Teatro: "Deshonrada", una artista condenada al olvido por ser peronista

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    Foto: Laura Mestre
CARTELERA TEATRAL

Teatro: "Deshonrada", una artista condenada al olvido por ser peronista

08 Noviembre 2026

“Un interrogatorio clandestino. Un inquisidor que diseca recuerdos como si fueran ranas. Una estrella reducida a cenizas. Una madrugada donde la historia argentina duele”, de eso trata Deshonrada, la obra de Gonzalo Demaría, bajo la dirección de Fabi Maneiro, que puede verse en el legendario teatro Andamio 90.

Durante la madrugada posterior al golpe de Estado de 1955, la ex estrella del cine nacional, Fanny Navarro, es sometida a un interrogatorio clandestino. ¿La acusación? Su vínculo con Eva Perón, su romance con Juan Duarte y los rumores de haber actuado como delatora dentro del ambiente artístico.

Deshonrada se centra en la creciente violencia a la que es sometida la actriz por parte de su inquisidor quien, oculto bajo el seudónimo de Capitán Gandhi, llegará a niveles de perversión inusitados. El enfrentamiento entre ambos personajes sostiene una tensión que va aumentando a medida que avanza la trama, en una especie de duelo psicológico entre el poder y los resabios de dignidad de una mujer a quien la persecución política le va a arrebatar no solo su carrera sino también su propia integridad mental.

La vida de Fanny Navarro, protagonista indiscutible de los inicios del cine sonoro argentino y de la década de oro en los 50, donde participó al lado de los grandes de la escena nacional como Niní Marshall y Fidel Pintos, fue motivo de libros y películas. Pero la actriz protagonizó además películas de temáticas fuertes, desconocidas en esa época, como Marihuana de León Klimovsky, que tanto va a exasperar a su inquisidor en Deshonrada. Esta osadía junto a su adscripción al peronismo y su relación con Juan Duarte van a ser la simiente de su posterior desgracia profesional.

La obra, sin embargo, va más allá de su trayectoria cinematográfica y de su identificación política, ubica la figura de Fanny Navarro, en una situación límite cuando su condición de actriz, su vida privada y sus convicciones quedan sometidas al hostigamiento de un poder que pretende juzgarla políticamente, pero que, en realidad, se termina jugando en el terreno de lo íntimo.

La obra ubica la figura de Fanny Navarro en una situación límite cuando su condición de actriz, su vida privada y sus convicciones quedan sometidas al hostigamiento de un poder que pretende juzgarla políticamente.

Las actuaciones de María Marchi y Julio Viera interpretan con precisión impecable la polarización que encarnan los dos personajes: la intolerancia y la crueldad del hijo de la autoproclamada Revolución Libertadora frente al lado sensible y humano de Fanny, aunque no por ello menos ferviente en sus convicciones políticas, militantes, amorosas. Una mujer que aparece “en camisón”, despojada de todo, pero que afronta con hidalguía las aberraciones a la que es sometida.

En ese cruce entre lo público y lo privado, la obra alcanza una actualidad y una potencia dramática avasallante, necesaria para imbuir a los espectadores en un episodio de nuestra historia cuyas heridas aún no han cicatrizado. Por el contrario, se reactualizan en el odio visceral al oponente, en la crueldad con que se busca acallar al que piensa distinto. Como lo expresó su directora: "No montamos Deshonrada para hacer un documento histórico ni para juzgar el pasado desde la comodidad del presente. La montamos porque esa madrugada de 1955 sigue ocurriendo cada vez que la intolerancia le gana a la humanidad".

La dictadura de Pedro Eugenio Aramburu y sus secuaces no ha tenido límites en su tenebroso accionar: la salud mental de Fanny Navarro, su exclusión de la vida artística y su muerte temprana pueden atestiguarlo.

Discriminada y olvidada por su pasado peronista, es casi un acto de justicia que una obra como Deshonrada la reivindique.