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DDHH //// 30.06.2016
Azul: la oscura historia de sus represores

¿Habrá justicia para tanto crimen, para tanta sangre que corrió por sus calles, para tanto grito de dolor, para tantos chicos robados y apropiados tras matar a sus madres y hacerlas desaparecer, para tanta cárcel, para tanto dolor, tanta pena?

Por Fernando Wilhelm
Este pueblo en medio de la llanura bonaerense de 50.000 pobladores, es testigo y protagonista, con víctimas y victimarios de hechos que estremecieron al país y aún reclama que se haga justicia por las víctimas de la oligarquía local.
Esa que hoy con Macri como mascarón de proa es inquilina de la Casa Rosada por el voto popular y que quiere volver a imponer el mismo plan económico neoliberal, hambreador y entreguista de ayer. En Azul hay familias destrozadas por decenas de detenidos-desaparecidos en la última dictadura que poblaron los varios ex Centros Clandestinos de Detención –CCD- que hubo en esta ciudad. Hay bebés robados y uno solo recuperado y con identidad restituída. Y otros que aún buscamos. También la memoria popular guarda otros relatos, de hechos anteriores, que arden en ese único cementerio que es la memoria. Por eso está en marcha desde APDH-Azul una Mesa de Apoyo a los Juicios de Lesa Humanidad, con vistas a impulsar esos procesos judiciales que se han dado y se dan en todo el país, para que la impunidad no sea moneda corriente. Y en Azul tampoco.
El Ejército a espaldas del pueblo, opresor y represor y genocida arranca en la mal llamada Conquista del Desierto, donde se mató a los pampas, a los catriel, a los ranqueles, a los mapuches, para quedarse con sus tierras. Con el general Roca volvimos más atrás de la Asamblea del Año XIII, volvimos a la esclavitud. Hoy en Azul los jóvenes catrieleros, descendientes de esos bravos caciques, organizados en una asociación, vienen reclamando a los distintos gobiernos, la devolución de sus tierras robadas por la rapiña capitalista. De la guarnición del Ejército de Azul salió en 1921 el Regimiento 10 de Caballería “Húsares de Pueyrredón” al mando del Teniente Coronel Héctor Varela. Iba a “apaciguar” la Patagonia surcada de huelgas de obreros rurales, lo que le pidió el presidente Hipólito Yrigoyen. Terminó en un baño de sangre: 1.500 huelguistas muertos a mansalva, desarmados. “Fueron enfrentamientos”, corrigió el Ejército Argentino, que tuvo sólo dos bajas y la policía, cinco. “Lo que pasa es que el viento de la Patagonia era tan fuerte que desviaba las balas de los insurrectos”, una frase asi dijo a Osvaldo Bayer un general consultado por tal hazaña. Meses más tarde, un obrero alemán, anarquista, Kurt Gustav Wilckens (una forma de escribir Wilhelm) vengó a esos compañeros ajusticiando a Varela en las calles de Buenos Aires. Nunca hubo justicia ni juicio por esos “peones” que pedían mejor sueldo, más velas para alumbrarse, que les pagaran los arreos extra. Tampoco el partido político Unión Cívica Radical –U.C.R- dio jamás una explicación al respecto.
En 1955 el general Juan Domingo Perón era presidente. Su infatigable compañera Eva ya había fallecido. El piloto de avión -en ese entonces el Teniente Primero- Carlos Enrique “El Curro” Carús fue uno de los integrantes de la escuadra que arteramente bombardeó Plaza de Mayo en junio de ese año. La metralla vomitada desde el cielo por aviones pintados en el fuselaje con la frase “Cristo Vence” dejaron desparramadas 400 víctimas civiles fatales y más de un millar de heridos y gente que perdió brazos y piernas. Carús nació en Azul. Hoy vive en un coqueto departamento de Recoleta. Nunca nadie lo molestó. Nunca nadie del Poder Judicial le pidió explicaciones por tanta bala, por tanto crimen. Nunca lo llamaron a declarar. Nunca pisó una comisaría ni un juzgado.
En septiembre de 1955 fue derrocado el gobierno de Perón. Hubo fusilamientos en varias ciudades del país. Aramburu y Rojas, cabezas del golpe, no tuvieron piedad. Azul tuvo el triste privilegio de ser la ciudad donde se produjo el primer asesinato de la Revolución Fusiladora en el poder. Manuel Chaves, bibliotecario del Colegio Normal, antes policía de pueblo, concejal peronista y líder de ATE-CGT Regional Azul, fue acribillado de 40 disparos en su casa, delante de su esposa e hijos. Fue de nochecita, Chaves ya se iba a dormir. Estaba desarmado, no tenía ni un matagatos en las manos. Ni el cuerpo quisieron entregar a la familia. El diario radical conservador El Tiempo de Azul ocultó el crimen y publicó del “fallecimiento” (sic) del dirigente político y sindical. Los militares que en 1956 pretendieron derribar esa tiranía, fueron fusilados por orden presidencial. Como Valle, Tanco, como los civiles ametrallados en los basurales de José León Suárez, antes que se dicte la orden marcial, fuera de toda legalidad. No importó: eran peronistas. Y había que desperonizar el país.
Azul: otros crímenes sin castigo
El 19 de enero de 1974, con las bandas parapoliciales fascistas de López Rega matando militantes en las calles de Argentina, el guevarista Ejército Revolucionario del Pueblo logró copar Azul y la guarnición del Ejército. Buscaban fusiles y municiones para la guerrilla en Tucumán. Dos combatientes retrasados tomaron de rehén a la esposa del jefe militar Camilo Gay, con intenciones de entregarse ante un juez que les garantizara la vida. No hubo piedad tampoco. Efectivos del Ejército dispararon y mataron a los dos guerrilleros y también a la mujer. Luego dieron otra versión, adjudicándole esa muerte al ERP.
Pero la causa judicial, la autopsia y pericias dijeron después otra cosa: que las balas asesinas eran militares. Pero quedó el mito urbano. Los cuerpos de los dos combatientes nunca aparecieron, jamás fueron entregados a sus familias para su sepultura. Entre los combatientes que se rindieron, dos fueron desaparecidos, el caso del obrero metalúrgico Montenegro, de Buenos Aires. Hasta el día de hoy se ignora qué hizo el Ejército con esos cuerpos, ni la Justicia les pidió explicaciones a los militares al respecto. Nunca hubo juicio por esas muertes. Hasta ayer nomás generales del Ejército reprochaban con peculiar cinismo en cada aniversario del copamiento a los “delincuentes subversivos” argumentando que fue durante un “gobierno constitucional”, haciéndose los distraídos que en ese mismo cuartel hubo desaparecidos por ellos mismos en esa peculiar democracia, donde la izquierda y la derecha disputaban la hegemonía del peronismo, con un Perón ya anciano que se moriría pocos meses después. Más exactamente el 1 de julio de 1974.
La comunidad de Azul también pide justicia por las detenciones sin causa de los integrantes de la Juventud Peronista en septiembre de 1974. Muchos de esos jóvenes fueron secuestrados y luego llevados a CCD, para luego ser puestos a disposición del PEN. La mayoría pasó largos años de cárcel. Aún hoy no saben los motivos. Y los milicos fraguaron la excusa que conmovió a la “opinión pública”: los peronistas de la Tendencia fueron detenidos cuando iban a colocar una bomba de alto poder en el Hospital de Niños de Azul. Un chamuyo repetido por medios de prensa, sostenido por una declaración fraguada y sacada a punta de pistola al entonces director del citado Hospital. Asi se demonizó a la Juventud Peronista y esa imagen quedó en el imaginario popular como la causa de esas detenciones. Esos jóvenes fueron torturados y llevados luego de calesita por las cárceles del país, desde Devoto hasta Rawson.
Los militantes peronistas y socialistas azuleños que salvaron el pellejo en las caídas de 1974, cayeron después, con el golpe del 24 de marzo de 1976. Es larga la lista de detenidos la noche del golpe y llevados en calzoncillos en algunos casos a la centenaria cárcel Unidad 7. Que semanas atrás la APDH pidió clausurar definitivamente, además de demoler en el mientras tanto las celdas de castigo llamadas “buzones”, lugares hediendos, húmedos, sin agua, sin luz, de 2x1. Esos pibes y muchachos y muchachas de entonces, son parte de las víctimas por las cuales se reclama hoy en día que haya un juicio de lesa en Azul. Sus humanidades fueron a parar a ex CCD de la ciudad de Azul como la comisaría de la Policía Federal; los sótanos de la Regional de Policía Bonaerense; la Unidad 7 del Servicio Penitenciario Bonaerense; y la ex Estación Ferrocarril Provincial (insólitamente funciona allí un jardín maternal) frente al cuartel del Ejército. Un fiscal Federal pidió una serie de medidas contra los represores acusados. Pasaron 10 años desde la denuncia de los hechos y 3 meses desde el requerimiento fiscal. El silencio y el no despacho es la respuesta del magistrado.
La denuncia judicial de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Azul, delegación también de la APDH nacional ha servido para que se sustancien otros juicios, donde hubo condenados a cárcel común, como el coronel Verdura por crímenes en el ex CCD Monte Peloni. Se condenó en otro juicio a los militares Mansilla y Duret por la desaparición del militante peronista montonero Carlos Labolita en el cuartel de Azul, secuestrado en la ciudad de Las Flores. Y hubo civiles y militares condenados en Tandil por el juicio por el secuestro, torturas y asesinato del abogado olavarriense Carlos “El Negro” Moreno, donde la APDH-Azul y la Secretaría de Derechos Humanos también fueron querellantes. Y aún resta proseguir el juicio Monte Peloni II, con más de 70 imputados.
En Azul se pide justicia
¿Habrá justicia en Azul?. ¿Habrá justicia para tanto crimen, para tanta sangre que corrió por sus calles, para tanto grito de dolor, para tantos chicos robados y apropiados tras matar a sus madres y hacerlas desaparecer, para tanta cárcel, para tanto dolor, tanta pena?. La moneda está en el aire, los represores se ponen viejos como las víctimas sobrevivientes y se les da por morirse. Algunos han fallecido, otros no.
Como símbolos siniestros de la peor noche que atravesó el país que cumplen cárcel están los militares azuleños Alfredo Astiz –desaparecedor de las Madres de Plaza de Mayo Esther Ballestrino de Careaga, Azucena Villaflor de Vincenti y María Ponce de Bianco. Y de las monjas francesas Léoni Duquet y Alice Domont- y el temible comisario de Policía Miguel Etchecolatz, el mismo que fue condenado por el testimonio del albañil Julio López, desaparecido dos veces, una en dictadura, otra en democracia. Y cuyo paradero ignoramos, pero todo apunta a una venganza de ese chacal sin miramientos.
Nuestras compañeras y compañeros
Susana Yaben de Azul, Jorge Cura de Saladillo, Raúl y Graciela “Moma” Pérez; Dora Lanaro y Omar Franco; Mirta de la Canal; Norma Monticelli; la pareja Balbuena-Raggio, secuestrados en Cacharí y asesinados en otra zona. Todos ellos reclaman con la comunidad de Azul que se realice el postergado juicio oral y público. Queremos no sólo verdad, sino justicia. Que los represores paguen sus crímenes. Ya es hora. Por los que se fueron, por los que estamos, por los que sobrevivieron, por los hijos que vendrán, por los nietos que aún buscamos y seguiremos buscando. Porque los 30-000 compañeros detenidos-desaparecidos están presentes. Marchamos con ellos, con sus sueños y realizaciones. Ahora y siempre. Y desde este pueblo No olvidamos. No perdonamos. No nos reconciliamos. Memoria, Verdad y Justicia son nuestras banderas.
A la memoria de Graciela “Moma” Pérez, que dio testimonio del horror en el Juzgado Federal de Azul, causa judicial N° 30.615.