Manuel Antín y la poesía como ciclo perfecto de finitud

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    Manuel Antín
POESÍA Y CINE

Manuel Antín y la poesía como ciclo perfecto de finitud

25 Febrero 2024

Sirena y Espiral es una compilación de sonetos de Manuel Antín publicada en la época de oro de la poesía argentina, allí radica la predicción de su vasto universo existencial.

El poemario atrapa por su formalidad y el bagaje interno del mundo sensorial-afectivo del autor.

Es destacable la precisión en el cuidado de la arquitectura de sus versos, en la fina elección rítmica y musical de sus palabras, entendiendo que son búsquedas ineludibles del soneto.

Como si se tratase de una premonición, la poesía es génesis no sólo porque se vale de la síntesis, sino por su carácter visionario. Por eso podemos decir que el cine ya estaba impreso en su misión creacional

En su poesía, Antín, tiene un fervor estilístico en las imágenes que evoca, tal es así que uno puede sentirse dentro de ellas o puede hacerlas propias (ahí es donde radica su universalidad). 

Muchos de los sonetos hablan de la naturaleza en el sentido genuino que lo hace Virgilio, el hombre renacentista que evoca su intimidad en el universo que habita. 

A la vez, como si se tratase de una contradicción, hay un tratamiento ambiguo de la naturaleza porque no es solamente evocada para entronar al hombre en su contemplación divina ni para agobiar el presente como podría hacer el naturalismo de Quiroga. Por el contrario, establece un punto de fuga hacia el pensar el hombre como unidad en la inmensidad.

Testigo de su época, Antín viene a mostrarle al propio hombre su finitud. Su Yo Poético está atravesado por el existencialismo, por eso es importante retomar el sentido de la vitalidad y ver con qué audacia escribe: su punto de vista nos lleva a pensar en el héroe griego.

Y eso es lo maravillosamente premonitorio porque luego en Circe retoma lo más hondo de Sirena y Espiral. El hombre se vuelve accidente de su propia finitud, conoce su peligro y lo afronta por propia determinación de sus actos, al mismo tiempo que interpreta el mundo desde su vaga templanza. Eso, es el cine.

Hay momentos en donde los sonetos se vuelven extremadamente simbolistas por las alegorías y los universos metaforizantes que conviven en una misma estrofa (o varias).

En fin, todo es símbolo en Antín y a la vez todo es tangible porque hay unidad en la imagen y es autónoma, como si cada verso se tratase de un fotograma.

Sin embargo la destrucción de la literalidad de la imagen es un giro propiamente baudeleriano, cuanto más distancia del aspecto reconocible de la imagen, más cercanía a la invención cinematográfica. 

La poesía es génesis no sólo porque se vale de la síntesis, sino por su carácter visionario.

¿Qué es cine sino la ruptura del orden de lo real y la invención de la nueva forma perceptible? No hay escapatoria en las imágenes poéticas de los sonetos, en sí mismos configuran un planteo ético y estético del mundo. 

Como dijo Eckhart, “la imagen no es para sí misma”. En aquello que le precede está el punto de vista marcado del narrador, allí radica su moldeamiento. Por eso cuando la imagen da giros contemplativos buscan en sí mismos los efectos de la cámara para asumir la implicancia del lector-espectador. 

Esos giros simbolistas operan en la dimensión de lo metaforizante (lo sustituido y lo sustituyente), en esa evocación la palabra entra en un universo polifónico.

Cuando todo el universo que el poeta contempla se vuelca sobre su interioridad, entra en la experiencia vital, en esta maldición, en esta beatitud del compromiso, es decir su propia búsqueda ética del esteticismo, acaso sombrío y no menos deslumbrante.

Hay una atmósfera vacilante del orden de lo fantástico en su poesía, quizá con el concepto cortazariano de quedar ahí en el límite de la percepción y lo inasible. Lo que él llamó “el sentimiento de lo fantástico”, como forma de percibir el mundo.

Y eso nos lleva a Godard, cuando dice que su única forma de narrar es saber que como persona, el hombre tiene una historia, quizá inquietante.

Tanto para Godard como para Antín, el cine es poesía, entrega y es un sueño permanente en puja constante con nuestra vida y con las que creamos. Solo un hombre que conoce su tiempo acotado, es capaz de crear ciclos perfectos de finitud.