fbpx El día que se incendió el infierno | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Internacionales //// 16.09.2020
El día que se incendió el infierno

El incendio que destruyó un campo de refugiados en la isla Lesbos sirvió para volver a colocar en los titulares las dramáticas injusticias que el poder político olvida y la prensa calla.

Por Carlos Iaquinandi Castro, desde Catalunya (*)

El pasado 8 de setiembre, en pocas horas el fuego destruyó gran parte del campo de refugiados de Moria, en la isla griega de Lesbos.

Allí se hacinaban desde hace cinco años unos 13.000 hombres, mujeres y niños que habían escapado de sus infiernos particulares, sus propias patrias, asoladas por guerras ajenas, invasiones o déspotas.

El elemento común, la inseguridad, el hambre y la falta de futuro. Europa ausente ante un problema que no solo le incumbe, sino del que en gran medida es responsable. Los gobiernos y los grandes medios olvidaron ese drama. Como dijo Marco Sandrone, voluntario de Médicos Sin Fronteras (MSF), “para que el infierno sea noticia tiene que arder”Y así fue.  

Una catástrofe anunciada

El amanecer siguiente sorprendió a miles de los refugiados queriendo dirigirse a Mytilini, la ciudad más próxima. Pero la policía que les cortó el camino fue más rápida incluso que los bomberos, y les cerró el paso.

Se dispersaron por las colinas, y las cunetas de las carreteras. Los voluntarios de MSF llevan cinco años denunciando que en cualquier momento se podía producir una catástrofe. En ese lapso, las condiciones han sido pésimas y, salvo la esperanza, ha faltado de todo.

El peso de la asistencia recayó en organizaciones solidarias. La ONG vasca Zaporeak, ha estado preparando tres mil raciones diarias de comida. Pero el pasado miércoles tuvo que cerrar su cocina por el incendio y los casos de coronavirus. El fuego destruyó también el hospital que habían donado los holandeses y que era utilizado por los sanitarios de MSF.

En los días siguientes, los refugiados reclamaron poder salir de esa isla y evitar que los recluyeran en un nuevo campo que denominaban “de concentración”. Pero el gobierno griego insiste en que deben quedarse en la isla, salvo unos 400 menores que estaban allí sin sus padres ni mayores que les acompañaran y que fueron trasladados a la zona continental. Para eso comenzaron a levantar tiendas de ACNUR, repitiendo una nueva provisionalidad.

Europa sigue ciega y sorda

Los gobiernos europeos durante cinco años se han desentendido del problema, no diseñaron ningún plan para terminar con esta tragedia en episodios y tampoco parece que vayan a hacerlo ahora. 

Es necesario recordar que este campo de refugiados incendiado se levantó en 2015, cuando miles de personas originarias de varios países huían de guerras, represión, hambre y miseria. De Siria, por una guerra que dura varios años y en la que un conflicto interno provocó la intervención militar de varios países. Entre ellos, Estados Unidos, Rusia, Turquía, varios grupos yihadistas, el Reino Unido, Francia, Irán, Alemania. En forma activa con bombardeos y tropas o en el abastecimiento militar a algunas de las fuerzas sirias en pugna.

Eso provocó desplazamientos internos y huídas al exterior de casi 11 millones de personas, la mitad de sus habitantes. Pero luego fueron afganos, sudaneses, iraníes, congoleños…

El primer país receptor en el dramático y complicado trayecto hacia Europa fue Turquía. En los primeros meses, decenas de miles cruzaron el Mediterráneo hacia Grecia, muchos de los cuales murieron ahogados. ONGs como la catalana Open Arms rescataron a miles que fueron llevados, no sin dificultades, a puertos seguros.

Turquía recibe dinero para que retenga a los refugiados

Los países europeos incumplieron sus propias reglas fundacionales sobre el derecho de asilo y comenzaron a cerrar fronteras, hostigando a las columnas de hombres, mujeres y niños.

En otra operación vergonzosa, la Unión Europea encargó finalmente a Turquía impedir el cruce hacia Europa y hacerse cargo de los refugiados que llegaban a ese país, a cambio de tres mil millones de euros, de los cuales España también fue país aportante.

Varios millones de sirios quedaron retenidos y controlados por el gobierno turco, viviendo en condiciones precarias, muchos en maquilas como mano de obra barata. Los que consiguieron llegar a Grecia quedaron recluidos en Lesbos, sin perspectiva alguna sobre su futuro.

“Una Europa cruel, cínica y despiadada”

Marco Sandrone, uno de los voluntarios de MSF, explica: 

“Las tensiones de estos días en la isla de Lesbos demuestran una vez más el fracaso de Europa. Una Europa cruel, cínica y despiadada ante al destino de hombres, mujeres y niños que huyen de conflictos, como el que está ocurriendo en Siria. Es una total inconsciencia continuar fingiendo no entender lo que está sucediendo en Lesbos”.

 Y añade luego: 

“la situación que vivimos aquí todos los días no es muy diferente de la de una zona en conflicto, una guerra que se libra contra la dignidad, los derechos humanos y la resistencia de quienes huyen en busca de seguridad. En Europa, un continente teóricamente seguro, hemos elegido deliberadamente mirar hacia otro lado”.

El papel de los medios de comunicación

Pero no solo los gobiernos prefieren ignorar estos dramas humanitarios de los cuales son responsables por acción y por omisión. Muchos medios de comunicación solo recuerdan Lesbos cuando la dimensión de una tragedia quiebra esa amnesia voluntaria. Y lo suelen hacer con lamentos, como si fuera un suceso fortuito, o incluso producto de la insensatez de las víctimas.

La mayoría de los medios comerciales no informan; manipulan, ocultan, y tergiversan todo lo que se refiere a los éxodos de hombres y mujeres que huyen de sus países de origen por razones de supervivencia. Califican de “problema” a la migración, pero ocultando que son la consecuencia de las intervenciones coloniales o expansionistas para apropiarse de recursos ajenos.

¿Y el derecho de asilo?

Esos refugiados solo quieren dejar de ser prisioneros “sine die”, recuperar su libertad y ejercer el derecho de asilo que fijan las leyes europeas.

Gran parte de esos principios humanitarios, y hasta de sentido común, han sido abandonados gradualmente por unas prácticas insolidarias, egoístas y alimentadas por los partidos y movimientos de extrema derecha.

A veces, las claves de la tragedia están en las pequeñas cosas cotidianas. Como cuando un niño pequeño pregunta, mirando a su familia: “¿vamos a ser prisioneros para siempre?”.

Por ahora, Europa sigue ciega y sorda. Si lo aceptamos en silencio, nos convertiremos en cómplices.

(*) Por el Servicio de Prensa Alternativo (SERPAL).