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Fractura //// 27.06.2020
Crecer sobre las ruinas de pueblos destrozados

Con motivo de ser publicada la obra narrativa de María Casiraghi en ebook, estas líneas hablan sobre Otro dios ha muerto, la historia de Petrona Prane, hija de Lonco mapuche, contada en primera persona. La suya es la historia de una generación de desterrados: de su origen, de la tierra y hasta de su propia lengua.

Por Lidia Rocha

 

                                                                               “Hay una casa que va a estar siempre, que no puede destruir ningún huinca, si el mapuche no la olvida: la palabra”

 

Hilar. Petrona Prane estudia el movimiento de la araña y luego la mata sobre su corazón, repite así un ritual de tejedoras. Con esa escena casi cinematográfica comienza Otro dios ha muerto, de María Casiraghi. Petrona, hija de Margarita, mitad india, mitad blanca y del lonco (cacique) mapuche, Emilio Prane.

En primera persona, Petrona va desgajando sus recuerdos, sus experiencias. Sus enseñanzas de vida. La vemos en la pubertad, cuando cuenta su primer sueño en la ronda donde todos se reunían para que la machi augurara cuáles sueños se iban a cumplir. A partir del sueño de Petrona, la machi revela que está viendo el pasado: los tiempos del desalojo, cuando los mapuches fueron despojados de sus tierras: “Cada mapuche debe vivir su propio destierro, porque crecer nomás es ser desalojado. Hay que estar listo siempre para buscarle otra casa a nuestro cuerpo”. Petrona tenía un año cuando había sido desterrada del Boquete Nahuel Pan, en Chubut. Estaba recordando.

Chile reclamaba tierras desde las sierras situadas al oeste de Leleque y Esquel, el abra de Esquel, el cerro Nahuel Pan, el cerro Thomas, el abra de Súnica, el cerro Tecka, el abra del lago Cronómetro, la serranía de Caquel y el cerro Cuche. Por eso se realizó el Plebiscito del Valle, en 1902. Las familias que vivían en Nahuel Pan, donde estaban los Prane, se definieron como argentinos y no como chilenos. Sin embargo, el Estado argentino no cumplió sus promesas, porque las tierras que les otorgó entonces, se las arrebató en 1937.

En la novela de María Casiraghi, Petrona dialoga con una investigadora, Gabriela (que es -según creo- un alter ego de la propia María), una mujer joven que se debate entre sus otros trabajos, sus dudas existenciales y la lealtad debida a Petrona, que ya no es para ella un objeto de estudio sino más bien una maestra, un faro, un ser capaz de ayudarla a reconstruir los lazos que nos unen a la naturaleza y a la comunidad, que nuestra cultura, con su individualismo, ha destrozado.

La fascinación por Petrona no le impide a Gabriela/María profundizar en la cultura mapuche (su visión del mundo, sus creencias, sus organizaciones, su relación con la naturaleza) y en los datos históricos, que la novela incorpora como fragmentos de documentos, cartas y recortes de diarios y revistas.

Es 2011, explotan las torres gemelas. Gabriela recibe una carta de Petrona Prane. Así se entretejen ficción y realidad para dar vida a la novela.

En el libro de relatos Nomadía, hay un cuento que se llama "Entrevista", donde María Casiraghi, cuestiona su rol de periodista, el defecto de esperar que el otro dé la respuesta que ya tenía pensada. En la Patagonia aprendió a escuchar. Y escuchó como Petrona huyó avergonzada de la obligada catequesis, cuando el relato del génesis ofendió su sentido del debido respeto a las mujeres. Y volvió a sus mayores para conocer la verdad, es decir, los mitos de su gente.

Petrona va y viene, entre la servidumbre en casas de blancos y el deseo de cumplir su deber como mujer mapuche, pero tiene que dejar esa vida una y otra vez: “Al alejarme de las rukas, mi pena era tan honda que sentí la muerte de Ngenechén como una verdad; si ya no era capaz de aliviar tanta tristeza, nuestro Dios debía estar muerto”, dice.

El despojo no se resuelve ni se repara. La ley 26.160 fue sancionada a fines del año 2006 con el objetivo de relevar las tierras ocupadas por las comunidades indígenas a lo largo del territorio nacional, para que el Estado argentino reconozca por fin los derechos de los pueblos originarios y suspenda los desalojos de las tierras ocupadas tradicionalmente por las comunidades indígenas. La Ley fue prorrogada hasta 2021, y todavía no se ha previsto un mecanismo para la titularización de las tierras ancestralmente ocupadas por los pueblos indígenas.

El destierro hizo que Petrona olvidara su lengua, lo cual fue una pérdida terrible. Cuando los mapuches fueron empujados hacia las ciudades, donde comúnmente terminaron prestando servicios como mano de obra barata, perdieron su lengua y sus saberes culturales; sin embargo, existe desde hace unos años un trabajo de recuperación, enseñando, por ejemplo, el mapugundum (y su cosmovisión) en las escuelas, creando bibliotecas, restituyendo el orgullo de pertenecer a un pueblo donde la palabra se une al origen, el origen al ser y el ser al mapu, la tierra. A Petrona Prane le tocó ser parte de una generación de desterrados.

El primer amor de Petrona, Ceferino, fue asesinado por la policía. Su marido, Robustiano, resultó ser un abusador, muy violento, que ponía en peligro su vida y su orgullo como mapuche y como mujer. Petrona sufrió las penas de tantas esposas aprisionadas por sus maridos y doblemente violadas por una Justicia que no es tal y que las devuelve a sus victimarios. Otro dios ha muerto ha sido premiado, comentado y reseñado por muchos autores, que, si bien han destacado la narrativa de María y su manera de abordar nuestro drama nacional (crecer sobre las ruinas de pueblos destrozados), ninguno ha hecho hincapié en el tema de género, que es tan importante en la novela. “Entonces pensé que nunca más sería la misma, nunca en la vida, porque ninguna mujer es igual después de que su marido la golpea”, dice Petrona.

¿Cómo termina esta historia? ¿Sobrevivirá Petrona al marido, a la acusación de asesinato a su cuñado, a la injusticia? ¿Recuperará su alma mapuche destrozada, su idioma olvidado? ¿Llegará al atardecer de su vida en paz y amor? ¿Terminará Gabriela su libro? ¿Se reencontrará con Petrona? ¿Se reunirán los Prane y las tribus dispersas para recuperar un saber y un poder del que ya no puedan ser desalojados?

Habrá que leer la novela para ensayar finales.

Dice María Cashiraghi: “Petrona Prane no llegó a ver la novela publicada. La suya es una lucha que no termina, la lucha de los pueblos originarios. Su esperanza era que su historia se viera publicada. En esta pandemia tuve mucho tiempo para buscar la manera de que su palabra llegara a todo el mundo. Me alegró por eso que saliera en papel y ahora en ebook en Amazon y otras tiendas”.

 

Para conseguir el libro

https://www.amazon.com/Mar%C3%ADa-Casiraghi/e/B089KVLXS3/ref=dp_byline_cont_pop_ebooks_1

https://www.bajalibros.com/AR/Maria-Casiraghi-Autor-750891

 

María Casiraghi nació en Buenos Aires en abril 1977. Es poeta, narradora y periodista. Autora de siete poemarios: Escamas del Silencio (2004), Turbanidad (2008), Décima Luna (2011), Loba de Mar (2013), Albanegra (2015), Cóndor (2018), todos ellos publicados por Alción Editora, Córdoba, Argentina; y Música griega (Ediciones En Danza, Buenos Aires, 2019), así como de una antología personal titulada Vaca de Matadero (2017, Ed. Summa, Lima, Perú). Como periodista, es autora de Retratos, Patagonia Sur y Patagonia Sur- Santa Cruz-Argentina (GAC, 2000), junto a la fotógrafa Marta Caorsi. Desde el año 2012 colabora con publicaciones culturales y de viaje. En narrativa, publicó el libro de relatos Nomadía (Monte Ávila, Caracas, Venezuela) con el que recibió la Mención Honorífica Premio especial Ricardo Rojas en género cuento y novela bienio 2009-2012, y la novela Otro dios ha muerto (2015, Alción, Córdoba, Argentina), donde recupera el testimonio vivo de Petrona Prane, mujer mapuche, cuya familia fue víctima de la expulsión violenta de su pueblo por los militares. Ha traducido libros de viajeros naturalistas europeos de fines de Siglo XIX por la Patagonia, entre ellos Wildsof Patagonia, de Karl Skottsberg y Wanderings in Patagonia, de Julius Beerbohm (Editorial Sagier y Urruty, Buenos Aires, 2003). Ha participado en festivales de poesía nacionales e internacionales, y publicado sus cuentos y poemas en revistas y blogs de la Argentina y el extranjero. Asimismo, integra numerosas antologías, tanto en narrativa como en poesía, a destacar, La Erótica del relatoantología de escritores de la nueva literatura argentina  (Adriana Hidalgo, 2009), La Plata SpoonRiver, (Editorial La Talita dorada, colección Los detectives salvajes, 2013) y más recientemente, Atlas de la Poesía Argentina II (Editorial EDULP, de la Universidad de la Plata) y Antología Federal de Poesía (Región CABA).

Juicios críticos

“Esta nueva novela de María Casiraghi no sólo es una joya literaria, sino también una historia de vida que le demandó una larga investigación y vino a editarse en un momento oportuno, en el que asistimos a una nueva ofensiva contra los pueblos indígenas, y en este caso justamente relacionado con los mapuche, el grupo étnico que mayor resistencia opuso en toda América del Sur a los embates genocidas de la “civilización”. Pero no hay que quedarse en la dureza del testimonio de Petrona Prane, hija del cacique Emilio Prane, sobre la expulsión violenta de esta familia de su tierra por el gobierno militar, a pesar del excelente trabajo antropológico que subyace en la obra, pues sería desviar la mirada de sus logros estéticos, que no se subordinan al documento, sino que lo trascienden y enaltecen, entrando en la profundidad del drama humano, desplegando un lenguaje tanto poético como filosófico. Recomendaría por eso leerla primero como una pura ficción narrativa, y luego, en una segunda lectura, verla no ya como una obra de arte producida por la imaginación, sino como algo ocurrido realmente y que sigue ocurriendo, pues el gran capital está apurado por despojar a estos pueblos antiguos de su tierra, no para mejorarla, sino para destruirla por completo en busca de petróleo y minerales. 

Acaso el mayor mérito de esta obra es haber juntado en un mismo nivel una bella prosa narrativa con el testimonio desgarrador de una mujer indígena, algo difícil de encontrar. Las novelas que ponen énfasis en la escritura suelen tomar a estos testimonios dramáticos como mera fuente de inspiración, borrando los rostros de las víctimas en tributo a lo universal, y las que se declaran fieles al documento humano se quedan en lo sociológico y periodístico, sin ocuparse mayormente del lenguaje. Haber logrado ambas cosas sin menoscabar a ninguna es lo que hace a esta obra de María Casiraghi una rara avis in terra en el panorama actual de nuestra novelística”. (Adolfo Colombres) 

“David Viñas se preguntaba por qué a las comunidades originarias que habitaron lo que es hoy el territorio argentino, la historia las rodeaba de silencio, a diferencia de otras de Latinoamérica. La novela Otro Dios ha muerto de María Casiraghi se hace cargo, con arte, de romper ese silencio injusto”. (Vicente Muleiro)

“He terminado de leer, pero el relato sigue en mi cabeza y ciertos párrafos me provocan en la garganta un nudo de silencio que espero romper cantando”. (Anahí Mariluán) 

“A pesar de mi resistencia, lo leí. Y no sólo me gustó sino que me encantó. Es una lectura necesaria. Sobre todo para quienes recién van acercándose a la verdad de la historia de nuestro pueblo y sacándose de encima aquella en la que nos mintieron”. (Isabel Cabezas)

Otro Dios Ha Muerto me ha dejado una sensación de tristeza indefinible. Porque aunque sabemos todas estas cosas, su materialización en la voz de quien ha sufrido la injusticia tiene una fuerza arrolladora. Acertado y sutil el enfoque de la autora, porque se sitúa con respeto (y una delicadeza no exenta de contundencia) en la trama. Con mucha poesía, pero sin desdeñar la rienda narrativa” (Luisa Peluffo)