresamente la agresión a las mujeres de la política. El resto brilla por su ausencia.

Quienes dan una muestra más clara de esta necesidad fueron justamente las integrantes del colectivo “Mujeres Gobernando”, que está conformado por funcionarias nacionales y manifestó su apoyo a la actriz Florencia Peña repudiando los dichos de Iglesias: “Las expresiones de misoginia y violencia de género vertidas en las redes sociales y medios de comunicación son actitudes que deberían estar desterradas en nuestras instituciones democráticas y no deben ser normalizadas”, publicaron en un hilo en la red social.

La denuncia ante la Cámara de Diputados, encabezada por Gabriela Cerruti, da cuenta de que Iglesias no sólo se manifiesta en las redes sociales en contra de las mujeres que representan al colectivo Feminista Popular, sino que también lo hace dentro del recinto.

En marzo de este año, la diputada Cerruti twitteó que “durante la sesión por Ganancias, el diputado Iglesias me dijo loca a mí, y boluda, cacatúa e infradotada a otras compañeras del Frente de Todos. Violencia no es solo un empujón”.

El odio de Iglesias no es sólo de género sino de clase

De todos modos, en lo que sí fue efectivo el escándalo machista de Fernando Iglesias, es en sacar por un rato del debate público al desastre que fue el gobierno cambiemita en los 4 años que estuvieron al mando del país. Sólo por nombrar algunos de los tantos: la participación del Estado Argentino durante el golpe cívico militar en Bolivia al presidente Evo Morales, o las concesiones que fueron quitadas esta semana a empresas de peaje vinculadas al ex presidente, o a que Pepín Simón Rodríguez (figura clave de todas las estafas del gobierno anterior entre las que se encuentran también el endeudamiento con el FMI, o todas las causas penales en contra de Cristina Fernández de Kirchner) sigue prófugo de la Justicia.

Iglesias también fue efectivo en dejar en evidencia la ausencia de propuestas concretas de su partido para “ampliar la democracia y la república”, como tanto les gusta decir, en medio de la campaña electoral de medio término, en el que él renovará su banca. No hay propuestas, sólo un refrito de campañas televisivas anteriores en donde se apela a la confiabilidad de los candidatos. Pero que María Eugenia Vidal haya sido del conurbano en 2015 “desde chica” y ahora que va como Diputada por la CABA es “porteña de toda la vida”, no está jugando muy bien como estrategia.

Otro de los puntos en los que quiere incidir el ataque de Iglesias, es a tratar de invisibilizar, por un rato al menos, la exitosa campaña de vacunación llevada adelante con un esfuerzo, un trabajo y una coordinación inusitadas en la historia del país. Las encuestas realizadas últimamente apuntan que la gente va a elegir a representantes que los cuiden. El cuidado es la política más importante de la agenda en este momento, y Juntos, está muy alejado de ese camino. Por lo tanto, no deberíamos desviarnos de esa agenda, acompañando también a Florencia Peña y a las diputadas que son agraviadas permanentemente por hombres, llenos de odio y miedo, ocupando una banca.