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Entretenimiento //// 18.06.2022
Sé dócil: otro caso de abusos entre prédicas religiosas

La escalofriante docuserie narra cómo, por más de una década, Rulon y Warren Jeffs controlaron una comunidad mormona en donde abundaban los casos de abusos sexuales, tráfico de personas y apropiación de niños. Cuando la fe es tan fuerte que nubla la visión.

Por Agostina Gieco 

Sé dócil: oración y obediencia, la nueva docuserie estrenada en Netflix, recaba testimonios de muchas de las personas que pertenecieron a la comunidad de la Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (IFSUD), cuyos asentamientos se encuentran establecidos principalmente en los estados de Utah y Arizona, en Estados Unidos. Desde que nacieron, sus habitantes fueron víctimas de un intenso proceso de manipulación mental en el que su fe fue aprovechada por hombres con poder para cometer todo tipo de actos y ser avalados tanto por su gente como por sus víctimas.

La IFSUD es una rama que se separó de la Iglesia Mormona y que instaló bases en los mencionados estados. Allí, hay comunidades que viven alejadas del resto de la sociedad bajo la creencia de que el apocalipsis se acerca y que únicamente ellos podrán elevarse al mundo celestial si cumplen determinadas normas. “Sé dócil” es el principal mandamiento, especialmente hacia las mujeres. Éste se encuentra manifestado de forma explícita en todos lados, ya sea en canciones que les enseñan en la escuela, en objetos como gorras o zapatos, e incluso, y en letras muy grandes para que no sea pasado por alto, en la columna de la iglesia principal a la que acuden de manera constante. Allí hay un hombre conocido como “el profeta”, que se cree es el elegido de Dios para poder comunicarse con las personas en la vida terrenal, siendo a través de él que les manifiesta sus mensajes y solicitudes. La palabra del profeta es sagrada, nadie debe desafiarlo ni cuestionarlo, y quien se atreve a hacerlo sufre las consecuencias.  

Una de las creencias de esta comunidad está relacionada con aferrarse fuertemente a la poligamia, llamada "matrimonio plural": mientras más esposas tengas, con un mínimo de tres, más alto irás en el cielo. Por supuesto, este precepto no aplica para las mujeres, sólo para los hombres. Ellas, al contraer matrimonio, pasan a depender única y exclusivamente del marido, a quien deben obedecer sin oponerse. De todas maneras, nadie se encuentra por encima del profeta, ni siquiera el presidente. Por otro lado, no pueden decidir con quién contraer matrimonio, eso también queda librado al profeta, quien a su vez elige a quienes serán sus propias esposas. En esta comunidad, la diferencia de edad no condiciona, el hombre puede tener 85 años y casarse con una joven de 19, como efectivamente ocurrió. "Las mujeres están sujetas a sus maridos como al señor" dice el Efesios 5:22 en la Biblia. 

Warren Jeffs asumió como profeta una vez que su padre Rulon, el profeta original que se suponía no debía morir nunca, falleció. A partir de allí las normas comenzaron a endurecerse. Su autoridad creció exponencialmente una vez que creó la "Academia Alta", una institución de enseñanza en donde solamente se leían libros aprobados por el propio Warren, quien censuraba y prohibía contenidos que no se adaptaran a los preceptos religiosos, diferenciando, además, entre la educación para mujeres y para hombres. 

Comenzó a tener tanto poder que hasta asignaba a los policías de la comunidad, expulsaba a quienes se resistieran a su voluntad, separaba a mujeres de sus esposos para casarlas con otro con tan sólo un llamado telefónico, y redistribuía familias como piezas de ajedrez. Además, instaló cámaras de seguridad en toda la ciudad, realizó tutoriales para homogeneizar los peinados de las jóvenes y les prohibió los jeans y la vestimenta estampada. Al apropiarse de las casas y de los negocios de la gente, y por lo tanto de las ganancias que éstos le entregaban, ya que todo el dinero iba dirigido a la Iglesia, si alguien osaba siquiera pensar en dejar la comunidad y huir, no sólo no tendría a donde ir ni el sustento económico suficiente, sino que la marginación social que sufrirían sería imposible de soportar. Al haber vivido dentro de sus propias reglas y costumbres por tantos años, no conocían otra realidad separada de los rezos, del profeta y de la sumisión. Había más temor a desobedecer que a morir, porque al menos de esta última forma habrían tenido una vida digna para ser elevados, siempre y cuando no hubiesen cometido errores ni desafiado al profeta.

Por su parte, Warren obligaba a sus esposas a tener relaciones sexuales con él, a complacerlo. A niñas que ni siquiera sabían de dónde provenían los bebés, ya que de sus 78 esposas, 24 eran menores de 18 años y nunca habían escuchado hablar de sexo. Las había forzado a casarse con él a escondidas, a sabiendas de que no está avalado por ley. No sólo había un control económico, social y psicológico sobre las mujeres, también había un control sobre su sexualidad. Era algo que se enseñaba tanto a los hombres como a las mujeres desde su infancia, por lo que no conocían otra forma de vivir.

Con esta docuserie de cuatro episodios, en la que intervienen testimonios de víctimas, investigadores y periodistas, se pone de relieve otro caso más de abusos por parte de sujetos pertenecientes a altos cargos dentro de una cofradía religiosa. No es la primera vez que hay un líder capaz de lavar el cerebro de sus fieles seguidores utilizando su fe como instrumento, ya había ocurrido con João de Deus en Brasil, por nombrar uno de los tantos casos que salen a la luz. Siempre es importante denunciar, pero cuando te inculcaron costumbres desde antes de comenzar a hablar, no es sencillo abrir los ojos.