Relatos: “1997”, de Gabriela Canteros

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    Gabriela Canteros
    Ilustración: Gabriela Canteros
CUENTOS

Relatos: “1997”, de Gabriela Canteros

07 Mayo 2024

Es tarde. Julia y Javier se preparan para ir a un casamiento a miles de kilómetros. Él se va a trabajar, mientras ella se adelanta al viaje en la noche del siete de septiembre. Toma el colectivo de larga distancia. Es un día húmedo en esa zona, como casi todos los días en la selva. En la oscuridad las mariposas giran debajo de un halo de luz. Hay estrellas en la noche. Suben pasajeros en cada estación.

Cerca de las once, un hombre ingresa al colectivo y se sienta cerca de Julia. Viste ropa cómoda, apenas la ve, comienza a hablar. Julia lee un libro antiguo y por ratos se distrae mirando por la ventana. Él se presenta: me llamo Andrés. Ve que Julia lleva una pulsera tejida de chaguar y le habla de lo hermosa que es esa región, y de cuántas aves había descubierto en la última primavera. Pasado el rato, ella siente un olor a hospital o consultorio odontológico y se ahoga. Andrés le ofrece agua acercándose.

Apresurada por pasar el ahogo, acepta.

El agua la deja casi inconsciente en seguida. Andrés intenta bajarla cuando el colectivo se detiene. Son las cuatro de la mañana, en medio de la nada, la mayoría duerme. Una mujer de los asientos de atrás observa sospechando. Él se intimida y se va solo, se esfuma en las sombras de la ruta.

La mujer se queda viendo durante un rato cómo duerme Julia, no parece un sueño normal. El colectivo tiene un movimiento violento. Ella cae en el pasillo. ¡Ayuda!, grita entonces desaforada Carolina ¡Ayuda! Hay una chica descompensada.

Cerca de la ciudad, el chofer hace una parada de emergencia, mientras Carolina cuida a Julia. Respira… suave, pero no despierta.

Suda y tirita al mismo tiempo, no puede abrir los ojos. En sueños ve cómo toman su cuerpo con torpeza, lo tiran a un zanjón, le echan tierra mientras ella grita, nadie puede escucharla. Al despertar entra en otro trance, la llenan de regalos mientras la envuelven en la manta de su abuela, la rodean con miniaturas de formas de frutas, flores y objetos que ella adora. De nuevo se encuentra paralizada pero esta vez dentro de una urna. La luz del sol se vuelve cada vez más escasa, finalmente todo es oscuridad. En el tercer delirio retorna a la casa de sus padres, espera a su hermana mayor mientras escuchan en la radio sobre las próximas sequías; una tormenta enorme de tierra cubre toda la casa.

“En sueños ve cómo toman su cuerpo con torpeza, lo tiran a un zanjón, le echan tierra mientras ella grita, nadie puede escucharla”.

Se despierta, está en una clínica. El colectivero la había dejado allí. Los médicos le lavaron el estómago. Pasaron tres días hasta el alta médica. Físicamente está recuperada, en su mente quedan preguntas. ¿Quién era ese hombre? ¿Por qué la había intoxicado? No hubo robo, ella tiene todas sus cosas, solamente Carolina sabe que él había intentado llevársela. Pero está lejos y no tiene ningún contacto con ella. Javier llegó apenas supo de la situación.

Cuando recupera el conocimiento la médica de emergencias les entrega unos análisis: todos eran somníferos, en altas dosis, nada ilegal. Le recomienda hacer una denuncia. Julia está débil, en la comisaría de la ciudad ni siquiera quisieron tomarle una declaración con la excusa de que estaba fuera de su potestad, lo mismo pasa en Capital y en su propio pueblo. Nadie se hizo cargo. Nadie se hace cargo.

Sin pistas, ni respuestas; sin testigos y totalmente atemorizada, piensa que tal vez nunca sabrá la verdad.

Durante esos años sueña con una figura que la persigue todo el tiempo. Imagina a ese tipo perverso. Se siente infantil. Vulnerable. Expuesta. Frágil. Más adelante, se anima a contar su historia y descubre que no es la única, otras vivieron situaciones similares.

Muchas veces vuelve entre sueños a ese momento: la atrapan en una clínica abandonada, en un lugar sin identificar. Sombras danzantes hacen un círculo alrededor mientras intenta huir. Voces susurran cataclismos, las sombras la acosan.

Los días y la esperanza de una respuesta se desvanecen. Lucha en la mente y en la vida diaria contra las alucinaciones del recuerdo.

Años después se encuentra con Aby en un café. Una amiga de la escuela. Mientras se ponen al día, Julia decide contarle lo sucedido en 1997.

-¿Cómo? ¿Cuándo?... -Abi no puede disimular el asombro y los escalofríos.

Después de un silencio largo y un suspiro, Julia responde.

-Ahora estoy bien.

-Pero y Julia…¿Tenés alguna idea sobre quién es ese hombre?-Abi tiene esperanzas de descubrir al supuesto Andrés, no puede de la impotencia, y del cariño y la compasión por su amiga.

-Nada. Desapareció.

-Lo importante es que estás bien

Llueve.

Una mariposa se detiene sobre una lámpara.

Las amigas se abrazan.