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Entretenimiento //// 27.03.2020
Entre la pandemia y la cuarentena: el peor momento para ser libertario

La youtuber Lilia Lemoine se hizo famosa por haber sido la cara joven de la campaña presidencial de Espert en 2019. La semana del 19 de marzo publicó un video en su canal de Youtube y se mostró enojada por la gente que pide lo que ella y su candidato han pedido toda su vida. Esto es: no utilizar los impuestos del Estado para ayudar a la gente que lo necesita.
 

Por Agustín Mina

 

Espert y su séquito de seguidores, entre quienes se cuentan el economista Javier Milei y la youtuber Lilia Lemoine, entre otros, han hecho carrera despotricando contra el rol del Estado, el gasto público y el uso de “sus” impuestos para ayudar a las personas que lo necesitan. Abogaron por la no intervención del Estado y el libre mercado como la única forma de vivir en una sociedad “libre”, donde triunfa quien se esfuerza para ello.

Sin embargo, después de años de atacar la salud pública y los planes de asistencia del Estado, la pandemia generada por el coronavirus los dejó en offside: acabaron pidiéndole por favor al Estado que tome medidas, que los asista y los rescate del extranjero, donde quedaron varados. 

Esto dió lugar a que surja la ironía, y comenzaron los chistes sobre “¿por qué tengo que pagar con mis impuestos la vuelta de esta gente que viajó exterior?”, “que se arreglen solos, que el Estado no intervenga, que viva la libertad”. 

Aparentemente, esto no le gustó nada a la youtuber. En su video “El Resentimiento Social ME ENFURECE”, trató a la gente que pedía dejar varados a las personas que están en el extranjero de “hijos de p***”, “resentidos”. Y remató con que “las personas que dicen eso no son argentinos, son soretes”. 

Lilia está muy preocupada, aparentemente, por la gente varada en el exterior; que la está pasando mal y, según ella, si no la ayudamos “se podría morir”. Sin embargo, no la vemos haciendo videos indignada, a los gritos, cuando los que se mueren por no poder acceder a la salud o a la vivienda son otros.  

Hay gente que muere todos los días, y no precisamente por haberse ido de vacaciones. Ahora resulta que el Estado, que “no tenía que intervenir”, tiene que rescatar a la gente que ignoró los pedidos y las recomendaciones del gobierno de quedarse en su casa. Gente que,  por el contrario, se fue de viaje y tuvo la “mala suerte” de quedar varada en su destino vacacional; destinos que en muchos casos se encuentran en situaciones mucho más críticas que la Argentina respecto al coronavirus.   

La pandemia invirtió los roles. Puso a los libertarios a pedir ayuda del Estado y a indignarse cuando alguien se queja de cómo están usando sus impuestos. Pero, ¿acaso no es lo que hacen ellos siempre? ¿No parece el mundo del revés? ¿Es habitual tener que escuchar a estos personajes enojados porque hay gente que se rehúsa a dar plata “de su bolsillo” para rescatar a un grupo —de irresponsables— que se fueron, ignorando lo que pasaba en el mundo?

La pandemia pone evidencia que el modelo de la “libertad”, la meritocracia y el individualismo sólo les gusta a sus militantes cuando son otros los que necesitan ayuda. El sálvese quién pueda no es tan atractivo cuando el que necesita la ayuda de lo público, lo colectivo, es uno mismo.    

En este momento de crisis, cuando necesitamos de la colaboración y la solidaridad de todos para salir adelante, los modelos individualistas demuestran, una vez más, que son sólo para unos pocos. Y que funcionan para “esos pocos”, siempre y cuando todo funcione con normalidad.      

Países como China y Cuba ( ampliamente criticados por los libertarios) están jugando un importante rol en esta crisis, en relación con lo que pasa, por ejemplo, en su meca: Estados Unidos. Esto pone de manifiesto qué modelos de países son los que funcionan y los que ayudan al resto a salir adelante; y qué modelos son los que sólo se sostienen por la inercia de siglos de historia y hegemonía. 

Al mercado no le importamos, solo nos salva lo colectivo.