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La mano de Dios //// 25.11.2021
Existencialismo maradoneano: honrar la vida

"Pido al lector paciencia, como me han tenido amigos y amigas en barras, mesas y plazas, para desarrollar en palabras una filosofía de vida." Por Juan Cruz Guido

Por Juan Cruz Guido

La filosofía, entendida como algo práctico y universal, es el intento de explicar y buscarle sentido a la existencia, y luego, a la trascendencia. Hay filosofía atea o religiosa, en ambos casos, más o menos mitológica. Por eso, en esa busqueda de respuestas, esbocé el existencialismo maradoneano. No soy especialista en filosofía, teología y menos en Sartre o Maradona. Jamás me interesaría serlo. Solo esbocé una respuesta posible. Que milité en cada bar, cada barra, cada mesa y cada plaza, donde la charla tocaba esos lugares hondos del sentimiento. 

El filósofo francés Jean-Paul Sartre ordenó y desarrolló la idea de una filosofía existencialista. Poner la palabra existencia en primer lugar (después hablar en todo caso de trascendencia). Una filosofía bastante práctica. Real y palpable. El clásico ejemplo que usaba para ilustrarla: si pensamos que debemos tomar el colectivo, o si es el colectivo correcto, o si nos convie... el colectivo ya se fue. Hay que tomarlo y ya. Es la acción la que hace a la existencia. La que en última instancia nos hace y nos define. 

En El existencialismo es un humanismo, Sartre esboza una genealogía del movimiento donde refiere que una de sus ramas fundadoras es el cristianismo. El existencialismo cristiano. Es que en el relato mitológico de Jesucristo, este "hijo de Dios", tiene también su momento más humano y existencial, cuando en plena crucifixión le reclama a su padre, Dios, haberlo abandonado. Esa debilidad fortalece la noción de ese Cristo rebelde y comprometido con su pueblo que actuá en pos de una causa trascendental pero también tropieza, sufre. Pier Paolo Pasolini, poeta y director de cine italiano, rescata esa humanidad en su película El evangelio según San Mateo, donde muestra un Cristo existencial, echando mercaderes del templo, junto al pueblo desafiando a los poderosos, pero también frágil, con esa debilidad humana cuando tiene que cargar su propia cruz. 

Sartre era ateo. También era un escritor europeo de la centralidad. Pero, desde su formación teórica, nos brindó una forma de ajusticiar la existencia de manera práctica y activa. El ejemplo del colectivo. Hay que actuar. Es la única forma de cuantificar y poder valorar, si acaso eso es posible, este tránsito vital. 

La vida de Diego Armando Maradona es un retrato mucho más práctico que el colectivo de Sartre. Y mucho más vivo y real que la mitología cristiana. La vida tómbola de Diego Armando Maradona, sin entretiempos existenciales, es una nueva categoría filosófica desde la periferia. Lo real se funde. Segundos, minutos, horas, días, años. Todas unidades de medición existencial inocuas para explicar o intentar cuantificar su recorrido y su vida. El Diego lanzado a la existencia. A ser siempre. Viviendo cada bola a flor de piel y cada momento sin margen para el error. A un nivel existencial, de realidad, que ni el propio Sartre podría haber imaginado jamás (murió, por otro lado, en 1980 el gran filósofo francés). Quizás no hubiera tenido más que citar a Diego Armando Maradona para explicar esa filosofía que defendía como existencialismo, por más pedagógica que resultara la parábola del colectivo. 

Pero en fin, el punto no sería ni Sartre, ni Cristo. Ni París, ni Roma. Sino una nueva categoría: existencialismo maradoneano desde la periferia del mundo. 

PD: Espero haber sido fiel en la transcipción de una corriente filosófica de transmisión oral, hasta ahora solo difundida a través del boca a boca.