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Entretenimiento //// 29.12.2021
No miren arriba: valores neoliberales y destino trágico

“Sin cuidado para sí ni para otros, no hay futuro posible”. El reciente estreno de Netflix resulta atractivo por los paralelos que se pueden trazar con la catástrofe que sufrimos en nuestra actualidad.

Por Adelqui Del Do

En la presentación de la película No miren arriba (Don’t look up en inglés) Leonardo DiCaprio señala: "El mundo se está desmoronando y parece que a nadie le importa". No queda claro si se refiere a la actualidad o al film, ya que ambos escenarios coinciden en muchísimos puntos.

No miren arriba es cine catástrofe en tono de comedia, nos adentra con humor negro en el final de nuestra era. Es claro que uno de sus atractivos radica en que nos encontramos atravesando una catástrofe a nivel mundial, y resulta interesante por varios motivos.

En primer lugar, describe muy bien el rol de las redes y los medios de comunicación frente a la realidad social. Cómo el egoísmo imperante y la frivolización han calado tan hondo que afirmar que quedan seis meses y catorce días de vida en el planeta cuesta que sea una noticia relevante. Frente a tal gravedad, periodistas y una gran parte de la sociedad se encuentran inmersos y “preocupados” por los vaivenes de una pareja de músicos mediáticos, similar “conmoción” por la que atravesó nuestro país por un jugador de fútbol y dos mujeres muy conocidas. 

En términos de Slavoj Zizek podemos observar una conciencia cínica extendida, que aun sabiendo la cercanía de la catástrofe se sigue en el “boludeo cotidiano” que impide todo tipo de cuidado para sí o para otros. La ilusión de que la relación con los objetos da sentido a la existencia, pero en realidad deja al desnudo el sin sentido, frivolizando incluso, literalmente, hasta la muerte. Todo se transforma en inauténtico e impropio. 

Otro punto es la utilización política de la catástrofe. Aquí observamos, como en la actualidad, la capacidad de los partidos de derecha para diseminar mecanismos de negación en la población, tan efectivos como costosos para la vida. También sus enormes recursos para sembrar odio hacia cualquier valor moral de carácter progresista, incluso atacar a la comunidad científica ridiculizando sus estudios e investigaciones y poniendo en duda su saber desde la más absurda ignorancia. Todo en nombre de la “libertad”. Una falsa libertad para que el 1% más rico decida los destinos del mundo, como así también intentar apagar cualquier deseo individual o colectivo de mejorarlo.

"En los últimos años hubo muchas personas absurdas que se posicionaron en cargos públicos, y lo hicieron descaradamente", dijo Meryl Streep, quien en la película interpreta a la presidenta de los Estados Unidos. Personas absurdas, cínicas e insensibles que sólo buscan el rédito político, y si para ello tienen que perjudicar a su propio país no hay miramientos. La violencia verbal se instala como un arma, fomentando el odio y la fragmentación social. “No mires para arriba, mirá tu celular”. 

Otra situación tragicómica es la del “gurú de la tecnología”, personaje que desde su poder económico incide de manera brutal en las decisiones presidenciales. Empresarios neoliberales que los medios masivos de comunicación exaltan como exitosos, siempre haciendo lobby para obtener más ganancias. En sus decisiones no importa la realidad social ni el costo sobre la humanidad. “¿Qué importan esos billones de dólares si nos moriremos todos?” pregunta el científico que encarna DiCaprio.

En la actualidad somos testigos de cómo los “empresarios exitosos” aprovechan la tragedia para ganar más dinero. Podemos recordar como ejemplo que, en el momento de mayor restricción circulatoria por la pandemia, la empresa “más importante y ejemplar de nuestro país” aumentó sus comisiones. Es probable que este tipo de prácticas sean la mayor inmoralidad tolerada de nuestra época. 

Pero banalizar la vida y la muerte tiene sus costos subjetivos. Ni el engaño mediático ni el egoísmo pueden torcer el rumbo de la realidad que se avecina. Aquí no hay héroes, solo la posibilidad de personas comunes queriendo evitar la extinción humana. 

Sin cuidado para sí ni para otros, no hay futuro posible. A una sociedad con valores morales neoliberales, sólo la depara un destino trágico.