El tema del verano: zombies en sociedad más allá de la muerte
Más que una canción, como su título lo presenta, El tema del verano, de Pablo Stoll Ward, combina aspectos de la vida social alrededor de la planificación de tres jóvenes -Ana (Azul Fernández), Malú (Malena Villa) y Matina (Débora Nishimoto)- que fingen ser lo que no son para ganar dinero fácil estafando víctimas. La película se desarrolla y se transforma al formato zombie y, con humor, aborda cuestiones que interpelan socialmente.
El escenario elegido por el guionista y director uruguayo es un ambiente rioplatense con referencias constantes a Argentina, Uruguay y también Chile. Las viudas negras son tres jóvenes porteñas que planean adquirir un buen botín, aunque el plan parece haberse frustrado por diferentes sucesos en la ruta. Sin embargo, continúan sus hazañas millonarias hasta terminar de convertirse y, con ello, el film ahonda en el género fantástico. Stoll desliza que la idea original era que los zombies se fueran dando cuenta de a poco y se enfoque desde su punto de vista, y considera que ese es su pequeño aporte al folklore temático.
Tanto el casting como las filmaciones se realizaron en pandemia, lo que para el director llevó a que diera vida y un toque de realidad a lo que ya venía escribiendo hace diez años. El verano uruguayo recibe a muchos países y, más allá de la cercanía, no es forzado que las viudas negras sean de otro origen. La cuarentena le sirvió para ver muchas películas de zombies, por lo que juega con lo filosófico alrededor de si están muertos o “vivos”, y para nutrirse de diversos dichos o temas de discusión del momento que llevó a su trabajo fílmico, aunque no necesariamente fueron incluidos en la elaboración final.
En gran parte de la trama se combinan escenas de sangre, armas, disparos y gritos, entre otros tantos sucesos inesperados, y el toque de humor lleva a que los muertos vivientes hagan bromas con temas de un mundo real. No sólo han vuelto para decir cosas, sino para convivir y hasta desarrollar vínculos entre sí: ni la muerte los va a separar. Ese juego le permite a las protagonistas, algunas de las cuales tuvieron su primera experiencia como zombies -Fernández y Nishimoto, por ejemplo- adoptar con otra perspectiva el desafío narrativo. La primera de ellas resalta la complejidad de estar cubierta de “sangre” casi todo el rodaje y hacer como que “todo estaba bien”.
El género mismo lleva a darle rienda suelta a la imaginación, escapando de la realidad cotidiana y explorando temas profundos, como el miedo y la moral, más allá de su propia verosimilitud. De fondo, como se señaló, la idea filosófica sobre qué es estar vivo o muerto. El apocalipsis, con sus diversas significaciones y connotaciones, siempre depende del marco en el que se lo introduce. Ana, Malú y Martina se encuentran atrapadas de manera sistemática sin salida, porque mueren pero se reencarnan, en una especie de alegoría de la lucha espiritual entre el bien y el mal.
El desarrollo de la trama, el contexto playero y la canción con su ritmo pegadizo -disponible en Spotify- le quitan tensión a la pantalla y dejan espacio para las cuotas de humor. El tema del verano, que tuvo su estreno en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges en 2024, todavía tiene funciones pendientes en la Sala Lugones y a partir del jueves 12 llegará al Cine Gaumont y otros Espacios INCAA.