fbpx Ender, Roca: el héroe militar y el genocida en una misma persona, por Norman Petrich | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Relámpagos //// 17.10.2021
Ender, Roca: el héroe militar y el genocida en una misma persona, por Norman Petrich

¿Ambas figuras pueden convivir en un solo nombre? Esa pregunta trata de responder esta nota que cruza historia con ciencia ficción a través del expresidente argentino y el mítico personaje de Orson Scott Card, avisando que tiene un alto contenido spoiler.

Por Norman Petrich |​ Ilustración: Leo Olivera sobre Carlos Alonso

“Jorge Abelardo Ramos interpretó la expansión militar hacia el sur como parte de la construcción del Estado, el afianzamiento de la soberanía sobre el territorio, y como expresión de una visión del espacio por parte de Julio Roca más avanzada que la que habían tenido Bartolomé Mitre y Domingo Sarmiento al ocupar cada uno de ellos la Presidencia de la República. En su narración de la campaña militar, resalta a los ‘milicos’ criollos, es decir, a los soldados. Esa lectura es consistente con su mirada general sobre el mestizaje, y el rol de los gauchos y soldados pobres en las guerras independentistas y en las ‘montoneras’ federales”, afirma Germán Ibáñez en un reportaje publicado en AGENCIA PACO URONDO que instala un debate sobre los preconceptos que tenemos sobre la figura del expresidente argentino. Y que justamente esos matices partan del padre del pensamiento de la izquierda nacional invita a agudizar los sentidos. A que nos llame, por lo menos, la atención cómo Roca pasó de ser la piedra sobre la que se construyó el Estado Nación como lo conocemos, de ser el héroe militar que expandió ese territorio para unificarlo al general que exterminó a los pueblos originarios del sur. Y no pude más que recordar la figura de Ender Wiggin, el personaje central de unas de las sagas más aplaudidas de la ciencia ficción, escrita por Orson Scott Card, que tiene su punto más alto en los tres primeros libros: El Juego de Ender, La Voz de los muertos y Ender, El Xenocida.

La tierra se ve amenazada por la especie extraterrestre de los Insectores, unos seres que se comunican telepáticamente y que se consideran distintos de los humanos, a los que parecieran querer destruir. En la primera guerra con ellos, donde la humanidad casi desaparece, un ignoto piloto llamado Mazer Rackham logra descubrir un punto débil y los detiene en seco. Tras el fracaso de un primer intento en tomar la iniciativa y avanzar sobre esta raza, el Alto Mando Terrestre permite el nacimiento de terceros hijos, algo prohibido estrictamente, para adiestrar estos niños superdotados en la Escuela de Batalla y prepararlos desde la infancia para dirigir la próxima guerra que intentaría eliminar a los insectores y así conseguir la supervivencia de la raza humana.

 “No había seguridad para los establecimientos de campo. El malón marcaba con su rastro de incendio las ciudades ‘de frontera’. La naciente oligarquía veía en la eliminación del indio la condición primera de su consolidación. Toda la estructura agraria del país en proceso de unificación exigía la eliminación de la frontera móvil nacida en la guerra con el indio, la seguridad para los campos, la soberanía efectiva frente a los chilenos, la extensión del capitalismo hasta el Río Negro y los Andes”, avisa Ramos sobre las condiciones que permitieron la “Conquista del Desierto”.

Un enemigo. Eso que impide que nuestro deseo avance. “Un enemigo, Ender Wiggin –susurró el viejo–. Soy tu enemigo, el primero que has tenido que es más listo que tú. No hay maestro más que el enemigo. Nadie sino el enemigo te dirá qué va a hacer el enemigo. Nadie sino el enemigo te enseñará a destruir y conquistar. Sólo el enemigo te enseña tus puntos débiles. Sólo el enemigo te enseña tus puntos fuertes. Y las únicas reglas del juego es qué puedes hacerle y qué puedes impedir que él te haga”.

La figura de Ender empieza a crecer en la Escuela de Batalla. El niño de 10 años toma decisiones que sorprenden a sus competidores y a sus superiores en las simulaciones de combates, en los enfrentamientos de equipos. Empiezan a exigirlo cada vez más, hasta ponerlo en situaciones apremiantes, como el tener que enfrentarse a fuerzas que duplican o triplican a su grupo. Ender sabe que están probando su capacidad y resistencia. Pero, a su vez, aparecen dudas que lo llevarán hasta los límites de sus fuerzas. “Le daba ganas de preguntarles: Qué están haciendo, ¿juzgándome? ¿Decidiendo si me van a confiar la flota o no? No se olviden que yo no lo he pedido”.

Las fuerzas que utilizó Roca también eran inferiores, mal trazadas y alimentada. Dice el Comandante Prado en La guerra al malón: “Si alguien de afuera nos hubiera visto formados, se habría preguntado qué horda de forajidos éramos. No había dos soldados vestidos de igual manera… …Lo único uniforme y limpio eran los caballos y las armas”.

Ender no lo sabe, pero todas las simulaciones que está llevando adelante en el Alto Mando acompañado por los otros chicos que formaban su grupo en la Escuela de Batalla como sus lugartenientes, son combates que se están realizando a años luz en la vida real. Para vencer a los insectores, la “unica solución” es vencerlos en su propio planeta, destruir a las Reinas que son las que sostienen la conectividad de esa raza. Para expandir el Estado Nación, la “unica solución” para el general es dejar de protegerse con las líneas de Frontera ideada por Alsina e ir a tomar los terrenos ocupados por el indio. Para lograr su cometido, contará con una novedad: el rémington. Ender superará su inferioridad numérica con el Pequeño Doctor, arma que demostró ser letal, y la que no duda en apuntar directamente al planeta de los insectores para terminar la guerra. “Tomaste la decisión difícil, chico. Todo o nada. Acabar con ellos o acabar con nosotros. Pero el cielo sabe que no había otra forma de hacerlo. Felicidades. Los venciste, y todo ha terminado”.

Lo que ambos comparten es un desconocimiento integral de aquellos a quienes enfrentan, excepto por lo vital, que es cómo se mueven en combate: lo que puede enseñar el enemigo. “En su lectura del carácter ‘nacional’ del roquismo y su reivindicación de lo criollo como clave de bóveda étnica y cultural, Ramos no se ocupa mayormente de las comunidades indígenas, y desestima la dimensión de etnocidio de la conquista militar de la llanura pampeana y la Patagonia”, afirma Germán Ibañez, en una lectura que podemos trasladar al mismo Roca. “Deben hablar entre sí directamente, Ender, de mente a mente. Lo que uno piensa, otro lo piensa también, lo que uno recuerda, otro lo recuerda, también. ¿Por qué habrían de desarrollar una lengua? ¿Por qué habrían de aprender a leer y escribir? ¿Cómo podrían saber qué son la escritura y las lecturas si las vieran? ¿O señales? ¿O números? ¿O lo que utilizamos para comunicarnos? Esto no es una simple traducción de una lengua a otra. No tienen absolutamente ninguna lengua. Utilizamos todos los medios que se nos ocurrieron para comunicarnos con ellos, pero ni siquiera tenían la maquinaria para saber que emitimos señales. Y pueden que hayan intentado pensar con nosotros, y no entienden por qué no les respondemos”, le explica el Coronel Graff a Ender. El no entendimiento en el génesis mismo del conflicto.

Ender se transformará en héroe militar planetario al eliminar a un enemigo que ponía en peligro la supervivencia de la raza humana. Roca seguirá un camino similar al expandir las tierras donde las ciudades y los sembradíos permitirán la constitución de un estado modelo y progresista. Las naciones de la Tierra querrán tener a Ender encabezando sus ejércitos en las luchas intempestivas que vuelven a desatarse en el planeta. El general Roca no sólo será recompensado con tierras sino que se convertirá en presidente de esa Nación en crecimiento. Pero todavía existe un giro para estas historias.

“He matado en batalla a diez millones de insectores, que estaban tan vivos y eran tan inteligentes como cualquier hombre, que ni siquiera habían lanzado contra nosotros un tercer ataque y nadie llama crimen a eso…”, conversa Ender con su hermana Valentine, razonando sobre las verdaderas dimensiones de sus actos. Por cuestiones que no desarrollaré para no contar más de lo necesario sobre la saga (y ya he spoileado bastante), puede llegar a hacer propio los sentimientos y pensamientos de los insectores, como si formara parte de su cadena de comunicación y decide dejarlo por escrito, firmándolo como “El portavoz de los muertos”. Pasarán centenares de años y serán contados con los dedos quienes sepan que ambos son la misma persona. “La agonía que soportó (el portavoz de los muertos)… imaginarse dentro de una mente alienígena y salir de ella llena de amor por la gran criatura que destruimos. Vivió en el mismo tiempo que el peor ser humano que haya vivido jamás, Ender el Genocida, el que destruyó a los insectores”.

Roca no pasó por ese proceso, sino que lo procesaron generaciones futuras. Osvaldo Bayer lo marcó como el restablecedor de la esclavitud, recordó que llamaba a los pueblos originarios como “salvajes y bárbaros”, investigó la “Campaña del Desierto” como una masacre y sojuzgamiento. David Viñas supo decir que los indios fueron “los primeros desaparecidos” de nuestro país. “Se trataba de llevar ‘la civilización’ contra el indio sin buscar incorporarlo a su seno. Lo cierto es que ninguno intentó ofrecer al indio un nivel superior de vida, asimilándolo a la sociedad argentina. Sería una exageración otros métodos para la época. La exterminación del indio fue inferior a la liquidación del gauchaje en las provincias federales”, reflexiona Jorge Abelardo Ramos como si una atrocidad mitigara la otra. Incluso muestra el hecho de que a los derrotados se les ofrece ingresar al ejército con sueldo y cargos como algo que refuta o, por lo menos, demuestra lo exagerado de llamar a esto exterminio. Eso me trae a la mente el poema de Roque Dalton quien, luego de que el General Martínez (presidente de El Salvador por esas épocas) sofocara un creciente movimiento comunista matando a 30.000 compatriotas, escribiera “Dicen que fue un buen Presidente/ porque repartió casas baratas/ a los salvadoreños que quedaron”.

“Tiene que ver con la estúpida discusión que manteníamos. A través de la distinción nórdica de los grados de extranjería, podemos ver que Ender no era un auténtico genocida, pues cuando destruyó a los insectores los conocía únicamente como varelse; no fue hasta años después, cuando el Primer Portavoz de los Muertos escribió La Reina Colmena y El Hegemón, que la humanidad comprendió por vez primera que los insectores no eran varelse en absoluto, sino ramen. Hasta entonces no había habido comprensión ninguna entre los insectores y los humanos. -El genocidio es el genocidio –dijo Styrka– El hecho de que Ender no supiera que era ramen no hace que estén menos muertos”, conversan con Ender sus alumnos en otra parte de la Saga, ya transformado en el profesor Andrew. Y piensa en algo que bien tendríamos que tener en cuenta para ambas historias. “Andrew suspiró ante la actitud de Styrka, incapaz de perdonar: era común entre los calvinistas de Reykiavik negar cualquier peso al motivo humano para juzgar el bien y el mal de un hecho. Los hechos son buenos o malos en sí mismos,  ya que los Portavoces de los Muertos tienen por única doctrina que el bien y el mal existen enteramente en los motivos humanos y no en los hechos”.

La figura del héroe y el genocida en la misma persona. Pero es aquí donde ambos finales se bifurcan, ya que mientras uno intentó reparar lo terrible, el otro consolidó la posición hegemónica de un grupo que no construyó pero sí profundizó, ya sea por sus motivos dentro de los motivos o por la fuerza de los hechos. Y no puedo evitar, con esta última opinión, juzgar y a la vez ser juzgado. “Ya que no nos sentimos cómodos con la idea de que los habitantes del pueblo vecino son tan humanos como nosotros es extremadamente presuntuoso suponer que podemos mirar alguna vez a criaturas sociables que derivan de otra forma de evolución y no verlas como bestias, sino como hermanos; no rivales, sino como compañeros peregrinos viajeros hacia el altar de la inteligencia. Sin embargo esto es lo que veo yo, o desearía ver. La diferencia entre raman y varelse, no está en la criatura juzgada, sino en la que juzga. Cuando declaramos raman a una especie alienígena, eso no significa que haya aprobado un examen de madurez moral. Significa que lo hemos hecho nosotros”.