Presentación: "Los relatos de la catástrofe", de Daniel Mundo

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DOSSIER 24 DE MARZo

Presentación: "Los relatos de la catástrofe", de Daniel Mundo

22 Marzo 2026
“Yo no elegí este mundo/pero aprendí a quererlo”. Charly García

Daniel Mundo comparte fragmentos del discurso que dirá el 27 de marzo en la presentación de su libro "Los relatos de la catástrofe. La representación de la Dictadura en la literatura argentina".

Voy a contarles un par de cosas de este libro que acaba de aparecer y que me parecen increíbles. Primero es increíble que mi amigo Raúl Carioli lo haya publicado sin chistar, con una confianza absoluta. Mi primer libro lo publiqué con él, es lógico que el último libro de Daniel Mundo también salga gracias a su generosidad.
Como saben mis amigos, este texto fue mi tesis de doctorado. Yo me recibí de doctor hace más de una década. Dr. Mundo. En fin.

La verdad es que había guardado la tesis en un cajón, como se dice, que cerré con llave y que pensé que nunca más volvería a abrir. Yo deseaba que el texto desapareciera. ¡Uf! ¡Qué palabra esta!
Pero el texto no desapareció.
Hace un par de años, un poco antes de que este adefesio que tenemos de presidente ganará las elecciones, la señora Victoria Villarruel volvió a insuflarle vida al mito de la “memoria completa”. Es decir, pretendía reabrir la herida, que evidentemente seguía y sigue supurando dolor, y nos obligaba una vez más a preguntarnos qué ocurrió durante la Dictadura y cómo fue posible que ocurriera eso.
Lo cierto es que la sociedad, pareciera, no quiere reabrir ese proceso de interrogación. Ya casi no entiende qué discutimos.

¿Quiénes son los responsables de lo ocurrido?
Yo tengo reparos para hablar de la dictadura cívico-militar, con la que tanto nos llenamos la boca de justicia, no porque no sepa que los militares fueron el brazo ejecutor de un proyecto civil, pero sí porque creo que “lo civil” abarca a muchísimos actores, víctimas y “perejiles”
. Espero que en esta charla ustedes al final entiendan por qué.

¿Cómo hicieron los hombres y las mujeres de a pie para vivir y creer ingenuamente en consignas como “el silencio es salud” o “algo habrá hecho”? “Los argentinos somos derechos y humanos”.
¿Cómo fuimos felices en esos años oprobiosos?
Son preguntas que me tocan en lo más íntimo de mi ser: ¿cómo vivimos y cómo fuimos felices personas como yo que se formaron, que se educaron en esos años, que fuimos (¿que somos?) la auténtica carne kafkiana en la que el Proceso de Reorganización Nacional inscribió sus macabros enunciados, sus prácticas disciplinares, sus locos proyectos de restauración de un pasado que en realidad nunca existió?
Estoy convencido de que mi generación hizo y hace un gran esfuerzo por olvidar, por negar esa formación escolar y esos años infantiles, ese orden autoritario, y así creer que nuestra verdadera vida comienza al final de nuestra adolescencia, en la primavera alfonsinista. A esta generación, en el libro, la llamo “la generación perdida”. Es la que viene después de la generación desaparecida.
Hay que elaborar los olvidos tanto como las memorias.

Cuando releí el mamotreto para publicarlo, tuve un shock, como se dice. Leí varios párrafos, leí esos hermosos pies de página, y supe que no había sido yo el que los había escrito. No podía ser yo el que hubiera leído todos esos autores que ahora apenas recuerdo. No podía ser yo el que enzarzara con tanta precisión esas citas y esos autores, que aunque tenga los libros subrayados, ya no recuerdo haber leído.
Y es verdad, el que escribió este libro ya no soy yo. 

Mi generación hizo y hace un gran esfuerzo por olvidar, por negar esa formación escolar y esos años infantiles, ese orden autoritario, y así creer que nuestra verdadera vida comienza al final de nuestra adolescencia, en la primavera alfonsinista.

Necesito plantear, antes que nada, mi interpretación global de lo que ocurrió en la década de 1970. Los 70 tienen dos momentos muy claramente marcados. Uno nace con el secuestro, ajusticiamiento y asesinato de Aramburu por parte de Montoneros. Y culmina en distintos momentos. Culmina en el golpe del 24 de marzo de 1976, por supuesto. Culmina el 1 de julio de 1974 con la muerte de Perón. Culmina, para el que sabía mirar, antes, cuando desde el Estado se organizaron grupos paramilitares conocidos como Triple A. Hay aún varios finales más que podría enunciar, pero no los voy a aburrir.
El segundo momento de la década nace, obviamente, el 24 de marzo, donde desde el Estado se planificó un sistema de desaparición de personas bajo el eufemismo de la “guerra” contra la subversión —en realidad, luego supimos que a la hora del Golpe la guerrilla armada ya estaba militarmente vencida, casi desarmada.

El primer lustro está marcado por el terror generalizado, la incertidumbre política y económica, la cotidianidad de la muerte que fue acostumbrando a la población a tolerar y hasta a desear lo que sucedería en la segunda mitad de la década. En mi interpretación, y siguiendo lo que elaboró el antropólogo René Girard, en el segundo lustro la sociedad argentina “presenció” un sacrificio colectivo. El sacrificio social de un grupo etario bastante definido. Desaparecieron a una generación. Desaparecimos a una generación.
La sociedad argentina presenció y propició y consumó un sacrificio social, pero no solo no pudo representárselo de una manera productiva, ejemplar, como diría Todorov, sino que creó representaciones estereotipadas de lo sucedido, dicotomizó lo sucedido, lo dividió en bien y mal de una manera tajante y entonces imposibilitó o dificultó el duelo que nos debemos. El “show del horror” y la “Teoría de los dos demonios” cumplieron su tarea en este sentido.

En el momento en que escribí la tesis había muy poco investigado sobre esta “zona gris”, para utilizar el concepto del gran Primo Levy, esta dimensión de la existencia individual y social en la que las personas “no sabían nada” de lo que ocurría en nuestro país, es decir, a su alrededor.
Un chico o una chica de 5 años, de 10 años, de 13 años, ¿puede ser responsable de semejante ignorancia? Y sus padres, que no tenían vínculo alguno con las organizaciones armadas, ni guerrilleras ni paramilitares, ¿ellos sí son responsables de esa ignorancia? ¿Cómo podían saberlo, por otro lado?

En mi interpretación, el olvido no es lo contrario de la memoria, más bien es su otra faz. Como me enseñó el grandísimo ‘Toto’ Schmucler, el olvido es una de las formas de la memoria. Porque el olvido no es nada, el olvido es algo, aunque no podamos recordar qué es. Si “permanece” en el olvido, eso significa que en cualquier momento eso reprimido, eso olvidado u ocluido, puede ser recordado. Es más, es muy factible que esos “olvidos” cumplan un rol, y un rol muy importante, en nuestra forma de ser individual y social.

A 50 años del Golpe ese pasado que yo pretendí olvidar en un archivo sigue sin estar resuelto, y nosotros, los que alguna vez fuimos kirchneristas (kirchneristas de los buenos, kirchneristas “perejiles” que nunca tuvieron un cargo público ni se enriquecieron por ello), hicimos lo nuestro para imposibilitar ese trabajo de duelo.
En lugar de abrir la memoria, la clausuramos. La estereotipamos en unas figuras que dificultaron sino impidieron una elaboración plural, que es la manera que debemos trabajar este tipo de duelos colectivos.
Éste fue uno de los motivos por los que este libro sale recién ahora, a tantos años de su escritura.
Espero que el tiempo no le haya hecho perder todos sus sentidos, sus búsquedas y sus irresoluciones.
Gracias.

La presentación del libro se hará el 27 de marzo a las 19 h en el café Prometeo, Pringles 519, Almagro, CABA.