Bordar la memoria en Quilmes: “Las mujeres estamos haciendo política en las telas”

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DOSSIER 24 DE MARZO

Bordar la memoria en Quilmes: “Las mujeres estamos haciendo política en las telas”

22 Marzo 2026

“Antes pintábamos paredes, cuando éramos jóvenes. Ahora tenemos como arma la aguja”, reflexiona Adriana Redondo, docente y jubilada, como la mayoría de mujeres que integran Bordado y Memoria, que ella coordina. Es que el bordado, como la poesía, también puede ser “un arma cargada de futuro”. 

Eso lo saben ellas que vienen juntándose a bordar desde hace varios años, y las más de 300 colectivas que se sumaron a la convocatoria de No me olviden: 30000 agujas por nuestros desaparecidos y Bordando luchas de ayer y de hoy, quienes propusieron –a 50 años del golpe cívico militar- bordar los nombres de nuestros compañeros desaparecidos y desaparecidas en pequeños paños, que al ser unidos formarán una extensa bandera que se va a desplegar el próximo 24 de marzo. 

Ellas lo saben: saben de la potencia de la memoria y de la potencia que tienen las mujeres cuando reunidas en ronda se juntan a tejer historias, a hacer historia, a cambiar la historia como nos enseñaron las Madres y las Abuelas, nuestras ancestras. “Es un gran torbellino que va subiendo –dice Viviana Buscaglia, integrante de la Asociación civil Colectivo Quilmes Memoria Verdad y Justicia-. El poder de transformación que tiene el bordado es revolucionario. En estos tiempos en los que los feminismos se replegaron, las mujeres estamos haciendo política en las telas.”

El grupo Bordado y memoria es parte del colectivo Quilmes Verdad Memoria y Justicia. En 2022, a partir de una entrevista a Gabriel Laporte y a Viviana Buscaglia por representantes de la Universidad del Buen Vivir de Colombia conocen a Virgelina Chará, la incansable defensora de los Derechos Humanos. Su voz ha sido faro para las mujeres, para las comunidades afrodescendientes, para las víctimas del conflicto en su país y para quienes creen en la paz con justicia social. Virgelina es directora de la asociación para el desarrollo integral Fundación ASOMUJER y Trabajo y líder de la Unión de Costureros, un grupo de mujeres que hace un llamado por la memoria y por la paz a través de los telares.

A través de Aura Gómez, estudiante de la universidad colombiana, dejó las telas para que el Colectivo quilmeño participara del Arropamiento al Palacio de Justicia. La consigna era bordar en los paños entregados historias relacionadas con derechos humanos y memorias, según relatan los archivos del Colectivo. Se organizó junto a docentes jubiladas de SUTEBA un grupo de bordado y memoria, coordinado por Adriana Redondo –que también es artista plástica- y Leonor Romero. En uno de los paños se bordaron figuras emblemáticas de edificios quilmeños y se hicieron pequeños muñecos que corporizaban a los y las desaparecidas secuestradas en el Pozo de Quilmes. Los paños se enviaron a Colombia. Mary Leyes, otra de las bordadoras, recuerda que allí representaron las luchas de ese momento, por ejemplo, la “iglesia caracol del padre Luis Farinello, que fue lugar de concentración de muchos grupos que actuábamos en política en esa época”.   

Esas fueron las primeras puntadas. “Después seguimos nuestro camino, viendo cómo el bordado crecía más y más como una herramienta de resistencia que se ha multiplicado de manera increíble”, recuerda Adriana. Hubo numerosas reuniones de bordado en el Pozo y en distintas instituciones a las que se fueron sumando estudiantes de escuelas, organizaciones sociales, trabajadoras municipales, familiares de desaparecidos, sobrevivientes.
Siempre con la memoria como eje, se bordaron carpetas con las historias de vida de M. C. Lesterof, Eleonora Vlahovic y Mirta Gerelli –docentes desaparecidas-. Y en marzo de 2024, cuando luego de tres años y cinco meses de audiencias, llegó por fin la sentencia por los delitos de lesa humanidad cometidos en las Brigadas de Banfield, de Lanús con asiento en Avellaneda y de Quilmes, colgaron del balcón del Tribunal Oral Federal 1 de La Plata, las banderas de Memoria, Verdad y Justicia que bordaron durante las jornadas convocadas por la Unión de Costureros.

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Son casi una veintena de mujeres alrededor de una mesa, entre costureros, almohadillas y agujas. Las manos se multiplican, los dedos se llenan de hilos de colores, de historias de militantes, se impregnan de sus sueños. 
-¿Le habrá gustado el color verde a mi tío? -se preguntaba la sobrina de un militante desaparecido cuando le hizo una bufanda para abrigar al muñeco de tela que lo representaría en una de las banderas bordadas-. No sé qué le gustaba, porque yo era muy chica cuando lo desaparecieron. 
Bordar no es una acción mecánica, sobre todo cuando sale del ámbito individual, íntimo, doméstico. Cuando deja de ser una mujer sola cosiendo en su casa, el bordado se politiza. Nos interpela. Nos cuestiona. Nos lleva a indagar en todo lo que no sabemos. Quién fue esa persona. Quién es ese nombre, cuál era la historia de vida que aparece contorneada entre el punto atrás y el punto tallo. 

“El bordado genera un espacio de diálogo entre la persona que borda y eso que está siendo bordado –explica Adriana-. Siempre se busca la historia del desaparecido/a del nombre que se está bordando, qué cosas le gustaban, qué sentían, entramos en su vida y en cada enlazada vamos sujetando, de alguna manera, el amor por esa persona que tanto luchó”.

Pero también el bordado lleva a descubrir algunas facetas de la vida de militantes que por prejuicios de época no pudieron ser dichas y pueden recuperar su identidad de género, como sucedió con un militante al que en su nombre le agregaron la bandera LGBTIQA+. “Esas microhistorias que se van gestando, dice Viviana, que va a aparecer por primera vez con su identidad plasmada en una bandera. Lo que estaba en el olvido, vuelve, y se retroalimenta.”

Se trata de sostener la memoria de las y los desaparecidos y además de seguir buscando a les niñes apropiados, como es el caso de Rosita, la beba que nació en el Hospital de Quilmes, hija de Silvia Isabela Valenzi que estuvo secuestrada en el Pozo, después se la llevaron al de Bánfield y continúa desaparecida. 
Mabel Coutada bordó también los nombres de sus hermanas sobre un lienzo blanco: Myriam "Mirita" Susana Coutada Lagrutta y Norma "Lluvia" Horizontina Coutada. Myriam estaba embarazada de alrededor de siete meses cuando fue secuestrada de su casa en Zárate la noche del 15 al 16 de octubre de 1976. Se cree que fue llevada al centro clandestino de detención de Campo de Mayo. Mabel continúa la búsqueda de sus hermanas en las instancias judiciales desde el retorno de la democracia, y busca también a su sobrino o sobrina, probablemente nacido durante el cautiverio de Myriam.  

Estas historias demuestran lo importante que es, como dijo Adriana, “hacer visible lo que fue el genocidio en Argentina, que no es algo que se puede olvidar, dejar de lado, porque muchas de las cuestiones que se dieron durante la dictadura se extienden hasta nuestros días”. 
Por eso ellas bordan, siguen bordando, tercas, empecinadas, con la persistencia de la memoria que los hace aparecer, una y otra vez.