Cambiemos: lobo suelto, cordero atado

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Cambiemos: lobo suelto, cordero atado

16 Noviembre 2017

Por Cristian Secul Giusti*

Cambiemos es un espacio que aglutina personajes inquietantes y llamativos que se construyen a partir de imágenes grotescas, paródicas y de felicidad forzada. En ese combo, la consagración de la familiaridad y la comicidad están ligadas a una complicidad con sus votantes -su público cautivo-, pero también se relaciona con la sorna y el gusto por la ilegalidad “cool”. Desde Elisa Carrió hasta Patricia Bullrich, sin dejar de lado a Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta o María Eugenia Vidal, la alianza gobernante consolida su imagen a partir de figuraciones neoliberales que postulan conservadurismos y mantenciones del status quo del poder hegemónico.  

En esos diálogos de alegría, la suelta de lobos y la atadura de corderos es planificada y cronometrada, repensada a la orden del día. Por tanto, los discursos constituidos, amplificados y replicados por los medios de comunicación masiva sostienen tramas de posverdad y aplicaciones noticiables dispuestas para continuar un ideario de entretenimiento político. Desde este plano, los partícipes de Cambiemos parecen circular a la par de las miserias, las derivas y las chanzas de los personajes ideados por el Indio Solari en ciertas canciones de Los Redondos. 

Precisamente, y sin ir más lejos, hay un punto de enlace entre los llamativos personajes y los paisajes de artificio neoliberal que integran el disco doble Lobo suelto, cordero atado, editado en 1993 y en plena efervescencia menemista. En esa obra ricotera, los sujetos marginales, maquiavélicos, detentadores de maldades e ironías diseñados por Solari refuerzan y exponen una tonalidad de estirpe anti-neoliberal o, para ser más cautos, de fuerte oposición a un sistema de salvajismo social. 

Siguiendo esta idea, los esquemas planteados por las figuras políticas que amplifican dia a dia el desarrollo gubernamental de Cambiemos, se comportan como “pituca” de “El arte del buen comer” y también como “morta, huesito y Mr. Ed” de “Lavi-Rap” o el propio “negro atila” que escapa con el metálico brillo, sin temor. De esta manera, el macrismo deambula entre sofoques de comedia que postula verdaderos dramas -si de reír se trata- y se toma muchas licencias para envenenar. 
Los negocios de Cambiemos, por su parte, son difíciles de explicar, aunque fáciles de enseñar sin la existencia de la culpa y los cargos de conciencia.  En tanto, el oficialismo constituye un rigor de belleza que se enuncia desde un lugar de felicidad y de fundamentación meritocrática que forja interpretaciones diversas: la conveniencia de un suceso trágico o, al menos, desesperante se instaura como una oportunidad para la libertad y el éxito individual se vuelve una esencialidad que no necesita de grupalidades. En ese tránsito, los defensores de las líneas neoliberales y los divulgadores de su noción -los intelectuales orgánicos del periodismo, el empresariado que se presenta alivianado y los políticos que juegan el juego de la oposición de cotillón- nutren una escenografía que mezcla el celofán, el baile y la falsa armonía de “Shopping disco-zen”. 

Al respecto, el macrismo sobrevive por su legitimación en los medios, los votos  y, desde ya, por el “hipo brusco” generado en las recaídas constantes y flagelantes de los otros. Es decir, los desangelados que sienten frío y se resguardan en el “tibio y rico culito de poxirán”; los que están entre botellas de “Johnny rojo, de Johnny negro y ron”, buscando calmar un dolor y mirar crecer las flores desde abajo; y otros que se encuentran tratando de encontrar la tan mentada promesa de la vuelta, cansados de tanto esperar. 

En este arremolinado contexto, Cambiemos o, para ser más certeros, la lógica macrista de la realidad es el lobo que ataca los rincones. A diferencia del león renguero de “Panic show”, el animal propuesto por esta alianza gobernante es una “caníbal”, enunciado como “pajarito” por los discursos de la información amurallada y diseminado de un modo auténtico por relatos “que se salen de la blusa”. Cambiemos, como horizonte político y cúmulo de voluntades estratégicas, se la cree -como “pituca"- y busca no mostrar todo el mazo, a pesar de lo que se suponía desde la oposición. 

Mientras pasan los coches ligeros del endeudamiento y los conductores mudos cuentan chistes detrás de las paredes, el “montaje sonso” de Cambiemos se hace cada vez más serio y condenado. Si bien las caretas de su neoliberalismo triunfante son injustas, cabe señalar que también son ajustadas y acordes con las solicitudes de una derecha continental. En este aspecto, el molde del diagrama se ejecuta sin inconvenientes y las jugadas siguen saliendo bien. Por otro lado, la complicidad de otros no menos espeluznante contribuye y fortalece un discurso cada vez más abrasivo. 

En este universo, la estética solariana-ricotera expone nociones de un “frío marginal” noventoso que, tras las interpretaciones y las reflexiones, permiten reconstruir hoy una sintonía con la puesta en escena de la derecha “cool” y macrista. En la actualidad, “el rey de esta jungla” es el neoliberalismo en versión mediática y potente del discurso. Los integrantes de Cambiemos y sus propios paisajes configurados deambulan por un mismo “turbio río” que hoy genera diferentes cauces dañinos y que, para no perder las esperanzas, tiene posibilidades de soltar algún patín cuando se constituya desde la velocidad. Por lo pronto, nos ata un fuego y nuestro sueño duerme aquí, por donde esas nubes van y la salsa abunda. 

*Dr. en Comunicación / Docente (FPyCS-UNLP)