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Cultura
06.09.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo)
Primero vino Uriburo
Diciendo: yo lo acomodo
Pero lo arregló de un modo
Q’uera mejor el barullo.
Dejó arreglado lo suyo
Y empeoró lo de todos
 
Arturo Jauretche
El paso de los libres
 
 
El 6 de septiembre de 1930, cuando el general José Félix Uriburu entraba en la Casa Rosada encabezando la marcha de los cadetes del Colegio militar, muchas cosas terminaban y muchas otras comenzaban en la Argentina. Algunos historiadores hablan del 6 de septiembre como del primer golpe militar, pintando el período que corre entre la batalla de Pavón, en 1861, y 1930 como un largo tiempo de estabilidad institucional, en que la democracia no fue conmovida por intervención militar alguna. Sin embargo se trataba, en todo caso, del primer golpe militar  triunfante, y más precisamente, del primero del siglo XX.
 
La Causa y el Régimen
 
El Granero del Mundo, pese a sus instituciones pretendidamente republicanas, era gobernado por la misma oligarquía terrateniente que manejaba el poder económico. El rémington y los ferrocarriles habían permitido que el Ejército de línea terminara con las montoneras, y los hijos de los gauchos federales debieron guardar la lanza y los recuerdos de sus viejas luchas o soportar el castigo de la frontera donde se matarían mutuamente con los indios, como tributo a la civilización. Es lo que relata José Hernández en su Martín Fierro.
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Los inmigrantes, llegados por la atracción de la prosperidad económica y el espejismo del fácil acceso a la tierra, no tenían expectativas políticas, de modo que no fueron obstáculo para el régimen oligárquico. Pero, con el tiempo, sus hijos, que no soñaban con el regreso al país de sus padres y sentían la Argentina como propia, reclamaron una participación política que no era legítimo negar. La Unión Cívica Radical y su caudillo, Hipólito Yrigoyen, enmarcaron la exigencia, sumándolos a los hijos de los viejos federales, que ahora reemplazaban la lanza por la libreta de enrolamiento.
 
Yrigoyen era  un caudillo que conservaba mucho de los que habían conducido a los montoneros federales, con un patriotismo que se oponía a la condición  semicolonial del régimen, al que enfrentaba desde el principio de la voluntad popular.
 
Tras la ley Sáenz Peña, los gobiernos radicales de Yrigoyen (1916-1922), Marcelo T. de Alvear (1922-1928), y nuevamente Yrigoyen desde este último año, serían tolerados de mala gana por la oligarquía., cuyo poder económico no había sido afectado. Diversos factores acabarían con su paciencia y con la de otros actores que llegarían a la escena política en 1930. Y que llegarían para quedarse.
 
El militarismo
 
Los militares no habían estado ausentes de la vida política. Desde las Invasiones Inglesas, los  patricios en la Revolución de Mayo, y las revolucionarios de 1890, 1893 y 1905, los uniformados no habían mirado la política desde afuera.
 
Sin embargo, algo de nuevo había desde el comienzo del siglo XX. Hasta entonces lo habían hecho encuadrados en partidos políticos, y siguiendo a caudillos más o menos carismáticos. Eran alsinistas o mitristas; roquistas o yrigoyenistas. Los militares del 6 de septiembre, en cambio, fueron producto de la reforma del ministro de Guerra de Roca, coronel Pablo Ricchieri. Su presencia suponía la aparición de un fenómeno nuevo: el militarismo.
 
Sarmiento fue el primer presidente que quiso profesionalizar las fuerzas armadas. Creó el Colegio Militar y la Escuela Naval, para una eficiente formación de los oficiales. Ricchieri formó el ejército moderno. Su marco legal fue la Ley Orgánica del Ejército Nº 4031, su modelo el ejército alemán, su oportunidad, el peligro de guerra con Chile por el diferendo limítrofe.
 
El nuevo ejército sería “profesional”. Los militares abandonarían la política.. A ésto se agregó una actitud de menosprecio. El político se valía de tretas y artimañas  non sanctas para alcanzar sus objetivos. Todo lo contrario del honor militar, propio de hombres consagrados al servicio exclusivo de la Patria, hasta el punto de perder la vida. Alguna vez Carlos Pellegrini había dicho que el militar “viste de otra manera (que la del civil), hasta habla y camina en otra forma” . Pero también se formaba en un internado, desarrollaba sus tareas en un cuartel, se entretenía en un “casino”, y muchas veces se casaba con la hija de un superior o la hermana de un camarada, por lo que se movía en un microclima que, a lo largo de las décadas se fue haciendo más impermeable a toda influencia civil.
 
Pellegrini agregaba que “a él le confiamos nuestra bandera, a él le damos la llave de nuestras fortalezas, de nuestros arsenales; a él le entregamos nuestros conscriptos... Con una señal de su espada se mueven nuestros batallones, se abren nuestras fortalezas,  baja o sube la bandera nacional. Y toda esta autoridad, todo este privilegio se lo damos bajo una sola y única garantía: bajo la garantía de su honor y su palabra. Sarmiento decía que ‘El Ejército es un león que hay que tener enjaulado para soltarlo el día de la batalla’ Y esta jaula, … es la disciplina,... y sus fieles guardianes son el honor y el deber. Ay de la nación que debilite esa jaula,...que haga retirar esos guardianes: pues ese día se habrá convertido esa institución, que es la garantía de las libertades del país y de la tranquilidad pública, en un verdadero peligro, en una amenaza nacional.”
 
Pero si Pellegrini intentaba enjaular en la disciplina a los militares, no faltó el poeta que exaltara su condición de nueva aristocracia por haber “sonado otra vez, para bien del mundo, la hora de la espada”. Leopoldo Lugones afirmaba que ésta “implantará la jerarquía indispensable que la democracia ha malogrado hasta hoy, fatalmente derivada, por que es su consecuencia natural, hacia la demagogia y el socialismo.”
 
Las palabras del poeta cordobés encontraron algunos oídos bien dispuestos entre los uniformados. La convicción de la superioridad de los militares y su destino de nueva aristocracia se fue formando con las décadas. Esta convicción, más que un presunto fascismo, impulsó la conducta de los uniformados, bien que con distintas tonalidades ideológicas, en los gobiernos de 1943, 1955, 1962 y 1966. Hasta culminar, con una trágica concreción que, queremos creer que el poeta no hubiera suscripto, en 1976.
 
 
La crisis de Wall Street
 
No podemos entender los hechos de 1930 sin conocer sus causas externas. La economía argentina había entrado en la crisis terminal para el sistema vigente. Era universal y repercutía la dependencia que teníamos con el exterior.
 
Al terminar la Primera Guerra Mundial, en 1918, el esquema centro-periferia de la división del poder económico había incorporado un nuevo componente. Los Estados Unidos salieron convertidos en los mayores inversores y los mayores acreedores. En 1918 los ingleses, franceses, italianos y sus socios estaban muy endeudados con el joven gigante. A su vez, los países vencidos, condenados como "culpables" a pagar las costas de la guerra, lo estaban mucho más. De ahí que si las potencias europeas seguían siendo "centro" de las colonias y semicolonias de la periferia, ahora aparecía un "centro” del "centro" en la potencia americana.
 
Los años de posguerra fueron de prosperidad en los Estados Unidos. Esta se tradujo en crecimiento industrial, altos depósitos en los bancos y grandes inversiones de pequeños y medianos ahorristas que dispararon hacia el cielo el valor de los títulos y acciones. Pero la producción marchaba más rápido que la capacidad de consumo del mercado. No era la exportación una solución en el mundo hambreado de la posguerra. Los stocks crecieron vertiginosamente. Esto obligó a bajar la producción, lo que trajo desocupación y caída de salarios, con lo cual la capacidad de compra del mercado disminuía aún más. El círculo vicioso llevaba al paro industrial.
 
Una chispa de desconfianza movilizó a los tenedores de acciones hacia la venta. Los precios empezaron a bajar hasta convertirse en caída libre cuando la desconfianza derivó en pánico . Lo mismo pasaría con los bancos. Los ahorristas comenzaron a retirar sus depósitos, y el proceso llegó al paroxismo cuando las cajas se quedaron sin billetes. Con la quiebra de los principales bancos, la crisis llegó al clímax.
 
La economía norteamericana comenzó entonces a reclamar el pago de las deudas y a retirar las inversiones en el exterior. De ese modo, la crisis cruzó el Atlántico y llegó a las devaluadas potencias europeas. De ellas se trasladaría a la periferia. La crisis llegó de Inglaterra a la Argentina. Entre 1929 y 1932 nuestras exportaciones cayeron violentamente. “Los servicios del capital extranjero" que habían representado entre "1925 y 1929 el 21,9% de la capacidad de pagos exteriores, pasaron al 37,4% para el quinquenio 1930-1934
 
No estaban las cosas para seguir soportando al radicalismo. Figuras del patriciado que no creían en la democracia -gobierno de la chusma y de los demagogos- y que se sentían admirados por el orden establecido por las dictaduras europeas, y jóvenes nacionalistas que suponían que solo la conducción de un caudillo como Primo de Rivera, Mussolini o el mismo Hitler, podían salvar al país de la decadencia y de la crisis buscaron un salvador. Algunos creyeron encontrarlo en un general salteño y simplote que portaba bigotes de largas guías.
 
El fascismo uriburista
 
Uriburu tenía un poder relativo sobre su revolución. Este se hallaba acotado por los factores de poder que habían apoyado al derrocamiento del Peludo, pero que desconfiaban de las inclinaciones "fascistas" del general.
 
No deja de ser cuestionable tal calificación. El general no creía en la democracia, un sistema caótico manejado por demagogos venales. El pueblo, en su opinión, no estaba capacitado para gobernar  y debía obedecer a quienes habían nacido para mandar. No en vano era miembro de una familia tradicional de Salta, y  formado en una institución verticalista como el Ejército. Para colmo, el poeta Leopoldo Lugones había bendecido con su Hora de la espada el rol de los uniformados en una futura Argentina post democrática.
 
Sin embargo, poco entendería Uriburu del fascismo. Sólo admiraba su autoritarismo y su desprecio por la democracia. Más intelectual había sido la formación de los jóvenes "nacionalistas" que lo acompañaron en las horas de conspiración, ya que no en las de gobierno.
 
Se iniciaba una etapa en que a la dictadura seguiría y el fraude, y se renovaría nuestra condición colonial con Gran Bretaña del que sería modelo el Tratado Roca-Runciman. José Luis Torres la bautizó La Década Infame. (Agencia Paco Urondo)
 

24.08.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) “Señor don Tomás, no venga a V. con su sonrisa cachumbera a hacerse conmigo el Catón y privarme del sólo placer que me resta, es decir, el de recrearme la vista pues en cuanto a lo demás, Dios guarde a V. muchos años.”  
Estaba terminando mi carrera y el profesor de Seminario de Historia Argentina, Gabriel Puentes, me mandó a trabajar al Archivo General de la Nación con la misión de Tomás Guido ante la corte de Brasil, entre 1841 y 1845. Me apasionaba el tratamiento que en su correspondencia, y en particular en la que mantenía con San Martín, daba a los temas políticos. Pero cuando me encontré con una carta en la que ¡el Padre de la Patria!, ¡El Santo de la Espada! hablaba del “carácter y sus maneras dulces como caramelos” y de los “bellísimos ojos” que lo apasionaban “¡a las 64 navidades!” , no pude menos que copiar textualmente la carta en que hablaba de una señora de Lisboa, que viajaba con su marido por Europa y lo había visitado por recomendación de don Tomás.
 
Copié la carta, y la guardé por décadas en mi escritorio. Nunca tuve la menor iniciativa para publicarla. Yo era un estudiante, y luego un profesor joven y solemnemente desconocido, pero ¿Por qué no se la llevé a Puentes para que la publicara y, aunque sea, me mencionara como colaborador? Lo cierto es que, por fin, la carta se me perdió en alguna mudanza. Cuando la vi publicada por Pasquali, sufrí un nostálgico ataque de envidia. No se, no creo, haber sido el primero en leer ese legajo, pero estoy seguro que en 1965 nadie lo había publicado. Sólo me quedó el consuelo de aconsejar a mis alumnos que no cometieran la misma estupidez que yo. Y el agradecimiento a Pasquali por haberme reencontrado, 35 años después, con un texto que mal recordaba de memoria.
 
Pero no se trata de excederme en lo autoreferencial y copiar al Stalin del cuento del monumento a Gorki, que sólo aprobó aquel que mostraba un Iósif Visariónovich Dzhugashvili  gigantesco leyendo un pequeño librito del escritor. El estudiante de entonces se enteró de que San Martín, a quien siempre había venerado, era de carne y hueso. Y que le gustaban las mujeres –los ojos y el carácter, al menos- sin preocuparse por el estado civil de ellas, porque él era viudo.
 
Tal vez Galasso, en su gigantesca obra tan bien titulada –Seamos libres y lo demás no importa nada- sea quien mejor se ha adentrado en la descripción del San Martín niño, joven, adulto, militar y político. Más allá de su excesivamente firme convicción de su origen mestizo, que no parece estar comprobado y que se me ocurre que en Norberto prima una expresión de deseos.
 
Ese gallego, que había nacido por casualidad en estas tierras, pero que no tenía tonada correntina, y que se había formado en el Ejército del Rey, combatiendo moros y franceses, llegó a estas tierras cuando España había caído para siempre. Porque hoy sabemos –con el diario del lunes- ventaja que tenemos los que escribimos sobre el ayer, que los españoles terminaron por correr a los franceses, y que Napoleón fue derrotado en Waterloo. Pero ¿quien podía en 1812, en España, en América, en el Mundo, pensar que el Corso no se había adueñado de la península para todos los tiempos?
 
El espíritu de la tierra, del que hablaba Scalabrini Ortiz, otro correntino, se adueñó del joven oficial, y más allá de las razones ideológicas que lo movieran, se enamoró de esta tierra, de esta parte de su Patria Americana, y entregó su vida, su larga vida para los parámetros de entonces, para defenderla.
 
Se alejó del Perú, dejando en manos de Bolívar la conclusión de la tarea que él no podía terminar por la traición de los mercantilistas porteños. Ofreció con absoluta convicción sus servicios a Juan Manuel de Rosas ante la guerra colonialista de 1838. Es un clásico su emoción ante la gloria de Obligado. Y legó su sable al Restaurador, en su testamento “como una prueba de la satisfacción que como Argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los Extranjeros que trataban de humillarla. “Satisfacción que se afirmó después de haber estado preocupado, no por que temiera que Rosas fuera a aflojar un tranco de pollo, como solía decir él y como dice, afortunadamente, alguna figura que huy honra nuestra Patria. Al contrario. Le decía a Guido en una carta en que no hablaba de bellas brasileñas, “mis temores en el día son el que esta firmeza se lleve más allá de lo razonable”, y en carta al mismo gobernador de Buenos Aires agregaba de su preocupación de que “no tirase usted demasiado de la cuerda de las negociaciones seguidas cuando se trataba del honor nacional.”
 
Hoy recordamos una vez más al Libertador, y lo hacemos con orgullo. Hace pocos días, en Santa Marta, Colombia, tuvimos una prueba más -¡Y que prueba!- de que su espíritu y el de Bolívar está presente en nuestra América. (Agencia Paco Urondo)

18.08.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, en Redacción Popular) No es ocioso recordar dos modos muy opuestos de responder frente a idéntico planteo formulado por el periodista atávicamente golpista Mariano Grondona. El sedicioso escriba, siempre al servicio de la reacción, interpeló con casi dos décadas de diferencia a Horacio Verbitsky y al impresentable Pino diciéndoles casi las mismas palabras: “cada día me siento mas cerca suyo”. Cultor de la ironía más fina, el redactor de Página 12 corrió hacia atrás su silla horrorizado con la posibilidad de mezclarse (aunque sea espacialmente) con el cavernario comunicador. Solanas permaneció en silencio dando crédito una vez más al viejo refrán “el que calla otorga”. Y el día 16 de agosto de 2010 se vivió un nuevo episodio de otorgamiento por parte del veleidoso cineasta, cuando abrió la jaula para comenzar el camino para un acuerdo…con Elisa Carrió..
Pero antes de fundamentar nuestras aseveraciones digamos que la mansedumbre y quietud de Solanas obedece menos a una lentitud de reflejos- que no puede resultar extraña en un septuagenario- si no más bien al reconocimiento realizado por la contribución (mediática) que el poder económico le brindó al director de “La hora de los hornos” en su ascenso político verificado en las elecciones del pasado año 2009. Un hilo conductor une su actitud vergonzante frente a la (cuasi) pornográfica actitud de Grondona, su silencio frente a la depredación sojera (¿o la tierra no es un recurso natural?), más la ausencia de denuncia alguna contra las apropiaciones clarinudas. Nos referimos, claro está, a los dos hijos sustraídos a sus padres y a la justicia por el poderoso grupo mediático de marras y a la empresa “comprada” en un precio más que simbólico en la propia mazmorra donde torturaban a su propietaria. En semejante contexto. ¿Quién puede declararse sorprendido por una alianza con Carrió y el carnaval de impresentables que funge como su séquito político? De todos modos, un día después de haber declarado que “Coincidimos en muchos aspectos” y que la “Coalición Cívica tiene legisladores estupendos” reculó diciendo “Estamos lejísimos de una alianza".Tal vez haya recibido más de una “caricia” por su incontinencia verbal develada antes de tiempo. O tal vez se tratase de una búsqueda de materiales para nuevos documentales. En tal caso podemos sugerirle títulos de incuestionable creatividad y fuste: “Patricia Bullrich. Una Evita posmoderna”; sería un éxito de público “Fernando Iglesias o como ser nacional, popular y lacayo imperialista simultáneamente”; abriría nuevos rumbos para la narrativa cinematográfica y “Alfonso Prat, un neoliberal nacional y popular” podemos asegurar que completaría una trilogía para la cual sugerimos un título tan nac. and. pop como “We love Usamerica”. De tal modo, Solanas rendiría el homenaje a los “legisladores estupendos” de la coalición cínica y golpista, socios suyos del Grupo A en el intento de desestabilizar al gobierno nacional. Lejos está el tiempo en que el director cinematográfico era un adalid de la Unidad latinoamericana. Ahora considera “legisladores estupendos” a quienes quieren hacer creer que la alianza estratégica de nuestro país con Venezuela es una asociación mafiosa. Y se negaron a hacer públicos los dichos realizados en la declaración del denunciante diplomático lopezregiano Eduardo Sadous; con lo cual hubiera quedado al descubierto la patraña pro-imperialista urdida por Carrió y demás secuaces. Por otra parte, ¿la recién citada es parte de los “estupendos legisladores? En caso de ser afirmativa la respuesta Solanas debería dar alguna explicación al pueblo venezolano; ya que la estupenda diputada ha motejado de fascista al comandante Hugo Rafael Chávez Frías en cuanto micrófono se la ha cruzado y no son pocos precisamente. No es posible ser amigo de los pueblos que combaten contra el imperialismo y llevarse de maravillas con los corifeos políticos y mediáticos de la reacción.
 
Otra de las máximas que hipotéticamente estuvieren contenidas en el manual de acción política popular, al que hiciéramos referencia al comienzo de esta nota, alude a la necesidad de golpear siempre al enemigo: esto es la oligarquía, los monopolios y el imperialismo. Puesto en el plano electoral semejante axioma puede leerse como en que lugar perjudico con más eficacia a los enemigos del pueblo. Como candidato a presidente Solanas no puede figurar. Pero puede quitarle algún margen de sufragios a la candidatura (pingüina o pingüino) del F.P.V. y contribuir para impedir el triunfo de la citada coalición progresista. Por el contrario, en caso de competir por la jefatura de gobierno porteño cuenta con serias posibilidades de arrebatarle el sitial a la derecha PRO. Como es habitual, Solanas parece encaminarse a escoger la primer opción; como casi siempre funcional a la derecha. Lo dicho, Pino que se entierra solo no sirve ni para hacer asado. (Agencia Paco Urondo)

17.08.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, en Página 12) Borges, un ser irónico por naturaleza, nunca dejó de explorar los límites del lenguaje político. El ironista consumado es el que se lanza a hablar sin medir sus palabras y sus consecuencias. Quien no mide sus palabras, pero las enfunda en un uso reversible de los conceptos, hiere con efecto retardado y enigmático. Así actuó Borges toda su vida, con lo que él mismo denominó “los juegos irresponsables de un tímido”, para poner toda su literatura como un entretenimiento que partía ni más ni menos que del profundo estado de situación del lenguaje en una sociedad histórica determinada.

Todos los que lo leyeron literalmente están en su derecho de sentirse ofendidos o de tentarse a emplear con él su misma medicina, que difícilmente llegue a la cumbre de esa arte inventada que de ese mismo modo pocos manejarán: la injuria de combate dicha en estilo distraído, aristocrático y diferido. Es lógico que en especial el peronismo se haya sentido agraviado con las numerosas declaraciones que hizo Borges respecto del “hombre capaz de todos los males”, así como el demócrata común y corriente, en su sentido común básico, quizá no supo sentirse tan molesto con el descabellado juicio de Borges sobre “la democracia como un abuso de la estadística”. Predominaba en él el deseo de frasear lo incontenible. La incontinencia de Borges es un regodeo sutil con el idioma; nunca una persona notable pudo ser más perjudicada por su incontinencia, una maña que ya había condenado Aristóteles en la Etica a Nicomaco. Como buen anarquista conservador, nunca se privó de tocar ningún objeto venerable de las culturas populares. Sobre todo las del peronismo, frente a las cuales hizo el papel de gran profanador.
Es indudable que aún es necesario preguntarse qué hacer con él en la significación más genérica de su literatura y su vida. En el enorme volumen recientemente publicado post-mortem, el Borges de Bioy Casares, hay un formidable desnudamiento de su figura, que lo muestra poseedor de una teoría estética magnífica, pero dicha en forma entrecortada, dañina y deliberadamente desdeñosa. Casi siempre herética y extrañamente devocional de cultos minoritarios, pero vistos con severa imaginación, que acaso no fuera soportada ni por su propio autor. El de Bioy es un libro formidable y quizás equivocado. Pero está allí la historia argentina en sus heridas fundamentales: fusilamientos, golpes de Estado, miedos, conspiraciones, estados mayores literarios participando de toda clase de conjuras y de políticas de premios literarios, entregados siempre con mordacidad y pequeños cálculos de cenáculo.
Una actividad civil y resignada –como el mismo Borges diría– para resolver sobre su trayectoria pública en el máximo nivel de la potencialidad interpretativa que su figura hoy permite –hay que destacar el gran ensayo de Viñas de los años ’80, “Borges y Perón”–, exige considerar que su literatura reintroduce, de un modo extraordinario, todos los temas sobre los cuales opinara políticamente, en muchos casos de un modo desastrado. Y esta reabsorción en su literatura “de traidores y héroes” de todos aquellos temas políticos sobre los cuales se pronunciara, lo hace quizás el único caso de la literatura argentina en que un autor puede ser leído como un caso eximio de refutación de sí mismo.
El acto de lectura de Borges equivale a entrar en su corazón secreto que lo anula a sí mismo, pero también le exige al lector ser otro. Muchos lo saben, y forman parte de una gran legión de lectores mundiales (seamos amplios y polares con las denominaciones) de derecha y de izquierda, libertarios y autoritarios, peronistas y gorilas, aristocráticos y plebeyos. A todos estos modos de lectura afecta y redime, haciéndoles diversos y alternativos a ellos mismos.
Ahora bien, las fuerzas del trabajo y de la producción. Las de la emancipación y las de la invención de nuevas tecnologías productivas. Las fuerzas políticas ligadas al peronismo en sus numerosas variantes –y los movimientos obreros en general–, todas, todas ellas, fueron afectadas de diversa manera por la presencia de Borges, el “tímido irresponsable”. Era y es un indicio del poder de su literatura. No puede ni debe resolverse la paradoja de su existencia, que arrastra, confirma y niega las figuras de Jauretche, Manzi, Ernesto Palacio, las Madres de Plaza de Mayo y todos sus contrarios, sino como una gran obra alocada de un Shakespeare argentino, como si fuera una broma de Mario Sapag –su imitador– contada por Faulkner en Las palmeras salvajes y recitada por Discepolín. Un canto de los ’70, “Borges y Perón, un solo corazón”, Borges lo comentó con simpatía en las cenas con Bioy. Era la simpatía del que vivía a contramano de la historia, como golpista y libertario, como emancipador y cautivo, pero todo eso ocurriendo en canales profundos del ser social. En 1973 se negó a tomar un café con Jauretche, omitiendo con esa reconciliación de los dos grandes yrigoyenistas y criollistas un capítulo que hubiera reescrito buena parte de la historia literaria argentina. No evitó mezquindades de arrogante imberbe, mientras meditaba sobre el alucinado secreto de sangre de la historia nacional.
El truco, el tango de la época de “El Choclo”, el fileteado, la gauchesca como una posibilidad de vanguardia, la quiebra de la temporalidad racional de la historia, son flechas borgeanas que señalan quizás alienadamente todos los problemas argentinos, al revés de tantos y tantos no alienados y pretendidos ciudadanos juiciosos, correctos en su expresión política, pero que no atinan a señalar problema alguno. Borges no puede ser convertido en un icono, ni puede serles indiferente a los obreros argentinos y a las herederas de Emma Zunz, la obrera, o de Fergus Kilpatrick, el jefe ambivalente del movimiento nacional irlandés.
Que se lo vitupere no trae problema para el gran vituperador Borges, que elevó ese modo de expresión a la altura de una épica del lenguaje de los argentinos. A las fuerzas vivas y militantes de la sociedad argentina, estudiantes, trabajadores, sindicalistas, intelectuales, les está reservada una tarea que siempre comienza y siempre cesa en el mismo punto. Historiar a Borges, que lógicamente puede ser condenado. Y también borgeanizar el linaje político social argentino, que puede así adquirir notas nuevas, con nuevas posibilidades de movilización. Para ello no es necesario citarlo, apenas sospechar las ironías del destino que todos tenemos reservadas.
Leerlo sigue siendo terrible, es un oficio para aventureros de la lengua y soñadores del cambio social. Los oficiantes de una condena previa inadecuadamente desplegada no deben privarse de adentrarse allí, porque es ahí que subyacen también sus existencias. Que origine humoradas, no es problema: su figura pública televisiva lo permitió, pues fue el gran clown de los oscuros simbolismos argentinos, y cuando tuvo que decirles cobardes a quienes lo merecían, acertó póstumamente dándole un giro más a su figura pública doliente. Por lo demás, siempre es tarde, para él o para nosotros, para desdecirse. Falta una gran tarea historiográfica adicional sobre su trayecto social y lingüístico; y faltan nuevos libros sobre el tema. La reciente publicación de Borges, libros y lectores, de la Biblioteca Nacional, es un paso gigantesco en dirección al crecimiento de la crítica borgeana.
Que su nombre surja siempre como si fuera el de un ser ajeno sometido a mordacidad o repulsión, son signos de estos tiempos donde todo vuelve a estar en discusión. En buena hora que al antiguo yrigoyenista Borges le broten alrededor, como espigas urticantes, nuevas humoradas, que podrán demostrar –y no creemos estar equivocados al decirlo– que esta época está en condiciones de releerlo todo, que la historia argentina puede ser también un magnífico tribunal literario renovado, y que las relaciones entre historia viva y ficción escrita no han agotado sus vaivenes. Contra o a favor de Borges crece el pensamiento crítico. Ahí las tradiciones que más lo han enfrentado, las nacional-populares, pueden renovar en nuevos duelos la práctica más importante que le reconocemos al oficio político, la atracción para sí de lo más asombroso que ni siquiera el otro, los otros o lo otro sabían que poseían. Poco falta para que sean sus adversarios quienes mejor lo lean y renueven un legado. No podemos sino marchar con estas tareas a la transformación de los aires simbólicos y populares de la historia argentina que estamos viviendo aquí y ahora. (Agencia Paco Urondo)

17.08.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Cuando la política es apenas la búsqueda del poder circunstancial no hay alianzas que perduren. Tampoco son duraderos los acuerdos cuando los mismos se celebran entre dirigentes que hacen política sólo al son de sus propias oscilaciones y cambios de humor. Y no existen proyectos políticos valederos que se puedan construir a la sombra de los intereses económicos de los grupos de poder, sencillamente porque el poder económico no sabe de lealtades, sino que se mueve pura y exclusivamente con la finalidad de maximizar ganancias. Muy probablemente en este párrafo estén al menos algunas de las razones de lo que está ocurriendo en el escenario político actual. Los que ayer –y sobre todo después de las elecciones de junio del año anterior y de la asunción del nuevo Congreso– aparecían como firmes aliados, hoy tratan de mantenerse a flote en el mar de las contradicciones. El Acuerdo Cívico y Social está jaqueado en sus bases, entre otras razones porque la diputada Elisa Carrió pregona coincidencias, pero es incapaz de traducirlas en acciones políticas. No debería extrañar a la luz de su trayectoria. Washington Uranga. Periodista.
Es necesario asegurar la alternancia para que no haya un tercer período del kirchnerismo.
Fernando De La Rua, Recordado ex Presidente de la Nación.
 
En la siguiente nota serán analizadas brevemente las causas del nuevo episodio de opereta berretona protagonizado por la inefable Elisa Carrió, que ha agudizado la crisis por la que atraviesa la denominada “oposición” (al proyecto nacional y popular) en general; y el (des)Acuerdo Cínico y Social, en particular. Si se tratase de reseñar los desvaríos que nacen del coprodispersor oral de la mediática republiquienta sería menester recopilar varios volúmenes; por lo cual nos limitaremos a un somero comentario del último y sonoro acto enmarcándolo además en sus coordenadas fundamentales.
 
El contexto general resulta irrefutable: las distintas tribus del aquelarre opositor pueden unirse en su afán desestabilizador del gobierno Kirchnerista; pero luego se escinden irremediablemente porqué sólo aceptan la unidad en la medida que los demás dirigentes queden subordinados a que cada cacique ocasional resulte “primus inter pares”. Y nadie se baja de su figuración personal, por lo tanto predomina la disputa. Además, luego de lograr la relativa derrota del gobierno en las parlamentarias del 2009 (con el irreemplazable apoyo incondicional de los grandes medios) pecaron por pretender vender la piel antes de dar caza al animal de marras. Dieron por muerto al proyecto nacional y el deceso sólo existía en sus discursos. Durante la transición al nuevo parlamento, El Frente para la Victoria se anotó resonantes triunfos que se anotan entre las grandes victorias populares. También luego de la instalación del congreso surgido de los comicios. Y sus derrotas fueron celebradas bullangueramente por los peores enemigos del pueblo. He aquí la línea central estratégica de la política argentina actual: los grandes enemigos de los Kirchner son irreconciliables con toda perspectiva popular. No se trata que cada militante deba ser necesariamente seguidor del elenco gubernamental. Pero el que no comprenda adecuadamente la magnitud de la contradicción enunciada y favoreciere el triunfo del poder económico será un idiota (in)útil al servicio de la reacción; eso si, desde la izquierda nacional y popular o extraplanetaria.
 
Enunciado el contexto más general pasaremos a analizar la conducta de Elisa Carrió. La dirigente chaqueña- porteña por adopción- más que a menudo confunde la acción política con el arte dramático desarrollado en un set televisivo. En tal sentido su coincidencia con Mauricio Macri resulta más que evidente. Para ello ambos cuentan con la complicidad de una vasta legión de periodistas complacientes, con la glándula de la repregunta amputada. Y, tal vez muy a su pesar, Carrió resulte una émula desde la derecha del conocido teórico neo-anarcoide John Holloway, quién formuló la célebre (y ridícula) tesis consistente en que para realizar una revolución es preciso no tomar el poder. En efecto, la doctora Carrió (aparentemente) intenta el siempre muy complejo arte de la construcción política. Pero basta con que haya sembrado un muy pequeño terreno, para que ella misma se arroje con toda la potente fuerza de su robusta humanidad para destruir el esfuerzo que no le pertenece en exclusividad; ya que también es de muchos militantes que han aportado tiempo, esfuerzo y sacrificios personales. Su acción de romper con el Acuerdo Cívico y Social, sin esperar ni siquiera la veintena de jornadas que había prometido para tomar una decisión, la emparenta por un lado con Holloway; ya que- por poco que se lleve del referido espacio- se aleja ella misma de cualquier cercanía con un cargo ejecutivo y debilita al Pan-Radicalismo en su carrera hacia la Rosada. Como decía un taxista, “esa mujer si gana la presidencia, renuncia al día siguiente”. Y por el otro, la convierte en ridícula protagonista de una opereta bufa cuyo libreto ha sido realizado por personajes de la prosapia de Mariano Grondona, Joaquín Morales Solá o Eduardo Van Der Kooy, incansables guionistas de la derecha.
 
Pero en rigor, la conducta política de la robusta dirigente se halla plenamente inmersa en ancestrales tradiciones de la Unión Cívica Radical. En principio nadie puede negar que se halla plenamente inscripto en el A.D.N. radical diagnosticar los problemas nacionales como puramente políticos y a lo sumo morales. La “causa contra el régimen falaz y descreído”, en tiempos de Yrigoyen; “con la democracia se come, se cura y se educa”, en tiempos del alfonsinato son ejemplos de un modo de ser caracterizadamente radicheta que llegó al paroxismo durante el gobierno de De La Rua con la reivindicación total y absoluta del neoliberalismo; eso si, gestionado con honestidad. Sólo les faltó colocar al ministro Domingo Felipe Cavallo en el parnaso de los próceres partidarios. Lo merecía. Para el occiso Secretario de Hacienda durante el gobierno Menem, Carlos Tacchi, el calvo y recordado ministro le hacía recordar a Sarmiento; algo posmoderno agreguemos. Así como en el radicalismo primigenio la presencia de la fracciones oligárquícas resultaba irrefutable, en las listas del Acuerdo para los comicios del 2009 estaban gauchócratas desestabilizadores pululando por doquier. Y si no estuvieron mejor representados fue por decisión de los propios golpistas. En tal sentido, la adoración de Carrió por el “campo” (ocultando la propia existencia de la clase terrateniente) se enmarca en una historia consecuente del radicalismo de transigencia o complicidad con el poder real.
 
Por otra parte, la condición personalista y caudillesca en la construcción política es constantemente denunciada por el radicalismo… cuando la utiliza el peronismo. Pero si es implementada por los boiniblancos y sus subproductos la crítica se esfuma. La interna del acuerdo es inseparable de los liderazgos personales: el judas vendimiatero, el pequeño Alfonsín sin ilustrar, la propia Carrió disputan por el centimil y el debate político-ideológico se halla ausente in eternum con o sin aviso. La ausencia de programas y proyecto es más notoria cuanto más declaman la necesidad de gestarlos y anteponen semejante construcción a toda candidatura. Pero se dividen, se pelean, fraccionan y se escinden por el sitio en la lista más expectante y su máxima utopía es… la república (categoría dotada de connotaciones mágicas). Como se ve, la única diferencia entre Cobos, Carrió y Alfonsincito es la primacía de su propia figura. Y ello se inscribe plenamente en la tradición radical, un corpus que le ha deparado al pueblo sangre (desde el gobierno de Yrigoyen al de De La Rua) y lágrimas. Resulta altamente sugerente que el Senador Gerardo Morales (un indigente intelectual que demostró su “aptitud” para el debate programático cuando rehusó cobardemente la polémica con la presidente del Banco Central) finge autocriticarse por la rebaja a los jubilados. Pero ni siquiera hipócritamente se arrepiente de las masacres perpetradas por el radicalismo delaruista, del cual fue conspicuo funcionario. En tal sentido el vómito lingüístico carrioquico compuesto de embustes hipócritas, hipérboles y delirios surrealistas no es pasible ni comprensible en caso de ser leído desde la psiquiatría. Sólo puede ser interpretado como una letanía ocultando el ancestral servilismo radical con la reacción, con el cual concuerda al cobos en todo. (Agencia Paco Urondo)

14.08.2010

Santa Catarina, Brasil (Agencia Paco Urondo) En el siglo XVI, en pleno auge de poder de los Papas renacentistas en Roma, envueltos en escándalos de todo tipo, surgió un clamor en toda la Iglesia por su «reforma en la cabeza y en los miembros». Este clamor venía del laicado, del bajo clero y de teólogos como Lutero, Zwinglio y otros. La respuesta fue la Contrarreforma, que transformó a la Iglesia católica en un baluarte contra el movimiento de los Reformadores, endureciendo todavía más sus estructuras de poder. Ahora, el escándalo de los sacerdotes pedófilos en varios países católicos ha hecho surgir un vigoroso clamor por reformas estructurales en la Iglesia.
Este clamor no viene solamente de abajo, como en el tiempo de la Reforma, sino principalmente de arriba, de cardenales y obispos. En primer lugar, este pecado y este crimen fue abordado con una desastrosa gestión por el Vaticano. Inicialmente se intentó descalificar los hechos como «chismes mediáticos», luego se procuró ocultarlos, usando hasta el «sigilo pontificio» con el pretexto de salvaguardar la presumida santidad intrínseca de la Iglesia, después se minimizaron los hechos, o se recurrió al montaje de un complot de oscuras fuerzas laicistas contra la Iglesia y, finalmente, ante la imposibilidad de cualquier vía de disculpa y de fuga, salió a la superficie la desasosegante verdad. El Papa tomó severas medidas contra los pedófilos, consideradas insuficientes por mucha gente en la misma Iglesia, porque no basta la «tolerancia cero» y las puniciones canónicas y civiles. Todo eso viene a posteriori, después de cometido el delito. Nada se dice de cómo evitar que tales escándalos se repitan y qué reformas introducir en la vivencia del celibato y en la educación de los candidatos al sacerdocio. No se pone como prioritaria la protección de las víctimas inocentes, muchas las cuales revelan un tenebroso vacío espiritual, fruto de la traición que sintieron por parte de la Iglesia, en una mezcla de culpa y de vergüenza. Después, las altas autoridades se hicieron mutuamente graves acusaciones.
El Card. Cristoph Schönborn de Viena acusó al Cardenal Angelo Sodano de haber ocultado, cuando era Secretario de Estado (el primer puesto después del Papa), la pedofilia de su antecesor en la sede, el Card. Hans-Herrman Groër. Obispos alemanes criticaron a su conferencia episcopal no haber sido suficientemente vigilante frente a los notorios abusos sexuales del obispo de Ausgburg Walter Mixa, obligado a renunciar. Igualmente con referencia al obispo de Brujas en Bélgica, que abusó durante 8 años de un sobrino suyo. Es impresionante la autocrítica hecha por el arzobispo de Camberra, Mark Coleridge, reconociendo que la moral de la Iglesia concerniente al cuerpo y a la sexualidad es rígida y de estilo jansenista, creando en los seminaristas una «inmadurez institucionalizada», con tendencia a la discreción y al secreto ante los delitos, para mantener el buen nombre de la Iglesia, fruto de un triunfalismo hipócrita.
El primado de Irlanda, Diarmuid Martin, se preguntó sinceramente por el futuro de la Iglesia en su país, tal ha sido el número de pedófilos en las instituciones durante muchos y largos años. Reconoce que las reformas son urgentes, pues la Iglesia «no puede quedar aprisionada en su pasado» y debe introducir cambios fundamentales en su estructura que impidan tales desvíos. Tal vez el documento más lúcido y valiente vino del obispo auxiliar de Camberra, Pat Power, que reclama «una necesaria reforma sistémica y total de las estructuras de la Iglesia». Afirma que «en la conducción de la Iglesia, toda masculina, no reside toda la sabiduría, y que ella debe escuchar la voz de los fieles». Reconoce valientemente que «si las mujeres hubieran tenido más poder de decisión, no habríamos llegado a la crisis actual».
Podríamos presentar otras voces de altas autoridades eclesiásticas, pero lo importante es constatar que este escándalo que ha afectado al capital de ética y de confianza de la Iglesia-institución, paradójicamente ha dejado un legado positivo: suscitar la cuestión de las reformas de base, aprobadas por el Concilio Vaticano II. Estas, sin embargo, fueron boicoteadas por la Curia vaticana y por los dos últimos Papas que se alinearon con una visión conservadora y contraria a toda modernidad. Quienes amamos a la Iglesia con sus luces y sus sombras, queremos entender la actual crisis como una oportunidad suscitada por el Espíritu para que la Iglesia-institución encuentre realmente la mejor forma de transmitir la buena-nueva de Jesús y ayude a la humanidad a afrontar una crisis todavía mayor, la del sistema-vida y del sistema-Tierra, terriblemente amenazados. (Agencia Paco Urondo)
 

12.08.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, publicado en Clarín, por Camilo Sánchez, gentileza Eduardo Montes) Es verdad que estoy escribiendo cada vez más. Era hora de sentar cabeza. Me gusta, por degenerado, inaugurar géneros. Ahora, a mi edad, me le he animado a una novela: le puse el punto final en estos días. La idea es a ver si juego al arco, a ver si como arquero llego a Primera. Es un desafío creativo medio anarquista, si se quiere. Se titula Nagasaki de memoria. El personaje va a Nagasaki para recordar la bomba y ahí se da cuenta de que la memoria se convirtió en un evento. Hay un formato político protocolar que le ha quitado todo brillo a esa fecha. Y el protagonista se va, ayudado por una agrupación de taxistas, en medio de la conmemoración. 

 

Hay tres obras mías en El Calibán: Las primas, Rebatibles y Cuentos para el Coco. Esta última la interpreta mi compañera, Eliana Wassermann. Fue publicado, con formato de libro, por una imprenta que es una fábrica recuperada, la Imprenta Patricios. El arte es curativo, Juan Gris te calma de color.
Es al revés: son duros conmigo los estudiantes. A veces traen una enorme violencia: la falta de querer pensar, de querer despojarse, la falta de entusiasmo. La falta de compromiso con el resto de sus compañeros. Alguien te hace esperar dos horas para un ensayo, vos tenés que cagarlo a trompadas, les digo. Pero no soy para nada agresivo. Actor es mi manera de ver el mundo. Actor es el que está sintiendo e interpretando lo que está pasando. Como director, soy actor. Como dramaturgo, soy actor.
Me enojo con los intelectuales como yo, que no soy, pero a la vez lo soy. Tengo más cabeza todos los días porque el cuerpo tiene menos tónica, menos ansias de subir a los árboles. Igual, tengo 72 años y no entiendo de dónde saco las pilas. A veces veo gente de teatro, de menos edad, más hechos bolsa, y digo qué pasó. Después, entiendo. Entiendo que trabajaron más para el capitalismo que yo. Y ésa puede ser una buena razón para envejecer antes. El tema de “La Fiaca” era existencial. Hoy, en cambio, está la necesidad de trabajar.
Con Tato Pavlovsky nos conocimos como nadadores, a los 12 años. Antes que nada fue médico, después se hace psicoanalista, después se hace dramaturgo y después se hace actor. Estar al lado de él siempre es instructivo. Estar en el exilio y que acá se me viera en el cine, en películas españolas, fue un gran regalo de la vida. Te da fuerzas. No aparecía en los carteles de promoción, pero estaba. Encima, tenía mis arrebatos. Le discutí a Carlos Saura, porque no era director de actores. Le dije que era más ingeniero que artista. El tipo me tomaba como si estuviera un poco loco por el destierro, pero yo se lo decía en serio. Haber trabajado en el cine español se lo agradezco a Pepe Aguilar. Un jefe de fotografía que había sido el fotógrafo del Che. Un corajudo que vino de España a rescatar a su sobrina en la Embajada de Francia. La Argentina es muy ingrata a veces a la hora de hacer memoria. Con Pepe Aguilar seguro que es ingrata.
Volví porque acá no tengo que decir todo el tiempo lo que he sido. Es muy agrio eso. Acá se te entiende y eso me permite experimentar más, seguir aprendiendo. Se “desalmó” todo. Que no sé si no será una ventaja: entender por fin que el alma no existe. Eso es bueno siempre y cuando dé pie a un materialismo humano, interesante, poético, para decir algo. Por ahora es sólo miedo. Es cierto que he sido militante y soy militante en el sentido del término: si estoy en una lucha política, estoy en todas las formas que se puede dar esa lucha política. Pero ahora estoy hecho un barón rampante. Cuando bajo del árbol no veo a nadie. Intenté con Luis Zamora, que era salir del peronismo, que a mí me parecía como dejar de ser judío.
Si pinta la austeridad, el despojo, y vamos todos para allá, ningún problema. Ahora, si yo me desnudo y el otro no; entonces, no. Boludo, no. Mi teatro no es rentable. De las clases vivo, pero con las obras, y han sido unas cuantas, no gano nada. Ojo que tampoco pierdo. Es justo. A mí me parece que la riqueza es no creerse: ni el teatro lleno, ni el teatro vacío. Mi mujer es más joven, y esa situación no la cambio por nada. Para neurótico, aquí está el campeón nacional. La gente más joven tiene su entusiasmo genuino. La estética de las intensidades es lo que buscamos. (Agencia Paco Urondo)

11.08.2010

La Plata, Pcia. de Buenos Aires (Agencia Paco Urondo, gentileza de Florencia Guiot)
Los días 2, 3 y 4 de Septiembre de 2010 se llevará a cabo en La Plata el I Congreso Universitario Nacional Popular y Latinoamericano, el VII Congreso de la Reforma Universitaria Latinoamericana “Latinoamérica Educa” y el I Foro Latinoamericano ¿Extensión o articulación? La construcción social del conocimiento estratégico; organizados por el Frente Universitario Nacional, Popular y Latinoamericano (FUNaPLa), la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes (OCLAE), la Secretaria de Relaciones Internacionales y Asuntos Latinoamericanos de la Federación Universitaria Argentina (FUA).
Estos Congresos tiene como objetivo principal impulsar una Reforma Universitaria Latinoamericana y constituir una plataforma de unidad de los Pueblos y de la Educación en América Latina.
En el año del Bicentenario de nuestra primer independencia, que nos recuerda las tareas pendientes de liberación latinoamericana, el Movimiento Estudiantil Argentino y Latinoamericano constituye un punto cardinal de encuentro para construir el proyecto de Unidad y de integración que nos permita como Pueblos rearticular una visión estratégica común y retomar la historia de luchas de los Libertadores de nuestra América.
Avanzar en una plataforma común para la Educación Superior y para la cultura significa pensarnos como totalidad latinoamericana, con capacidad de resolver colectivamente los límites y obstáculos que plantea el modelo del capital financiero trasnacional con su proyecto neoliberal. Como formulaba el Manifiesto Liminar de la Reforma del XVIII, “podemos afirmar que vivimos una nueva hora americana”. Y en este nuevo momento histórico entendemos que es fundamental debatir en profundidad y elaborar un nuevo proyecto de Reforma Universitaria. Este es el espíritu del Congreso.
La Federación Universitaria Argentina considera que el movimiento estudiantil latinoamericano y la comunidad educativa deben ser protagonistas del proceso de transformación de Nuestra América, teniendo como tarea específica construir la Universidad y la Educación de los Pueblos.
Contacto: congresodelbicentenario@gmail.com
http://congresounapla.blogspot.com/

(Agencia Paco Urondo)
 

11.08.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, en Perfil.com)  Grandes afiches callejeros con la imagen del general Perón propagandizan el nuevo libro de Juan Bautista Yofre, titulado El escarmiento, con un llamativo subtítulo, también destacado en los afiches: La ofensiva de Perón contra Cámpora y los Montoneros, 1973 – 1974.

Dice Yofre en el prólogo que “…lo primero que buscó Perón fue volver a vestir el uniforme que le habían quitado”.
Primer error, en este libro armado como una novela policial, que se lee con indudable interés. Toda la vida y la obra de Perón llevan a saber que lo primero que quería era reencontrarse con su pueblo, que lo había bancado durante 18 años de lucha y esperanza…
Aunque Yofre critica duramente a los Montoneros, toma una de las afirmaciones más importantes que estos formularon: que las tres AAA fueron creadas por Perón, como “somatén” o grupo armado independiente, paralelo a las fuerzas militares, en defensa de su Movimiento. (Lo dice en su anterior Nadie fue.) Y todos sabemos que las tres AAA eran las tres Fuerzas Armadas utilizando la estructura parapolicial encabezada por López Rega. Recientemente, el responsable de la Auditoría General de la Nación, Dr. Despouy, denunció el accionar antisubversivo secreto coordinado de las Fuerzas Armadas de Uruguay y Argentina, en 1974, con la pantalla de las tres AAA, interfiriendo en el gobierno de Isabel. Para tal coordinación y accionar no bastan los parapoliciales.
Yofre pretende presentar un Perón represivo, filo fascista, que no existió.
Después del ataque del ERP al cuartel de Azul –habiendo ya ocurrido el intento de copar el comando de Sanidad Militar–, Perón escribe a los militares de aquella guarnición: “La estrategia integral que conducimos desde el gobierno, nos lleva a actuar profundamente sobre las causas de la violencia y la subversión, quedando la lucha contra los efectos a cargo de toda la población, las fuerzas policiales y de seguridad, y si es necesario de las Fuerzas Armadas”. Léase bien, y compárese con la forma genocida en que se hizo. Sugerir que Perón aprobaría el genocidio es desconocer la trayectoria pacifista del General (“tiempo o sangre”) particularmente acentuada en su regreso al país.
Yofre nos cuenta cosas que todos sabemos: que los Montoneros traicionaron a Perón (y el asesinato de Rucci es el jalón que marca esa traición). El General explicó reiteradamente a su sector juvenil batallador que con él en el país todo cambiaba, que era momento de orden y de reconstrucción. Y sólo fue parcialmente escuchado: surgió el sector Lealtad, pero el grueso de Montoneros continuó con su intento de lucha armada.
Perón definió a las organizaciones armadas peronistas como “formaciones especiales”.
La calificación lo dice todo: formaciones para actuar en determinadas circunstancias, en el momento en que había que derrotar al gorilismo gobernante para poder regresar al país, utilizando todos los elementos posibles. Era una etapa de lucha, a la que, luego del regreso, debía suceder otra de reorganización y orden. Yofre insiste en la influencia cubana en Montoneros, que por supuesto existió, pero que todo indica no fue determinante. De todas maneras, resultan absolutamente ridículas las dispersas formulaciones de la documentación montonera sobre la patria socialista, ante el coherente y progresivo proyecto político de Perón, que culmina con su Modelo argentino para el Proyecto Nacional.
Un asunto delicado en los libros de Yofre es la utilización de información de origen militar basada en la tortura. En este volumen, Yofre finaliza su libro con un supuesto escrito de Habbeger –uno de los jefes, de origen “descamisado”, desaparecido en Río de Janeiro– en que analiza a sus compañeros, los dirigentes montoneros. Dice que el documento es del tiempo de su desaparición “o acaso algo más tarde”. Documentación dudosa –uno bajo tortura dice y firma cualquier cosa– y de origen espurio que descalifica al intelectual que se presta a utilizarlo. (Agencia Paco Urondo)

11.08.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, gentileza Mónica Oporto) Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la construyó?
En los libros figuran los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces, ¿quién la volvió a construir otras tantas?
¿En qué casas de la dorada Lima vivían los obreros que la construyeron?
La noche en que fue terminada la Muralla china, ¿adónde fueron los albañiles?
Roma la Grande está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió? ¿Sobre quiénes triunfaron los Césares?
Bizancio, tan cantada, ¿tenía sólo palacios para sus habitantes?
Hasta en la fabulosa Atlántida, la noche en que el mar se la tragaba, los habitantes clamaban pidiendo ayuda a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India. ¿El sólo?
César venció a los galos. ¿No llevaba consigo ni siquiera un cocinero?
Felipe II lloró al hundirse su flota. ¿No lloró nadie más?
Federico II ganó la Guerra de los Siete Años. ¿Quién la ganó, además?
Una victoria en cada página. ¿Quién cocinaba los banquetes de la victoria?
Un gran hombre cada diez años. ¿Quién paga sus gastos?  
 (Agencia Paco Urondo)

10.08.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Basta de Zonceras! (versión radial de la Paco Urondo) charló con el historiador Enrique Manson. Kirchnerismo, rol de la centroizquierda y el legado de sus maestros Pepe Rosa y Fermín Chávez.

Escuchar entrevista

(Agencia Paco Urondo)
 

10.08.2010

Salta (Agencia Paco Urondo)Este 14 de Agosto en la ciudad de Salta se realizara el 1° Congreso de Comunicación Popular en Homenaje a la Pachamama, el evento está organizado por La Mink´a y Rodolfo Walsh  -Cooperativas de Comunicadores Populares- y Cátedras Populares del Ministerio de Desarrollo social de la Nacion
Contactos:
-cooperativalaminka@yahoo.com.ar
-(0387)  154  106  034
 

 
(Agencia Paco Urondo)

09.08.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Este miércoles 11 de agosto, a partir de las 14, se realizará en el Teatro Nacional Cervantes, la segunda jornada “La Justicia en el Bicentenario” organizada por la Unión de Empleados de la Justicia de la Nación, con el fin de debatir y reflexionar sobre el modelo de Justicia que permita el efectivo cumplimiento de los derechos humanos y sociales del Pueblo en su conjunto. En ese marco, le presentaremos a la Sra. Presidenta de la Nación Dra. Cristina Fernández de Kirchner, un documento que sintetice el pensamiento de los distintos sectores concurrentes sobre el modelo de la Justicia que contenga a todos los argentinos. A continuación, el cronograma completo de la jornada:

l        14.00 hs: Bienvenida y apertura.
l        14.30 hs: Primer Panel:  “El rol de la Justicia en la defensa de los derechos humanos y los derechos sociales de todos los argentinos”
 
Expositores:
 
Dr. Eugenio Cozzi,  Presidente  del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal
Dra. Ana Jaramillo, Rectora de la Universidad de Lanas
Dr. Jorge Aguad, Fiscal General
Dra. Diana Conti, Diputada Nacional
Dr. Héctor Recalde, Diputado Nacional
Dr. Julio Alak, Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación Argentina
 
l        16,45 hs: Apertura del segundo panel.
l        17.00 hs: Segundo Panel:  “Independencia del Poder Judicial de los otros Poderes del Estado y de los poderes económicos: Situación actual y desafíos ”
 
Expositores:
 
Dr. Raúl Zaffaroni, Ministro de la Corte Suprema de la Justicia de la Nación
Dr. Eduardo Freiler, Juez de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Capital Federal
Dr. Mario Jaime Kestelboim, Defensor General de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Dr. Julio Piumato, Secretario General de la Unión de Empleados de la Justicia de la Nación                  
Dr. Aníbal Fernández, Jefe de Gabinete de Ministros de la Nación

 
l        19.00 hs: Cerrará la Sra. Presidenta de la Nación, Dra. Cristina Fernández de Kirchner, y se le hará entrega de un documento de los sectores concurrentes sobre la Justicia en el  Bicentenario. palabras de la PRESIDENTA DE LA NACIÓN.
 
La Unión de Empleados de la Justicia de la Nación, coherente con su historia de lucha en defensa de los derechos humanos y sociales de todos los argentinos, sigue en el camino de la construcción de la nueva Justicia equitativa, igualitaria y transparente.
 
Más info: Laura Iparraguirre, Secretaría de Prensa, 1544929321 / 1559821846 / 4383-4620. (Agencia Paco Urondo)

06.08.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Monseñor Angelelli, un perfil. Obispo de La Rioja, mártir, asesinado con un accidente provocado. Comprometido con la causa de los pobres, Enrique fue tenazmente perseguido por la oligarquía de la provincia (como la familia Menem, que le impidió la entrada a un pueblo para unas celebraciones) y más todavía durante la dictadura. La muerte de los padres Murias y Longueville y luego del laico Wenceslao Pedernera fue fundamentalmente un «cerco que se iba cerrando». Al parecer, los cadáveres de los sacerdotes, fue a Chamical (La Rioja), y juntó material en una carpeta con declaraciones de los testigos, que comprometía a la Fuerza Aérea con el crimen. Volviendo por otro camino, junto con el sacerdote Arturo Pinto hacia la capital provincial fue seguido por un auto. Se fraguó un accidente. La famosa carpeta fue tiempo después vista sobre el escritorio del Ministro del Interior, el General Arguindegui, quien como entró en negociaciones con Anfonsín y habían sido compañeros del liceo militar, jamás fue juzgado. La Jerarquía eclesiástica, en gran parte, tristemente, sigue afirmando que fue un accidente. El obispo Angelelli se transformó en baluarte de la protección de los débiles y fue la una de las pocas voces que se levantó contra la represión política en Argentina. Las amenazas de muerte contra él se fueron volviendo cada vez más frecuentes, hasta llegar a ser masivas últimamente. Tuvo que prepararse junto a sus sacerdotes como una de las posibles futuras víctimas. Él anunció frecuentemente que para poder anunciar verdaderamente el evangelio hay que tener un oído abierto para Dios y otro para el pueblo. El 4 de agosto de 1976 Monseñor Enrique Angelelli, obispo de La Rioja, yacía en el frío asfalto de Punta de los Llanos luego de que su auto fuera interceptado en la ruta que unía Chamical con la capital de la provincia hacia donde viajaba para presentar ante las autoridades militares una carpeta con pruebas sobre el asesinato de dos sacerdotes de su diócesis. La versión oficial, que el mismo Episcopado avaló, hablaba de accidente, pero entre los riojanos, y gracias al aporte de testigos claves, una certeza se hizo carne: Monseñor Angelelli había sido sacado ileso de su auto y brutalmente asesinado de varios golpes en la nuca.Su muerte fue la dura cuenta que tuvo que pagar por una vida dedicada a los más humildes, a quienes consagró su vocación sacerdotal "con un oído puesto en el pueblo, y otro en el Evangelio". Su prédica le trajo el rencor de los poderosos de siempre, uniformados y civiles, a quienes afectó en sus sagrados intereses, y de quienes recibió una feroz campaña que no vaciló en acusarlo de 'obispo rojo', enviar firmas para pedir su remoción al Vaticano, expulsar sacerdotes de Anillaco, donde Amado Menem, hermanastro del actual presidente, tuvo especial participación, asesinar religiosos y laicos y finalmente eliminar al odiado "Pelado".Monseñor Angelelli fue, junto a Hesayne, De Nevares, Devoto, Ponce de León y Novak, uno de los pocos obispos que supo comprometerse con la cruz y el Evangelio dentro de una jerarquía episcopal cuya actitud de connivencia y complicidad con la dictadura militar avergüenza la conciencia de los cristianos de estas tierras. Desde la justificación teológica de la tortura y la eliminación clandestina de prisioneros indefensos hasta la aceptación lisa y llana de la espada como instrumento quirúrgico para impulsar la doctrina de la seguridad nacional, la conducta de la jerarquía católica argentina no tiene parangón en el mundo entero.
Fuente: http://servicioskoinonia.org/. Recomendamos para los interesados en el tema visitar la página siguiente: http://www.elortiba.org/angelelli.html (Agencia Paco Urondo)

03.08.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo)  El año 1978 la dictadura cívico-militar que se había bautizado Proceso de Reorganización Nacional pasaba por su mejor momento.
La guerrilla estaba liquidada. En realidad su capacidad combatiente ya no existía en marzo de 1976, pero a mediados del ’78 la cacería de disidentes había pasado con éxito la prueba, y las mazmorras estaban colmadas de desaparecidos.
 
El 25 de junio, un exultante Videla había entregado, en un estadio de River colmado, la copa de campeones del mundo a Daniel Passarella. Como decía Massera, el triunfo demostraba que la Argentina estaba para grandes logros.
 
La gestión económica de Martínez de Hoz parecía funcionar viento en popa, abandonando el “decadente intervencionismo estatal” que, según el súper ministro,  había frenado a la Argentina por décadas. Los políticos se manifestaban conformes con la marcha de la gestión. Así lo habían dicho, al cumplirse el primer aniversario del secuestro helitransportado de Isabel Perón, hombres como el dirigente radical que proponía “una solución a la portuguesa, con un primer ministro”. Un ex ministro peronista decía que los justicialistas eran optimistas “ma non tropo,” en cuanto a la salida política. Tales afirmaciones se publicaron en el diario La Opinión por pluma de Fanor Díaz, en un artículo titulado El silencio de los políticos. “Los restantes políticos consultados,” señala Díaz, “más allá de críticas parciales y secundarias, se mostraron coincidentes en el apoyo al gobierno militar, especialmente en lo que hacía a la guerra sucia.”
 
La organización sindical había sido aplastada, aunque algunos gremios producían acciones aisladas, como los paros de Luz y Fuerza de 1976 –que costaron la desaparición de Oscar Smith- y los realizados en empresas automotrices. Pero habría que esperar a abril del año siguiente para asistir a un paro general.
 
Sólo un grupo de mujeres, que el diario Buenos Aires Herald llamaba The mad women, el sábado 30 de abril de 1977 a las tres y media de la tarde, se habían reunido en la plaza de Mayo para iniciar sus rondas en las que reclamaban por sus hijos desaparecidos.
 
En ese escenario, el 27 de julio, se dio a conocer un libro en el que el periodista Pablo José Hernández relataba sus Conversaciones con un historiador nacionalista en el que los dictadores parecían no haberse interesado. Era José María Rosa.
 
Era un volumen de memorias en forma de largo reportaje. Pero entre los acontecimientos familiares, los orígenes del nacionalismo y del revisionismo histórico en los años ’30, y las andanzas políticas y diplomáticas del protagonista en tiempos aparentemente lejanos, se filtraban inocentes comentarios sobre la política griega reciente que, en su condición de embajador argentino, había podido observar.  
 
Con minucioso interés, Rosa –observador imparcial- describía el fin de la dictadura de los coroneles, y especialmente, el juicio al que se sometió  a esos militares golpistas al reestablecerse el régimen constitucional.
 
“Poco antes de las elecciones,… el ambiente contra los militares era total, se ordenó la prisión de los revolucionarios de 1967, acusados ‘por la alta traición de deponer a las autoridades constitucionales’. Creo que fue un proceso único en la historia: comparecieron ante la Corte de Casación de Atenas, el más alto tribunal griego …, unos revolucionarios acusados de haber triunfado en su revolución...
 
Grecia sentó una jurisprudencia que encontró favorable resonancia en Europa…. fueron apresados Papadoupoulus (presidente del gobierno militar EM) y la junta de coroneles sin darse el motivo. Se creyó en una maniobra política de (el primer ministro)  Caramanlis porque el prestigio de los militares estaba muy en baja, y los opositores… hacían cargos al gobierno de lenidad con los tiranos. El aplauso de la gente fue total, y Caramanlis ganó las elecciones por un margen que no se esperaba, 54% de los votos. 
 
…Al poco tiempo se supo que el Supremo Tribunal de Atenas… los juzgaría por la denuncia de un particular –no del gobierno- que les imputaba nada menos que ‘traición a la patria’. En una primera audiencia…, el abogado del acusador dijo ‘que la constitución obliga a un soldado a defender a la patria y a las autoridades constituidas y no haberlo hecho era una traición a la patria misma.’
 
…las cosas fueron poniéndose graves. Veinte jefes que aceptaron haber dado las órdenes que movilizaron a las tropas…, fueron detenidos por el juez de instrucción … Mientras se sustanciaba el sumario…, el parlamento votó por unanimidad… una ley estableciendo que el delito de ‘traición a la patria’ es imprescriptible.
 
…al abrirse ante el Supremo Tribunal, con gran estrépito de fotografías, radio, televisión, periodistas extranjeros, el proceso a los veintiún coroneles. No se los acusaba de rebelión sino de traición a la patria. La requisitoria del fiscal (que al hacérmela traducir me pareció una brillante pieza) hacía un distingo entre el delito de rebelión que comete un civil cuando se alza contra el gobierno, y el de traición de un grupo de militares que valiéndose de la instrucción, organización y armas que les da la patria para combatir al enemigo o defender el orden interno, levantan las fuerzas armadas contra las autoridades constituidas. (negrita EM) No obran como ciudadanos –decía- sino como militares en un campo ajeno a su profesión. No importaban las buenas intenciones que los hubieran movido, su proceder era una traición y pedía para ellos la pena de muerte.
 
…Papadoupoulus leyó una defensa basada en la ‘necesidad de salvar a la patria del desorden, la corrupción y el comunismo’ (negrita EM) dijo “encontrarse en paz con su conciencia” y terminaba apelando “al tribunal de la historia”
 
…la sentencia del tribunal fue inmediata: ‘Pena de muerte por delito de traición a la Patria’. De inmediato un ujier trajo una nota del gobierno: en atención a la buena fe de los imputados que ignoraban que su hecho constituía una traición a la patria, se les conmutaba la pena de muerte por la de reclusión perpetua...
 
En esa época, yo integraba un grupo de profesores de Historia que colaboraba con el Maestro en otra publicación, y Rosa nos comentaba en su estudio lo que le estaba dictando a Hernández para el libro. Lo hacía con una fruición que coincidía con lo que alguna vez le señaló su amigo Arturo Jauretche: “Vos hablás de la historia con rencor de contemporáneo”
 
Es que no estaba hablando de historia. En alguna oportunidad, Pablo le hizo una entrevista al locutor Antonio Carrizo. A la hora del café, éste le preguntó: “Che ¿Cuando usted le preguntaba sobre los militares griegos, estaban hablando de la Argentina?”
 
Es que a Pepe Rosa, al decir de su compañero de exilio Miguel Unamuno, “no le entraban las balas”. ¿Lo hubieran desaparecido los chacales si hubieran sido capaces de entender el mensaje oculto? No nos interesa escribir sobre lo que habría pasado, si hubiese pasado lo que no pasó. Lo cierto es que el hombre que había creído alguna vez en Uriburu, por antiyrigoyenismo confeso, el que había apoyado al movimiento del 4 de junio por creer que ese era el camino para afirmar la soberanía nacional en los años ’40, hacía rato que se había alineado con el pueblo. Y así como se había jugado la vida con Valle contra los fusiladotes de 1956, seguía poniéndose en la línea de fuego, cuando los dirigentes políticos actuaban con comprensible prudencia, porque los castigos eran terribles.
 
Su expresión de deseos, que eso era lo que sentía cuando hablaba “con rencor de contemporáneo” –como decía Jauretche- de Grecia para no mencionar a “la Argentina” -como supuso Carrizo- no fue su último choque con los más salvajes tiranos que soportó nuestra historia. 
Pepe con sus jóvenes cómplices de Línea
 
En la revista Línea, en noviembre de 1981, los llamó pendejos, aunque poniendo la expresión en boca del rey Alfonso el Sabio, y los tildó de Subversivos y corruptos, lo que le valió una querella por injurias, que le iniciaron Videla, Massera y Agosti. De ese juicio cuenta Alberto González Arzac: “Íbamos a las audiencias como quien va a la guerra, salíamos de Línea… con un grupo de muchachos… acompañándolo a Don Pepe. En los pasillos quedaba la muchachada esperando la suerte de él; a la sala de audiencias entrábamos Pepe y yo, que era su abogado; adentro, un juez del proceso que presentaba en todas sus paredes fotos de él codeándose con almirantes, generales y brigadieres. Las partes eran representadas por brigadieres, generales y almirantes, todos ellos auditores que señalaban con el dedo a Don Pepe. Y ¿cuál era la reacción de Don Pepe? … no perdía el humor y decía ‘El gobierno del Partido Militar’… y cuando le llamaban la atención decía: ‘Bueno, disculpe Su Señoría’…
 
A mí me corría frío por la espalda y el ni se inmutaba… todavía desaparecían personas… los operativos se sucedían por doquier y ¡Don Pepe, con ese par de pelotas que tenía, manifestándose allí de esa manera!”
 
 
 
Enrique Manson
2 de agosto de 2010
En el cumpleaños de Videla,
nominado día del Hijo de Puta

 (Agencia Paco Urondo)