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Dossier //// 22.08.2020
Por Perón, por Evita, por Trelew

Cuando se cumplió el segundo aniversario de la Masacre de Trelew (en 1974) la revista “La Causa Peronista”, le pidió al compañero Alberto Camps que escribiera sobre la matanza que estremeció a un país. “Gervasio”, “Felipe” o “Quique” era uno de los tres sobrevivientes, junto con María Antonia Berger y Ricardo Haidar. Al cumplirse un nuevo aniversario de la masacre, cayó en combate, en 1977, en Lomas de Zamora. 

 

Por Alberto Camps*

Se cumple el segundo año desde aquella madrugada del 22 de agosto de 1972. Como toda conmemoración, pensar en aquel 22 es pensar cuáles fueron las condiciones que produjeron ese hecho y en el camino recorrido desde entonces hasta ahora. En todo enfrentamiento se reconocen políticas que representan intereses contrarios. En nuestro país hace muchos años que se enfrentan dos políticas, la de la Nación y la del imperialismo, y en aquel agosto en la base Zar estuvieron presentes provocando esa masacre.

Pero sabemos que no fue la primera; podemos reconocer antecedentes en la Patagonia ensangrentada por el Coronel Varela, en los basurales de José León Suárez, como su continuidad el 20 de junio en Ezeiza y en los atentados diarios a los militantes populares. Los compañeros muertos en Trelew eran parte del pueblo en lucha por su liberación, y los asesinos Bravo y Sosa representantes fieles de la Marina y de aquellos que nos quieren vender la dependencia, con su bota de miseria y humillación, con el nombre de Gran Acuerdo Nacional. Porque ese GAN, que tuvimos que destrozar en las urnas, hostigar con las armas, y repudiar en las movilizaciones, era, en síntesis, el intento de dar continuidad a la política de la Revolución Argentina, proimperialista y, por correlato, antipopular. Necesitaban cambiar las formas, se veían necesitados de lograr un aval político y en la Argentina el aval político que permite vehiculizar un proyecto, pasa por el peronismo. Porque dieciocho años de resistencia peronista demostraron claramente que sin la participación del pueblo es imposible implementar un proyecto político con estabilidad social, sin tener que recurrir de manera sistemática a la represión.

De ahí los intentos de «integrar» al Movimiento Peronista a su política; pero el pueblo peronista no apoya ni apoyará, porque contraría todos sus intereses, proyectos que no conduzcan a la liberación nacional y social. Muchas fueron las formas con que intentaron doblegar la voluntad popular, como después del 55, prohibiendo por decreto el peronismo, porque la política proimperialista reconoció en él al hecho maldito y en Perón a su más importante enemigo. De allí que siempre le asignan importancia estratégica a la destrucción del Movimiento Peronista, y aún hoy es su objetivo más codiciado. Para ello no se ahorraron represión, que es el correlato necesario de la política proimperialista que niega las reivindicaciones populares; porque el reclamo vuelve necesario una política de liberación que cuestione la explotación a la que nos somete el imperialismo, y éste en su intento de perpetuarla, debe recurrir de manera cada vez más sistemática a todas las formas de represión.

Por eso en el GAN, como en cualquier proyecto proimperialista, no existe la representación popular y sí la represión al pueblo.

Apelaron en la última etapa de la Revolución Argentina a trampas legales inventadas por Mor Roig, el ballotage y la cláusula del 25 de agosto, pensados especialmente para proscribir la postulación de Perón a la presidencia. Otros gorilas como Mor Roig, pero dentro del Movimiento, harán el juego al GAN saboteando la política de Perón. Era la burocracia sindical que propugnaba fórmulas que implicaban la autoproscripción. El ejército torturaba, la marina asesinaba, mientras Villar robaba cadáveres y la partidocracia liberal avalaba con su silencio cómplice.

A todo esto respondió Perón, como lo hizo el pueblo, repudiando la masacre de Trelew, la política sanguinaria de las Fuerzas Armadas. A su vez, este pueblo sintetizaba en su lucha por el retorno del General Perón la opción irrevocable por una política de liberación.

Todos sabemos cómo con la conducción de Perón y el esfuerzo del Pueblo, con sus organizaciones político-militares, destrozamos el Gran Acuerdo Nacional.
La política imperialista sufrió una importante derrota, había perdido una batalla, pero no estaba vencida. Se retiraban en el momento oportuno para retomar la iniciativa. Lo harían encubriéndose en circunstancias dolorosas y en los traidores a la causa popular.

Muchos han sido los hechos importantes desde el 22 de agosto del 72, pero los déficits que surgen después de la muerte del General Perón nos marcan en toda su dimensión la importancia de su presencia para llevar adelante este proceso. Y la importancia de su herramienta fundamental, el Movimiento Peronista.