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Fractura //// 30.05.2021
“Secuencias de Mayo”: el Rosariazo como poema político

En un nuevo aniversario de las protestas realizadas en 1969, Fractura, suplemento literario de APU, analiza y comparte este poema de Hugo Diz que traza una bisectriz literaria sobre los hechos, dejando un texto mítico.

Por Norman Petrich |​ Ilustración: Leo Olivera

Se conoce como Rosariazo a una serie de movimientos de protesta ocurridos en la ciudad santafesina, entre los meses de mayo y septiembre de 1969, contra la dictadura del General Juan Carlos Onganía y que se produjeron como culminación de una escalada que comenzó en el ingenio azucarero “Amalia”, en Tucumán, continuó en Córdoba y tuvo su disparador decisivo en la provincia de Corrientes, donde la represión policial a una protesta universitaria dejó como saldo la muerte del estudiante Juan José Cabral.

Hugo Diz es poeta y artista plástico, además de ser el autor de numerosos tangos y de realizar varios discos en conjunto con Litto Nebbia. Integró la redacción de la legendaria revista El lagrimal trifurca, editada en Rosario entre 1968 y 1976. Diz ha reunido su obra en los 6 volúmenes que se nombran Palabras a mano. Publicados por la Editorial Ciudad Gótica entre 2003 y 2016, incluyen El amor dejado en las esquirlas (Buenos Aires, Falbo Librero Editor, 1969), Poemas insurrectos (Rosario, Ed. Rosario Poesía, 1971), Algunas críticas y otros homenajes (Rosario, El Lagrimal Trifurca, 1972), Historias, veras historias (Buenos Aires, Schapire Editor, 1974), Manuel de utilidades (Rosario, Ediciones La Ventana, 1976), Canciones del jardín de Robinson (Rosario, Ediciones La Ventana,1983), Las alas y las ráfagas (Rosario, Subsecretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario, 1985), A través de los ríos y los mares (1986-1987, publicado en Rosario, Ed. Los Lanzallamas, 2000), Baladas para Marie (Rosario, Ediciones Krass, 1988), Ventanal (Rosario, LETT Ediciones,1990), La lírica y el exabrupto (Rosario, Héctor Dinsmann Editor, 1997) y los inéditos Que las flores vengan a mí (1998), Cordeles (1999), Apunta al índice (2000), Ludir (2001), Sin decirlo esta canción dirá tu nombre (2002) y Nada a perpetuidad (2002), mas los dos tomos finales que incluyen todos sus aforismos.

Secuencias de mayo” está incluido en Manual de Utilidades y es uno de los mayores poemas políticos escritos en estas tierras, un texto fundamental dentro de la historia literaria de Santa Fe. Con el lenguaje propio del periodismo de esa época, Diz va apuntalando el entramado del poema a través de las subjetividades que rodearon a lo que se conoce como “primer Rosariazo”. Los alínea como si fueran cuadros de una película y realiza una reconstrucción literaria de las protestas que coparon el mismísimo centro de Rosario ("La mercantilista, la olvidada/ la autofundada") a partir del 16 de mayo, día en que los estudiantes universitarios marcharon por la ciudad en reclamo por lo sucedido en Corrientes. No utiliza nombres, pero no son necesarios para identificar los graves hechos desencadenados por la represión y reconocer en el texto el asesinato de Adolfo Bello (“Por un hecho fortuito, involuntario/ perdió la vida un joven estudiante”) y el de Luis Norberto Blanco (“Una bala, al parecer perdida,/ ha dado muerte a un joven de sólo 15 años”) marcados por la rítmica aparición de las fechas, llevando a eje como lo suelen hacer los estribillos ("Era, súpose, un día de Mayo, el 17...  Era, recuérdese, un día de Mayo, el 21")  La vorágine de esos días queda identificada por la constitución de las barricadas (“Traen/ troncos/ maderas/ líquidos/ escondidos”), la lucha desigual pero inicialmente victoriosa ("La peste no entiende esta batalla, a sus/ armas de guerra le responden zapallos,/ botellas, zanahorias; la peste retrocede"), la solidaridad del pueblo ("¿Cuántas puertas/ se abrieron oportunamente?/¿Cuántas respondieron/ a febriles llamados?"), los sindicatos que se suman a la lucha ("Los bancarios han dejado los bancos,/ los ferreteros las ferreterías, los/ tenderos las tiendas") y la oposición a la montada, que se realizó arrojando “bolitas” (" el pueblo tiene armas/ que son juegos de niños/ esferas coloreadas") para que los caballos resbalaran (“Mírese nuevamente, véase caballos rodar/ como patinadores ebrios, véase jinetes/ lamer el asfalto”). Si bien el cuadro final parece desolador, allí donde el general Roberto Fonseca consigue retomar el control de la ciudad luego de varios días de resistencia declarándola zona de emergencia bajo jurisdicción militar ("A muertes impónese la calma, a muertes./ Aquí créase un vapor, una calma mortuoria/ llueve una calma apenas, enterrar los caídos/ esconder, rescatar los heridos, otras tareas./ Algo efervece en otras latitudes./ Aquí esperábase ciudades solidarias"), queda esa luz en el horizonte que promete germinar la semilla nacida en mayo, ayudándola a crecer y explotar en septiembre ( Ahora, sábese, quién es el enemigo./ Alguien despierta por los muertos,/ por los otros que duermen, dícese/ que la ciudad/ céntrica,/ es una hoguera grande/ luminosa./ Aquí/ comienza,/ la lucha continúa). Pero ese ya es otro tema.

“Volví a ver hasta el zapato que perdí, está en el poema” fue la frase que me arrojó la escritora Irma Elena Marc al tratar de poner en palabras lo que le produjo la lectura de “Secuencias de Mayo”. Ese poder tiene este texto. Vale la pena continuar y leerlo completo.

Secuencias de Mayo

Ha ido gente, va, seguirá yendo.
Canastos, bolsos de nylon, huecos
más o menos
estandarizados a la zaga.

 

A la zaga
una remolacha forcejea,
el apio forcejea con la remolacha
la señora con los verduleros.

 

Ha ido gente, va, seguirá yendo.
Ha ido un padre con un niño rubio.
Ha ido gente, va, seguirá yendo.

 

Míranse, háblanse, dícense cosas
si conocerse
o conociéndose
o amándose,
míranse
como perdidos o encontrados
míranse buscándose.

 

Mírese desde el piso duodécimo la ciudad;
véase cuanta gente ha ido, va, seguirá yendo
al hormiguero comercial, truquista, colorido.

 

Míranse, háblanse, dícense cosas.
Algunos se conocen.

 

Nadie se conoce

y parece que sí
que se conocen.

 

Era, súpose, un día de Mayo, el 17.

 

El sol, rojizo, no cae por soberbia.

 

La ciudad, véase, es sobresaltada,
hora de cese de tareas, de los vespertinos,
véase, hora de bajar las persianas; así pasa
en los cines, el fin, las luces
que se encienden
algo parecido
                     sucede en todas las ciudades.

 

Aquí en la olvidada, en la mercantilista
en la autofundada
diríase
           es la hora de llegada.

 

Era, súpose, un día de Mayo, el 17.

 

Únese en la ciudad atmósfera, indignación.
                    -Ellas no se conocen-

 

Hay gente aquí indignada, véase hombres
y mujeres, niños de brazos, niños de mama todavía,
                      véase comunión
                      de hombres y mujeres
                      indignados.

 

“¡Han muerto un Compañero!”

 

Véase comunión
de hombres y mujeres
indignados.

 

“¡El compañero tiene la palabra!”

 

Dícense

cosas

                        desde una tribuna

                        denúnciase torturas,

dícense

cosas

         denúnciase una muerte.
 

Pocos escuchan lo que dícese
todos entienden lo que dícese.

 

Era, súpose, un día de Mayo, el 17.

 

Algo

se mueve entre la multitud
se mueve como tortugas filmadas
a 8 cuadros por segundo, algo se mueve,
una marea de brazos, una marea pétrea

enlutada.

 

Son dos mil?
tres mil?
cinco mil?

 

Amas de casa dejan a su marido sin cena, dejan
los bancos los bancarios, los ferreteros las
ferreterías.

son dos mil?
tres mil?
cinco mil?

 

Míranse
háblanse
dícense cosas,
algunos se conocen.

 

“¡Ha muerto un compañero!”, “vamos
a quedarnos aquí, de brazos cruzados?
no, compañero, no”.

 

Era, súpose, un día de Mayo, el 17.

 

Alguien dice que vienen

montados a caballo,

alguien dice que escucha

que son detonaciones,

alguien dice que tiran:

-es para intimidarnos-

alguien dice ordenando:

 

«Hacer frente, carajo»

 

Se hace frente

se corre

se atropella

se insulta

se pisa

se apedrea

se patea

se escupe

se desgarra
 

se corre

hay un encierro
 

se corre;

hay otro encierro
se busca

hay una galería

se internan:
sin salida.

 

Era, súpose, un día de Mayo, el 17.

 

Hace eco
un estampido
en el corredor si salida, un policía
dispara por disparar, tira por valentía.

 

El ruido paraliza.

 

Mientras la muerte deja color espeso,
el color espeso un nombre,
el nombre una bandera.

 

Era, súpose, un día de Mayo, el 17.

 

Ha quedado en algunos lugares
ropa caída, un zapato, sangre,
madera mitad marrón o mitad negra,
maderas humeantes todavía, húmeda,
ojos irritados todavía, húmedos.

 

El silencio deja oír:
un perro gime, llora, se lamenta a lo lejos
un ford ronronea acatarrado, perdiéndose

 

¿Cuántas puertas
se abrieron oportunamente?
¿Cuántas respondieron
a febriles llamados?

 

Una madre pide por su hija
un padre pide por su hijo
100 madres piden por sus hijas,
100 padres piden por sus hijos,
una madre pide por su hija

la jefatura local
no atiende, no trabaja,

un padre pide por su hijo
 

la jefatura local
no atiende, no trabaja.

 

La radio

comunica un comunicado:

 

“Por un hecho fortuito, involuntario
perdió la vida un joven estudiante.»

 

Duérmese la ciudad olvidada, mercantil,
duérmese cuando amanece, duérmese al mediodía
duérmese tranquila bajo el sol, sol

tranquilo de Mayo.

 

Un jeep, suena una sirena, patrullan
las calles perros y metralletas. Mientras

la ciudad

duérmese tranquila bajo el sol, el sol

tranquilo de Mayo.

 

Apesta una infección, la peste pasa
vestidos de civil, preguntan.

 

Los mismos que golpearon, los mismos
los mismos que mataron, los mismos
vestidos de civil preguntan.

 

Era, súpose, un día de Mayo, el 19.

 

Luce
deslucido

el national city bank

el alquitrán en una cabellera colgante

luce
un mamarracho
el national city bank,
el bronce fue tapado, el bronce

de las puertas
y de las ventanas,

quísose

tapar el dólar, más véase, el dólar
es un gato salvaje; se defiende, es defendido,
el dólar es un gato panza arriba, se defiende,

es defendido.

 

Era, súpose, un día de Mayo, el 20.

 

Dícese, no lejos de aquí el viento mece
unas hojas débiles, no lejos un obispo
corta papel higiénico, no lejos unas hojas
amarillas, secas, tocan tierra, no lejos
un botón oprimido arrastra cosas.

 

Ha ido gente, va, seguirá yendo

 

Un multitud decorosa mírase
sin hablar, háblase sin mirar
la multitud dícese cosas sin hablar.

 

Una patrulla pasa

a chorros moja
con agua tinta
roja.

 

¿A otros han querido manchar?
¿Han querido quitarse de sus ropas
el color espeso, incomprensible
de la víspera?

 

A chorros moja

con agua tinta

roja.

Los que miran, los que son mojados
ignoran

el agua tinta

roja.

 

Algo

prepárase en la tarde; el sol cae,
no se sabe
algo trae la oscuridad, una multitud
apacible, pulcra, inofensiva, viene y va,
mira y sigue

algo trae la oscuridad
no se sabe; algo viene.

 

Era, súpose, un día de Mayo, el 21.

Los bancarios han dejado los bancos,
los ferreteros las ferreterías, los
tenderos las tiendas

 

Diríase

que un aire de revuelta
que un aire de rebelión

viene y va,
mira y sigue.

 

Un grito toca tierra:
¡Una columna avanza desde el río!

 

La calle del paseo obligado efervece.

 

Paso a paso avanza una columna que
viene del río, una columna humana
que viene con hombres y mujeres

desde el río.

 

Traen
troncos
maderas
líquidos
escondidos

 

Van paso a paso
estrechando filas

 

Es angosta la calle
quizás angosto el río.

 

Véase
véalos
cargando fósforos y vocales

fósforos y líquidos,
troncos y botellas,

la mayoría entonan estribillos.

 

Véase
véalos:

 

-Oíd el ruido de rotas cadenas
ved en trono a la noble igualdad-

 

En la noche bajan de los edificios,
otrora, en la invasión, aceite hirviendo.

 

Era, súpose, un día de Mayo, el 21.

 

Una sirena taladra los oídos, lanza gases,
a lo lejos disparos, más cerca disparos,
la peste trata, intimida, la peste cumple.
Míranse sin hablar, háblanse sin mirar,

dícense cosas, ordénanse…

 

El gas

hace llorar

solamente.

 

La peste trabaja encarnizada, no vacila,
los palos que da son palos que reciben.
La peste no entiende esta batalla, a sus
armas de guerra le responden zapallos,
botellas, zanahorias; la peste retrocede.

 

Véase cuántos
con sus papas, sus piedras.

 

Leña vuelve a juntarse, un fósforo, una llama.
Véase, la lucha es fuego, maderas, barricadas,
el pueblo tiene armas

que son juego de niños
esferas coloreadas.

 

Mírese nuevamente, véase caballos rodar
como patinadores ebrios, véase jinetes
lamer el asfalto, véase también
sablazos

tajear, descoyuntar,
machetes,

machacar, conmocionar,

gomas

reabrir

heridas casi nuevas.

 

La ciudad tranquila véasela entorchada
en cada esquina, véasela brillante, luce
un fuego púrpura, azul, violeta, que llamea.

 

Era, súpose, un día de Mayo, el 21.

 

Al enemigo véaselo al resguardo
al teléfono, en la retaguardia, mientras
sus autómatas: la peste
rapta, golpea, tortura o asesina legalmente.

 

Cumplen órdenes:
 

“mata antes de que te maten”
“dispara antes que te disparen”
“golpea antes de que te golpeen”

 

La peste cumple órdenes
que son casi placeres.

 

Mata antes de que los maten,
dispara antes de que les disparen,
golpea antes de que los golpeen.

 

Véase caballos rodar como patinadores ebrios,
véase jinetes lamer el asfalto, véase también
pistolas disparar.

 

Mírese aquí
mírese atentamente
mírese a 24 cuadros por segundo:

 

Era, recuérdese, un día de Mayo, el 21.

Un niño retuérsese y cae,
un calor derrítelo, voltéalo,

el niño sólo corría, temía no volver a su casa
a la fábrica,
el niño que no vuelve

a su casa, a la fábrica.

 

Qué índice

de qué peste
de qué matriz salido
puede oprimir así

el gatillo?

 

(hay dos muertos y heridos dice el
informativo, no dice asesinados casi
en nuestras narices)

 

La teletipo informa a Buenos Aires:

 

“Una bala, al parecer perdida, ha
dado muerte a un joven de sólo 15 años”.

 

Era, súpose, un día de Mayo, el 21.

 

Tómese lo pasado, reconstrúyalo,
véase normalmente, humanamente
véase a 16 cuadros por segundo:

 

A muertes impónese la calma, a muertes.

Aquí créase un vapor, una calma mortuoria
llueve una calma apenas, enterrar los caídos
esconder, rescatar los heridos, otras tareas.

 

Algo efervece en otras latitudes.
Aquí esperábase ciudades solidarias.

 

Los muertos han muerto
para el registro de personas,
dícese que para los periódicos,
dícese que para los semanarios que
han impreso sus nombres, sus fotos:
Los muertos ha muerto para ellos.

 

Aquí esperábase ciudades solidarias.

 

Los muertos, cuéntase, resucitan.

 

Ahora, sábese quién es el enemigo.

 

El enemigo es uno, tiene esbirros,
cerdos de buen tamaño, casi humanos,
los muertos, cuéntase, resucitan
de una y otra muerte, y de todas las muertes resucitan.

 

Presúmese inminente la caída del fuerte,
el labio leporino, el férreo, el inmutable.

 

Ahora, sábese, quien es el enemigo.

 

Aquí
llueve

una calma mortuoria.
La mercantilista, la olvidada
la autofundada, duerme.

 

Ahora, sábese, quién es el enemigo.

 

Alguien despierta por los muertos,
por los otros que duermen, dícese
que la ciudad

céntrica,
es una hoguera grande

luminosa.

 

 

 

Aquí
comienza,
la lucha continúa.