El vértigo internacional generado por Trump
El 3 de enero del recién estrenado 2026 en mundo entró en un vértigo de inesperadas y profundas transformaciones, que algunos podíamos suponer que se desarrollarían en los próximos años, pero nunca en menos de un mes.
La intervención militar directa de los EE.UU. en el territorio venezolano se inició previamente con el hundimiento sin previa verificación de numerosas lanchas acusadas de narcotráfico, continuó el decomiso de barcos petroleros y finalizó con bombardeos y acciones comando que condujeron con el secuestro y envío a una prisión norteamericana del presidente Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores, también diputada nacional.
La intervención armada estadounidense produjo un estimado de un centenar de muertos que se agregan a similar cantidad de víctimas por el hundimiento de lanchas.
A partir de esa fecha Donald Trump ahondó la crisis mediante declaraciones en las que no solo afirmó su propósito de hacerse cargo de la conducción de Venezuela y de disponer de sus reservas petroleras, sino que también reafirmó su necesidad de anexar los territorios de Canadá, Groenlandia y México.
Además de su accionar contra naciones vecinas, Trump profundizó su ataque al sistema de Naciones Unidas mediante su convocatoria en Davos a un Consejo de Paz que, bajo su exclusiva conducción vendría a reemplazar al Consejo de Seguridad sin las limitaciones que impone el poder de veto de China, Francia, Rusia y el Reino Unido en ese organismo.
En verdad y pese a todo el accionar de Trump no indica un desborde de su personalidad ni constituye un desvío de las políticas históricas de los EE.UU.
En lo que sigue se intenta mostrar que, más allá del estilo confrontativo de su comunicación, las acciones recientes de Trump guardan una continuidad con los antecedentes históricos expansionistas de los EE.UU., así como la continuidad hasta el presente de las doctrinas políticas con que sustentaron ese expansionismo, las reacciones presentes por parte de los afectados por Trump y las del resto del mundo, para finalmente intentar algunas conclusiones, necesariamente provisorias.
Antecedentes expansionistas de EE.UU.
Para analizar las expansiones territoriales estadounidenses hay que recordar que estas no son nuevas sino parte de la historia de los EE.UU. desde su propia creación, como se sintetiza seguidamente.
• En 1803 EE.UU compró Luisiana a Francia por US$15 millones de la época;
• En 1829 anexó Florida, compensando a España con US$5 millones;
• En 1848, luego de su guerra con México EE.UU incorporó a su territorio los estados de Texas, California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah, y partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma, compensando posteriormente a México con US$15 millones;
• En 1853 EE.UU. acordó con México la compra de una pequeña franja de territorio mexicano en el sur de los actuales estados de Arizona y Nuevo México, por la cual pagó US$10 millones.
• En 1867 EE.UU compró a Rusia el territorio de Alaska, pagando US$7,2 millones.
• En 1900 EE.UU, previa ocupación militar, declara a Puerto Rico como su Estado Libre Asociado
• En 1917 EE.UU. compró las Islas Vírgenes a Dinamarca, pagando la suma de US$25 millones y comprometiendo no oponerse a que Dinamarca "extienda sus intereses políticos y económicos sobre toda Groenlandia".
Además de las anexiones concretadas exitosamente, los EE.UU. también realizaron varios intentos fracasados, como la anexión de Canadá en el siglo XIX, los fallidos intentos de comprar Cuba, que años después concluyeron con la rechazada invasión a Bahía Cochinos y el posterior bloqueo económico, comercial y financiero que se extiende hasta nuestros días. También se puede agregar a este listado a Filipinas, país que luego de la guerra filipino-estadounidense de 1902 terminó bajo el control total estadounidense, hasta que en 1946 alcanzó su plena independencia.
No se puede terminar esta revisión sin antes señalar que los EE.UU. extendieron su territorio original desde aproximadamente 1 millón de km2 al momento de la independencia declarada por los 13 estados originales, hasta los 9,86 millones de km2 que posee en la actualidad.
Las doctrinas que dieron sustento al expansionismo
El expansionismo estadounidense encontró su justificación primera en diciembre de 1823 mediante la doctrina Monroe.
Bajo el lema “América para los americanos” la doctrina Monroe señalaba que la política exterior de los EE.UU. era opuesta al colonialismo europeo en el hemisferio occidental y sostenía que cualquier intervención en los asuntos políticos en el continente americano por parte de potencias extranjeras de otros continentes sería considerada un acto potencialmente hostil contra los EE.UU.
Poco después la doctrina Monroe fue ampliada por la Doctrina del Destino Manifiesto.
Acuñada en 1840 por el periodista John L. O'Sullivan sostenía que “el cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino”.
La doctrina del destino manifiesto continúa vigente hasta nuestros días en el pensamiento profundo de gran parte de la ciudadanía norteamericana, posiblemente ya no como necesidad de expandir su territorio sino de controlar la política mundial a partir de su política exterior y su economía. Esa vigencia se manifestó al ser mencionada el 20 de enero de 2017 en el discurso de asunción de Trump a su primer gobierno.
La doctrina Monroe Plus, también conocida como Donroe, al reemplazar el Mon original por el Don de Donald, fue publicada por la Casa Blanca el 4 de diciembre en el marco de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, que plasma la visión del mundo del gobierno estadounidense.
La Doctrina Monroe Plus busca reforzar la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental, enfocándose especialmente en el control de la migración y el narcotráfico y en contrarrestar la influencia china en la región, recurriendo a la política represiva del Gran Garrote anteriormente impulsada por Roosevelt.
El lema MAGA (Make América Great Again), popularizado por Trump en sus campañas presidenciales de 2016, 2020 y 2024 y que de alguna forma sintetiza las doctrinas arriba mencionadas, tampoco constituye un desborde ni una anomalía de su parte, toda vez que fue empleado por primera vez en la campaña presidencial de Ronald Reagan de 1980.
En este punto es necesario poner en evidencia que la adopción acrítica del MAGA por parte de Javier Milei nada tiene que ver con el contenido del MAGA norteamericano, toda vez que Milei no persigue engrandecer a la Argentina, sino reducirla a una mera proveedora de recursos naturales sin agregado de valor nacional; tampoco persigue defender nuestra soberanía, como queda demostrado por su falta de explicaciones y mucho menos de reacción ante los vuelos de aviones militares de EE.UU que aterrizaron en Neuquén y en Ushuaia, en este último caso a pocos días de la intervención de su puerto, dispuesta por Milei sin dar explicación alguna.
Para finalizar esta segunda revisión es necesario remarcar que estas doctrinas empleadas desde hace largo tiempo en EE.UU. muy posiblemente no sean compartidas por la totalidad de los norteamericanos, muchos de los cuales se oponen a sus principios y finalidades; lo demuestran las masivas marchas opositoras en Minnesota, Nueva York y otros estados.
Pese a ello, esos opositores no han logrado contraponer una visión superadora de similar impacto en la opinión pública de los EE.UU. ni del mundo.
Las primeras reacciones al accionar de Trump
El paso de los discursos a los hechos que se inició el 3 de enero de 2026 con la intervención militar en Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores y su propósito de tomar la conducción absoluta de Venezuela, así como la seguidilla de anuncios de Trump de anexar Canadá, Groenlandia, México por cualquier medio, sin excluir una posible intervención militar, dieron inicio inmediato a una serie de reacciones que han puesto al mundo patas para arriba.
Lo mismo viene sucediendo con sus recientes afirmaciones de llevar adelante en Irán una intervención militar similar a la empleada en Venezuela.
El caso venezolano, aún en desarrollo, es interesante al mostrar que Trump está encontrando límites concretos a sus anuncios.
Por una parte se vio obligado a iniciar negociaciones con Delcy Rodríguez, actual presidenta venezolana, manteniendo la continuidad del régimen anterior que, con un liderazgo apoyado por las milicias populares y las fuerzas armadas que no parece dispuesto a mantener una rápida ni fácil negociación al gusto de Trump. Por otra parte, en razón de las características del petróleo extra pesado de la faja del Orinoco, las petroleras norteamericanas se negaron a iniciar en lo inmediato la lluvia de inversiones prometida por Trump la que llevaría a una rápida prosperidad de los venezolanos. Con ello el deseo explícito de tomar a su cargo la administración venezolana parece haber entrado en un parate, al menos temporario.
México, en respuesta a las periódicas amenazas de Trump y de Marco Rubio de intervenir en territorio mexicano para ejecutar en sus propios términos la lucha contra el narco, viene reiterando la convocatoria al diálogo y a la cooperación en la lucha contra el narcotráfico. En paralelo Claudia Sheinbaum implementa el Plan México como su mecanismo de defensa soberana. El plan procura fortalecer al sector industrial mexicano para que el país sea parte indispensable en las cadenas de valor norteamericanas.
Una de las reacciones políticas más contundente y de mayor difusión fue la que generó un Davos Mark Carney al denunciar la ruptura del orden internacional basado en reglas por parte de EE.UU.
Entre esas rupturas Carney mencionó explícitamente el abandono de instituciones multilaterales, como las ONU, la OMC y la OMS, entre las empleadas para la resolución colectiva de problemas internacionales.
El primer ministro canadiense convocó además a las potencias medias a unirse para resistir a Trump.
También como respuesta a esos anuncios, por primera vez las fuerzas armadas canadienses analizaron sus posibles respuestas a una invasión estadounidense.
Sin embargo las reacciones de mayor impacto son las relacionadas con el proyecto de anexión de Groenlandia.
El miércoles 14 de enero el canciller danés y su par groenlandesa se reunieron en la Casa Blanca con el vicepresidente y con el secretario de estado en la que EE.UU. presionó por la cesión de la isla, mientras la delegación danesa dejó en claro que “Groenlandia no está en venta”.
Incluso antes de que finalizara ese encuentro el Estado Mayor danés envió un primer destacamento militar a la isla, que sirvió de avanzada a un contingente mayor de tropas de aliados estratégicos como Suecia, Noruega, Finlandia, Francia y Alemania.
A su vez Canadá y Francia anunciaron su intención de abrir consulados en Nuuk, capital de Groenlandia.
Las declaraciones diplomáticas sobre Groenlandia han ido en aumento. En una declaración conjunta, firmada por naciones como España, Francia, Reino Unido, Alemania, Polonia e Italia, subrayaron el papel de Groenlandia en la defensa del Atlántico Norte como integrante de la OTAN y la obligación de respetar los principios del derecho internacional.
El presidente del Consejo Europeo y la presidenta de la Comisión Europea emitieron el 17 de enero de 2026 una declaración conjunta reafirmando la soberanía e integridad territorial de Groenlandia y Dinamarca. Respaldaron firmemente a Dinamarca ante tensiones por intereses estadounidenses en el Ártico, subrayando que el mantenimiento de la seguridad colectiva corresponde a la OTAN.
La cuestión continúa escalando y el miércoles 26 de enero la alta representante de la Unión Europea (UE) para Asuntos Exteriores y Seguridad afirmó que la OTAN tiene que “volverse más europea” para “mantener su fuerza”, en un momento en que Estados Unidos está cada vez más centrado en otros escenarios.
Cabe por último analizar las respuestas a la creación del Consejo de Paz anunciada en septiembre de 2025 y establecido el 22 de enero de2026, con sede en Mar a Lago, bajo la presidencia de Trump, único miembro que puede invitar a otros países a unirse al Consejo y único que cuenta con poder de veto permanente.
Al Consejo se accede solo por invitación de Trump; hasta el momento aceptaron integrarse 25 de los 60 países invitados, entre ellos Argentina que anunció que enviará la aprobación al HCN. Entre los invitados que todavía no dieron respuesta se encuentran China, Rusia, Brasil, India, la Ciudad de Vaticano y la Unión Europea. Canadá, originalmente invitada fue eliminada de la lista de invitados
Hasta el momento rechazaron la invitación Francia, Alemania, Italia, Noruega, Eslovenia y Suecia.
Algunas conclusiones necesariamente provisorias
De lo hasta aquí analizado surgen estas primeras conclusiones:
• Las declaraciones de Trump han generado una vorágine en la política internacional que el mundo no veía desde la Segunda Guerra Mundial;
• El resultado final de su intervención militar directa en Venezuela todavía es incierto, tanto por la propia reacción venezolana, como por los eventuales resultados de los juicios en los EE.UU. a Nicolás Maduro y a Cilia Flores;
• La presión sobre Canadá culminó no sólo en una fuerte condena y en una convocatoria a los demás países oponerse a la presión de los EE.UU., sino que también aceleró las negociaciones de libre comercio entre Canadá y China;
• Igual camino parecen estar recorriendo varios países a los que EE.UU. impuso aranceles que limitan su acceso al libre comercio;
• Trump parece haber roto la red de alianzas políticas y militares con Europa, incluyendo a Gran Bretaña, históricamente su principal aliado;
• Las aceptaciones para integrar el Consejo de Paz no parecen suficientes para reemplazar al Consejo de Seguridad de la ONU
• Hasta aquí todo parece indicar que las reacciones adversas superan ampliamente los eventuales beneficios que habrían logrado los EE.UU.
Siguen algunas conclusiones que no se desprenden en modo directo de lo dicho hasta aquí:
• Las movidas realizadas por Trump parecen motivadas por los avances tecnológicos y económicos de China que vienen desafiando crecientemente la hegemonía norteamericana;
• Las respuestas en el plano militar de Trump no tienen incidencia sobre el desafío chino en el plano económico y tecnológico y por tanto parecen condenadas al fracaso a menos que la situación derive en un enfrentamiento armado directo de imprevisibles consecuencias, que Trump hasta aquí viene evitando;
• Por el momento China, Rusia y en general los BRICS miran los acontecimientos y callan;
• Todavía es demasiado temprano para evaluar el impacto económico internacional de estos acontecimientos, pero sin duda los habrá y con seguridad no serán menores.