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Dossier //// 22.08.2020
Masacre de Trelew: nada detiene al Gallo Cantor

Juan Gelman y Tata Cedrón compusieron, en 1972, una obra perfecta sobre los asesinatos a militantes populares en el sur de nuestro país que, por largas décadas, quedó olvidada por la dictadura genocida pero también por la democracia. Hace algunos años, el colectivo musical “La Lija” junto al Cuarteto Cedrón decidieron rescatarla del olvido y ponerla nuevamente en carrera, para producir esos links tan necesarios para nuestro tiempo. La pregunta se mantiene intacta: ¿Por qué se pasea ese rayo de sol por acá?

Por Federico Tártara 

En 1972, los versos estremecedores de Juan Gelman conformaron la Cantata del Gallo Cantor. Es, sin dudas, una obra poética de muy alto vuelo inspirada en los fusilamientos de Trelew. El Cuarteto Cedrón le puso música. Se llegó a interpretar en vivo, y fue también en la ciudad patagónica, Trelew, donde se contaron estas historias reales. “Para que no vuelvan a ocurrir, masacres”, dijeron en su momento. 

Luego, el Tata Cedrón y el cuarteto viajaron a Francia, cuando aún quedaban visos de legalidad. A la vuelta, estuvieron muy poco, y volvieron a anclar en París. En 1974, el reconocido cantante español Paco Ibáñez puso su voz en algunas letras y quedó una obra maravillosa, que fue grabada y editada en el exilio. Paco se hizo muy compinche de los Cedrón, incluso aparece en “Gotan”, la película maravillosa de otro insustituible: Jorge “Tigre” Cedrón. El reconocido intérprete gallego no escatimó elogios sobre la obra: “es un "chef d'ouvre", dijo, una obra maestra. 

El exilio, los compañeros y compañeras desaparecidos, los asesinatos, los vuelos de la muerte, la democracia no para todos, dejó a la Cantata -de uno de los mejores poetas del mundo- en un silencio, con mucho sabor a derrota. Quedó en los márgenes, olvidada. El exilio del Cuarteto Cedrón se extendió por más de tres largas décadas. 

Hace poco surgió una banda de grandes músicos, jóvenes. Se hacen llamar La Lija. Por 2015, le dijeron que querían interpretar esa cantata, tan sentida y sonada. Hubo química. El Tata se copó e hicieron varias presentaciones en Hasta Trilce, teatro del barrio de Boedo. Las funciones se llenaron. Repitieron en el Teatro del Pueblo, también localidades agotadas. Luego en centros culturales, cerrando así una herida de vieja data y, lo mejor, uniendo dos generaciones. Ahí, sucedió y nada detuvo... al gallo cantor.  

Agencia Paco Urondo: ¿Cómo llegan a la Cantata del Gallo Cantor, y como le proponen al Tata recrearla? 

Tomás Bradley: Voy a intentar una respuesta colectiva en todas las preguntas, más allá de que hablo como Tomás Bradley. Con “La Cantata del Gallo Cantor”, nosotros como grupo estamos en el medio, nosotros dimos con la obra del cuarteto Cedrón por la compra de un disco de Página 12, Piove en San telmo. Más adelante, nosotros somos de zona norte y zona sur, teníamos la obra fragmentada de Cedrón. Entonces empezamos a dar con temas como “Cambios” o “Ruidos” y las fuimos escuchando como canciones, no sabíamos que eran parte de una cantata. Sí, suponíamos algunas relaciones. 

El Cuarteto Cedrón se fue de la Argentina en el año ´73, y volvió en el año ´83, con idas y vueltas, pero no fue hasta el 2003 cuando el Tata ya vuelve y se instala definitivamente. Por eso es un grupo desconocido para mi generación, la que nació en el ´83, dimos con el cuarteto de casualidad. Fuimos conociendo la obra que empezó a surgir cuando lo conocimos al Tata en el teatro Hasta Trilce, en 2012. Fuimos tejiendo una relación con él. Y ahí con el tiempo empezamos hablar de la Cantata, como obra. 

El Cuarteto Cedrón pertenece a una generación concreta, pero el gran hachazo de la dictadura, en su modalidad desaparecedora y silenciadora, dejo una gran brecha entre eso y lo que vino después. La Cantata del Gallo Cantor nos parecía inexplicable pero de un modo maravilloso, por lo que contenía más allá de las connotaciones políticas, pero porque tenía un sonido y una manera de entrar a la disciplina, una forma de interpelar lo histórico. Siempre nos parecía fuera de serie comparado con otras obras.  

APU: ¿Qué diferencias hay o que buscaban imprimirle a esta versión en relación a la de la década del ´70?

T.B: La generación nuestra es una generación que tiene una noción de venir de nada, de no tener un pasado. Y muchas veces buscarse algo de atrás es muy difícil. El Tata puso una mirada muy generosa en nosotros, y nos despertó y nos movió para salir a tocar. Fue él quien nos consiguió los primeros toques en Radio Nacional y fue justamente un día que a la salida de ahí, se lo propuse, particularmente me acerqué y le pregunté porque no hacían “El Gallo Cantor cantata” nuevamente por la vigencia que tenía. Y la respuesta fue muy Cedrón, muy espontánea: “Y haganla ustedes”, la “hacemos juntos”, y al otro día el Tata nos llama y dice: “ya la pensé, vamos hacerla”. 

Para nosotros hacer esa obra después de treinta y largos años que no se tocaba, y que además no se había tocado en el país luego de los tres estrenos que tuvo, porque después ellos se fueron a Francia. Nos sentimos, para decirle sin vueltas, dentro de la historia. Nosotros éramos un grupo que -en ese momento- no teníamos vocación histórica no tenía una causa concreta. Entonces, de repente ser convidados, por el mismo grupo que compuso esa obra, y que sea esa obra. Era una patriada mayúscula. 

APU: Qué desafío tan grande recrear la Cantata. Es como que no se le puede cambiar nada

T.B: La versión original tiene al Cuarteto Cedrón histórico: Praino (viola), C. Stroscio (bandoneón), Jorge Sarraute (contrabajo), Horacio Presti; también en esa grabación está Francoise Raban, Paco Ibañez, los textos de Gelman, y está rodeada de una mística que para gente de nuestra generación es realmente interesante. No se le puede hacer nada, no sé si conviene tocarla de vuelta. El Tata fue muy generoso, muy acertado al tomar la idea de volver hacerla con un grupo. Nosotros queríamos continuar con una tradición que vimos truncada, había algo que estaba sucediendo en los años 60 y 70 y que después se terminó, y como se terminó y no se reemplazó: explica  lo que vino después, explica muchas cosas, muchos desencuentros. Faltan eslabones que conectan.  

Su significación mayor está en que, primero, fue una suerte de repatriación de la obra, en la Argentina no era conocida. Había quedado en algún disco perdido, y, después de todos los discos que se volvieron a reeditar del Cuarteto Cedron, el de la Cantata no estuvo. 

Hay muchas obras que representan ese período histórico. Ahora, el Gallo Cantor Cantata, es el que mejor lo hace por varios aspectos. Paco Ibañez la señaló como una “obra maestra”. Contiene elementos que la hacen ser portadora del rostro de esa generación. Hay obras significativas como la de “Santa María Iquique”, o la “Cantata Montonera”, que no tienen la misma fuerza que esta obra.  

APU: Es una obra poética de alto vuelo, nada más ni nada menos que Gelman ¿Comentaban la letra durante los ensayos, las grabaciones? ¿Qué cambio le produjo en lo colectivo a La Lija?

T.B: La obra es una obra perfecta como está. No hubo una idea sobre qué se puede mejorar. Éramos 16 músicos, entre el Cuarteto y nosotros. Sabíamos que era una obra coral, en el sentido que hay personajes. Hay relatos que arrancan en el momento, cortan y siguen después. Hay conversaciones entre la tradición histórica nacional y la realidad de ese momento -el poema de la pulpera de Santa Lucía- , el gaucho, el atardecer, pero todo esto: ¿De qué me sirve?...ahora, que está corriendo la sangre de Trelew...muchas imágenes... lo que se buscó fue realzarle ese aspecto coral.  

El Tata tomó la decisión de hacer partes que hacía él en la cantata original. Y acá había muchas más voces para distribuir los textos y roles y los matices y también muchos más instrumentos. La idea era cantarla a dos generaciones, cantarla a dos aguas. Para nosotros fue como de repente estar en la arena grande, generó en el colectivo una sensación de autoestima y de un volver a convencerse de la función que puede tener quehacer artístico- cultural. Es lo más grande que nos ha pasado, y por lo simbólico: es una obra que había razones para hacerlo porque no había sido hecha, después acá.    

Hubo una enorme cantidad de reuniones previas a los ensayos donde pasabamos la Cantata, y el Tata la iba narrando y enfatizando cuestiones. Siempre le dio una prioridad a lo espontáneo, y a lo que surja. Al principio probamos todo, y después se fue acomodando.  

Nosotros en tanto La Lija hemos cerrado la herida, el hachazo, que te decía antes. Sentimos que este proceso nos acercó, nos juntó con nuestros padres. Nosotros tenemos la idea que somos una generación huérfana, porque la anterior fue diezmada.