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Sociedad //// 04.06.2021
El Marquesado, la historia de un negociado aún impune

Un artículo plagado de errores de La Nación (del periodista Facundo Di Genova) invita a contar con información la verdadera historia de una obra majestuosa construida en los 70 entre Mar del Plata y Miramar. Por Paula Viafora. 

Por Paula Viafora

El sábado 29 de mayo, el diario La Nación publicó un artículo cuyo título es “El Marquesado: la historia del monumental balneario argentino que terminó en la ruina” en referencia a una imponente construcción en forma de terrazas que está ubicada entre las ciudades de Mar del Plata y Miramar. Es un una zona de acantilados altos, 2 km al sur del Complejo Turístico de Chapadmalal. Este emprendimiento se promocionó a comienzos de la década del 70 a través de anuncios y propaganda en importantes medios gráficos y en la oficina de la calle Corrientes 1684 en el centro de Mar del Plata, se exhibía una monumental maqueta. Su creador fue Osvaldo Alejandro Morales.

Como cuenta la publicación hoy efectivamente se encuentra en ruinas, desapareciendo lentamente bajo el mar que golpea el acantilado de esa zona costera. Los motivos fueron varios y responden a diversas circunstancias que brevemente desarrollare a continuación. Es evidente que el escritor de la nota nunca estuvo allí y no profundizó las fuentes. Los comentarios de los mismos lectores del diario lo demuestran. Es más, muchos aportan información, como citas a pie de página, que son más informativas que el cuerpo de la nota en sí. Una pena, ya que la publicación podría haber tenido un real valor periodístico e informativo.

Resulta casi imposible hablar del balneario y no hablar del barrio “El Marquesado”, que se levanta del otro lado de la ruta 11, y que formaban parte del mismo proyecto. Un country club con balneario semi exclusivo y con acceso solo para los propietarios, club house, piletas, canchas de tenis, restaurante y proveeduría. La nota refiere a hechos que vinculan al lugar con la dictadura. Solo diré que ese tema forma parte de una investigación que vengo desarrollando desde hace más de diez años junto al prestigioso abogado marplatense Carlos Bozzi, autor del libro: “Luna Roja, desaparecidos en las playas marplatenses”, obra que cuenta con varias ediciones.

La investigación está en curso, por lo tanto no haré mayor referencia al tema, pero si vale la siguiente aclaración. Muchas veces, una lectura rápida de la información a la que se accede en internet hace confundir a los lectores. El Balneario sirvió de locación en el año 2004 de una película argentina del director Pablo Reyero. Un policial negro sobre tráfico de drogas, que en una escena muestra al padre del protagonista, cuidador del balneario, desenterrando un hueso humano y hay un diálogo en alusión a los militares. Equivocadamente, en las críticas a la película se afirmó que esos hechos habían realmente sucedido y el error se multiplicó. Toda esa zona estaba bajo el dominio de la Marina (la Armada Argentina) y se están investigando hechos, pero no los mencionados  Sí se puede confirmar que hubo allí en 1977, en la Confitería del Balneario, una reunión de la CNU (Concentración Nacional Universitaria), probado en varias causas judiciales de lesa humanidad, mediante un informe elaborado por la División de Contrainteligencia de la Base Naval de Puerto Belgrano.

Un poco de historia

En sus años de juventud, Morales había formado parte de la resistencia peronista junto a un personaje poco recordado, pero importante en su época, llamado César Marcos. En 1956 fueron detenidos, una semana antes del levantamiento del general Valle cuando militaban para el Comando Nacional, pero lograron salvar sus vidas. En la década siguiente, Marcos se relacionó y colaboró con Victorio Calabró, hombre fuerte del sindicalismo (vicegobernador de Bidegain desde 1973 y luego gobernador de la Provincia de Buenos Aires desde 1974 hasta el golpe del 76). Esta situación habría ayudado a Morales a adquirir las hectáreas que luego serían loteadas para formar el Barrio El Marquesado. Esto ocurrió en 1971. 

Para materializar su ambicioso proyecto, Morales constituyó con otros inversores tres sociedades comerciales: Sierra Leona SACIFA, Monteazul SA y Merval SA, aunque siempre se hizo referencia solamente a Morales como creador. Originalmente y desde el siglo XIX, toda la franja costera por donde hoy pasa la ruta 11, pertenecía a la “Estancia Santa Isabel”, propiedad de la familia Martínez de Hoz. En 1937 la provincia expropió la zona costera para tender la ruta y la vía férrea, lo que motivó que la familia inicie un juicio contra el Estado provincial. Tan solo con leer una de las placas que aún permanecen en las derruidas paredes del balneario, en 1975 se otorgó el permiso para construir el balneario, que se inauguró en 1977. En ese mismo año, el gobernador Saint Jean obligó a Sierra Leona a devolver el predio del Balneario a la provincia y sólo otorgó un permiso precario de explotación por dos años más. Es decir que la inversión millonaria en dólares para dinamitar el acantilado y construir las terrazas no fue amortizada y menos recuperada.

El barrio

El manejo de la venta de los lotes y sus consecuencias que se extienden a la actualidad son realmente lo que merece destacarse a través de una nota periodística. Mediante la estructura propagandística, los diarios de la época describian: “Las terrazas al pie del Atlántico son un incentivo para formar parte de la legión de visionarios que recorrieron con la empresa el camino exento de dificultades que habría de convertirlos en los privilegiados propietarios de esas tierras”. Todo esto fue el marco para llevar adelante una premeditada estafa, aún impune. El negocio era vender los lotes en cuotas. Los adquirentes recibian  un boleto preimpreso y una chequera. Cada mes pagaban la cuota en las oficinas de Sierra Leona en Mar del Plata o Buenos Aires, en la calle Córdoba 1233. También pagaban expensas por la mantención del barrio, postes de alumbrado, corte de césped etc. Esa facultad de cobro, que se arroga la empresa por 30 años, a pesar de que el country, como estaba pensado, nunca se llegó a formalizar, la siguió ejerciendo  hasta bien entrados los 2000, cuando los vecinos empezaron advertir a quienes aún pagaban que el derecho ya había caducado.

Si algún propietario quería vender, la cesión de boleto se hacía a través de la empresa, Los mismos tenían pacto de retroventa, es decir había obligación de ofrecer primero las empresas el lote a vender. Motivos que nada tienen que ver con el clima, la distancia a la ciudad o la falta de arena en la playa, como dice la nota de La Nación, dieron comienzo al declive del proyecto pero no al negocio de Morales y sus socios. La situación económica provocada por la dictadura, el hecho de que el country prometido nunca se concretó, la playa que, en manos de la provincia, ya no fue mantenida ni cuidada marcaron el comienzo del fin. Algunos compradores, que al finalizar sus pagos quisieron escriturar se encontraron con deudas impositivas que Morales decía no poder cancelar. Eso sí, puntualmente mandaban la facturación por expensas, aunque de a poco, la presencia de Sierra Leona en el barrio se fue esfumando y el deterioro y abandono fue progresivo. Morales cambió de rubro, se dedicó a comprar equipamiento médico y poco después enfermó y murió. Las empresas Monteazul y Merval desaparecieron, subsistiendo solo Sierra Leona. Muchos dueños de lotes, atrasados en impuestos y en expensas, volvieron a ceder los lotes a los vendedores y perdiendo todo el dinero abonado.

En conclusión, recibieron mucho dinero por algo que jamás vendieron en realidad ya que desde el comienzo del proyecto, la mitad de los lotes del barrio siguen teniendo como titulares en el Registro de la Propiedad Inmueble de la Provincia de Buenos Aires, a una de las tres empresas. Solo escrituraron los que pagaron al contado al comienzo del proyecto, los demas jamas pudieron hacerlo.

Situación actual

Hoy, el barrio progresa lentamente ya que la venta de propiedades sin poder escriturarse resulta compleja. De todos modos, como es una zona de gran belleza y mucho potencial, hay nuevos intereses sobre ella, otra vez no del todo legales. En la zona, la historia es conocida, se sabe que hay lotes abandonados y algunos particulares y alguna inmobiliaria de dudosa reputación intentan hacer negocio con ellos. Hace algunos veranos varios incendios en el bosque casi inhabitado que enmarca la zona más alejada de la ruta, consistieron sin duda en un nuevo motivo para no simpatizar con el barrio. 

Sierra Leona se convirtió en una sociedad unipersonal cuyo titular es un ser misterioso que insiste en que nada puede hacer para lograr regularizar la situación de las propiedades y que además, dice haber sufrido un robo que lo despojó de todas las escrituras.

La sucesión de Osvaldo Morales entra y sale de “paralizados” en el Juzgado Civil de CABA donde tramita desde 2003. Su única hija y heredera no parece tener apuro en su finalización.

Mientras tanto en los juzgados de Mar del Plata se acumulan los apremios contra las tres empresas titulares de los inmuebles por deudas en  ARBA y la municipalidad de General Pueyrredon. Hace años que se renuevan embargos sobre los inmuebles pero no se ejecutan, situación que también deja pensando... Cada tanto, algún particular intenta accionar por escrituración sin éxito hasta donde se sabe.

Lo cierto es que la faraónica construcción de la playa se está hundiendo en el mar; un gran negociado aún impune. Queda para otro artículo el tema de la dictadura para cuando finalice nuestra investigación. Como si todo lo relatado fuera poco, también esos fantasmas habitan el barrio.