A 125 años del primer escrito antiimperialista de Manuel Ugarte
Por su vida y trayectoria como por su obra, el poeta, escritor, periodista y militante de la Nación Latinoamericana, Manuel Ugarte (Buenos Aires, 1875- Niza, 1951), es una referencia imprescindible sobre el tema de las relaciones, influencias y conflictos desatados entre Estados Unidos y los demás países del continente.
Las impresiones de Manuel Ugarte sobre EE.UU. y su influencia en la historia de Latinoamérica y el Caribe se pueden encontrar en diferentes libros y artículos publicados a lo largo de su vida como Crónicas de Boulevard (1902)i, El porvenir de América Latinaii (1910), Mi campaña Hispanoamericanaiii (1922), El destino de un continenteiv (1923). También deben considerarse artículos como El peligro yanquiv (1901), Los pueblos del sur ante el imperialismo norteamericanovi(1912), Carta abierta al presidente de los Estados Unidosvii (1913), La Doctrina de Monroeviii (1919), Política colonialix (1922), México, Nicaragua y Panamáx (1927), Nueva épocaxi (1940) y Los fundamentos vitalesxii (1950), entre otros tantos.
Otras fuentes sobre el tema se pueden encontrar en su epistolario (1896-1951)xiii, en donde intercambia cartas referidas a la influencia de Estados Unidos en la región con figuras como Víctor Raúl Haya de la Torre, Augusto César Sandino, Tristán Maroff, Gabriela Mistral, José Vasconcelos, Arturo Orlazábal Quintana, Venustiano Carranza y diferentes representantes diplomáticos de Latinoamérica y el Caribe, con presidentes, secretarios de relaciones exteriores de EEUU, documentos, todos ellos, que se encuentran en el Archivo General de la Naciónxiv.
La primera impresión sobre el peligro yanqui (1901)
Manuel Ugarte escribió el 18 de septiembre de 1901 en Parisxv, el texto titulado: “El peligro yanqui”. El 19 de octubre de 1901 el mismo texto fue publicado por el diario El País de Buenos Aires.
Con esta intervención pública, Ugarte se perfila como “un publicista” de la causa Latinoamericana y al mismo tiempo, como uno de los principales difusores de los peligros que suponen las políticas exteriores norteamericanas para la región. En realidad, él ya había observado este riesgo en un viaje que realizado a los Estados Unidos un año antes.
Yo imaginaba, ingenuamente que la ambición de esta gran nación se limitaba a levantar dentro de las fronteras la más alta torre de poderío, deseo legítimo y encomiable de todos los pueblos, y nunca había pasado por mi mente la idea de que ese esplendor nacional pudiera resultar peligroso para mi patria o para las naciones que, por la sangre y el origen, son hermanas de mi patria, dentro de la política del Continente. Al confesar esto, confieso que no me había detenido nunca en meditar sobre la marcha de los imperialismos en la historia. Pero leyendo un libro sobre la política del país, encontré un día citada la frase del senador Preston, en 1838: “La bandera estrellada flotará sobre toda la América Latina, hasta tierra del fuego, único límite que reconoce la ambición de nuestra raza.xvi
Más adelante, Ugarte agrega:
Si un hombre de responsabilidad hubiera tenido la fantasía de pronunciar realmente esas palabras –me dije- nuestros países del Sur se habrían levantado en seguida en una protesta unánime. Sin embargo, la afirmación era exacta y los políticos de América Latina la habían dejado pasar en silencio, deslumbrados por sus míseras reyertas interiores, por sus pueriles pleitos de frontera, por su pequeña vida, en fin, generadora de la decadencia y del eclipse de nuestra situación en el Nuevo Mundo. A partir de ese momento, dejando de lado las preocupaciones líricas, leí con especial interés cuanto se refería al asunto. ¿Era acaso posible dormitar en la blanda literatura, cuando se ponía en tela de juicio el porvenir y la existencia misma de nuestro conjunto?xvii
En el artículo “El peligro yanqui” de 1901, Ugarte elabora un recorrido por una serie de temas, uno de ellos se relaciona con las impresiones optimistas sobre Estados Unidos que el observa en otros autores, escritores y pensadores latinoamericanos.
Las trampas del “país a emular” y los peligros del optimismo latino hacia los anglosajones
Dice Ugarte:
Hay optimistas que se niegan a admitir la posibilidad de un choque de intereses entre la América anglosajona y la latina. Según ellos, las repúblicas sudamericanas no tienen nada que temer y a pesar de lo ocurrido en Cuba, persisten en afirmar que los Estados Unidos son la mejor garantía de nuestra independencia.xviii
En otro texto agrega:
La prodigiosa fuerza de atracción y de asimilación de los Estados Unidos está basada, sobre todo, en las posibilidades (u “oportunidades”, como allí se llama) de prosperidad y de acción que ese país ofrece a los individuos. La abundancia de empresas, el buen gobierno, los métodos nuevos, la multiforme flexibilidad de la vida y la prosperidad maravillosa, abren campo a todas las iniciativas. Alcanzado el éxito, éste sería motivo, suficiente para retener al recién llegado por agradecimiento y por orgullo, aunque no surgiera, dominándole todo el contagio de la soberbia que está en la atmósfera. Algunos hispanoamericanos que emigran de repúblicas pequeñas, empujados por discordias políticas, y logran labrarse una pasable situación en las urbes populosas del Norte, se desnacionalizan también, llevando la obcecación en algunos casos al extremo de encontrar explicables hasta los atentados cometidos contra su propio país.xix
Según Manuel Ugarte, las trampas del “país a emular” por parte de los latinos se relacionan con una combinación de impresiones superficiales, influencia de una atmósfera en donde una sociedad con absoluta autoestima por “el éxito” de su experiencia histórica contagia al visitante, más el efecto de lo que él llama la desnacionalización del emigrado latino.
Considero significativa esta apreciación de Ugarte porque logra demostrar la complejidad del fenómeno, encadenando elementos vinculados con lo psicológico pero también con el olvido, la memoria y la tradición nacional, en definitiva, con el sistema educativo imperante en los países latinos.
Para Manuel Ugarte la idea de Patria y Nación que se estableció como oficial, desde el Estado y sus instituciones, principalmente educativas, no se cimentaron en los hechos históricos, sociales y culturales de las sociedades latinoamericanas sino en la negación de su realidad concreta, como resultado de la matriz iluminista trabajada en el capítulo anterior.
Para esa concepción eurocéntrica tanto la prexistencia de los pueblos americanos y como el pasado colonial que reivindica Manuel Ugarte, significaban un obstáculo al progreso irremediable de la sociedad blanca, el capital extranjero con su modernidad de puertos, ferrocarriles, bancos y empresas extractoras de recursos naturales.
Al mismo tiempo observo que Manuel Ugarte cuando hace alusión al optimismo latino respecto del país sajón, alude a lo que él llama: “el carácter latino”, que por ser demasiado entusiasta y violento, solo percibe lo inmediato. Vale decir, no puede proyectar o plantearse las consecuencias de ciertas políticas norteamericanas a futuro, algo que sí Ugarte puede encontrar, por ejemplo, en las lecturas que encuentra en los diarios de Francia. ¿Qué observa en estos diarios? Ugarte encuentra que el diario Le Martin de París, en relación a la anunciada intervención de Estados Unidos en el conflicto de Venezuela con Colombia, afirma que la palabra “conversación” debería traducirse en el istmo americano, por grabbing o land grabbing, cuyo significado es expoliación. Sobre estos diarios dice Ugarte: “suponen que los Estados Unidos sólo esperan un pretexto para intervenir en esa región sonando renovar lo que hicieron en México”.xx
Me interesa en este punto demostrar que en diferentes textos Manuel Ugarte analiza la historia de los Estados Unidos centrando su atención en la independencia, el desarrollo industrial y la expansión imperial.
En un somero recorrido por las lecturas de Manuel Ugarte sobre los Estados Unidos observo una serie de nociones e ideas que pueden servir para comprender nuestra propia historia, como así también, pueden ser útiles para desentrañar los nudos u obstáculos del presente en la región.
En primer lugar, lejos de los enfoques plagados de moralinas escritos por intelectuales progresistas abstractos, en donde los Estados Unidos son catalogados como un país guerrero, diabólico y tirano que irrumpe sobre las demás regiones americanas, bonachonas, ingenuas y pacifistas, observo en Manuel Ugarte otro tipo de lecturas.
¿Por qué afirmo esto? Porque cuando Ugarte en sus textos busca comprender las razones del avance norteamericano, encuentra que esas razones son internas. Habla de las rencillas intestinas, de egoísmos de “patria chica”, falta de instrucción de historia latinoamericana, de carencia de patriotismo, de inexistencia total de una perspectiva geopolítica de parte de los gobiernos al sur del Rio Colorado. También habla de economía, de industrias nacionales y de control y nacionalización de los recursos naturales.
En fin, Manuel Ugarte habla de integración, que en su concepción, no es más que pensar la Nación como un colectivo, pero no como un colectivo volátil conectado en torno a ideas, pensamientos, vale decir, no es un colectivo invertebrado (como a veces se postula desde el progresismo) sino que es un colectivo vivo, en donde las partes que lo integran (sus habitantes) se expresan accionando en diferentes agrupaciones que esas mismas partes constituyen (Sindicatos, instituciones Gubernamentales vinculadas con el trabajo y la producción, agrupaciones, uniones nacionales y nuestro americanas). En esa Nación pensada por Manuel Ugarte el Estado por sí sólo no alcanza. El Estado latinoamericano y caribeño que pretenda “bastarse por sí mismo” necesariamente debe vincularse con los demás Estados de la región.
Esta posición en Ugarte no es un mero llamado a la hermandad sino una condición inevitable para garantizar la soberanía y la integridad nacional. De allí el ejemplo de las trece colonias norteamericanas y su unión, su aglomeración en un gran Estado en el que radica su poderío postrero.
En ese sentido, para Manuel Ugarte hablar de Nación es hablar de Nación latinoamericana, ya que nuestra realidad histórica, geopolítica, económica, hace imposible pensarlo de otra manera. Ahora bien, ¿es imposible pensar en una integración? ¿Se puede proyectar una misma Nación para Latinoamérica y el Caribe? Los últimos veinte años nos han demostrado que no es irrealizable.
No es casualidad que Manuel Ugarte vuelva a ser un autor leído en estos tiempos. Hacia finales del siglo XX y principios del XXI, diferentes problemas en los centros hegemónicos posibilitaron la emergencia de nuevos movimientos nacionales y populares en América Latina. Estos reimpulsaron los procesos de integración con nuevas organizaciones regionales (UNASUR, CELAC) y la revitalización de otras ya existentes (MERCOSUR). Los gobiernos de Argentina, Brasil, Venezuela (acompañados por Uruguay y Paraguay), Bolivia y Ecuador se constituyeron como un eje desde el cual se proyectaron planes productivos integrados, y la idea de Manuel Ugarte de “bastarnos por nosotros mismos” parecía ponerse en marcha de una vez y para siempre.
La situación cambio en los últimos años, pero en algunos países de la región las posibilidades de volver a motorizar los procesos de integración siguen en marca (Bolivia, México, Venezuela, Uruguay, Cuba, Nicaragua) en otros, si bien han sido derrotadas las fuerzas política que propiciaban la integración, estas ocupan un lugar preponderante en la oposición (Ecuador, Argentina, Brasil).
En definitiva, hoy, a 125 años del primer escrito antiimperialista publicado por Manuel Ugarte, pensar en la integración de las naciones de América Latina y el Caribe sigue siendo posible.
i Ugarte, Manuel, Crónicas de boulevard [1902], Buenos Aires, Biblioteca Nacional, 2010.
iiUgarte, Manuel, El porvenir de América Latina [1910], Remedios de Escalada, EdUNLa, 2015.
iii Ugarte, Manuel, Mí campaña Hispanoamericana [1922], Buenos Aires, Punto de encuentro, 2014.
iv Ugarte, Manuel, El destino de un continente [1923], Ediciones de la Patria Grande, Buenos Aires, 1962.
vDiario El país, Buenos Aires, 19 de octubre de 1901. Re publicado en Ugarte, Manuel, La Nación Latinoamericana, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1978, pp. 65-70.
viConferencia pronunciada en la Universidad de Columbia de Nueva York el 9 de julio de 1912. Re publicado en Ugarte, Manuel, Mi campaña hispanoamericana [1922], Buenos Aires, Editorial Punto de Encuentro, pp. 55-67.
vii Artículo publicado en el diario El Universal de México en 1919. Re publicado en Ugarte, Manuel, La Patria Grande, Berlin-Madrid, Editora Internacional, 1922.
viii En: Ugarte, Manuel, La Patria Grande, Berlin-Madrid, Editora Internacional, 1922.
ix En: Ugarte, Manuel, El destino de un continente [1923], Ediciones de la Patria Grande, Buenos Aires, 1962.
x Diario Critica, Buenos Aires, 21-01-1927. Re publicado en Ugarte, Manuel, La Nación Latinoamericana, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1978, pp. 109-110.
xi Manuscrito de Manuel Ugarte, escrito en Chile, inédito, recuperado por Norberto Galasso en Ugarte, Manuel,, La Nación Latinoamericana, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1978, pp. 119-120.
xii En: Ugarte, Manuel, La reconstrucción de Hispanoamérica [obra póstuma editada con manuscritos de Manuel Ugarte], Buenos Aires, Coyoacán, 1961.
xiii Epistolario de Manuel Ugarte (Selección), Buenos Aires, Archivo General de la Nación, 1996.
xiv Archivo General de la Nación, colecciones particulares Sala VII, Archivo Manuel Ugarte (1896-1961).
xv El principal biógrafo de Manuel Ugarte, Norberto Galasso, así lo afirma en la selección de textos realizada para la Biblioteca Ayacucho, en Ugarte, Manuel, La Nación Latinoamericana, Caracas, 1978, p. 70.
xvi Ugarte, Manuel, El destino de un continente [1923], op, cit, p. 13.
xviiIbídem.
xviiiUgarte, Manuel, “El peligro yanqui”, Diario El país, Buenos Aires, 19 de octubre de 1901. Re publicado en Ugarte, Manuel,, La Nación Latinoamericana, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1978, p.65.
xixUgarte, Manuel, El destino de un continente [1923], op., cit., p. 25.
xx Ídem.