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Dossier //// 17.11.2020
Militancia aumentada en tiempos digitales

Los principios y las convicciones sirvieron para sostener una militancia juvenil que se mantuvo protagonista, aún en tiempos de lawfer y humillaciones de un poder mediático desproporcionado.

Por Ferkan | Fotos: Archivo de Roberto Baschetti 

El recuerdo de ríos de gente yendo al aeropuerto de Ezeiza a recibir a Perón, evocan las mejores imágenes de un pueblo sacrificado en pos de sus ideales y la posibilidad cierta de alcanzarlos poniendo el cuerpo. El 17 de noviembre de 1972, después de 17 años de exilio, volvía el gran líder del movimiento peronista por su capacidad de conducción pero también por la acción abnegada de militantes que habían sufrido persecuciones, prohibiciones, y en muchos casos, cárcel, tortura y muerte. Las grandes utopías parecían posibles en ese momento. 


Esas imágenes cristalizadas de lucha popular pueden servir como el punto clave en la referencia militante, es decir, esto sería como llegar a la meta final de un camino, el grado más importante de compromiso que un ciudadano politizado podría alcanzar. Pero todo recuerdo basado en imágenes cristalizadas resulta endeble en muchos sentidos. Se tiende a creer que el desarrollo lineal de un acontecimiento, por más obstáculos que los adversarios interpongan, tendrá un final feliz como premio a tanto esfuerzo, como en el pasado fue el regreso de Perón.  Sin embargo, la historia no es lineal y la vida está llena de claroscuros. A veces, muchos momentos épicos son seguidos de fuertes decepciones.  

En este sentido sería buen preguntarse, ¿qué pasa cuando se producen errores propios no forzados por los adversarios?, ¿qué pasa cuando se depositan muchas ilusiones y algunos dirigentes no están a la altura de las circunstancias?, ¿qué pasa cuando los factores externos son muy determinantes y se hace difícil contrarrestarlos? La respuesta muchas veces es el alejamiento. Hay episodios como el enfrentamiento de sectores del peronismo en Ezeiza, en el segundo regreso de Perón, el 20 de junio de 1973, o la última dictadura, la derrota electoral de 1983 frente al alfonsinismo, el surgimiento de un elemento retrógado como el menemismo o la derrota de 2015, significaron para muchos replantearse su participación en la acción política directa. El mismo Perón dice en su libro Yo Perón, reeditado en 2019, que la militancia no es para cualquiera, que militar requiere de un esfuerzo y un sacrificio muy grandes, y que si alguien no se siente preparado, lo mejor es que siga su vida. Para Perón la fuerza de las convicciones es fundamental, porque una persona resigna muchos aspectos de su vida en pos de cumplir objetivos y tareas políticas. Algo de eso también dejó plasmado Néstor Kirchner cuando asumió su presidencia, el 25 de mayo de 2003, al decir que no iba a dejar sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada. Hablaba, en parte, como un militante. Es que Néstor y Cristina no irrumpieron en el escenario como líderes sino que empezaron como militantes universitarios  que fueron construyendo su camino a fuerza de derrotas y sinsabores hasta llegar al cargo más alto que se puede obtener en democracia. 

En este punto cabría detenerse y preguntarse ¿qué significa ser militante en la actualidad a diferencia de los años 70? ¿Qué tipo de compromiso y sacrificio se pide en tiempos de revitalización de la política?

La llegada al poder del peronismo, en su versión kirchnerista, representó la vuelta del pueblo a la esfera pública: con el voto, con su opinión y con su presencia en las calles, después de la década menemista, en la que prevaleció una subjetividad colonizada por el individualismo de mercado. 

La revitalización de la política implicó la incorporación masiva de jóvenes, en especial después de la crisis de la 125 y de la muerte de Néstor. Los nuevos militantes tienen  similitudes y diferencias con la juventud setentista: elaboran su propia épica aunque las utopías son más modestas en estos tiempos, ponen el cuerpo pero crecieron en un contexto democrático, sin tener que arriesgar su vida en cada esquina, aunque los cuatro años de Cambiemos significaron un claro retroceso en libertades y garantías constitucionales. Las formas de militancia presencial en los barrios pobres continúan pero en esta era digital tiene mucha importancia el uso de Internet y las redes sociales en el debate de ideas, como complemento y no como sustitución de la presencia física. 

Además de la militancia tradicional orgánica propia de las agrupaciones políticas (con gorro y bandera), la más denostada por los poderes mediáticos, existe una militancia silvestre, más difícil de detectar, que puede actuar en sincronía con el pensamiento de la conducción, sumarse a las marchas, participar de actos solidarios o de las luchas en la arena de las redes sociales. El momento cumbre de esta militancia muy comprometida aunque inorgánica, se dio en el tramo final de la campaña de Scioli que terminó perdiendo con Macri. Miles de personas de todas las edades, con una actitud conmovedora, salían a pegar carteles improvisados por toda la ciudad, hacían reuniones en plazas, organizaban debates en espacios públicos. 

Incluso, en el verano post derrota de 2015, se generaron espacios digitales de militancia como Resistiendo con aguante que, por momentos, terminaron sobrepasando a la militancia tradicional. Todos estos militantes de nuevo cuño promovieron reuniones en plazas y parques, tratando de encontrar explicaciones y un rumbo, a las que terminaron acercándose dirigentes como Leandro Santoro, Leopoldo Moreau, Axel Kicillof o los periodistas del programa 678, entre muchos otros. Después del momento de mayor efusividad, cuando la situación en el peronismo volvió a acomodarse, siguieron firmes, aunque muchos volvieron a invisibilizarse y otros se integraron a la militancia política o social más tradicional.

Por suerte en estos tiempos la vida no se juega a cada minuto, el poder oligárquico sigue con sus persecuciones pero es mediante la acción conjunta de medios hegemónicos y sistema judicial, que establecieron el Lawfer con la doble finalidad de perseguir funcionarios del gobierno nacional y popular, y disuadir a los jóvenes de participar en política. Pero en los cuatro años de gobierno cambiemita, a pesar de las persecuciones judiciales y mediáticas, el peronismo nucleado en torno a la figura central de Cristina Fernández, logró mantener unida a su militancia en base a sostener sus principios y convicciones. Incluso, en tiempos de Pandemia la militancia organizada y el resto del pueblo en las calles salieron en caravana automovilística, en forma espontánea, para celebrar el 17 de octubre de 2020, y a apoyar al gobierno masivamente, cuando notaron que estaban hackeando la plataforma de la movilización digital. Otra forma de poner el cuerpo respetando la distancia social con cuidado de la salud. 

La historia no es lineal, pero el peronismo aprendió a moverse en el barro, y cuanto todo parece decepción sale limpio para seguir transformando la realidad. Y el esfuerzo militante logra eso que muchas veces parece imposible. Por eso tarda en llegar pero al final hay recompensa.