Nora Patrich: “Nuestra lucha es el otro porque vos no podés estar bien si lo que te rodea no lo está”

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MEMORIAS DE MILITANCIA

Nora Patrich: “Nuestra lucha es el otro porque vos no podés estar bien si lo que te rodea no lo está”

29 Noviembre 2023

AGENCIA PACO URONDO conversó con Nora Patrich acerca de su reciente libro de memorias Jirones de mi vida. De Espartaco a Montoneros, de editorial Jironesdemivida.

Militante, sobreviviente de los 70, mujer, madre, pintora, grabadora y escultora latinoamericanista, quien a una temprana edad se sumó a la propuesta del Grupo Espartaco, nos cuenta acerca de este nuevo trabajo donde a través de sus páginas comparte vivencias, recuerdos, historias de vida que se sucedieron durante una época marcada por las convicciones, el compromiso, el amor y la supervivencia.

Este diálogo se llevó a cabo en los días previos a las elecciones presidenciales del 19 de noviembre en las que triunfó el candidato de la ultra derecha Javier Milei, por lo cual queda pendiente otra conversación con Nora acerca de este nuevo escenario.

Agencia Paco Urondo: Este libro comprende un amplio período de tu vida, años de formación artística, de militancia, la dictadura, el exilio. ¿Podrías resumir lo que significaron para vos todos esos años?

Nora Patrich: Cuando mis nietos me preguntaban cosas de mi vida, de mi pasado y por qué no estaba viviendo en mi país. Cuando mis hijos también necesitaban a medida que crecían entender un poco más de lo que nos había sucedido, a veces contaba anécdotas graciosas de nuestra militancia, entonces me di cuenta de que había un desconocimiento no solamente dentro de mi familia sino en general, que les costaba entender cómo era la vida de un militante, cómo era la vida de un montonero pero sobre todo cómo era la vida de una montonera que además había sido madre, que después se había tenido que exiliar, viuda, tan jovencita, a los 24 años, con dos criaturas y me di cuenta que no se tenía noción y que los fake news y todo esto, mensaje negativo de qué éramos, cómo éramos, también influenciaba mucho la comprensión que se tenía de todo.

Entonces sentí la necesidad de escribir y de que se entienda, que si bien éramos una agrupación armada lo fundamental en nuestra militancia no era la guerra armada, ni el enfrentamiento, ni era salir a matar ni salir a destruir, sino lo contrario, que era salir a construir un mundo mejor, una vida mejor, construir un futuro, un sueño, una patria grande de alguna manera más justa, más libre y más soberana. Entonces quise contar cómo es que hacíamos eso, pero dentro de ese hacer entraron a pasar todas esas cosas que ellos no podían aceptar que ocurrieran, y recurrieron a las desapariciones, las matanzas, todas esas cosas que ya sabemos.

Este libro es un relato de eso, de la mixtura del amor, de la guerra (aunque no era una guerra igual, era muy desigual). Quise contar también las cosas graciosas y divertidas que nos sucedían, de cómo nos enamoramos, nos desenamoramos, nuestros hijos y qué les queríamos dar, y a los hijos de los otros también.

Quería que seamos nosotros contando esta historia, que no es solamente mi historia. Si bien son mis memorias, es como yo lo recuerdo todo pero dentro de un conjunto. Seguramente muchos se van a sentir identificados con las cosas que cuento. Si bien hubo mucho dolor, mucha sangre derramada, también hubo mucho amor, risas, felicidad, porque un pueblo sin amor y sin felicidad tampoco sabe cómo luchar o cómo crear esa vida mejor.

APU: Jirones de mi vida, comprende tu historia personal, pero al mismo tiempo se enlaza con otras.

N.P.: Sí, si bien estas son mis memorias y es mi historia, no es solo mi historia sino que es nuestra historia y son nuestras memorias porque no me pertenece a mí sola, es simplemente como yo lo recuerdo, como yo lo viví y como yo lo sentí. Creo que muchas cosas son sentires compartidos, que es muy importante porque acá no estamos solos. Si hay una consigna que respeto es la que dice que la patria es el otro. Nuestra lucha es el otro porque vos no podés estar bien si lo que te rodea no lo está. Y para que todos estemos bien hay que tener una Argentina de cierta manera, es a través de una sociedad que está sana mentalmente y para eso necesitas tus días de descanso, tus vacaciones, tener un salario mínimo más o menos bueno, tener tus necesidades básicas resueltas.

APU: En el libro hay un prólogo de Pablo Verna, que es hijo de un genocida, un militante muy comprometido con los Derechos Humanos, integrante del colectivo Asamblea Desobediente ¿Por qué pensaste en él?

N.P.: Tengo dos prólogos, que representan dos aspectos de mi vida importantes y dos visiones muy distintas. Por un lado está el de Sandra Russo que es una periodista muy respetada con la cual suelo coincidir en casi todo lo que escribe. También por el hecho de ser mucho más joven con otra visión y me aportó mucha belleza y entendimiento, un punto de vista muy distinto al que uno suele escuchar, que por lo general es más de nuestros pares.

El otro prólogo es de Pablo Verna. Cuando me enteré que existía me conmovió muchísimo y ahí tomé conciencia del tremendo dolor y destrucción que causaron estos tipos, en todo sentido de la palabra y hacia todos lados, nos atravesaron el corazón de punta a punta del universo, incluyendo a sus hijos. Se necesita tener muchas agallas para hacer lo que hicieron estos chicos, estos hijos.

No solamente era por la visión que él podía dar sobre nuestras vidas o lo que él entendía, que lo llevó a declarar en contra de su padre, investigar cuando él tenía sospechas, saber el por qué y cómo es que de tanto odio y tanta mierda, nace un ser tan bondadoso, suave y amoroso como Pablo. Me parece que es especial porque te da también esperanzas para el futuro, “que de la mierda no siempre nace mierda” o ese dicho que dice “la manzana no cae muy lejos del árbol” no siempre es así. Me gusta a veces romper con esos dichos y esas cuestiones impuestas por la sociedad o por los diversos sectores de poder.

En fin, escribió un prólogo que viene desde otro lado y que tiene otras raíces totalmente distintas y me parece muy interesante y muy importante, no solamente para ellos sino también para nosotros.

Después también invité a Gabriela Sosti y Pablo Llonto en el capítulo “Contraofensiva”, juicio en el que declaramos Roberto Baschetti, mi actual pareja, Susu machi, mi cuñada y hermana de Horacio, hay fragmentos de poesía, también las letras de música que escuchábamos, los libros que leíamos. La idea es hacer un pantallazo cultural de lo que nos rodeaba, de todo esto sacábamos fuerza para seguir adelante.

Es un poco así, la vida cotidiana mezclada con la militancia, era como un ida y vuelta, no había una separación, éramos una sola cosa y trato de demostrar cómo es que eso ocurría, porque también quiero que la gente joven se ponga en nuestros zapatos y en nuestra piel y entienda el por qué, que no éramos unos locos sueltos que decidimos simplemente dar nuestras vidas, en todo sentido de la palabra, por el tiempo que dedicamos, las horas, como la vida en sí, por qué muchos murieron y desaparecieron.

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Tapa jirones de mi vida

APU: ¿Cómo fue el proceso de escritura del libro?

N.P.: Desde el momento que lo matan a Horacio, tenía a los chicos y la necesidad de contarles a ellos quién era, cómo era, quería que lo conocieran, a pesar de que el mismo día que lo mataron, Laurita cumplía dos meses, de los cuales lo había visto dos o tres días nada más porque nosotros nos tuvimos que levantar de nuestra casa cuando ella tenía tres días y a la semana nos fuimos para Miramar. Él vino de Rosario a Buenos Aires y también se fue hasta Miramar dos o tres días pero esa fue toda la convivencia en esos dos meses. Y Nicolás hacía dos semanas que había cumplido dos años.

Entonces me compré un diario y les escribía a los chicos y les iba contando cosas que me acordaba, que vivía, que sentía en ese momento de pérdida, de escondernos, de escaparnos y de tener que salir del país. Por un lado tenía esas anotaciones en los momentos difíciles, y por otro lado me daba cuenta que tenía miedo a olvidarme, miedo a olvidar la responsabilidad de recordar todas estas cosas para poder transmitirlas. Cada tanto escribía cosas, anotaciones, más allá del diario, hasta que un día me llamó una amiga, estando en mi exilio canadiense, yo ya había vivido en Israel, en España, en Cuba y en México, donde nació mi tercera hija, me llama diciendo que había una competencia de patinaje sobre hielo en la televisión, una pareja de ingleses estaban haciendo un homenaje a los desaparecidos argentinos en su coreografía, enseguida lo puse, me golpeó muy fuerte, estaba tremendamente conmovida, ahí dije, tengo que escribir algo más. Entonces a raíz de ese hecho, que lo relato, empiezo a escribir pequeñas historias cortas de algunos recuerdos graciosos, de recuerdos de felicidad que había vivido con compañeros que estaban desaparecidos o asesinados, que ya no estaban más en mi vida, no solamente de mis familiares.

Una vez me junté con una escritora, no me acuerdo si era iraquí o iraní, que estaba exiliada en Canadá, estaba interesada en empezar a escribir mi libro, mi historia, pero no tenía mucha comprensión de lo que sucedía en América Latina, entonces fue muy difícil y quedó trunco, pero muchísimos años después me llega un pedido para participar de una recopilación de historias de vida que estaba haciendo Roberto Baschetti, antes de conocerlo. Le mandé esas historias. Después él cambia el concepto del libro, decide narrar sobre compañeros que ya no están. Armó una página con más de 5.000 historias de vida, pero los primeros dos libros que sacó, La memoria de los de abajo, le hice la tapa y alguna de esas colaboraciones fueron parte de esas historias de desaparecidos. Esa cuestión de guardar en la memoria, de que no se te pierda nada, era como una responsabilidad y un peso que caía sobre mí, que ahora me doy cuenta cuánto me pesaba, no como algo malo sino como una responsabilidad que uno no quería soltar, no me podía dejar a mí misma relajarme.

Decidí que tenía que escribir esto para mis nietos, si bien mis hijos también me preguntaban, creo que el que me determinó sentarme y hacerlo, fue uno de mis nietos que fue el que más insistió.

APU: ¿En qué contexto comenzaste a darle forma?

N.P.: En la época del COVID. Comencé a recoger todos esos papelitos, notitas que iba guardando, de repente me acordaba el nombre de un lugar, El nombre de un compañero, lo anotaba y ahí lo metí en una caja. Y entonces la caja iba creciendo de papelitos que después tuve que armar como rompecabezas, porque no es que tenía todo en un solo lugar anotado. Y arranqué a escribir, arranqué a hacer mi libro, y así fue creciendo.

Por un lado, sí, con todas esas anotaciones y cosas que tenían que ver con la memoria personal. Y por otro lado, usando archivos, investigando, consultando con Baschetti y otros compañeros con quienes había compartido vivencias en momentos muy cruciales e importantes de la historia y de nuestra militancia. Coincidimos en esas memorias, teníamos ese mismo recuerdo, que casi no había diferencias. Mi libro está formado de mis recuerdos personales, de vivencias en momentos históricos, pero también pongo datos, hay muchísimas fotografías, son 40 capítulos y al comienzo de cada uno hay una hoja con fotos inéditas, a veces es material, son objetos. Es una mezcla de memorias con álbum de recuerdos, porque no solamente son fotografía, sino también nuestros objetos. Por ejemplo, una vez usé una pulsera como contraseña para una cita a la que tuve que ir a Córdoba y era una cita cantada. El compañero que tenía que contactar, me vio, pero siguió de largo, no me delató. La guardé, la tengo, así que ahí pongo la foto de la pulsera, con el recuerdo de ese compañero profundamente grabado en mi corazón, no solo porque me salvo la vida, sino porque tampoco sé qué fue de él, ni podría saberlo jamás.

Todo lo que relato está apoyado o demostrado a través de fotografías, de documentos, de materiales. Esa es otra cuestión, trato de que nada sea al aire o dudoso. Lo que cuento, lo cuento con bastante certeza en ese sentido.

APU: En todo tu trabajo, tanto en la escritura como en tu arte, siempre convocás mucho a los militantes jóvenes. ¿Qué expectativa tenés hoy sobre ellos? ¿Qué esperás de ellos o qué quisieras transmitirles?

N.P.: Te la quiero hacer corta pero es difícil, nosotros en general, el pueblo que entiende los derechos que hemos conseguido y que hemos ganado, tenemos que entender que los tenemos que cuidar para el resto de nuestra vida, por generaciones a venir y por el resto de la eternidad.

Nunca nos van a regalar nada y nunca nos van a dejar mantener lo que se logró, no por una cuestión de que quieren más guita, lo que quieren es tener más poder y cada vez el sector de poder es más chico, lo que muchos llamamos el poder real, ya no es más una cuestión de si la oligarquía o si los monopolios, creo que es la cuestión del poder real, los que manejan desde arriba de todo, a nivel mundial, porque ya no pertenecen más a un solo país. Entonces, ¿cómo se combate en contra del poder real que ni siquiera a veces lo ves. Mirá lo que pasó con Julian Assange, con Milagro Sala.

No podés confiar en que vamos a ganar las elecciones, te tenés que romper el culo, sea como sea para garantizar que se gana. Van a estar constantemente tratando de sacarnos la alfombra debajo de los pies. Tienen tanto dinero que no les alcanza la vida para gastarlo, ni ellos, ni sus descendientes, y sin embargo no les es suficiente. El tema es cómo seguís avanzando en las cosas que todavía no tenemos. Sobre la militancia actual creo que tienen la suerte de no tener que estar constantemente arriesgando su vida en el día a día. Que valoren eso porque lo tenemos gracias a los 30.000, y lo mínimo que podemos hacer es ser los guardianes de todos los logros de esos 30.000, que obviamente no son los 30.000 solos pero es un símbolo, porque fueron luchas obreras, en los barrios, fueron las Malvinas, toda la conjunción de lo que sucedió para tener lo que tenemos. Y por algo existen, no porque perdimos una guerra sino porque estábamos logrando un montón de cosas para la población, para el mundo.

Los que estaban antes que nosotros, además de los momentos económicos difíciles, estaban viviendo una situación de seguridad difícil donde todos los días se les iba la vida en ello. Nosotros no tenemos que esperar que nos vengan las cosas de arriba, que nos venga la bajada de línea, porque creo que el sentido y el espíritu que necesitamos lograr está en todo, eso lo sabemos de memoria, está en nuestros cuerpos ya grabado, tatuado, es la patria justa, libre y soberana. Entonces de ahí hay que ser inventivo, creativo, no te podes sentar a esperar a ver qué nos dice Cristina, qué dice este, qué dice el otro.