Dardo Cabo: un pibe de Malvinas antes de los pibes de Malvinas

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HISTORIA NACIONAL

Dardo Cabo: un pibe de Malvinas antes de los pibes de Malvinas

14 Julio 2026

El miércoles 15 Argentina se enfrentará a Inglaterra en la semifinal de la Copa del Mundo. “Es un partido de fútbol”, dijo el técnico de la selección. “No busquemos otra cosa”, agregó, con la intención de enfatizar que se trata solo y únicamente de un partido de fútbol. Tal vez tenga razón. Pero las reminiscencias de Malvinas que despierta ese partido son inevitables. Detrás hay una causa nacional hecha de muchas historias que trascienden la guerra de 1982. Entre ellas, la de un pibe de Malvinas que fue a las islas mucho antes que los pibes de Malvinas.

Corría 1966 y Dardo Cabo tenía tan solo 25 años. Era hijo del histórico dirigente metalúrgico Armando Cabo, integrante del secretariado de la CGT durante el primer gobierno de Perón y uno de los principales interlocutores de Evita. Para entonces, Dardo ya estaba fogueado en las luchas de la Resistencia. No fue casual que él, junto con otros 17 militantes, realizara una espectacular operación que reafirmaría la soberanía sobre las Islas Malvinas.

El Operativo Cóndor comenzó el 28 de septiembre de 1966 con el secuestro de un avión Douglas DC-4 de Aerolíneas Argentinas que se dirigía a Río Gallegos y sería desviado hacia las islas. La operación no contó con una gran logística. Solo con la decisión de los jóvenes que la emprendieron, algunas armas y el aparente financiamiento de la Unión Obrera Metalúrgica para concretarla. La idea no habría sido de Dardo, sino de su compañera María Cristina Verrier, una talentosa periodista y dramaturga y, a la sazón, la única mujer del operativo.

Aterrizaron poco antes de las nueve de la mañana en las Islas Malvinas, en un ventoso y gélido día, una típica jornada de nuestra Patagonia Austral. Inmediatamente, “Port Stanley” fue rebautizado como “Antonio Rivero”, en honor al gaucho que se levantó contra los ingleses en 1833. Hicieron saber sus intenciones soberanas al gobernador de las islas, quien sostuvo la postura de mantener el dominio imperial británico e intentó en vano que los “cóndores” depusieran su actitud. Por la tarde, los integrantes del operativo se encerraron en el avión para resistir las amenazas de apresarlos formuladas por las autoridades usurpadoras de las islas.

Al día siguiente negociaron su entrega y, poco tiempo después, fueron trasladados a la Argentina para ser juzgados. Dardo pasó tres años en prisión producto de la cobardía del gobierno cívico-militar de entonces. Años después sería asesinado por un régimen similar, aunque mucho más cruento. Esa dictadura emprendió la recuperación de las islas, una causa justa utilizada para intentar legitimarse. Pero su mayor esfuerzo estuvo puesto en continuar las violaciones a los derechos humanos, esta vez contra los propios combatientes argentinos, antes que en asegurar la victoria de la Patria.

Este miércoles, cuando se juegue el partido, seguramente resuenen cantos que aludan a Malvinas. Entre todas esas historias está la de Dardo Cabo. Un pibe de Malvinas antes de los pibes de Malvinas. Un nombre que jamás deberíamos olvidar.