Familias en cuarentena

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Familias en cuarentena

05 Abril 2020

Foto tapa: Ayelen Machaca

Por Gito Minore*

 

La llegada del coronavirus a la Argentina nos cambió la vida en muchísimos aspectos. De la noche a la mañana, lo que sucedía en lugares distantes y nos llegaba por solo por tv, comenzó a ocurrir en Argentina y América latina. De pronto, la pandemia se instaló definitivamente.

Sin vacuna contra ello, y sólo contando con la experiencia de otros países que pudieron aplanar la curva de contagios, nuestro Presidente el jueves 19 de marzo decretó el "aislamiento social preventivo" en todo el territorio. Pero ya cuatro días antes en distintos espacios públicos, como las escuelas, la cuarentena se había iniciado. Por tal motivo, desde el lunes 16 de marzo los niños y niñas de nuestro país están dentro de sus casas.

Cierto, a las personas adultas nos está costando bastante acostumbrarnos a este evento inédito, pero reflexionemos un poco en la situación de los más chicos: ¿Qué sienten? ¿Qué piensan? ¿Cómo se las arreglan? ¿Cómo les afecta?

Las siguientes líneas recogen algunas experiencias que algunas amigas y amigos cercanos. Una serie de comentarios de padres y madres que nos acercaron, y con los cuales intentamos ponernos un poco en los zapatos de estxs chiquitxs que tienen que quedarse encerrados, en principio hasta el 13 de abril, con serias posibilidades de extenderse.

El colegio en casa

Una preocupación compartida ni bien arrancó la cuarentena estuvo vinculada con el aprendizaje: ¿cómo se recuperan esos días de clases que se pierden? La respuesta que bajó desde el Ministerio de Educación y que se implementó en las escuelas es que los temas que se irían a ver se enviasen por algún medio electrónico (plataformas, mail, wasap) y que en casa, con la ayuda de algún familiar, se haga el trabajo. Con este modo a distancia se garantizaría que el alumnado adquiera los contenidos mínimos en su casa. La propuesta es buena, pero en la práctica no es tan sencillo. Sobre todo si pensamos que no todos los niños y niñas tienen una computadora en su hogar, o alguien lo suficientemente capacitado en tecnologías de la información para darles una mano. Incluso en muchos casos, desde las propias escuelas les es engorroso poder organizarse. Sin contar que el servicio de internet ande correctamente.

Un poco de todo eso hablamos con Flavia. Oriundos de General Rodríguez, con su marido Federico tienen dos hijos: Ciro de 17 y Clara de 10. La experiencias de ambos son diferentes: “A Ciro, al día de hoy no le han enviado ninguna actividad, recién ahora que se extendió la cuarentena desde la escuela empezaron a organizarse. A Clara desde el día cero las seños ya tenían un grupo de Facebook cerrado y envían todo por ahí, súper organizados y re creativos, con transmisiones en vivo, videos hechos a las distancias con todo el equipo de docentes del curso. Tema aparte, las ganas de hacer las actividades cuesta encontrarlas”.

Tal como Flavia lo aclara, las ganas son una cuestión aparte. En este sentido resulta fundamental el trabajo de acompañamiento de los padres. Lucía de Lomas de Zamora, mamá de una adolescente de 13 y un niño de 4 también nos comparte: “En el caso de la nena que está en la secundaria, hay que estarle encima permanentemente para que la haga, como cualquier adolescente. Tratamos de estar, de explicar, de sentarnos con ella para ayudarla. En el caso del nene, al ser actividades de inicial es más sencillo porque disfrazamos lo que nos proponen desde el jardín de juegos”.

Más allá de los inconvenientes propios de la situación, acompañar desde el amor, el cuidado y desde sus propios saberes, sin descuidar nunca la parte emotiva, pareciera ser la clave.

El embole y la angustia

Si bien la escuela se presenta como la actividad rectora de las horas de nuestros chicos y chicas, ante su falta formal, no es lo único de lo que preocuparse. Estos momentos que vivimos por primera vez también son un gran motivo de angustia en los más pequeños. Angustias que se canalizan de diversas maneras según la personalidad. En tal sentido, comenta Lucía: “A mi hija de 13 le tocó pasar su cumpleaños el viernes 27 en este contexto. Como siempre fue una nena muy dócil y que tiene aficiones bastante particulares, la pasa bastante bien. Dibuja, lee, pinta, juega en la compu, hace la tarea. Un día me dijo, un poco desilusionada, que ella quería ir al colegio. Ya está en segundo año. La veo que hace muchas video llamadas con las amigas”.

Pero no todas lo transitan con la misma calma. Caso contrario es el que trae a colación Flavia: “Al principio lo tomaron con alegría esto de quedarse en casa, pero al pasar las primeras semanas, se dieron cuenta de lo que en realidad era. Clara después de una discusión que tuvimos (por la tarea) se descargó contra el coronavirus y lo mucho que extrañaba su rutina, su escuela, sus amigos, en un texto de cuatro páginas de su cuaderno. Nos dejó con la boca abierta y ahí decidimos que la continuidad pedagógica no era tan importante como creíamos, sino contenerlos a ellos, dentro de la casa, en este momento histórico de la humanidad, por lo que también están muy preocupados y asustados”.

Aislamiento y salud

Además de las ansiedades y angustias de este momento, es importante hablar de aquellos y aquellas que previo a este episodio traían a cuestas algún tipo de enfermedad. El encierro, el aislamiento y la paranoia propia de esta situación, no hace más que traer complicaciones. Un motivo más de preocupación. Tal es el caso de Sorsha. Ella vive en Libertad, Merlo, junto a sus dos hijos varones, uno de 18 años y un bebé de un año y medio. A pesar de tener una economía frágil y enfrentar sola el problema, no pierde las esperanzas: “Es difícil para mí, ya que el más grande padece un trastorno depresivo y el más chico es ansioso, hiperactivo y tiene problemas para dormir. Pero el hecho de que yo esté con ellos en la casa, y que por primera vez después de mucho tiempo podamos tener un techo, a pesar de la preocupación, nos hace estar más unidos y hacer diferentes actividades entre nosotros. El más grande está saliendo de su ostracismo y el más chico calmando un poco la ansiedad”.

Un caso similar es el de la mencionada Lucía. Su hijo de cuatro años ya venía recibiendo tratamiento psicológico debido a un cuadro de ansiedad, por lo que el encierro complejiza las cosas. Según sus propias palabras: “Él necesita de sus rutinas, que son bastante estrictas, y que lo ayudan a llevar la vida en una cierta calma. Reclama muchísima más atención, necesita que un adulto esté siempre involucrado en sus juegos y su discurrir. Hizo un retroceso, ya que comía solo, dormía solo e iba solo al baño y ahora reclama que se le alimente en la boca, se pasa de cama por la noche, hay que acompañarlo al baño. También noto que él está muy preocupado por el “virus-bichito”, hablamos mucho del tema”.

 

Parar la olla en medio de la pandemia

Aunque el estado de aislamiento preventivo nos afecta indistintamente a todos y todas, la preocupación por el “día a día” es más aguda en aquellos cuya situación económica es más endeble. Jorgelina vive en Mar del Plata con su hijo de 8 años. Si bien tiene trabajo, los temores lógicos se imponen. Y su hijo se da cuenta. En torno a esto, nos cuenta: “Noto inquietudes, pero son más bien de cómo tomamos el problema los grandes. En este caso la preocupación mía de no perder el trabajo, de preocuparme por las cuentas, de la salud, y veo que él, al ser un niño que se informa, por ahí me habla de estadísticas que a él lo hacen estar tranquilo, pero por ahí sí percibe el malestar que una tiene, la angustia que hay días que no se puede ocultar. Por eso hablé con él y le expliqué mis miedos, mis intranquilidades”.

El combo de miedos, inquietudes e inestabilidad a la que como argentinos muchas veces nos acostumbrados, recrudece en medio de la pandemia y sus consecuencias. Máxime cuando a la situación se le suman imponderables, como la que le sucedió durante los primeros días a Sorsha: “Hemos perdido una tarjeta que usamos para pagar cosas por internet o envíos a domicilio. Nos terminaron ayudando los vecinos. Estuvimos como cinco días en que no teníamos un peso. Recién hace una semana que volvimos a la normalidad”.

Un bebé en cuarentena

Tal como venimos contando, a los niñxs y adolescentes les está costando adaptarse a estar encerrados. Sin embargo, hay algunos cuya edad es tan corta que, parecen ni darse por enterados de lo que pasa. Tal es el caso de los bebés. Juan y su compañera viven en Parque Chacabuco, junto a Lisandro de nueve meses. El padre nos cuenta que “si bien es un bebé que estaba acostumbrado a salir a pasear a diario podemos resolver la situación con actividades dentro de casa (adecuadas a su edad, obviamente). Él está todo el día con nosotros dos, así que parece estar pasándola muy bien”.

Con tareas repartidas entre ambos cónyuges, este aislamiento preventivo resulta de alguna manera una forma más intensa de vivir y disfrutar los primeros meses de su hijo, quien incluso ya les dio un par de buenas noticias. Según nos compartió Juan: “Con Lisandro todos los días tenemos anécdotas positivas. Pero hay dos que van a quedar como un recuerdo imborrable de cosas que pasaron durante la cuarentena: Lisandro se paró por primera vez solo; y, además, empezó a reconocernos mediante las designaciones de "mamá" y "papá".

La esperanza del fin

Según lo estipulado, el día 13 se termina este segundo período decretado el domingo 29 de marzo. Dependiendo de la evolución de los casos, de los contagios, las muertes, y de las múltiples variables que un problema de semejante magnitud acarrea, se terminará el aislamiento preventivo. O se flexibilizará. O se continuará. Hoy no podemos asegurar nada.

Por eso más que certezas, queremos transmitir deseos. Compartir las esperanzas y aprendizajes que, a pesar de esta desgracia, para muchos y muchas, afloró en estos últimos días. Aprendizajes como el de Lucía, quién no duda en afirmar que “aprendimos a valorar muchísimo más el trabajo de lxs docentes de todos los niveles”. Esperanza como la de Jorgelina, quien reflexiona: “Ojalá que a todas las personas nos sirva de algo este aislamiento, que entendamos que lo material hoy no nos sirve de nada. Hoy nos encontramos cuidando de nosotros, de los nuestros, y anhelamos salir más que nada para seguir compartiendo momentos con la gente que amamos”.

* La nota contiene lenguaje inclusivo por decisión del autor