Eduarda Mansilla: los relatos de una señora porteña en la “Yankeeland” de la Guerra de Secesión (1861 - 1865)
Durante el s. XIX cuando en Argentina los diferentes intelectuales, hombres, pensaban su ideal de nación, algunas mujeres, sobre todo la de las grandes familias - por sus posibilidades a formarse-, buscaban los medios “apropiados” a su condición de mujeres y señoras, para infiltrar de forma sutil y enmascarada sus perspectivas sobre los acontecimientos de la época y sobre la joven nación.
Muchas de estas mujeres han sido invisibilizadas y olvidadas, por ende, no han sido estudiadas por los intelectuales del s.XX , quizás por no tener herramientas para el análisis historiográfico de la mujer, buscando nuevos métodos de estudios y haciendo análisis propios a las intervenciones intelectuales, no institucionalizadas, que nos han dejado las mujeres en la época. Podemos pensar que dicha omisión se debió a querer estudiar el pensamiento de las mujeres de la misma forma que el de los hombres, cuando bien sabemos que la de estos últimos ya estaban institucionalizadas y bien marcadas, mientras que la mujeres debían buscar otros medios para poder plasmar sus ideas, sin olvidar la posición que ocupaban. Más allá de esta invisibilización histórica, esto no quiere decir que no exista un pensamiento femenino sobre la conformación de la nación y los debates que se estaban llevando a cabo en la época, aunque haya sido de forma enmascarada recurriendo a la literatura, artículos, cartas o registros de sus viajes.
Un claro ejemplo de esto fue Eduarda Mansilla, quien siendo la sobrina de Juan Manuel de Rosas, hermana de Lucio V. Mansilla y esposa del político, Manuel Rafael García Aguirre, pudo despojarse de todos estos hombres y ganar su propio nombre y respeto entre los intelectuales contemporáneos, siendo su pensamiento muy influyente en la opinión pública porteña.
Esta gran intelectual, ante todo, argentina, porque ella misma se encargó en sus escritos de eternizar ese amor por su patria, fue pionera en la publicación de literatura. En primer lugar lo hizo bajo el seudónimo “Daniel” en sus dos primeras obras; y luego ya firmando con su nombre completo y apellido de casada, fue la primera argentina en publicar en un diario francés, para los franceses en su novela, “Pablo ou la vie dans las Pampas”. Allí la intelectual se encargó de romper con todas las dicotomías que los hombres intelectuales de nuestro país habían marcado por esos años como “civilización/barbarie”; “campo, campaña/ciudad”; “Interior /Buenos Aires” “Europa/Latinoamérica”. Incluso en su obra “Recuerdos de un Viaje”, el libro que nos interesa remarcar en este trabajo, la autora es fuertemente crítica en la apropiación de los estadounidenses en el término “americanos” para referirse a ellos y dejarnos al resto del continente relegados al uso general de “hispanoamericanos”, como si nosotros no hubiéramos construido, también, a este continente.
“Raza que se da á sí misma el nombre de Americana, y no consiente en que los Latinos, que hemos formado también nuestro mundo, en este hemisferio, nos llamemos sino Hispano americanos. Intolerantes y orgullosos, como severos puritanos, los hijos de la Union no creen sino en sí mismos, y ni siquiera dan fe, ni hacen justicia, al progreso real de nuestras Repúblicas. Nosotros les llamamos, con cierta candidez, hermanos del Norte; y ellos, hasta ignoran nuestra existencia política y social”. (pág. 60, Mansilla de García, E. (1882). Recuerdos de viaje)
En los Recuerdos de un Viaje, escrito por Eduarda en 1882, la autora relata lo que ha observado analíticamente, como si se tratase de un trabajo etnográfico. Este viaje a los Estados Unidos Eduarda lo realizó un poco antes de iniciada la Guerra de Secesión, cuando en 1860 su esposo es enviado a este país para hacer una investigación de la justicia estadounidense. En este relato que hace años posteriores, no se va a ver una observadora pasiva, sino que ella es tajante en su pensamiento y no tiene una mirada idealizada sobre el país, que muchos argentinos, buscaban replicar. Incluso, desde el inicio de su trabajo, podemos observar cómo la autora va a ser muy descriptiva en la incomodidad que le ocasionaron las costumbres de aquel país y cómo deseaba irse rápido de muchas ciudades que le tocaba visitar.
Mansilla analiza críticamente las contradicciones del estadounidense, conflictos internos, estrategias políticas, el desarrollo económico mercantilista, el rol de las mujeres, la arquitectura del país.
Además, Eduarda no va a tener tapujos en posicionarse de un lado en la guerra civil norteamericana, claramente que va a utilizar una estrategia literaria para poder posicionarse con delicadeza, con el decoro de una señora de su época, y será entonces, desde sus buenos modales desde donde Mansilla se permite opinar y posicionarse en el conflicto entre el Norte y el Sur de Estados Unidos.
En este conflicto, Eduarda va a posicionarse con el sur, en muchos capítulos de los Recuerdos de un Viaje, la autora va a mostrarse alejada de la industrialización, el mercantilismo que observaba en el norte del país, sintiendo más cercana e identificada, con el sur agrario, estanciero, con tradiciones patricias, donde refleja los valores tradicionales. Incluso, siendo totalmente conflictivo este posicionamiento, ya que el sur era el esclavista y el norte pujaba por la abolición de la esclavitud. En este caso, Eduarda sugiere que no le parecía del todo sincero esta postura y que el norte estadounidense solamente iba a utilizar a los negros americanos estratégicamente para la destrucción del sur, y luego dejarlos solos, como ya lo había hecho con “los dueños de la tierra”, así llamaba a los indios norteamericanos, utilizando nuevamente, su posición de mujer para encubrir su posicionamiento y manifestar pena por su pérdida.
“Pobre Sud! Á pesar de sus faltas, del látigo cruento con que azotaba las espaldas de sus negros, era simpático. Lo compadezco y le dedico aquí un latido de mi corazón femenino” (página, 60, Mansilla de García, E. (1882). Recuerdos de viaje)
En cuanto a la sociedad y política estadounidense la autora marca que es una de los países más conservadores del mundo, seguida por su madre patria Inglaterra, y señala la vanidad del americano estadounidense, diciendo que el amor que posee el nortamericano sobre su patria se compone más de esta vanidad que de amor. (pág 74, Mansilla de García, E. (1882). Recuerdos de viaje)
Otra de las cuestiones de importancia para Eduarda Mansilla era la educación de la mujer, ya lo había expresado en otras de sus obras y esta no fue la excepción, en todo su desarrollo la autora va a dejar bien marcado su pensamiento sobre el comportamiento con poco decoro de las mujeres norteamericanas y va a ser fuertemente crítica en esto, en la falta de educación y diplomacia.
Pero a su vez, va a mirar con admiración la conquista de las mujeres estadounidenses en cuestiones laborales pero no va a entender su búsqueda de emancipación femenina, con la influencia que tienen en la actividad pública.
“La mujer influye en la cosa pública por medios que llamaré psicológicos é indirectos. En el periodismo, véseles de frente un puesto que nada de anti- femenino tiene (...)
(...) Las mujeres tienen un medio honrado é intelectual para ganar su vida: y se emancipan así de la cruel servidumbre de la aguja. Servidumbre terrible desde la invención de la máquina de coser”. (páginas 114 . 115, Mansilla de García, E. (1882). Recuerdos de viaje)
Por último, no en los Recuerdos de un Viaje, pero sí en una carta que Eduarda escribe a uno de sus hermanos y que es publicada en un diario porteño, la autora hace hincapié en lo religioso y escribe una crítica contundente a los liberales de la época, quienes iban contra la religión dentro del Estado y es tajante en su opinión de que en esto sí deberíamos observar a Estados Unidos que podemos ver el claro ejemplo de cómo el Estado puede coexistir perfectamente con la religión sin problemas, que eso no impedía el desarrollo de la misma. Incluso, marca su deseo porque esta religión sea, aunque no necesariamente una, la católica ya que es la que corresponde a la tradición anterior de nuestra patria y la que los padres les han dado a conocer.
“Se me figura que nuestros pensadores y políticos argentinos descuidan por demas un elemento social y político que nuestro modelo los americanos del Norte cultivan con especial ahinco. (...) No estoy de acuerdo con aquellos que quieren que la República no tenga religion del Estado, si bien en ésto difiero con persona que me es muy querida y cuya opinión respeto⁴⁸. (...)
(..)Antes lo dije, en los Estados Unidos vemos el catolicismo marchar á la par con las demas sectas cristianas, sin que por eso peligren allí ni las libertades políticas, ni el espíritu de progreso, las ciencias y las artes siguen el impulso que les imprimen la prosperidad nacional. El catolicismo es allí, lo que debe ser entre nosotros, una base para la moral, una pauta, una pendiente suave sin la cual no es posible formar naciones grandes y sobre todo naciones libres. Dicen los liberales de pacotilla, esos arengadores de feria, que el catolicismo conduce fatalmente al despotismo y olvidan que nada facilita y encamina á la opresion como la anarquía. Los incrédulos son ateos, los ateos son materialistas y los materialistas no creen, no comprenden, sino el bienestar personal, el goce del yo; dadles pan y circo⁵¹ y ya os llameis César ó Napoleon los tendreis contentos. (...)”.
Boulogne Sur Mer, Agosto 28 de 1873. (1873, Número 37, Diario El Americano)
Este fue un breve resumen de lo enriquecedora que es la obra de la intelectual Eduarda Mansilla, muchas veces olvidada, y recuperada recién en 1994. Esta mujer con sus textos literarios y este relato exquisito que hace de la Estados Unidos, que ha podido observar en su privilegio de señora, en los lugares más importantes de la política norteamericana, nos da una perspectiva femenina porteña de la época sobre el imperio norteamericano que estaba emergiendo en una disputa civil interna, dándonos una Eduarda mucho más suelta en su opinión y observación, pudiendo tener un panorama general de lo que se estaba constituyendo políticamente, económicamente y socialmente en el país del norte del continente. La autora se despoja de idealizaciones, incluso muchas veces siendo contundente en su crítica, utiliza el decoro femenino para permitirse ciertas indulgencias y hace un análisis exhaustivo del periodo, marcando también cuáles son sus pensamientos. Es totalmente relevante tener en cuenta este tipo de lectura y recuperar a una autora que no se queda por debajo de ningún autor que haya escrito en la época sobre viajes y la observación directa de la cultura que visitaba.