Marmol, lujo y dignidad para el pueblo: la revolución de la Fundación Eva Perón
El 19 de junio de 1948 cambió para siempre la forma de hacer política social en nuestro país. La inmarcesible obra de la Fundación de ayuda Social María Eva Duarte de Perón, más adelante Fundación Eva Perón, dejó atrás para siempre la limosna y la dádiva enmascaradas, por más de cien años, con la palabra beneficencia para abrirle paso a lo que Eva denominaría ayuda asistencial con los más altos estándares, donde la justicia social se hizo verbo.
El IV Censo General de la Nación, en 1947, arrojaba la siguiente estadística: solo el 23% de la población femenina se encontraba dentro de la actividad productiva de la nación, en comparación con la población masculina que tenía el 86%. Era necesario que las políticas públicas empezaran a incluirlas dentro del sistema productivo. Esta urgencia no solo respondía a la necesidad de inclusión laboral, sino también a la alarmante caída en las tasas de natalidad en comparación con censos anteriores, entendiendo el doble rol que cumple dentro de la sociedad capitalista, como obrera y como reproductora de la clase trabajadora. Los números, no hicieron más que confirmar que el camino iniciado en 1943 era el correcto, Peron desde la Secretaria había impulsado la creación de la secretaría pro voto femenino y también por iniciativa del congreso se intervino la sociedad de beneficencia. Según Marisa Navarro, el senador Diego Molinari se expresó a la entidad de beneficencia como “reducido círculo oligárquico” que maneja numerosos hospitales donde se pagaban salarios de hambre. Recomendó que esos hospitales fueran dirigidos por el Ministerio de Salud Pública, ya que el gobierno iba a reorganizar la asistencia social, nada mejor que comenzar interviniendo la Sociedad.
Eva estaba convencida que reconocer a la mujer como sujeto de derecho era una de las claves para lograr una reparación histórica que el Estado tenía con el género: así lo plantea en 1947 en su discurso en España, durante su gira conocida como “La gira del arcoíris”, considera que el siglo XX no es el siglo de las grandes guerras, ni de la bomba atómica sino Siglo del feminismo victorioso. La revolución social a que asistimos en esta hora de transición, donde el elemento obrero reclama justamente se le considere dentro de la sociedad como una persona trascendente y eterna, sino también a la mujer, la cual exige todos los derechos imprescindibles para el desarrollo de sus poderosas vitalidades.
A partir de esta premisa, la fundación creó los Hogares de Tránsito nro 1, 2 y 3 en Buenos aires además del Hogar de la Empleada, dichos edificios tuvieron la particularidad de que su atención estaba dirigida exclusivamente a mujeres y sus hijos (varones hasta 14 años), siendo, en palabras de Vera Pichel, realmente una experiencia inédita en el país, que nunca se repitió. Son varios los autores que coinciden que desde lo discursivo, se presenta la primera diferencia en cuanto a la acción caritativa, la elección de llamarlo “Hogar” antes que “asilo” refiere a la impronta familiar que Eva les da; de manera que aquellas mujeres que allí se alojaran se sintieran como en su casa, y se enlaza coherentemente a la intención desde el partido de introducirse en el ámbito privado como lo hicieron más adelante las Unidades Básicas Femeninas, en palabras de Eva el hogar —santuario y célula máter de la sociedad— es el campo propicio y específico en el que el trabajo de la mujer, en bien de la Patria y de sus hijos, se ejerce cotidianamente y ofrece mayores perspectivas de contribuir a moldear hombres dignos del momento histórico que vivimos los argentinos.
Carolina Barry en Mujeres en Transito, nos cuenta que, los hogares, fueron instituciones organizadas y manejadas por mujeres y para mujeres (...)De acuerdo con los estatutos de la Fundación, nacieron con el fin de proteger a la mujer que, con o sin hijos, estuviera privada accidentalmente de vivienda. Un ejemplo es el de aquellas mujeres del interior del país que debían viajar a Buenos Aires y alojarse allí por un tiempo determinado por diversos motivos: un tratamiento médico para ellas o para sus hijos, la necesidad de realizar un trámite, de buscar trabajo o de aguardar la entrega de una vivienda. Tanto el alojamiento como la alimentación que en los hogares se dispensaba eran gratuitos y, al egresar, las mujeres recibían ayuda monetaria o en elementos como ropa, pasajes, viviendas, instrumentos de trabajo, becas de estudio, entre otras cosas.
Desde lo orgánico, los hogares estaban divididos en tres sectores bien diferenciados, administrativo, profesional y religioso, aunque absolutamente todas las decisiones estaban controladas por Eva. Esta centralización del poder de la Fundación en su persona le valieron una lluvia de críticas y el oprobio por parte de los oligarcas de siempre, sin embargo ella sostenía que la acción social llevada a cabo por la fundación no buscaba sostenerse en el tiempo sino ser pasajera “Quiera Dios que la ayuda social, que tengo el honor de presidir, desaparezca”(...) “porque el día que desaparezca la ayuda social, ese día será porque los argentinos ya no necesitan más de un poco de esperanza y un poco de consuelo”. En cuanto a la composición del equipo de trabajo, respondía claramente a los objetivos tácitos de la acción que allí se realizaba y responde a una nueva matriz en cuanto a la dirección que toma la ayuda social, la de la profesionalización: el cuerpo administrativo era capacitado las postulantes debían previamente rendir un examen de redacción, dactilografía y taquigrafía en el departamento de personal de la Dirección Nacional de Asistencia Social, la oficina de asistencia social estaba formada por 4 asistentes sociales, egresadas del Museo Social Argentino o del Instituto de Cultura Religiosa y contaba con una guardia 24hs. Ellas eran quienes articulaban el trabajo social de los hogares con la atención médica en caso que lo requirieran, siendo el Dr. Finochietto uno de los médicos de renombre que trabajó a disposición de la fundación. El resto de las tareas de los hogares junto a la parte religiosa estaba a cargo de las Hermanas del Huerto, ellas se encargaban de velar por la formación espiritual y moral de las mujeres que transitaban su paso, que duraba 8 o 10 días como máximo. Además, tenían a su cargo el manejo de la cocina, despensa, inventarios y personal de limpieza; el economato.
En su artículo Limosna no, ayuda social sí en el diario Democracia, Evita explica el porqué de este nuevo enfoque: La ayuda social, como se practica ahora, viene como consecuencia de un proceso de estudio debidamente madurado. Está metódicamente organizada. Tiende a restituir a la sociedad, a los que el destino y los malos gobernantes apartaron de ella.
En cuanto al Hogar de la Empleada, estaba destinada a mujeres solteras del interior que no tuvieran familiares ni donde dormir mientras se instalaban en Capital y conseguían vivienda propia. Podían quedarse en el hotel por un módico precio y disponer de las instalaciones de este; contaba con dos restaurantes: uno con menú económico para ajustarse a las necesidades de cada trabajadora.
La forma en que Eva entiende la acción social, como un acto de reparación histórica para devolverle al pueblo, en su totalidad. la dignidad y la calidad de vida, se ve reflejada tanto en la inmobiliaria y arquitectura edilicia de la obra que ella dirige, así como en la atención pormenorizada que recibieron las beneficiarias. No solo el menú general estaba pensado para satisfacer las necesidades nutricionales acorde a cada persona sino también las acciones se orientaban a crear hábitos saludables de higiene. Quedaban atrás las humillaciones de las cabecitas rapadas y la holgadez de las ropas donadas. La calidad de las prendas que eran confeccionadas especialmente para la fundación y acordes al talle de cada persona-niños y mujeres- daban cuenta del nivel de detalle que prestaban Eva y su equipo a la hora de la planificación y ejecución de la asistencia. En los hogares no solo se cuidaba a los niños en caso de que la madre, por trámites o turno médico, así lo requiriese; también resolvía situaciones del ámbito familiar más profundas como por ejemplo situaciones de violencia por parte de los maridos, quienes eran increpados por las asistentes sociales, precedente de vanguardia en cuanto a un tema que tardaría años en ser abordado por las políticas públicas más aún si tenemos en cuenta que el código penal avalaba legalmente este tipo de situaciones.
En cuanto a la estructura edilicia, cuantiosos son los textos que hacen eco de cómo resaltaban esas grandes casonas que supieron ser residencia de las elites dominantes culpables del estado de desidia en que se encontraba gran parte de la población antes de la llegada del peronismo. Escaleras de mármol, suntuosas puertas y ventanales de madera, arañas y candelabros de cristal, una gran chimenea y pisos de maderas importadas, habitaciones con camas individuales, frazadas y colchones nuevos, en cuanto a lo pecuniario no se escatimaba en gastos ni en detalles, pues para Eva para reparar en el alma de los niños, de los ancianos y de los humildes el siglo de humillaciones vividas, sometidos por un sistema sórdido y frío, es necesario tener algo de mármoles y de lujo. Es decir, pasarse si se quiere un poquito al otro extremo en beneficio del pueblo y de los humildes.
Tanto la vestimenta como estos elementos de lujo fueron elementos simbólicos que la oposición tomó para criticar y denostar el ejercicio de la ayuda social, desde el desmerecimiento a la crítica intelectual de que todo era un proceso para imponerles a estas mujeres, costumbres propias de la clase media que no condicen con sus hábitos de vida, lo que produce cierta frustración. Carolina Barry en su investigación, recupera el testimonio de Delfina V, el hogar me enseñó que podía vivir decentemente y que podía tener un hogar como Dios manda” “pero no pude… Me enseñaron, pero no pude”. Lo que falta en el relato es por qué no se pudo, no fue por una cuestión individual de incapacidad, sino la falta de oportunidades del contexto político y económico posterior al año 55. La acción de la Fundación auxiliaba, en la resolución de problemas sociales urgentes al proyecto llevado a cabo por Juan Domingo Peron en el gobierno, que a nivel macro llevaba más tiempo en la planificación y ejecución. Con la muerte de Eva, el corazón del proyecto, su reorganización burocrática posterior, y el golpe de Estado del 55 con la proscripción del único partido político que supo atender estas necesidades, las políticas sociales volvieron a retroceder; siendo las clases populares nuevamente las más damnificadas y abandonadas a su suerte.
La Fundación fue desarticulada y puesta bajo investigación, las conclusiones son más que elocuentes, respecto al posicionamiento mezquino tradicional: Desde el punto de vista material la atención de los menores era múltiple y casi suntuosa. Puede decirse, incluso, que era excesiva, y nada ajustada a las normas de la sobriedad republicana que convenía, precisamente, para la formación austera de los niños. Aves y pescado se incluían en los variados menús diarios. Y en cuanto al vestuario, los equipos mudables, renovados cada seis meses, se destruían.
La obra de Eva Peron, toda, encarnó los valores más representativos del movimiento peronista: la justicia social, el amor, la alegría, la generosidad, la ayuda desinteresada, la comunidad. Estos principios son las grandes directrices de su vida y su carácter benevolente para con sus descamisados. Amar hasta que duela - dijo cual precepto Santa Teresa de Calcuta. En palabras de Eva mucho tiempo antes que ella: Si el pueblo me pediría la vida yo se la daría cantando.
Daiana Gavilán es Lic. en Enfermería, estudiante de Historia ISFDYT n° 35 y militante.