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Salud //// 04.09.2020
Rosario dabate Salud e integración regional

La Universidad Nacional de Rosario organiza un evento con las principales referencias de salud de la región. Participará el exsecretario de UNASUR, exministros de Bolivia y Brasil y en representación de argentina el ministro bonaerense Daniel Gollán. El evento cuenta con el apoyo del Grupo de Puebla.

Por Santiago Gómez

El Área de Internacionalización de la Universidad Nacional de Rosario organiza el Encuentro Integración y Salud en Latinoamérica, un evento del que participarán algunas de las principales referencias del área en la región. El encuentro cuenta con el apoyo del Grupo de Puebla, la agrupación en la que se reúnen las fuerzas nacionales y populares que gobernaron la región del 2000 a la fecha y otras fuerzas progresistas. Los expositores del Encuentro serán el ministro de la provincia de Buenos Aires, Daniel Gollán, el exministro de salud de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, Alexandre Padilha, hoy dipuado federal por el Parido dos Trabalhadores; la exministra del gobierno de Evo Morales, Gabriela Montaño, y Diego Otero, presidente de la Asociación colombiana de Economía Crítica.

"Hoy nos convidan a protagonizar “un espectáculo”: América Latina constituye hoy el principal foco de propagación del Covid-19. Las condiciones de vida, la desigualdad, hacinamiento, acceso a la salud, capacidad de asistencia estatal integral, presentan enormes diferencias aún en los Estados o provincias de cada uno de nuestros países. Luego de una década donde se crearon herramientas institucionales como UNASUR, bajo la perspectiva de consolidar procesos de integración, cooperación y desarrollo, la región concentra un conjunto de gobiernos neoliberales. Algunos como resultado de procesos democráticos, otros son producto de golpes de estado, lawfare, la proscripción de los/as principales líderes populares. Las cuarentenas y todas las medidas sanitarias preventivas se ven acorraladas desde posiciones construidas que aluden 'al valor de la vida'", señala el documento elaborado por los organizadores para promover el debate. "Cuando hablamos de salud no todos/as decimos lo mismo. Los números de la pandemia en muchos países del primer mundo son la expresión y el ocultamiento de un modelo médico-farmacéutico, donde ni las vacunas, ni los medicamentos, constituyen un bien social", agregan en el mismo sentido.

El evento será mañana 5 de septiembre a las 10hs y para participar del mismo se requiere inscribirse enviando un e-mail a: integracionysaludunr@gmail.com y recibirán el link para ingresar a la sala de Zoom.

Texto completo del documento elaborado para el evento:

Integración y Salud en Latinoamérica
La Pandemia como epicentro de una disputa política

Salud vs. Salud y Economía vs. Economía
La resistencia de nuestros Pueblos ante las políticas de la crueldad

“Entre asustarse y asustar, la elección no es nunca dudosa. Un gran capitán ha dicho que una batalla son dos ejércitos que se encuentran y quieren meterse miedo. En efecto, las batallas se ganan, no por el número de los que mueren gloriosamente, luchando como bravos, sino por el número de los que huyen o pierden toda iniciativa.”

“Una excursión a los indios ranqueles”, Lucio V. Mansilla.

La recuperación del sueño de una Patria Grande con todas sus diversidades e historias - pueblos originarios, criollos, inmigrantes, cabecitas negras- no olvida la presencia de nubarrones sombríos, espectros en embajadas, diseños de políticas de fragmentación para nuestra región.
Poderes económicos que definieron para nuestra América Latina el papel de productores de materia prima, por supuesto, a partir de su alianza con oligarquías poco cultivadas, serviles y carentes de ambición, las que nunca concibieron, ni por propio interés, un proyecto de desarrollo.

Limpiarse el barro de las botas les alcanzó para lograr su anhelada distinción valorativa:

“Cuando se creyó que estaban organizando una Nación, estaban acumulando tierra. Cuando se los imaginó tirando manteca al techo en París, tejían su red de alianzas con el imperio inglés. Cuando se los creyó almidonados, convertidos en “la sociedad” —una secta congelada en el tiempo— estaban mandando retoños a las escuelas de administración de Harvard, Chicago y Massachusetts. La oligarquía no tiene bordes, no tiene núcleo, pura entidad, no tiene identidad. Cualquiera de estos border-liners puede ligar un golpe de fortuna y reciclarse en la oligarquía. Sin tácticas de exclusión, tampoco tienen una estrategia de captación: la oligarquía delega en el movimiento de las décadas la decisión final. La oligarquía goza del seguidismo de los recién venidos y los ingenuos como una prueba de poder. Tampoco es una clase de niveles de ingreso: las máximas fortunas no pertenecen a la oligarquía. La oligarquía mucho antes de empezar a refinar sus stocks de terneros aprendió que su negocio no era tener vacas, si no tener humanos”.

Extractos de Fogwill.

“Aquellos sectores sociales que no precisan de nación, porque se saben seguros más allá del estado; no necesitan del texto, del sentido que la nación provee, del abrazo del estado (...) como no necesitan de eso, tampoco necesitan de la historia. Nosotrxs, porque nuestra constitución subjetiva es una (…) no podemos imaginarnos sino en relación con una comunidad, y esa forma de imaginarnos también es constituye una comunidad con los muertos y las muertas. No para anclarnos, sino para proyectarnos.
Aprender a vivir con fantasmas, de nuestra memoria individual (…) que siempre tiene algo de memoria colectiva.”

Javier Trimboli.

En esta dirección, vale destacar hasta dónde se llevaron las cosas. En el siglo XVIII, se produce la llamada “Guerra de Triple Alianza”. Los intereses anglosajones llevaron a Argentina, Brasil y Uruguay hacia una guerra contra el Paraguay, con el objetivo de impedir el atisbo de un proceso de desarrollo en un país latinoamericano, lo que culminó con el asesinato de niños y niñas ante la mirada de los restos de un pueblo derrotado. Endeudamiento para los “vencedores” y siembra de horror en los/as vencidos/as.

“Aquí los niños no lloran: gimen o se lamentan. No ríen, sonríen. ¡Y con qué sabia expresión! La amargura de la vida ha pasado ya por esos rostros que no han empezado a vivir. Estos niños han nacido viejos. Han heredado el desdén y el escepticismo resignado de tantas generaciones defraudadas y oprimidas. Comienzan la existencia con el gesto fatigado de los que inútilmente la concluyen.”

“Los niños tristes”, Rafael Barrett.

Golpes de Estado y proscripciones. Establecer como delito penal la acción de nombrar a un líder derrocado, junto a la prohibición de exhibir cualquiera de sus símbolos.
Genocidios orquestados en toda Latinoamérica como el nombrado Plan Cóndor, no sin la cooperación internacional de la cultura francesa, exportando los métodos de tortura utilizados contra la población argelina.
Las políticas neoliberales se implementaron en nuestra región a sangre y fuego. Margaret Thatcher decía que la economía era el método pero el objetivo era cambiar el alma. El horror procuró lo mismo: la imposición de una derrota como detención del tiempo. Como origen y destino.

Terrorismo de Estado como genocidio, políticas neoliberales como genocidio por goteo.

Se suele recordar que siglos atrás se discutió en el viejo continente si acaso había humanidad en estas tierras. Si el indio constituía mundo.

Ninguna conclusión iba a detener el saqueo de riquezas minerales o el exterminio de las poblaciones. Pero la relación con esa otredad descalificada sembró donación: el ser humano es esclavo del intercambio.

Como metáfora o con función de mito la escena de los espejitos de colores parece la inscripción del punto cero de una progresiva intrusión cultural.

El espejo irrumpe sobre el campo dela mirada.
La imagen encuentra el límite en un marco.
Límite, encierro.
Y no hay imagen sin palabras.
Y no hay palabras sin historia.   

Se ha dicho que la palabra perro no muerde, pero ya no tenemos tiempo para seguir creyendo eso.
Los diccionarios, la imposición de sentido, la capacidad de sepultar palabras por juzgarlas anacrónicas…constituye un cuerpo de material sólido. Una herramienta que el poder real utiliza todos los días para imponer su agenda.

Si una palabra resulta inquietante, no faltarán jaurías de obedientes olfateando dicha inquietud.

De ser necesario, no tendrán pudor en masticar hasta los cadáveres de quienes hayan soñado junto a otros/as las promesas que portaban aquellas palabras.
Voluntad de cerrar las causas. Las que permanecen más vigentes que nunca.

La producción de individuos requiere romper los lazos que constituyen comunidad, grupo, banda, tribu. La vida nos enlaza a otros, otras y nos trasciende.
Hoy nos convidan a protagonizar “un espectáculo”: América Latina constituye hoy el principal foco de propagación del Covid-19. Las condiciones de vida, la desigualdad, hacinamiento, acceso a la salud, capacidad de asistencia estatal integral, presentan enormes diferencias aún en los Estados o provincias de cada uno de nuestros países.

Luego de una década donde se crearon herramientas institucionales como UNASUR, bajo la perspectiva de consolidar procesos de integración, cooperación y desarrollo, la región concentra un conjunto de gobiernos neoliberales. Algunos como resultado de procesos democráticos, otros son producto de golpes de estado, lawfare, la proscripción de los/as principales líderes populares.

Las cuarentenas y todas las medidas sanitarias preventivas se ven acorraladas desde posiciones construidas que aluden “al valor de la vida”.
Se ha señalado que ningún acontecimiento histórico obtuvo una mayor cobertura de los medios de comunicación que la pandemia que estamos transitando.

Se detuvo el mundo, a veces esto se olvida.

La construcción de una agenda mediática que combina frecuencia e impacto es uno de los factores que incide en las respuestas sanitarias de los Estados.
John William Cooke decía que la oligarquía no sólo era dueña de las cosas, también lo era de las palabras, de los diccionarios.
¿Será que en cada derrota nos quitan palabras o las abandonamos por nuestra propia despolitización?

Cuando hablamos de salud no todos/as decimos lo mismo. Los números de la pandemia en muchos países del primer mundo son la expresión y el ocultamiento de un modelo médico-farmacéutico, donde ni las vacunas, ni los medicamentos, constituyen un bien social.

Mercancías con la particularidad de suscribir ganancias de hasta el 6000% -sin relación alguna con los costos de producción- establecidas y dirimidas también por el precio de sus acciones, ligadas a cualquier avatar del sistema financiero.

Organizadores de casi todos los congresos, compradores de información antes de que existieran las redes sociales.

Mientras Bayer absorbe en US$ 6.3000 millones la empresa Monsanto, podrá otorgar financiamiento a ONGs para que recojan incontables cuerpos de poblaciones migrantes que flotan en el Mediterráneo.

Una medicina sin fronteras hace una honorífica labor paliativa con las víctimas de toda guerra. No denuncia el por qué de las mismas, ni el negocio de la industria armamentista, y mucho menos quién vende las armas.

Los/as responsables del calentamiento global, la desertización de la tierra, instalan la producción del Covid-19 como si se tratase de la caída de un meteorito.

La agenda de números de muertos y caída del PBI nos acorrala.

Nuestros números, cuando nos favorecen o cuando son desastrosos, ocultan que aún, tras un Bolsonaro, existe un Pueblo que resiste. Sino, la catástrofe sería muchísimo peor.

¿No es sospechoso que los medios de comunicación, constructores de espectáculos con una sola historia, hoy sólo presenten números?

Cada vez que el pueblo latinoamericano estuvo representado en el gobierno, la política económica construyó salud.

Débora Ferrandini, figura emblemática de la Salud Colectiva en nuestra ciudad y de nuestra región, analizó una política implementada en el Gobierno de Cristina Kirchner; la Asignación Universal por Hijo/a:

“Ha tenido un efecto revolucionario en la cotidianeidad de los servicios de salud, porque instaló en la agenda pública la universalidad. Todos los niños tienen que llegar a los servicios de atención primaria, y eso está trayendo a familias vulnerables, que cuando tomaban contacto con un equipo de salud era a través de un esfuerzo de los propios equipos (..) hay necesidad de adecuar las tecnologías y posibilidades a la particularidad que están viviendo algunos grupos sociales, y que son diferentes a los que constituyen la rutina cotidiana de la atención. Ese es un punto de preocupación en la provincia".

Los gobiernos neoliberales siempre son una pandemia que llena las calles de muertos/as. Los/as compatriotas mueren en silencio, por falta de medicamentos, ante el acceso a sus necesidades vitales,expulsados/as como desechos.

El neoliberalismo es que la producción siga su curso sin importar la vida de la gente.

Los derechos laborales son conquistas amenazadas siempre: ¿Cuándo se ha visto que el capital invierta en capacitación y prevención ante los riesgos del trabajo? ¿No es acaso más barato pagar un seguro? Por supuesto, en el caso de que el cadáver no sea el de un soberano emprendedor, acuñado por los valores del optimismo, la capacidad y el talento; y por supuesto, la audacia en los riesgos.

Cuatro años antes de la Pandemia, un Ministro de Educación Argentino expresó que debíamos crear argentinos/as capaces de vivir en la incertidumbre y disfrutarla y que había que entender que no saber lo que viene es un valor.

La salud, la economía, el valor de la vida… es la política estúpido.

El enemigo invita a una agenda que nos es impropia. Seduce con algún aspecto circunstancialmente favorable. Podrá ser un ámbito de disputa más, pero allí no se construye lo nuestro.

En esta Pandemia, si quitamos algunos velos, vamos a encontrar que nuestro capital, nuestros valores son enormes, y el discurso individualista es la amenaza que pone en peligro a todos/as.

La salud implica la capacidad de luchar contra las condiciones que limitan la vida, y esa lucha necesita de un sujeto colectivo que reconozca en la memoria histórica su identidad y el sentido de sus sueños, y se construya al creerlos y crearlos.