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Fractura //// 27.12.2020
Entrevista al poeta Gustavo Yuste: “La observación es vital para escribir”

Fractura, suplemento literario de AGENCIA PACO URONDO, conversó con el escritor sobre sus recientes libros: El viento trae noticias (Ente Ríos) y Electricidad (Sudestada), la pandemia y los proyectos a futuro.  

Por Inés Busquets | Foto: Marcelo Escayola 

                                                   Los edificios son cada vez

 más altos

y más eléctricos.

El cielo, cuando se puede ver,

Parece mordido por dientes desparejos.

Gustavo Yuste, Electricidad

 

Gustavo Yuste es poeta y periodista. Nació en Buenos Aires y es autor de: Obsolescencia Programada (Eloísa Cartonera, 2015), Tendido Eléctrico (Objeto Editorial, 2016), Las canciones de los boliches (Santos Loscos, 2017), Lo que uso y no recomiendo (Modesto Rimba, 2018), la novela Personas que no lloran en sus cumpleaños (Paisanita, 2019), La felicidad no es un lugar (Santos Locos, 2020), El viento trae noticias (Entre Ríos, 2020) y Electricidad (Sudestada, 2020).

Su  poética pareciera estar en alerta permanente. Observa y dialoga con lo que sucede. Es una mirada dinámica que nos permite  ingresar al poema y asimilar su pregunta.

¿Qué nos garantiza la idea de progreso? ¿Qué es el progreso?  Más que un tendido eléctrico que ilumina cada vez más nuestras acciones, que cristaliza nuestra vida privada, rompiendo la esfera que nos permitía ser anónimos.

Algo inmenso se construye mientras dormimos, personas y máquinas como dice Gustavo Yuste se entrelazan en una convivencia que aparenta permanecer.

La poesía parece un camino posible. Un puente hacia el desentrañamiento de las cosas. Un mirada cotidiana que cuestiona el mundo y lo interpela.

Las vías del tren, los carteles luminosos, el colectivo, las avenidas, una red que transporta y a la vez desorienta. La poesía de Gustavo Yuste es de Flaneur, camina, se mueve, viaja mientras habla del tiempo, de las obsesiones, de la incertidumbre, de los vínculos.

Gustavo Yuste se detiene en lo efímero y lo convierte en poema, le aporta lenguaje y sustancia a algunos sentimientos inefables y escudriña con detalle hasta lograr que el lector también forme parte de su experiencia.

AGENCIA PACO URONDO: ¿Cómo viviste a nivel productivo este año de pandemia?

Gustavo Yuste: Traté de no vivirlo productivamente, en el sentido de no medir lo positivo o lo negativo en cuánto a lo que podía o no podía hacer. Estamos en un momento excepcional y siento que muchas veces eso se olvida, nos tratamos como si nada. Más allá de eso, creo que el desafío para cualquier persona que escriba es poder mantener la atención y la disponibilidad más allá de todo, ya sean grandes problemas a nivel social como ocurre ahora o a nivel personal, que es algo que tampoco nunca se detiene. Haciendo un balance, pude escribir bastante y también leer, pero sobre todo con esto último las primeras semanas fueron complejas, era difícil concentrarse ante tanto bombardeo informativo y la incertidumbre generalizada.

YUSTE, GUSTAVO - El viento trae noticias (postales desde Cuba)APU: ¿Cómo fue el proceso creativo de Electricidad?

G.Y.: Obsolescencia programada y Tendido eléctrico, mis dos primeros libros y que integran esta nueva edición, fueron escritos casi a la par y casi salen publicados en el mismo momento: fines del 2015. Obvio que fue por azar de las editoriales involucradas, que fueron Eloísa Cartonera y Objeto editorial, aunque finalmente Tendido eléctrico salió en la primera mitad de 2016. Fueron poemas que respondían a algunas de mis obsesiones de ese momento en el que decidí escribir de una manera más oficiosa, con mayor regularidad y tratar de orientar las decisiones de vida en relación a la escritura, siempre en la medida en que la vida lo permite. En ese entonces las nuevas tecnologías, el mundo hiperconectado y los cambios que eso nos produce era algo que me fascinaba (y lo sigue haciendo), así como también la idea del poder de síntesis. Creo que ahora ya no me interesa tanto lo segundo, busco otra soltura o, al menos, la soltura que pida cada poema. Cuando Juan Solá me propuso ser parte de la colección, lo cual me tomó por sorpresa y fue una grata noticia, se me ocurrió reunirlos porque ambos no se conseguían prácticamente y tienen mucho en común, sobre todo la electricidad con los que fueron escritos cuando era más joven. 

APU: Hay un gran componente de observación en tus libros, principalmente en este, ¿creés que es un factor fundamental para hacer poesía?

G.Y.: Es mi forma natural de relacionarme con el mundo creo, lo cual evidentemente también siempre tiñe todo un poco de melancolía: darse cuenta de lo efímero de todo, incluso de las epifanías que la escritura puede llegar a generar. Creo que la observación, en el sentido más amplio del término e incluyendo a todos los sentidos, es vital para escribir algo que nos permita entrar y salir de nosotros mismos constantemente. Desde chico que soy alguien callado o reservado, pero eso no significa que no sea inquieto y activo, solo que elijo la vía de la observación para poder vincularme con las cosas que pasan.

APU: ¿Tenés como un alerta en lo cotidiano con respecto a esto?

G.Y.: Lo cotidiano es lo que más me sorprende: todos los días pasan pequeñas cosas, muchas veces predecibles, que aun así siempre guardan el facazo hasta el último momento y nos agarran desprevenidos. En ese sentido, para mí lo cotidiano es fantástico, así como otros autores y autoras sostienen que lo fantástico forma parte de su cotidianidad. Por eso no me suelo preocupar tanto cuando no escribo, cuando aparecen rachas de silencio breves, pero sí cuando no encuentro “frases” –como diría Diana Bellessi- en lo que me rodea que me motiven a escribir. Ahí sé que tengo que volver a ponerme en foco de cierta forma.

APU: ¿Qué poetas leés y cuáles son aquellos que te inspiran? Viste que por ahí terminas de leerlos y empezás a escribir...

G.Y.: Luis Chaves, Fabián Casas y Antonio Porchia son poetas que suelo releer una vez al año y siempre me inspiran a escribir, desde hace ya bastante tiempo. Pero también me sucede con Mary Oliver, Anne Carson, Ben Lerner, Estela Figueroa, Sharon Olds o Joaquín Giannuzzi, poetas evidentemente muy diferentes entre sí, lo cual es algo que me alegra mucho, porque si no podría volverse todo muy repetitivo, con olor a encierro.

APU: Los poetas muchas veces son testigos de una época determinada: hoy para vos poeta joven ¿cuáles son los temas que te movilizan?

G.Y.: Siempre me movilizaron los sentimientos, pero sobre todo el cruce entre ellos, esas zonas de mixtura que no terminan de ser claras, en donde el amor incluye al desamor o la felicidad a la ausencia, etc. Poder ver lo falibles que somos todo el tiempo, los accidentes del ánimo. También me moviliza, ya un poco más en relación a mi edad, sentir que somos una generación bisagra entre un mundo que queda atrás y otro del cual no conocemos su forma, si es que va a tener una forma única, lo cual no creo que pase. Una vez leí a Martín Piroyansky que decía que hay una generación que se crió pensando en un mundo que ya no existe, y estoy totalmente de acuerdo. Tanto a nivel social, político, económico, sentimental, todo está en constante ebullición, lo cual es emocionante por momentos y abrumador por otros. Además, claro, está el tema de la subsistencia en un sistema capitalista que cada vez abarca y aprieta más, al contrario de lo que dice el refrán.

APU: Por ejemplo  lo urbano y  la idea de progreso se perciben como una especie de amenaza y hasta son motivo de reflexión en tus poemas. ¿Ante la incertidumbre el poema puede ser un puente o una salvación?

G.Y.: Claro, la idea de progreso es una obsesión en el sentido que te mencionaba: todo cambia todo el tiempo. Luca Prodan, reversionando el tema que popularizó Mercedes Sosa, cantaba: el tiempo pasa, nos vamos poniendo technos. El título Obsolescencia programada, de mi primer libro y que está incluido ahora en Electricidad, hace referencia a eso justamente: lo que se crea para ser dejado atrás. Eso puede pensarse en muchos planos de la vida, incluso en lo urbano: obras públicas que en la Ciudad de Buenos Aires se empiezan y se tiran abajo constantemente, paisajes que no perduran, que se superponen. Al haber nacido y vivido toda mi vida en la ciudad, es lo que me toca ver a diario: el no paisaje, la no referencia, la idea de un progreso que a veces esconde lo reaccionario.

APU: Contame de El viento trae noticias, el proceso creativo y tu llegada a España también...

ELECTRICIDAD (Gustavo Yuste) - Librería SudestadaG.Y.: El viento trae noticias fue una grata sorpresa para mí, porque es un libro escrito, abandonado, retomado, abandonado y sorpresivamente terminado este año. En agosto de 2019 tuve la suerte de poder viajar a Cuba y, casi sin darme cuenta, llevé un diario de viaje en forma de poemas, escrito en verso. Lo que te decía del abandono y la reanudación tenía que ver con poder despegarme de la experiencia de haber viajado ahí, ver ese otro mundo que también existe, esa otra forma de pensar la realidad, para poder priorizar lo estético y no lo periodístico o lo personal. Este año, en los primeros días de la pandemia, pude enfocarme en eso, lo cual fue un alivio y al mismo tiempo melancólico: un diario de viaje en una época en donde conocer otros paisajes parece imposible. El viento trae noticias me permitió viajar también ahora, porque por primera vez un libro mío se puede conseguir en España, impreso tanto allá como acá en Argentina gracias al trabajo que hacen en la editorial Entre Ríos, que es muy artesanal pero profesional al mismo tiempo. No esperaba que el libro saliera este año, eso fue azaroso –igual que Electricidad-, por lo que estoy muy contento. En la misma línea, el contacto con Elvira Sastre y su lectura también fueron inesperados y motivo de celebración en estos tiempos tan excepcionales. Quizás, las monedas del Che que me regalaron los cubanos tuvieron algo que ver en todo esto…

APU: Año prolífero aun en la quietud del contexto, ¿Tenés en mente proyectos próximos?

G.Y.: Por suerte sí, creo que hubo una sincronicidad de proyectos que permitió que muchas ideas decantasen y pudieran tomar forma. Que La felicidad no es un lugar, libro que salió justo una semana antes de la cuarentena, esté ya en una segunda edición es algo que nunca me hubiera imaginado en este contexto. Por suerte Santos Locos y Marcos Gras, su editor, sí, y siempre empujan para adelante. Lo mismo, terminar el año con estos dos títulos no estaba en los planes, así como tampoco que me propusieran publicar un libro que me hace mucha ilusión para la primera mitad del año que viene, del cual tengo la tapa y el título, pero por el momento prefiero guardármelo para que sea sorpresa. Puedo decir que es un libro de poesía, en una editorial que quiero mucho y que va a tener poemas inéditos y también republicar otros libros míos. Es más, creo que dije el título sin querer en una respuesta anterior… Por último, pero no menos importante para mí, durante este año escribí algo pensado para todo público (una forma de definir lo que se conoce como literatura infantil que me encanta): un poema extenso, hecho en base a una seguidilla de apropiaciones libres del haiku, que es lo primero que escribo dentro de ese género. Si todo sale bien, a lo largo de 2021 saldría publicado por Mágicas Naranjas, una editorial que me encanta lo que hace y con la que tengo la suerte de trabajar hace ya unos años: que a ellos, que trabajan tan bien el tema, les haya gustado lo que escribí, fue algo hermoso. Además, va a ir acompañado de ilustraciones de Inés Isaurralde, una artista que me fascina. El libro se llama La fidelidad de los gatos.