Toda intimidad es política y estética: "Pequeño Glaciar Doméstico", de Daniela Noceti

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    LA BOLA DE NIEVE
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Toda intimidad es política y estética: "Pequeño Glaciar Doméstico", de Daniela Noceti

27 Septiembre 2026

La poeta Daniela Noceti presentó su nuevo libro Pequeño Glaciar Doméstico. Fue publicado por la Editorial Tiempo de Parque. La obra fue presentada por un grupo de poetas: Gabriela Clara Pignataro, Pilar Sanjurjo, Stefano Branca, Dilcia de León Beltrán, Andrea Marone, Sebastián Guitar y quien escribe.

Noceti desarrolla una búsqueda estética a partir de problematizar la propia mirada. Un campo semántico milimétricamente construido nos arrima al punto de tensión. Son atmósferas, situaciones, experiencias, las que propician la escritura. Su obsesión, su insistencia, está en el vínculo con los hijos, en las palabras que nombran, en las cosas de la casa, en la maternidad. La poeta persigue los objetos cotidianos hasta que inauguran lo que no podía ser inaugurado (sino por otro medio que la poesía). Hasta que centralizan una esencia cuya naturaleza se desplegaba solo en las comisuras del lenguaje.

 

una madre pronuncia la palabra fe
y queda colgada de un arnés de azúcar

 

Susan Sontag, planteaba que “la belleza es parte de la historia de la idealización” y bajo ese programa se mueve la poesía de Noceti. Una poesía que ambigua los límites entre lo político y lo poético, por discutir con los lugares comunes, por darle a lo estático la flexibilidad díscola que toda experiencia estética requiere. Todo pequeño gesto se transforma en un escándalo que orienta hacia la belleza. Sin satisfacer ni ser autocompasiva, indaga en la naturaleza de las cosas, dándolas a ver nuevamente, es decir, devolviéndoles un carácter inaugural. Porque la belleza no tiene una única raíz y necesita un programa que sólo aparece con un máximo estado de atención por lo minúsculo.

 

a qué jugamos digo, soltando las anclas
a que tenían vidas normales respondés.
Y así el barco parte sin reflejo a tierra extranjera,

 

La reflexión sobre el lenguaje surge transversalmente en este poemario, esa gramática portadora de sentido que moldea el pensamiento y el modo de comprensión del mundo. Si la belleza es parte de la historia de la idealización, deberemos romper, entonces, las palabras. La historia y las convenciones sociales que giran en torno a la palabra (y que por ello dan roles y obligan) son desarticuladas en este poemario. Es por este motivo que los significantes se extienden y quedan latiendo después del silencio. Nada queda como estaba cuando es filtrado por los ojos de la poeta: Los pronombres / artefactos de distancia / digo tu papá / y yo me corro / te abro el lazo filial.

En clave poética, y política también, hay una búsqueda por subvertir el sentido convirtiendo al lenguaje en un dispositivo liberador, un dispositivo que lee más allá de la moralidad. Nunca un poeta no es político, pero pueden aparecer distintos tratamientos de ese mundo público. En el trabajo de nuestra autora, lo estético no cede ante lo político, pero, a la vez, lo estético no renuncia a lo político. Cito a la poeta: °qué íntimo se vuelve el gesto de invadir".

Una poesía que ambigua los límites entre lo político y lo poético.

Saer escribió que para que la poesía se haga evidente debe provocar una extrañeza que atente contra el prejuicio de la razón. Esa idea parece iluminar la poesía de Noceti, que escribe alejándose de los lugares comunes para construir una belleza que incluso lo más prosaico pierde su evidencia frente a los ojos de la poeta. En el siguiente poema, el nombramiento se vuelve un gesto físico. La palabra del “yo” poético invoca un mundo que se vuelve cierto, por el simple gesto de haber sido imaginado. Cito:

 

Mi hijo dice que el té/ tiene olor a río,/ nos reímos,/ tibio su caudal,/ lo olemos/ y cada uno imagina un río distinto.

 

Compartir la voz es una de las gestualidades más hermosas del texto. En ocasiones el “yo” poético se ve a sí mismo a través de los ojos infantes, de los ojos que no encontraron todavía su forma cabal para expresarse, y se expresan, sin embargo, porque todo puede ocurrir en el poema. Noceti pareciera componer una idea de maternidad en la que la mirada de los hijos funciona, en ocasiones, como voz de la consciencia. En ese juego de iguales, de dobles, de semejantes, en la voz del infans se enuncia:

 

la receta es el truco para mostrar otra cosa
mujer bala, domadora
mamá tiene un entusiasmo itinerante

 

En este poemario encontramos un ejercicio estilístico que no renuncia a la sensibilidad. Ese ejercicio mounstrifica el poema. En estos tiempos donde los significantes parecen perderse en el significado, adquiriendo así un rol secundario y decorativo, la autora encuentra los recovecos del signo. Así es como se ejercita el monstruo que aparece entre un mundo que no termina de morir y uno que no termina de nacer:

 

estamos cerrando familia
descreída, entiendo
nos hablan a nosotros,

juntamos nuestros cuerpos desperdigados,
esquirlas,
y salimos.

 

Los poemas de este libro invitan a recorrer esa ambigüedad, ese espacio vacío, poco claro, voluptuoso donde el sentido no se termina en la palabra, ni en el silencio, y que, por ello, pone en duda todo lo que sabemos, todo lo que ignoramos.
 

Lo estético no cede ante lo político, pero, a la vez, lo estético no renuncia a lo político.

Los pronombres

artefactos de distancia
digo
tu papá
y yo me corro
te abro el lazo filial
ya no es
papá
significante colectivo
no participo
tengo licencia por dolor
un parto inverso.

 

Mi hijo dice que el té

tiene olor a río,
nos reímos,
tibio su caudal,
lo olemos
y cada uno imagina un río distinto
pero un pez de encaje
sube por el mantel
y nos sumerge en agua dulce
ahora, peces de limón y miel,
nadamos memoria abajo,
ambarinos.